✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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Acabas de destruir su realidad
Mientras Noah se alejaba en el taxi con Jessica, el ambiente en el aeropuerto quedó cargado de una pesadez extraña. Zane, Mauro y Luke regresaban al monoambiente. Zane conducía con una furia silenciosa, apretando el volante hasta que sus nudillos perdían el color.
Al llegar al apartamento, Zane lanzó las llaves sobre la mesa de madera y se dejó caer en la cama —la cama que todavía olía a Noah—, cubriéndose los ojos con el brazo.
—Se acabó —gruñó Zane—. Vieron cómo lo besó. Ella llegó y él simplemente se fue con ella como si los últimos tres años no hubieran existido.
Mauro se sentó con calma en el pequeño sofá, cruzando las piernas mientras revisaba su teléfono. Luke, por su parte, estaba dando vueltas por la habitación, todavía emocionado.
—¡Vaya, chicos! ¿Vieron a Jessica? —soltó Luke sin filtros—. Está guapísima. Noah tiene mucha suerte. De verdad, se ven como la pareja perfecta, como en las películas de reencuentros. Zane, deberías estar feliz por tu hermano, ¡finalmente recuperó a su chica!
Zane se incorporó de golpe, con los ojos azules inyectados en sangre.
—¡No es su chica, Luke! ¡Es un recuerdo que no sabe que ya caducó!
Luke retrocedió, asustado.
—Oye, tranquilo... solo decía que se veían felices. No entiendo por qué te pones así. Pareces el papá celoso de una quinceañera.
Mauro intervino antes de que Zane saltara sobre Luke.
—Luke, ve a la cocina y fíjate si quedó algo de café. Necesitamos hablar de cosas de la facultad.
Cuando Luke se alejó, Mauro miró a Zane con severidad.
—Zane, contrólate. Si explotas frente a Luke, él se lo dirá a Noah sin querer. Ya sabes que Luke no sabe guardar un secreto ni para salvar su vida.
—¿Viste cómo lo miraba, Mauro? —Zane se pasó las manos por el cabello, desesperado—. Noah estaba como un cachorro perdido. Ella tiene ese poder sobre él. El beso de anoche... el roce que tuvimos... parece que no significó nada para él.
Mauro se ajustó las gafas.
—Te equivocas. Noah no es un robot. Ese roce de labios que me contaste lo tiene confundido, y la confusión es nuestra mejor aliada. Jessica representa la seguridad, pero tú representas el deseo que él no sabía que tenía.
—¿Y cuál es el siguiente paso? —preguntó Zane—. ¿Dejar que salgan a cenar y que ella lo convenza de volver a ser novios formalmente?
—Exacto —respondió Mauro con una sonrisa fría—. Deja que salgan. Deja que ella intente recuperar al Noah de los catorce años. Pero tú vas a hacer algo más inteligente: vas a estar presente sin estarlo. Envíale mensajes cortos, no de amor, sino de "amigo". Cosas como: "Oye, dejaste tu cargador aquí" o "Mauro y yo estamos viendo la serie que te gusta, te extrañamos". Tienes que recordarle constantemente que su vida real, su comodidad y su hogar están en este monoambiente, no en un hotel con una chica que no conoce al Noah de hoy.
—Es arriesgado —murmuró Zane.
—Es la única forma —sentenció Mauro—. Noah tiene que notar la diferencia entre el amor idealizado de Jessica y el amor real que tú le das todos los días.
Mientras tanto, en un restaurante acogedor de la ciudad, Noah y Jessica compartían una cena. Ella hablaba sin parar sobre sus estudios en el extranjero, sus nuevos amigos y lo mucho que había extrañado la comida local. Noah la escuchaba, asentía y sonreía, pero por dentro se sentía extrañamente vacío.
—Y entonces Ana me dijo que debía comprarme ese vestido para el baile... —decía Jessica, tomándole la mano a Noah por encima de la mesa—. Noah, ¿me estás escuchando? Estás muy callado.
Noah reaccionó, parpadeando. Los ojos café de Noah, que solían brillar con cada palabra de Jessica en la secundaria, ahora se sentían pesados.
—Perdona, Jess. Es que... los exámenes de Derecho me tienen un poco agotado. Son muchas leyes para memorizar.
—Lo sé, pobre de mi abogado —Jessica rió y le acarició la mejilla—. Pero ya estoy aquí. Vamos a recuperar todo el tiempo perdido. He pensado que mañana podríamos ir al cine donde nos vimos por última vez, ¿te acuerdas?
—Sí, claro —dijo Noah, pero en su mente no apareció la imagen del cine, sino la imagen de Zane preparándole café en el monoambiente esa misma mañana.
Noah miró la mano de Jessica sobre la suya. Era una mano delicada, suave, con las uñas perfectamente pintadas. Pero no se sentía igual que la mano de Zane. Cuando Zane lo tocaba, incluso si era solo un empujón o un roce en el hombro, Noah sentía una corriente eléctrica que lo mantenía alerta. El toque de Jessica, en cambio, se sentía... tranquilo. Demasiado tranquilo. Casi como el abrazo de un familiar al que no has visto en mucho tiempo.
De repente, el teléfono de Noah vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Zane.
Zane: "Oye, el idiota de Luke derramó refresco en tu almohada. No te preocupes, ya la puse a lavar. El cuarto huele a fresa ahora, es asqueroso. Vuelve pronto para ayudarme a limpiar esto".
Noah no pudo evitar soltar una risita. Podía imaginar perfectamente la cara de asco de Zane y a Luke pidiendo perdón.
—¿Quién es? —preguntó Jessica, arqueando una ceja.
—Es Zane —respondió Noah, guardando el teléfono—. Luke hizo un desastre en el apartamento.
Jessica suspiró y dejó caer los cubiertos.
—Noah, ¿siempre tiene que ser Zane? Desde que llegué, cada vez que hablamos, terminas mencionándolo o recibiendo un mensaje suyo. Entiendo que sean amigos, pero... es nuestra primera cita en tres años. ¿No puede el "gran Zane Handrix" sobrevivir una noche sin ti?
Noah se sintió atacado.
—No es eso, Jess. Es que compartimos todo. Él ha estado conmigo en los peores momentos, cuando mi familia tuvo problemas económicos y cuando tú no estabas. Es normal que estemos en contacto.
—Me parece que él es demasiado posesivo contigo —dijo Jessica, cruzándose de brazos—. En el aeropuerto me miró como si quisiera borrarme del mapa. No sé, Noah, me da una vibra extraña. Parece que no quiere que tengas vida propia.
Noah sintió una chispa de irritación. Nadie conocía a Zane como él. Nadie sabía que detrás de esa fachada de chico rudo y millonario, había alguien que se preocupaba por si Noah había comido o si tenía frío por las noches.
—Él me cuida, Jessica. Eso es todo —dijo Noah con firmeza—. No hablemos de eso ahora. Disfrutemos la cena.
Continuaron comiendo, pero el ambiente se había enfriado. Jessica intentó besarlo de nuevo, pero Noah, inconscientemente, giró un poco la cara para que el beso cayera en la mejilla. En su cabeza, seguía repitiéndose el roce de labios que tuvo con Zane mientras llovía. Ese roce había sido corto, pero había tenido más pasión que todos los besos que se había dado con Jessica en esa cena.
Al final de la cena, Noah acompañó a Jessica a su hotel. Ella insistió en que se quedara a dormir con ella, pero Noah puso la excusa de que tenía que entregar un trabajo práctico a primera hora de la mañana.
—Mañana te veo entonces —dijo Jessica, dándole un beso corto antes de entrar al vestíbulo.
Noah caminó hacia la parada de autobús, sintiendo un alivio inmenso al estar solo. Sin darse cuenta, tomó el autobús que llevaba hacia el monoambiente de Zane, no hacia la casa de sus padres. Sus pies sabían dónde estaba su verdadero hogar.
Al entrar al apartamento, encontró a los tres amigos todavía allí. Mauro estaba leyendo en un rincón y Luke estaba tirado en la alfombra jugando con su teléfono. Zane estaba de pie junto al ventanal, mirando hacia afuera con una copa de agua en la mano.
—Volvió el novio del año —bromeó Luke, levantando la vista—. ¿Y bien? ¿Qué tal la cena? ¿Ya le pediste que se case contigo o vamos a esperar a la graduación?
Noah puso los ojos en blanco.
—Solo cenamos, Luke. No exageres.
—¡Ay, vamos! —continuó Luke, sin notar la tensión en la cara de Zane—. Jessica es un fuego. Zane me decía antes que incluso alguna vez él pensó en salir con ella en secundaria para que tú no te distraigas, pero que al final decidió que era mejor dejarte ser feliz. ¡Zane es un gran amigo, cuidándote incluso de sus propios impulsos!
Zane se tensó tanto que la copa de vidrio crujió en su mano. Mauro cerró su libro de golpe.
—Luke, cállate —ordenó Mauro con voz gélida.
Noah frunció el ceño.
—¿De qué hablas, Luke? ¿Zane quería salir con Jessica?
Luke, dándose cuenta tarde de que había hablado de más, tartamudeó.
—No, no... o sea, él decía que... que ella era linda y que... bueno, ya sabes cómo es Zane, ¡le gustan todas las chicas guapas!
Noah miró a Zane.
—¿Es verdad? ¿Te gustaba Jessica en secundaria?
Zane se giró lentamente. Sus ojos azules estaban oscuros, llenos de una verdad que ya no podía seguir ocultando tras bromas o planes.
—No, Noah. No me gustaba Jessica. Nunca me gustó ninguna de esas chicas con las que salí.
—Entonces, ¿por qué salías con ellas? —preguntó Noah, dando un paso adelante, sintiendo que una pieza del rompecabezas estaba a punto de encajar—. Ariana... todas ellas me gustaban a mí primero. Y tú siempre terminabas con ellas. ¿Por qué?
Zane soltó un suspiro largo, dejando la copa sobre la mesa. Caminó hacia Noah hasta quedar a pocos centímetros. Luke y Mauro se quedaron congelados, dándose cuenta de que este era el momento.
—Salía con ellas para que se alejaran de ti —confesó Zane con una voz que vibraba de emoción—. Porque no podía soportar que alguien más te tocara. No podía soportar que alguien más viera esos hoyuelos todos los días. Jessica se fue, y yo sentí que el mundo me daba una oportunidad para tenerte solo para mí.
Noah retrocedió, golpeando la puerta con la espalda. Su cerebro estaba procesando la información a una velocidad vertiginosa.
—¿Me estás diciendo que... saboteaste mis relaciones por tres años? ¿Que todo este tiempo estuviste mintiéndome?
—Te estuve amando, Noah —corrigió Zane, con lágrimas de frustración en los ojos—. De la forma más retorcida y desesperada posible, pero te estuve amando. Y anoche... cuando te besé... supiste que yo no soy tu hermano.
Noah sintió que el aire le faltaba. Miró a Mauro, que asintió levemente, confirmando que él lo sabía. Miró a Luke, que tenía la boca abierta de par en par. Y finalmente miró a Zane, el hombre que le había dado un techo, que le había dado su tiempo y que, ahora lo entendía, le había dado su corazón en secreto durante años.
—Tengo que irme —soltó Noah, abriendo la puerta y saliendo corriendo hacia el pasillo.
—¡Noah, espera! —gritó Zane, pero Mauro lo detuvo.
—Déjalo ir, Zane —dijo Mauro suavemente—. Necesita procesarlo. Acabas de destruir su realidad. Dale una noche. Si de verdad lo conquistaste este último mes, él volverá. Pero tiene que decidirlo él, no tú.
Noah bajó las escaleras de emergencia, con el corazón latiendo tan fuerte que le dolía. Al llegar a la calle, bajo la misma lluvia que los había unido la noche anterior, Noah se detuvo. Miró hacia arriba, hacia la ventana del monoambiente.
No se sentía enojado. Se sentía... asustado. Asustado porque, por primera vez, se dio cuenta de que no quería volver al hotel con Jessica. Quería volver arriba. Quería gritarle a Zane por mentirle, pero también quería que lo volviera a abrazar con esa fuerza que solo él tenía.
Noah Brooks, el novio perfecto de Jessica, acababa de morir. Y en su lugar, bajo la lluvia, estaba naciendo un hombre que tenía que elegir entre la vida que le habían contado y la vida que realmente quería vivir.