Humillada, abandona, perdida y con el corazón completamente destrozado, Lucina se reencuentra con su familia para sanar y recuperar su vida. Su sentimiento de venganza esta latente en ella, pero no contaba con que su corazón fuera cautivado por el hombre que la salvo de la muerte. Ahora, lucha contra sus propios sentimientos y la intensa cercanía de Franco, quien no esta dispuesto a dejarla escapar de sus manos.
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¡Visita inesperada!
Luciana sintió un nudo en la garganta ante la confesión de su hermano. Debía reconocer que probablemente si había sido muy dura con sus padres. Pero eso tampoco le quitaba la sensación de que su hermano necesitaba que también le hicieran sentir que lo apoyaban.
— Yo… lo lamento. Es solo que no soporto verte así.
— No te preocupes por él. — Dijo Esteban tratando de aliviar la tensión. — Si algún día se separa de Laura, hay alguien que estaría feliz de…
No alcanzó a terminar la frase debido a que Matías le dio un golpe en la cabeza.
— ¡Auch! Oye, ¿qué te pasa? — Refuto con dolor.
— Deja de decir estupideces.
— ¿A qué te refieres? — Preguntó Luciana entrecerrando los ojos. — Acaso, ¿tienes otra mujer?
El tono en su voz fue inmediato y firme. El hecho de que Laura no hiciera feliz a su hermano no significaba que aceptaría una traición por su parte. Al ver el cambio de actitud de su hermana, Matías negó con rapidez.
— Por supuesto que no. Tu hermano solo habla tonterías.
Esteban se sobó la cabeza y sonrió con malicia. Levantó las cejas con dramatismo, y continuó hablando.
— Claro… pero bien que te estremeciste al verla.
— ¿De quién hablan? — Preguntó Luciana frunciendo el ceño.
— De alguien a quien tu querido hermano le rompió el corazón cuando decidió casarse con Laura.
Matías se molesta ante la evidente insistencia de su hermano. Se puso de pie de inmediato, y se dirigió hacia la salida.
— Hey, ¿adónde vas? — Preguntó Esteban.
— A cualquier lugar donde no estés.
Matías salió de la sala sin mirar atrás. Esto, ante la atenta mirada de Luciana que aún no entendía nada de lo que había sucedido. confundida, miró a Esteban y volvió a preguntar.
— ¿Qué fue todo eso?
Esteban soltó una risa breve y luego se recostó en el sofá. Cerró los ojos por un instante, y después la miró con más seriedad.
— Ay, hermanita… tal vez sea mejor que él mismo te lo cuente cuando crea que es el momento. — Habló con calma. — Pero sí te diré algo; se que en el fondo de su corazón, se arrepintió de la decisión que tomó.
Luciana guardó silencio ante las palabras de su hermano, quien de inmediato se puso de pie y comenzó a caminar hacia las escaleras.
— Buenas noches, terremoto. Descansa.
— Gracias. — Respondió con una sonrisa. — Igual tú.
Poco a poco, la casa fue quedando en silencio. Después de una noche agotadora, todos decidieron que lo mejor era descansar. Pero por más que Luciana lo intentaba… le era imposible hacerlo.
La mañana después de la fiesta, todo transcurrió con una aparente normalidad en la empresa Johnson. Los empleados iban y venían entre reuniones, llamadas y documentos urgentes, mientras Luciana intentaba concentrarse en el trabajo.
Sin embargo, su mente regresaba incesantemente al mismo recuerdo, una y otra vez; la pista de baile, la peligrosa cercanía de Franco, su voz susurrándole al oído. Pero lo que más la perturbaba era la intensidad de esa mirada que le resultaba imposible de ignorar.
Molesta, más consigo misma que con la situación, cerró la carpeta de golpe, con una fuerza excesiva. Necesitaba desesperadamente algo que la ayudara a calmar su mente agitada y sus emociones descontroladas. Lo último que necesitaba en su vida era a alguien que viniera a poner patas arriba la estabilidad que tanto le había costado recuperar.
— Concéntrate, Luciana. — Murmuró para sí misma.
Al instante, unos golpes suaves en la puerta la hicieron alzar la vista. No tenía nada pendiente.
— Adelante.
Su asistente entró con una expresión ligeramente nerviosa. Todos conocían muy bien a Franco Smith; pero, sobre todo, sabían que era alguien a quien no le gustaba perder el tiempo.
— Señorita Johnson… — La joven dudó por un instante. — …El señor Franco Smith está aquí. Dice que necesita entregar unos documentos urgentes al señor Steven Johnson.
Luciana quedó paralizada por un instante. No podía creer que la persona que precisamente intentaba sacar de su mente estuviera allí, en ese mismo momento. Era una situación que la desagradaba profundamente.
— ¿Mi padre no está en reunión externa? — Preguntó dudosa.
— Sí, señorita. Pero el señor Smith insistió en esperar.
Luciana entrecerró los ojos con recelo. Por supuesto que iba a insistir en esperar. Aún en contra de su deseo de no estar cerca de él, no podía ser descortés y dejarlo plantado en un pasillo.
Se levantó de su silla con fingida serenidad y abandonó la oficina, esforzándose por ocultar su nerviosismo. Al girar en el pasillo principal, lo vio. Franco estaba de pie junto al ventanal, vestido impecablemente, sosteniendo una carpeta. Varias empleadas lo observaban sin disimulo.
El sonar de unos tacones resonó, acercándose por el pasillo, haciendo que él levantara la vista. Fue entonces que la vio. Luciana caminaba hacia él con su característica elegancia, lo que provocó que esbozara una sonrisa apenas perceptible, pero excesivamente peligrosa.
— Señorita Johnson.
— Señor Smith. Qué sorpresa.
Franco avanzó lentamente hasta quedar frente a ella. No podía negar que su llegada había sido demasiado oportuna, sobre todo porque nada eso había sido planeado. Pero él no era quién para negarse a esa oportunidad.
— No tanto. Vine a entregar unos documentos importantes a su padre.
Luciana cruzó los brazos con sospecha. Algo le decía que nada de eso era casualidad, pero ahora no tenía tiempo para pensar en ello.
— Es curioso. Pero lastimosamente mi padre no está.
— Lo sé. — Franco dio un paso más. — Pero usted sí.
La respuesta fue directa, lo cual sorprendió a Luciana. Pero sin importar cómo se estuviera sintiendo, ella le sostuvo su mirada, negándose a retroceder.
— ¿Así que todo esto fue una excusa? — Habló ella finalmente.
— Prefiero llamarlo destino.
— Entonces ya puede retirarse. — Hablo tratando de marchándose fingiendo no importarle.