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Viaje A Un Mundo Paralelo

Viaje A Un Mundo Paralelo

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Mujer poderosa
Popularitas:506
Nilai: 5
nombre de autor: Sandi Lobatos

Después de un día duro de trabajo como pasante pero entra en su apartamento se desmaya luego de tropezar y de quejarse por las horas extras desearía no tener horas laborales desearía ser una holgazán y que me adorarán, cae inconsciente se oye una voz dentro de su mente iniciándo el sistema de la Diosa iniciando viaje desea comenzar...

NovelToon tiene autorización de Sandi Lobatos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL PALACIO DE LOS REGALOS

El palacio tenía grietas en los muros y fantasmas en los pasillos, pero esa noche solo nos importaban cuatro respiraciones. El cumpleaños de Pearl. Veintiuno. La edad en que la ley de la época moderna te deja ser adulta y la vida te recuerda que no tienes idea de cómo. Todos ellos celebrando una ocasión especial por motivo de ese sueño creían que era importante y lo hicieron siguiendo su corazón.

Se citaron en el palacio del Príncipe Kyros, donde los marcos dorados ya no reflejan vanidad sino tiempo. Afuera, la luna estaba tan baja que parecía colgada de las torres. Adentro, kyros había encendido candelabros porque dijo que la luces de las velas le quitaba la memoria al lugar. “Los palacios antiguos no entienden de luces”, sentenció. Y tenía razón: con las velas, las sombras nos acompañaban como invitadas silenciosas.

Pearl llegó descalza. El mármol estaba frío y ella parecía no sentirlo. Llevaba un vestido negro simple, sin adornos, porque dijo que no quería competir con el palacio. “Ya es bastante hermoso y roto”, dijo, y los tres miraron como se mira algo que no se puede tocar sin permiso.

El primero fue Kyros. No habló. Nunca habla cuando el silencio puede hacerlo mejor. Se acercó con una cajita de madera que olía a cedro y a madera fresca. La abrió frente a ella. Adentro, sobre un pedazo de terciopelo azul, había un anillo. Era nuevo, hecho de manera tan exquisita. Tenía una piedra hermosa.

“Es un regalo hecho con mucho amor”, dijo Kyros, y su voz sonó a habitación que se abre después de años. “Ella decía que los anillos no son para atar. Son para recordar que tienes dedos con los que puedes sostener, soltar, empezar”. Pearl lo tomó. Se lo probó en el anular y le quedó exacto, como si el metal la hubiera estado esperando. No lloró. Solo cerró el puño y lo volvió a abrir, mirando cómo la piedra atrapaba la luz de las velas. “Pesa”, dijo. “Lo que importa siempre pesa”, contestó Kyros.

El segundo fue el General Emmanuel. Él sí hizo ruido. Traía una bolsa de cuero y la agitó antes de abrirla, como si adentro tuviera campanas. Sacó una pulsera. “La hice yo”, dijo, apenado de pronto. “Bueno, la monté yo. Las piezas las junte para expresar el amor que te tengo. La luna es por la noche que me salvaste. Es como una llave, la llave es por la puerta que siempre me abres cuando llego roto.Escomo un libro, el libro es por las historias que te robas de mis sueños. Y también es como un barco, el barco… el barco es por si un día te quieres ir, para que te acuerdes de volver”.

Le ató la pulsera a la muñeca izquierda. Sus dedos le temblaban. A Pearl no. Ella estiró el brazo y adornada con incrustaciones de perlas y zafiros hecha como dijes sonaron como una canción chiquita. “Si me voy, va a sonar”, dijo. “Entonces no te vas a perder”, contestó Emmanuel, y todos fingimos que no vimos que tenía los ojos brillosos.

El tercero fue el Príncipe heredero Ian. Esperó a que el eco de la pulsera se callara. Sacó de su saco una caja larga, de las que no anuncian nada bueno porque anuncian algo que duele. La puso en las manos de Emilia y se hizo a un lado, como si no quisiera estar cuando la abriera.

Era un collar. Obra maestra: una cadena de oro blanco puro, entrelazada con zafiros que parecen contener el cielo mismo y un diamante central enorme que captura toda la luz.

Tenía grabadas en el diamante central cuatro coordenadas. “Son las nuestras”, dijo Ian. “La del campamento militar donde nos conocimos. La del ciudad fronteriza cuando te fuiste a salvar la ciudad imperial. La del Palacio donde juramos que no nos íbamos a mentir. Y la de este palacio, hoy”. Pearl pasó el dedo por los números. No preguntó cómo los consiguió. Sabía que Sebastián guardaba mapas en la cabeza y en el corazón.

“¿Y si un día no estamos en esas coordenadas?”, preguntó ella.

“Entonces el collar te lleva”, dijo él. “Los lugares guardan a la gente. Tú solo tienes que volver a pisarlos”.

Se lo puso él mismo, porque el broche era difícil. Sus dedos rozaron la nuca de Pearl y por un segundo el palacio dejó de ser antiguo: fue presente, fue ahora, fue nosotros cuatro respirando al mismo tiempo.

Yo, Pearl, no regalé metal. No tenía anillos heredados ni manos para tejer plata ni oro para fundir. Yo regalé lo que puedo.

Apareció un pastel.tambien puso cuatro copas y una botella sin etiqueta. “Es vino . Decía que solo se abre cuando el tiempo se porta bien”. Lo sirvió. Brindamos. El cristal sonó y el sonido se quedó viviendo en los espejos.

Comimos uvas, porque alguien dijo que daban suerte y esa noche necesitábamos suerte de todos los colores. Pearl se sentó en el suelo con nosotros, aunque el palacio tenía sillones que habían cargado a reyes. “Aquí”, dijo, “el piso conoce más secretos”. Tenía razón. El mármol estaba frío pero honesto.

Pearl:

Todos me invitaron al Palacio del segundo Príncipe kyros cada uno de ellos me dio un regalo el Príncipe Kyros me regaló un anillo el Príncipe Ian me regaló un collar y el General Emmanuel una pulsera todos esos regalos hechos por ellos mismos reflejando todo su amor en ellos y su cariño hacia mí.

Yo me senté en el piso demostrando mi humildad y el deseo de estar a solas con ellos sin preocupaciones demostrando sinceridad, todos ellos se encontraban alrededor mío en círculos celebrando mi cumpleaños sin que ellos se dieran cuenta. Por alguna razón cada uno de ellos hicieron preparativos para esta celebración y con un regalo tan preciado que me quedaré con un pedazo de su corazón.

En segundos pedí al sistema en mi mente refrigerios, postres de todo tipo e incluso pedí cervezas para celebrar mi cumpleaños con todos ellos eso me hace aún más feliz, estar con ellos cercas demostrarles todo mi amor.

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