NovelToon NovelToon
Mi Amor El Guachimán

Mi Amor El Guachimán

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance / Completas
Popularitas:720
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

“Mi amor: El guachimán” es una historia de amor intensa entre un humilde guachimán (guardia de seguridad) y una joven millonaria que vive rodeada de lujos pero se siente vacía y sola.
A pesar de venir de mundos totalmente distintos, ambos se enamoran profundamente. Sin embargo, la madre de la chica se opone a la relación y hace todo lo posible para separarlos, creyendo que él no es digno de su hija.
Con el tiempo, el amor entre ellos se vuelve más fuerte y deciden luchar por estar juntos. Cuando finalmente llega el día de su boda, todo cambia drásticamente: ocurre un ataque inesperado y la chica termina herida al protegerlo a él, lo que provoca que pierda la memoria.
Desde ese momento, ella ya no lo recuerda. Él, roto por el dolor pero lleno de amor, hace todo lo posible por ayudarla a recuperar sus recuerdos y volver a enamorarla, demostrando que su amor puede resistir incluso la tragedia y el olvido.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Una oportunidad en medio del dolor

Narra Gregorio Giraldo

Esa noche en Barranquilla yo no podía dejar de pensar en todo lo que habíamos vivido, mi llave. Veníamos destruidos, cansados, con el alma rota. Yo miraba a mi mamá y a mi hermana dormidas en el parque y sentía una tristeza que no se puede explicar.

El suelo estaba frío, duro, incómodo. El ruido de la ciudad no dejaba descansar bien. La gente pasaba por ahí como si nada, como si nosotros fuéramos invisibles. Y en ese momento entendí que la vida no se detiene por el dolor de uno.

Mi mamá trataba de dormir abrazada a mi hermana. Laura seguía llorando en sueños, como si no pudiera soltar todo lo que había pasado. Yo me quedé despierto toda la noche, mirando el cielo, pensando en mi papá, en Mariana, en Santa Marta… en todo lo que dejamos atrás.

Esa noche fue larga, mi llave. Muy larga.

Yo solo pensaba: “¿Y ahora qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a sobrevivir aquí?”

No teníamos casa, no teníamos trabajo fijo, no teníamos nada seguro. Solo teníamos el uno al otro.

Cuando empezó a amanecer, el frío se fue calmando y la ciudad empezó a moverse otra vez. La gente iba a trabajar, los carros pasaban, todo seguía normal… menos nosotros.

Yo me levanté primero. Estaba cansado, con dolor en el cuerpo, pero tenía que ser fuerte. Desperté a mi mamá y a mi hermana suavemente.

—Mami… ya amaneció.

Mi mamá abrió los ojos, miró alrededor y suspiró. No dijo mucho, pero yo vi en su cara el cansancio y la preocupación.

Laura se despertó llorando otra vez.

—Yo quiero volver a Santa Marta… —decía bajito.

Yo no sabía qué decirle. Solo la abracé.

—No podemos, hermanita… ya no hay vuelta atrás.

Nos quedamos ahí, sin rumbo, sin saber qué hacer.

Yo me alejé un poco del parque, caminando por la calle, mirando la ciudad. Barranquilla era grande, diferente a Santa Marta. Aquí todo parecía más rápido, más movido. La gente no se detenía a mirar a nadie.

Sentía que no encajábamos.

Fue entonces cuando pasó algo inesperado.

Un señor se acercó caminando hacia nosotros. Era un hombre elegante, bien vestido, con camisa blanca, zapatos brillantes y una forma de caminar segura. No parecía de los barrios comunes.

Nos miró desde lejos, como analizando la situación.

Yo me puse alerta, porque uno en la calle aprende a desconfiar.

El señor se acercó y habló con un acento barranquillero fuerte:

—Oe mi hijo… ¿usté qué hace aquí con su familia? ¿Por qué están en un parque a esta hora?

Yo lo miré con cuidado.

—Buenos días, señor… estamos pasando por una situación difícil —le respondí.

El hombre miró a mi mamá y a mi hermana, y su expresión cambió. Se notaba que no era indiferente.

—Ajá… ya veo… eso no está fácil.

Hubo un silencio corto. Yo no sabía qué esperar.

Entonces él dijo algo que me sorprendió:

—Mire, yo le voy a ser sincero. Yo tengo una casita sencilla, no es lujo ni nada, pero está vacía. Ustedes pueden quedarse ahí mientras se organizan.

Yo me quedé callado.

Mi mamá levantó la mirada con sorpresa.

El señor siguió hablando:

—Y otra cosa… yo tengo una empresa de seguridad. Necesito personal. Le puedo ofrecer trabajo de guachimán si usted quiere. Trabajo honesto, legal, pa’ que pueda empezar de nuevo.

En ese momento mi corazón empezó a latir más rápido.

Trabajo… casa… una oportunidad.

Después de todo lo que habíamos perdido, alguien nos estaba ofreciendo una mano.

Yo miré a mi mamá. Ella no sabía qué decir. Miré a mi hermana, que estaba cansada pero escuchando todo.

El señor continuó:

—No los conozco, pero uno a veces ve la necesidad de la gente y no puede quedarse de brazos cruzados. Si usted es responsable, le puede ir bien.

Yo respiré profundo.

—Señor… ¿y usted por qué nos ayuda así?

Él sonrió un poco.

—Porque en esta vida uno no sabe cuándo le toca estar del otro lado.

Esa frase me quedó en la cabeza.

Yo pensé en todo lo que habíamos vivido, en la muerte de mi papá, en la pérdida de Mariana, en el camino desde Santa Marta. Y entendí algo: la vida puede destruirte, pero también puede darte nuevas oportunidades cuando menos lo esperas.

Mi mamá me miró y me dijo en voz baja:

—Gregorio… ¿qué hacemos?

Yo pensé unos segundos.

No era fácil. No conocíamos a ese señor. Pero tampoco teníamos nada.

Respiré profundo y dije:

—Aceptamos.

El señor asintió.

—Listo, mi hijo. Vengan conmigo.

Nos levantamos del parque con lo poco que teníamos. Caminamos detrás de él sin saber exactamente a dónde nos llevaba, pero con una pequeña esperanza encendiéndose dentro de nosotros.

La casa no era lujosa, pero era un techo. Un lugar donde podíamos descansar sin estar en el suelo.

Cuando llegamos, mi mamá lloró en silencio. Mi hermana se acostó apenas tocó una cama. Yo me quedé parado un momento mirando todo.

No era mucho… pero era algo.

Después el señor me explicó el trabajo. Turnos de vigilancia, responsabilidades básicas, disciplina. Yo escuchaba atento, porque sabía que esta era mi oportunidad de empezar de nuevo.

Esa noche, por primera vez desde el desastre, no dormimos en la calle.

Yo me acosté pensando en todo.

Habíamos perdido mucho… demasiado.

Pero también entendí algo importante:

la vida no se termina cuando uno cae… se termina cuando uno deja de levantarse.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play