Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.
Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.
Sin embargo, la isla no está desierta.
Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e
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Capítulo 4
Permanecí escondida entre los arbustos sin atreverme siquiera a respirar fuerte.
Desde allí podía ver perfectamente la aldea.
El lugar parecía salido de otro siglo. Las construcciones de piedra se alzaban entre la vegetación como antiguas ruinas vivas, cubiertas de símbolos grabados y telas moviéndose con el viento. Había fuego encendido en enormes recipientes de barro y el aire olía a humo, tierra húmeda y algo dulce que no reconocía.
Todo se veía tan irreal que por un momento pensé que seguía inconsciente después del accidente.
Las personas caminaban de un lado a otro hablando entre ellas en un idioma completamente desconocido para mí. Era rápido, extraño y musical a la vez.
No entendía absolutamente nada.
Seguí observando en silencio hasta que un ruido comenzó a escucharse a lo lejos.
Caballos.
Fruncí el ceño.
El sonido se hizo más fuerte rápidamente y, de repente, un gran grupo de hombres apareció entre los caminos de piedra de la aldea montando enormes caballos oscuros.
Mi cuerpo se tensó inmediatamente.
Todos ellos eran altos y fuertes, vestidos con telas oscuras y adornos dorados. Algunos llevaban lanzas y otros arcos colgados en la espalda. La gente de la tribu comenzó a apartarse rápidamente a su paso.
Pero uno de ellos destacó al instante.
Iba delante de todos.
Mi respiración se detuvo por un segundo.
Era… impresionante.
Su rostro estaba marcado con líneas de pintura roja que cruzaban sus mejillas y parte de la frente. Llevaba varias piezas de oro alrededor del cuello y los brazos que brillaban bajo la luz del sol. Su piel era bronceada y su cabello negro caía largo sobre sus hombros.
Pero fueron sus ojos lo que más me impactó.
Dorados.
No marrones claros.
No miel.
Dorados de verdad.
Como si el sol se hubiera quedado atrapado dentro de ellos.
Montaba el caballo con una seguridad casi intimidante y todo en él transmitía autoridad.
Peligro.
Cuando descendió del caballo, toda la tribu hizo algo que me dejó helada.
Se inclinaron ante él.
Algunos incluso bajaron la cabeza completamente.
Era importante.
Muy importante.
El hombre comenzó a hablar con varios miembros de la tribu mientras caminaba hacia el centro de la aldea. Su voz era grave y calmada, aunque firme.
No entendía una sola palabra.
Una anciana de cabello completamente blanco se acercó a él apoyándose en un bastón de madera tallada. Empezó a hablarle rápidamente mientras señalaba hacia la selva.
El hombre la escuchó atentamente.
Yo seguía escondida intentando entender algo de aquella conversación imposible.
—No puedo entender lo que dicen… —murmuré frustrada.
La sensación de estar completamente perdida volvió a aplastarme.
No sabía dónde estaba.
No sabía quiénes eran.
Ni siquiera sabía si eran peligrosos.
Seguí observándolos desde mi escondite, intentando pasar desapercibida entre las hojas.
Entonces sentí algo detrás de mí.
Mi corazón dio un salto.
Giré lentamente la cabeza.
Y vi a la chica del río.
Estaba de pie a apenas unos pasos de mí, sosteniendo todavía la jarra de agua entre sus brazos. Sus ojos oscuros me observaban completamente abiertos por la sorpresa.
Nos quedamos inmóviles.
Mirándonos.
El miedo me paralizó.
—Espera… yo no—
La chica abrió la boca y gritó algo en su idioma.
Un grito fuerte.
De alarma.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Escuché pasos acercándose.
Muchos pasos.
Intenté retroceder, pero varias personas aparecieron entre los árboles rodeándome inmediatamente. Algunos hombres me sujetaron de los brazos antes de que pudiera escapar.
—¡No! ¡Esperen! ¡No quiero hacer daño! —grité desesperadamente.
Ellos no entendían.
Uno de los hombres me arrebató el palo improvisado que llevaba conmigo y otro me inmovilizó las manos con fuerza.
La tribu entera comenzó a reunirse alrededor.
Me observaban como si fuera una criatura extraña.
Algunos murmuraban.
Otros parecían asustados.
Y otros… furiosos.
Mi respiración se volvió inestable.
El miedo regresó de golpe.
Intenté liberarme, pero los hombres eran demasiado fuertes.
Entonces el silencio cayó sobre todos.
El líder acababa de acercarse.
La multitud se apartó lentamente dejándole espacio mientras él avanzaba hacia mí con una calma inquietante.
Sentí cómo mi corazón latía con fuerza contra mis costillas.
Él me observó de arriba abajo sin decir nada.
Sus ojos dorados se clavaron en los míos.
Y por alguna razón… eso fue más intimidante que si me hubiera gritado.
Parecía intentar descifrar qué era yo.
Nunca nadie me había mirado así.
Como si no perteneciera al mismo mundo que él.
Uno de los hombres comenzó a hablarle rápidamente señalándome. Otro dijo algo más mientras hacía gestos hacia la selva.
El líder siguió observándome en silencio.
Yo apenas podía respirar.
—Yo… —dije lentamente señalándome el pecho— Rose.
Nadie reaccionó.
Las personas alrededor comenzaron a murmurar nuevamente.
El líder dio un paso hacia mí.
Tan cerca que pude notar el olor a humo y tierra húmeda impregnado en su piel.
Sus ojos dorados recorrieron mi rostro con intensidad.
Luego habló.
Una sola palabra.
Pero no entendí nada.
Y eso fue lo más aterrador de todo.