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La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

La Sumisión Del Mafioso (Jaque Al Corazón)

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Mafia
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Un contrato de sangre. Un matrimonio obligado. Un pecado imposible de ocultar.
Para su padre, ella es solo una pieza de ajedrez en un juego de poder. Para Arturo Rial, el hombre con el que debe casarse por obligación, ella es un frío contrato de negocios.
Pero todo cambia cuando aparece el hermano mayor de Arturo, un hombre que no conoce la palabra "no". Él no quiere un acuerdo; la quiere a ella. Entre los rincones oscuros de la mansión, él la marca, la reclama y la convierte en su mundo, desatando una obsesión que amenaza con destruirlo todo.
En este juego de traiciones, ella es la niña dulce que se convertirá en la caída del hombre más peligroso de la mafia.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

La mansión Rial, bajo el manto de la medianoche, se transformaba en un laberinto de susurros y ecos. Para Isabella, el silencio de su habitación se había vuelto un ruido ensordecedor que le apretaba los pulmones. En su mano, la pequeña pieza del caballo negro se sentía como un carbón encendido, una invitación silenciosa que no podía ignorar. Sabía que Arturo estaba fuera, probablemente en alguna de esas reuniones clandestinas que duraban hasta el amanecer, y el servicio descansaba en el ala opuesta. Era el momento.

Se puso una bata de seda oscura y salió al pasillo, con los pies descalzos hundiéndose en la alfombra gruesa para no hacer ruido. Caminó con el corazón en la garganta, esquivando las cámaras de seguridad que, según sospechaba por los rumores del servicio, no funcionaban en el ala prohibida por orden expresa de "alguien" a quien incluso Arturo respetaba.

Llegó a la pesada puerta de roble que había visto antes. Esta vez, no estaba solo entornada; parecía esperarla. Al empujarla, el chirrido de las bisagras sonó como un grito en el silencio absoluto de la casa.

El aire dentro de la oficina era denso, impregnado de un olor que Isabella empezó a identificar como el ADN de ese lugar: tabaco de pipa, cuero viejo, whisky de malta y un rastro metálico que le recordaba a la limpieza de las armas de su padre. No era la oficina de un ejecutivo; era el búnker de un estratega.

Bella encendió una pequeña lámpara de escritorio, cuya luz amarillenta apenas lograba disipar la oscuridad reinante. Sus ojos se abrieron de par en par al recorrer las estanterías. No había novelas ligeras ni informes financieros aburridos como los de Arturo. En su lugar, miles de lomos de cuero contenían tratados sobre guerras napoleónicas, manuales de psicología criminal, tácticas de guerrilla y filosofía estoica.

Sobre la mesa central, el mapa que había visto antes estaba ahora marcado con pequeñas tachuelas rojas y negras, formando un patrón de asedio que no comprendía, pero que la hacía sentir que estaba en el centro de una tormenta.

—¿En qué clase de familia me he metido? —susurró para sí misma, con la voz temblando.

Se acercó a una chimenea de piedra que no había sido encendida en años. Sobre la repisa, vio un portarretratos de plata, oxidado en las esquinas. Lo tomó con cuidado. Era una fotografía antigua, en blanco y negro, de dos niños. A la izquierda, un niño de unos ocho años, rubio y de facciones pulcras, miraba a la cámara con una sonrisa forzada y la espalda demasiado recta: Arturo. A la derecha, el otro niño parecía pertenecer a una especie distinta. Era apenas un par de años mayor, con el cabello oscuro y revuelto, y unos ojos tan intensos que la imagen parecía capturar una ferocidad que no correspondía a su infancia. Tenía una cicatriz pequeña cerca de la ceja y no sonreía; miraba al lente como si estuviera calculando la distancia necesaria para atacar.

No se parecían en nada. Arturo era el orden; el otro era la fuerza bruta contenida.

De repente, la llama de la lámpara vaciló, a pesar de que no había ventanas abiertas. Isabella sintió que la temperatura de la habitación caía varios grados de golpe. Un escalofrío eléctrico le recorrió la columna, esa sensación instintiva de que ya no estaba sola. No era un miedo racional, era el pavor animal de sentirse observada por un depredador que no ha hecho ruido al acercarse.

—No deberías estar aquí, niña dulce.

La voz no fue un grito, sino un murmullo profundo, rasposo, que pareció vibrar directamente en los huesos de Isabella. No venía de la puerta, sino de las sombras más densas, justo detrás del gran sillón de cuero en el rincón oscuro de la biblioteca.

Bella se quedó paralizada, con el portarretratos aún en sus manos. No se atrevía a girar la cabeza. El aire se volvió tan pesado que cada inspiración le costaba un esfuerzo doloroso.

—Yo... solo quería devolver esto —logró articular, dejando la pieza del caballo negro sobre la mesa con dedos que se negaban a obedecerle.

Escuchó el sonido de alguien poniéndose de pie. Fue un movimiento fluido, casi imperceptible, pero Isabella pudo sentir la masa de un cuerpo imponente desplazándose por la habitación. El rastro de olor a tabaco y metal se intensificó, envolviéndola como una mortaja.

—Arturo te ha enseñado a ser obediente, pero no te ha enseñado a tener miedo de lo que realmente importa —continuó la voz. Ahora estaba más cerca. Podía sentir el calor que emanaba de esa presencia justo detrás de su nuca, aunque no había contacto físico—. Él te trata como un trofeo de cristal. Yo, en cambio, puedo ver las grietas por las que intentas escapar.

—¿Quién eres? —preguntó ella, cerrando los ojos con fuerza, temiendo que, si miraba, el abismo la devoraría.

—Soy el dueño de todo lo que Arturo cree poseer —susurró la sombra, tan cerca que su aliento rozó el lóbulo de su oreja, enviando una descarga eléctrica por todo su cuerpo—. Incluyéndote.

Bella sintió una mano grande y callosa rozar apenas el aire cerca de su cintura, sin llegar a tocar la seda de su bata, pero marcando el espacio como si ya le perteneciera. Fue un gesto de dominio absoluto.

—Vete —ordenó la voz, ahora con un tono que no admitía réplica, una orden que Isabella sintió la necesidad física de obedecer—. Vuelve a tu cama de seda y sueña con tus contratos de papel. Pero recuerda esto, Isabella: las marcas que Arturo te pone con sus palabras se borran. Las que yo te ponga... esas te las llevarás a la tumba.

Isabella no esperó más. Soltó el portarretratos, que cayó sobre la alfombra sin romperse, y corrió hacia la puerta. No se detuvo hasta que llegó a su habitación y cerró la cerradura con manos frenéticas. Se apoyó contra la madera, jadeando, con el pulso desbocado.

Se miró en el espejo del tocador. Sus pupilas estaban dilatadas y sus mejillas tenían un rubor que no era de vergüenza, sino de una excitación aterradora que nunca había experimentado bajo el trato gélido de Arturo. Se llevó una mano al cuello, justo donde había sentido la presencia de ese hombre.

En la biblioteca, Vincenzo Rial salió de las sombras y se acercó a la mesa. Tomó el caballo negro que ella había dejado y lo apretó en su puño hasta que la madera crujió. Luego, recogió la foto antigua del suelo. Sus ojos grises, los mismos del niño de la foto, se fijaron en la puerta por la que ella había escapado.

Vincenzo sonrió, una expresión que en su rostro era más una declaración de guerra que un gesto de alegría. Arturo creía que la boda en tres días sería su triunfo final. No sabía que Isabella acababa de entrar voluntariamente en el terreno de un hombre que no jugaba al ajedrez para ganar, sino para destruir el tablero completo.

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Maria Mongelos
Arturo cree que puede vengarse de su hermano, no lo conoce bien, Vincenzo le va a dar su merecido
Maria Mongelos
Pobre Bella, donde fué a parar
Maria Mongelos
Está muy linda esta historia 💕
Nairobis Cardozo Portillo
Vicenzo ojos bien abiertos Arturo te entregó a los enemigos
Elisabeth Figueroa
👏👏👏👏👏👏/Smile//Smirk/
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Maria Mongelos
Esto está muy intenso
Maria Mongelos
Vicenzo es el heredero por derecho, esta reclamando algo que suyo
Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏
Maria Mongelos
Vincenzo toma lo que quiere sin pedir permiso, en este caso la presa es Isabella
Maria Mongelos
Ya está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Isabela se metió en la boca del lobo y ese es Vincenso
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
Esto se pone bueno
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente inicio muy interesante
Maria Mongelos
Quien es este Vincenzo? Un mafioso?
Maria Mongelos
Un comienzo interesante
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