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BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

Status: En proceso
Genre:Acción / Aventura Urbana / Batalla por el trono
Popularitas:997
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13: EL PRIMER COMBATE DE LA REINA

La daga de plata cortó el aire.

No fue un movimiento torpe. No fue impulsivo.

Fue preciso.

Letal.

Entrenado para matar.

Lía apenas tuvo tiempo de reaccionar.

El mundo se redujo a un solo instante: el brillo de la hoja, la lluvia cayendo en líneas oblicuas y el reflejo de su propio miedo en el metal.

—¡LÍA! —rugió Kael desde el otro lado de la azotea.

Pero su voz llegó como un eco distante.

El atacante ya estaba encima.

Demasiado rápido.

Demasiado cerca.

Demasiado… fuerte.

No era como los otros.

Este era diferente.

Su presencia pesaba en el aire.

Dominante.

Aplastante.

Un alfa.

Lía lo sintió en el pecho antes de entenderlo con la mente. Era como si algo dentro de ella reconociera el peligro… y respondiera. Su cuerpo reaccionó antes que su pensamiento.

Se lanzó hacia un lado.

La daga pasó rozando su cuello.

El filo silbó contra el viento y golpeó el suelo con violencia.

¡Chispas!

El impacto arrancó fragmentos del concreto.

Lía rodó sobre la superficie mojada y se levantó de inmediato. Respirando con dificultad.

El corazón desbocado.

El alfa se enderezó lentamente.

No tenía prisa.

La observaba.

Evaluando.

Cazando.

Sonrió.

—Rápida —dijo con voz grave, cargada de burla—. Pero no lo suficiente.

Lía apretó los dientes.

El agua le caía por el rostro.

La ropa pegada al cuerpo. El frío atravesándole la piel.

Pero lo que más la sacudía no era el clima.

Era la realidad.

Esto ya no era huida.

No era supervivencia.

Era combate.

Y esta vez… no podía escapar.

Detrás de ella, el rugido de Kael retumbó. Golpes brutales. Metal doblándose.

Un cuerpo estrellándose contra la antena.

El otro alfa seguía enfrentándolo. Y ninguno estaba conteniéndose.

Lía volvió la mirada al frente.

El suyo ya se estaba moviendo otra vez.

Más rápido.

Más agresivo.

Directo al abdomen.

—No puedes huir toda la noche —gruñó.

Lía retrocedió.

La daga rasgó su chaqueta.

Sintió el frío de la hoja rozarle la piel.

Demasiado cerca.

Su respiración se quebró por un segundo.

Pero algo cambió.

Algo dentro de ella.

El miedo… ya no era lo único.

La rabia empezó a crecer.

Lenta.

Caliente.

Peligrosa.

—No estoy huyendo —respondió, con la voz más firme de lo que esperaba.

El alfa ladeó la cabeza.

Interesado.

—Entonces pelea.

El silencio entre ambos duró apenas un latido.

Pero fue suficiente.

La marca en su clavícula ardió.

Un pulso.

Luego otro.

Más fuerte.

Más profundo.

La energía despertó otra vez.

No fue un estallido caótico como antes.

Esta vez fue diferente.

Más clara.

Más presente.

Más… suya.

La luz plateada recorrió su piel.

Subió por su brazo como una corriente viva.

Hasta su mano.

El alfa lo vio.

Y sonrió.

—Eso es…

Se lanzó.

Sin contenerse.

Sin dudar.

Lía levantó la mano por instinto. Y la energía respondió.

No explotó.

Se proyectó.

Dirigida.

La descarga salió disparada.

Impactó directamente en el brazo que sostenía la daga.

El sonido fue seco.

El alfa gruñó.

Retrocedió.

La hoja cayó al suelo con un golpe metálico.

Lía abrió los ojos. Lo había hecho.

De verdad lo había hecho.

Pero lo más aterrador no fue eso.

Fue que la energía no desapareció. Seguía ahí. Vibrando en su mano.

Esperando.

Obedeciendo.

Kael lo notó.

Incluso en medio de su pelea. Su mirada se cruzó con la de ella.

—Lía —gruñó—. Concéntrate.

Su voz atravesó todo.

El ruido.

La lluvia.

El miedo.

—No dejes que el miedo la controle.

El alfa frente a ella soltó una carcajada.

—¿Ya la estás entrenando?

Lía respiró profundo.

Una vez.

Dos.

Tres.

El mundo dejó de moverse tan rápido.

El caos empezó a ordenarse.

No estaba lista.

No entendía nada.

Pero sí sabía algo.

No iba a morir ahí.

No iba a ser una presa.

Lo miró directo a los ojos.

—No necesito entrenamiento para defenderme de ti.

La sonrisa del alfa desapareció.

Su mirada se endureció.

Y volvió a lanzarse.

Más rápido.

Más violento.

Pero esta vez…

Lía no retrocedió.

Giró el cuerpo.

Esquivó.

Su pie rozó el suelo mojado.

Su mano encontró algo.

Frío.

Sólido.

La daga.

La tomó.

El alfa intentó sujetarla.

Demasiado tarde.

Lía levantó la hoja.

La plata rozó su piel.

El efecto fue inmediato.

El hombre gritó.

Un sonido salvaje. Dolor puro.

Retrocedió con el antebrazo humeando.

Lía lo miró sorprendida.

La plata…

Era su debilidad.

El alfa la observó con furia.

—Pequeña…

No terminó la frase.

Kael apareció.

Desde la nada.

Como una sombra violenta.

Lo sujetó por el cuello.

Lo levantó del suelo.

Sin esfuerzo.

La escena fue brutal. La lluvia caía sobre ambos.

Kael no parecía humano.

Sus ojos ardían.

Sus músculos tensos.

Su presencia… dominante.

—Te dije que nadie la toca.

Lo lanzó.

Con fuerza.

El cuerpo del alfa voló.

Golpeó contra el borde de la azotea.

El cemento se agrietó.

El otro atacante, el que peleaba con Kael antes, se incorporó lentamente.

Miró a Lía.

Luego a Kael.

Y algo cambió.

Miedo.

Real.

—Esto no termina aquí —dijo, retrocediendo.

Kael avanzó un paso.

—Corre.

Y corrió.

Saltó hacia el edificio contiguo y desapareció.

Silencio.

Solo la lluvia. Solo la respiración. Solo el pulso.

Lía bajó lentamente la daga.

Sus manos temblaban.

Su cuerpo entero vibraba.

No sabía si era adrenalina…O poder.

Kael se acercó.

Rápido.

Directo.

La miró de arriba abajo.

Buscando heridas.

—¿Te lastimó?

Lía negó.

—No.

Kael soltó el aire.

Por primera vez…

Se permitió bajar la guardia.

Un poco.

Sus ojos descendieron a la daga en su mano.

—Aprendiste rápido.

Lía lo miró.

Había algo distinto ahora.

No solo miedo.

No solo confusión.

Determinación.

—Yo no quería esto.

Kael sostuvo su mirada.

—Lo sé.

Lía bajó la voz.

—Pero tampoco pienso dejar que me conviertan en presa.

Kael la observó.

Y algo cambió en él.

Respeto.

Real.

Profundo.

—Eso te convierte en algo más peligroso.

Lía frunció el ceño.

—¿Qué?

Kael dio un paso más cerca.

Demasiado cerca.

La lluvia resbalaba por su rostro.

Su voz bajó.

Grave.

—En alguien que puede sobrevivir a este mundo.

El silencio entre ambos se volvió denso. El aire pesado. La distancia… inexistente.

Lía podía sentir su respiración.

Su calor.

Incluso bajo la lluvia.

Por un segundo…

Todo desapareció.

El peligro.

La guerra.

El miedo.

Solo estaban ellos.

Entonces—

El celular vibró.

Kael se tensó al instante.

Lo sacó.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió.

Oscura.

Peligrosa.

Lía lo notó de inmediato.

—¿Qué pasa?

Kael respondió.

Sin apartar la mirada del horizonte.

—Habla.

La voz de Selene atravesó la lluvia.

Clara. Fría. Controlada.

—Ya encontré a tu familia humana, Lía.

El mundo se detuvo.

Literalmente.

Lía dejó de respirar.

—¿Qué…?

Selene sonrió.

Se podía escuchar.

—Tu madre está conmigo.

El corazón de Lía colapsó dentro de su pecho.

Un vacío.

Un golpe.

Una caída sin fondo.

—No… —susurró.

Kael se tensó por completo.

—Selene, no te atrevas—

—Oh, ya lo hice —interrumpió ella con suavidad—. Y créeme… fue demasiado fácil.

Lía sintió que las piernas le fallaban. Imágenes cruzaron su mente.

Su casa.

Su madre.

La rutina.

La normalidad…

Destruida.

—Si le haces algo… —la voz de Kael era pura amenaza.

Selene rió suavemente.

—Siempre tan protector.

Pausa.

Silencio.

Luego:

—Tranquilo. Aún está viva.

Aún.

La palabra quedó suspendida.

Clavándose.

—Pero eso depende de ustedes.

Kael apretó el teléfono.

—¿Qué quieres?

Selene respondió sin dudar.

—A la reina.

El viento sopló con fuerza.

La lluvia golpeó más duro.

Lía sintió el peso de esas palabras.

No era una amenaza vacía.

Era un intercambio.

—Ven solo —continuó Selene—. Y tráela.

Silencio.

—O empiezo a demostrarte cuánto puede gritar una humana.

Lía cerró los ojos.

El dolor le atravesó el pecho.

No físico.

Mucho peor.

Kael habló.

Frío.

Letal.

—Si le haces daño, Selene…

—Entonces ven rápido —susurró ella—. Porque el tiempo ya empezó a correr.

La llamada se cortó.

Silencio.

Solo lluvia.

Solo tensión.

Lía abrió los ojos.

Miró a Kael.

—Tenemos que ir.

Kael no respondió de inmediato.

Su mandíbula estaba tensa.

Sus ojos… oscuros.

—Es una trampa.

—No me importa.

La voz de Lía no tembló.

—Es mi madre.

Eso fue suficiente.

Kael la miró.

Y entendió.

No era la reina.

No era la marcada.

No era el símbolo.

Era una hija.

Y haría lo que fuera.

—Entonces vamos —dijo finalmente.

La guerra… acababa de cambiar.

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