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Madre De Acero, Hogar De Cristal

Madre De Acero, Hogar De Cristal

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Traición / Completas
Popularitas:12.6k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Susena creía vivir en un paraíso: un hogar impecable, tres hijos amados, un bebé en camino y un esposo que parecía perfecto. Pero cuando Julián muere en un trágico accidente, su mundo de cristal estalla.

Entre deudas ocultas y el descubrimiento de una impactante doble vida, Susena se queda en la calle y sin nada. Sola con sus hijos y una tía a su cargo, deberá abandonar su fragilidad para transformarse en una madre de acero. Una historia de traición y coraje donde una mujer deberá luchar contra la pobreza y el engaño para reconstruir su destino.

¿Hasta dónde llegarías para salvar a los tuyos cuando descubres que tu vida entera fue una mentira?

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 23: El despertar en las nubes

La primera mañana en el penthouse de la Quinta Avenida no se pareció a nada que la familia Vallejo hubiera experimentado jamás. El sol de Manhattan entró por los inmensos ventanales, bañando las paredes de mármol y las alfombras de seda con una luz dorada que parecía ahuyentar definitivamente las sombras del terror de Astoria. Susena se despertó en una cama que se sentía como una nube, rodeada de sábanas de mil hilos y el silencio absoluto que solo el lujo más extremo puede comprar. Al salir de su habitación, se encontró con una escena que le humedeció los ojos: el inmenso comedor de caoba estaba repleto de bandejas con fruta fresca, pan recién horneado, jugos naturales y panqueques calientes.

Max ya estaba allí, pero no como el magnate frío de la oficina. Vestía una bata de seda azul oscuro sobre su ropa de gimnasia, y estaba sentado a la mesa con Mateo, revisando juntos una tablet. Las niñas, Valeria y Lucía, ya estaban desayunando entre risas, asombradas por la vista del Central Park que se extendía a sus pies. La tía Martha, por su parte, ya se había "adueñado" de la inmensa cocina profesional, conversando con el chef personal de Max sobre los secretos del sazón caribeño. En ese penthouse, que durante décadas había sido un santuario de soledad, el aire ahora vibraba con el sonido de las risas y el aroma a hogar.

—Buenos días, radiante —dijo Max, poniéndose de pie en cuanto vio a Susena entrar. Su mirada recorrió el rostro de ella con una ternura que no ocultaba frente a nadie—. ¿Dormiste bien?

—Como si no hubiera pasado nada ayer, Max. Gracias —susurró ella, aceptando el beso en la frente que él le dio con naturalidad.

La mañana fue un despliegue de eficiencia protectora. Mientras los niños terminaban de alistarse para la escuela, Maximiliano se encargó de coordinar el operativo de seguridad más estricto que Manhattan hubiera visto para tres estudiantes de secundaria. Seis hombres de seguridad, entrenados por ex-agentes del servicio secreto, escoltarían a los niños en camionetas blindadas hasta la puerta de la escuela. Incluso dentro del recinto escolar, habría personal encubierto velando por su seguridad desde la distancia. Max no iba a dejar nada al azar; el apellido D'Angelo ahora cubría a los Sotomayor con un manto de acero impenetrable.

A las ocho y media, Susena y Maximiliano salieron del penthouse. Ella vestía un conjunto de punto en color crema que resaltaba su elegancia serena y el brillo de su embarazo, y él, impecable en un traje azul noche que lo hacía lucir como el rey de Wall Street. Al llegar a la Torre D'Angelo, no entraron por la puerta trasera ni evitaron las miradas. Entraron por el lobby principal, caminando despacio, con las manos entrelazadas y las cabezas en alto. El silencio que se generó a su paso fue ensordecedor. Ya no había dudas, ya no había rumores: la publicista de acero y el magnate de oro eran uno solo frente al mundo.

Sin embargo, una vez dentro de la torre, la realidad del trabajo se impuso. La campaña de los hoteles boutique estaba en su fase crítica y los inversores internacionales exigían resultados. Max y Susena, a pesar de vivir bajo el mismo techo de cristal, no tuvieron un solo segundo para verse a solas durante todo el día. Max estaba atrapado en videoconferencias con Londres y Tokio, mientras que Susena se sumergió en su oficina del piso cincuenta y cuatro, monitoreando cada detalle de la publicidad.

A través de una pantalla oculta en su escritorio, Susena monitoreaba constantemente la ubicación de sus hijos y recibía reportes cada hora de los escoltas. "Mateo está en clase de matemáticas", "Las niñas almorzaron en el jardín", "Perímetro asegurado". Esa vigilancia constante era lo único que le permitía concentrarse en los eslóganes y los diseños. Al mediodía, Jennifer entró con una ensalada y dos cafés.

—Parece que hoy Nueva York es tuyo, Susena —dijo Jennifer, sentándose frente a ella—. La foto de la revista ahora se queda corta con lo que se dice de ustedes llegando hoy de la mano. Eres la mujer más envidiada y respetada de la ciudad.

Susena sonrió, pero era una sonrisa cansada.

—Solo quiero que mis hijos estén a salvo, Jennifer. El resto es solo ruido —respondió ella, almorzando rápidamente entre llamadas de proveedores.

La tarde se alargó entre revisiones de presupuesto y ajustes de diseño. Susena trabajaba con una intensidad que no le permitía pensar en el cansancio ni en el miedo que todavía le recorría la espalda. Solo cuando el reloj marcó las seis y la oficina empezó a vaciarse, Susena se permitió recostarse en su silla y cerrar los ojos por un segundo. El día había sido una batalla de eficiencia, una demostración de que podía ser la mujer de Maximiliano D'Angelo y la mejor profesional de Manhattan al mismo tiempo. Pero lo que más deseaba en ese momento no era un aplauso, sino volver a aquel refugio en las nubes donde el hombre más poderoso de la ciudad la esperaba para recordarle que ya no tenía que luchar sola.

Justo cuando se disponía a recoger sus cosas, la puerta de su oficina se abrió. No era Max. Era Arthur, el jefe de seguridad, con una expresión que hizo que el "acero" de Susena volviera a tensarse de inmediato.

—Señora Vallejo, el señor D'Angelo la espera en el estacionamiento privado. Tenemos un cambio en la ruta de regreso. Hay alguien merodeando el edificio que no nos gusta —dijo Arthur en voz baja.

El pulso de Susena se aceleró. La magia de la mañana se desvanecía ante la realidad del peligro que todavía los acechaba desde las sombras de Manhattan.

1
Shony Zatarain
excelente 🌹
Marta Bettucci
voy a buscar otras novelas tuyas. espero sean también cortas
Marta Bettucci
voy a buscar otras novelas tuyas. espero sean también cortas
Marta Bettucci
me encantó
Corta y sin tantos dramas.
Marta Bettucci
me encantó
Corta y sin tantos dramas.
Yolanda Morocho
hojala Julián no esté muerto paraq vea q ella está con un hombre mejor q el
Yolanda Morocho
seguro q no está muerto q por tantas deudas finjio su muerte
Yolanda Morocho
me gusta q ses una mujer fuerte y le aya puesto muy claro todo
Mercedes Elena Bernaez Balza
/Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Good//Good//Ok//Heart//Rose/
Yolanda Villamar
😍m gusto mucho cortita pero muy bella gracias escritora
Yolanda Villamar
😄😍haaaay yo quiero uno de esos
Yolanda Villamar
q vien por ella q le demuestre Al maldito muerto q va salir sola
Carmen Rodriguez
/Drool/
Graciela Alvarez
gracias por compartir tan bonita historia 😍
Rossi
mientras Julian cambió a su esposa por una mujer de 25, Max cambió.las de 25 por una hermosa mujer/madre de 40 🥰
Rossi
lo que me da rabia y tristeza, es que Julian nunca pensó en sus hijos, 😭
Helizahira Cohen
muy bonita he leído dos novelas tuyas cortas, bien narrada, buena trama y ortografía 👏👏
Helizahira Cohen
con tantas cosas ya debería tener 5 meses y visitar al medico
Helizahira Cohen
Es un poquito loca, él la dejo en el apartamento y luego hablo de la recepcionista, me perdí, pero esta buenísima
Helizahira Cohen
ni siquiera la casa, que descaro y aun se despidió esa mañana como si nada, estará muerto de verdad ?
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