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Dos Mundos Diferentes

Dos Mundos Diferentes

Status: En proceso
Genre:Demonios / Mundo mágico / Viaje a un mundo de fantasía
Popularitas:145
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

“Dicen los viejos textos…
que al principio… solo había un mundo.
Un mundo… donde humanos y demonios caminaban bajo el mismo cielo.
No como enemigos… sino como hermanos.
Los humanos moldeaban la tierra con sus manos…
y los demonios le daban vida con su aliento.
Era la Era del Equilibrio.
Durante siglos, no hubo guerra. Humanos y demonios compartían la tierra, hasta que la traición surgió.
Un rey humano, cegado por el miedo, traicionó a los demonios. Y esa traición, como una grieta, abrió paso a la guerra.
Los demonios, impulsados por la furia, comenzaron a ganar. Los humanos, viendo su mundo desmoronarse, estaban al borde de la derrota.
Fue entonces cuando Kaeli, viendo la destrucción, tomó una decisión. Vio que si no actuaba, ambos serían aniquilados. Y fue ella quien, con un acto de sacrificio, dividió los mundos. Separó a los humanos y a los demonios, cerrando el portal entre ambos.
Desde entonces, los humanos habitan su propio mundo, separados de los demonios.Y el portal, oculto

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las sillas vacías

*Capítulo 5: Sillas vacías*

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*8:15 AM. Al día siguiente.*

Kasumi llegó sola a la reja de la escuela.

Aoi no estaba gritando su nombre en la esquina.

Caminó por el patio con la capucha puesta. Nadie le dijo nada. El profesor Tanaka tenía el día libre “por accidente laboral”, dijeron. La mano quemada.

Entró al salón.

La silla de Aiko estaba vacía.

La silla de Aoi también.

Se sentó en la suya y dejó la mochila en el suelo. El pañuelo de Aiko seguía ahí adentro, seco ya. Lo había lavado su mamá anoche sin preguntar.

Mika pasó a su lado y le tiró una bola de papel. Le dio en la mejilla. “¿Y tus guardaespaldas, zombie? ¿Hoy no te cuidan?”

Kasumi no contestó. Se agachó a recoger el papel. No lo desdobló. Lo apretó en el puño.

La clase empezó. Matemáticas. La profesora sustituta no la regañó por la sudadera. No la regañó por el cabello suelto. Ni siquiera le preguntó por qué estaba sola.

A media clase, la puerta se abrió.

Aoi.

Con el uniforme arrugado. Con una trenza mal hecha. Con los ojos hinchados.

No dijo “perdón por llegar tarde”. Solo caminó hasta su silla y se sentó.

No miró a Kasumi. No miró a nadie. Sacó su libreta y empezó a copiar, como si nada.

Kasumi le pasó una nota doblada por debajo del pupitre. _¿Estás bien?_

Aoi la leyó. No escribió de vuelta. Solo estiró la mano por debajo del pupitre y le apretó los dedos a Kasumi. Dos segundos. Luego la soltó.

_Estoy aquí._ Eso significaba.

Sonó el timbre del receso.

Aoi se paró primero. “Ven.”

Salieron al patio trasero. Donde no había nadie. Donde Mika no las seguía.

Aoi se sentó en el suelo, recargada en la pared. Sacó el paraguas negro de Aiko de su mochila. Lo tenía doblado, con cuidado.

“Mi mamá me castigó”, dijo, sin verla. “Sin teléfono. Sin salir. Una semana.”

Kasumi se sentó a su lado. “¿Por ayer?”

“Por ayer. Por mentir. Por todo.” Aoi pateó una piedra. “Dijo que si me vuelve a pasar algo, me cambia de escuela.”

El silencio cayó entre las dos.

La silla de Aiko seguía vacía en el salón.

“¿Crees que… esté bien?” preguntó Kasumi bajito.

Aoi apretó el paraguas. “Su papá da miedo. Siempre.”

Otro silencio.

Entonces Aoi sacó algo del bolsillo. El pañuelo. El que Aiko le dio a Kasumi ayer.

“Tu mamá lo lavó”, dijo. “Lo encontré en tu mochila cuando… cuando te ayudé a guardar tus cosas corriendo bajo la lluvia. Se me olvidó darte lo.”

Kasumi lo agarró. Todavía olía a jabón. A normalidad.

“Tenemos que devolvérselo”, dijo Aoi.

Kasumi asintió.

Pero las dos sabían que Aiko no iba a venir hoy.

Y tal vez mañana tampoco.

El timbre sonó de nuevo.

Se pararon.

Y volvieron al salón ahora con una silla vacía y un paraguas negro que no era de ninguna.

*3:10 PM. Después de clases.*

La última campana sonó y Aoi ni se despidió. “No puedo”, murmuró, guardando el paraguas negro en su mochila. “Mi mamá me va a buscar a la reja. Una semana, ¿recuerdas?”

Kasumi asintió. Entendía.

Vio a Aoi irse caminando rápido, con la cabeza gacha, hacia donde su mamá ya la esperaba con cara de pocos amigos.

Se quedó sola en el pasillo.

Con el pañuelo de Aiko en el bolsillo de la sudadera.

Miró hacia la reja. Luego hacia el otro lado. Hacia la calle que llevaba a la casa de Aiko.

Su mamá le había dicho: _Directo a casa. ¿Me lo prometes?_

Pero Aiko no había venido. Su silla estuvo vacía todo el día. Y ayer su papá…

Kasumi se mordió el labio.

_Lo siento, mamá._

Se dio la vuelta y caminó en dirección contraria a su casa.

La casa de Aiko estaba a diez minutos. Una casa vieja, de madera, con un jardín lleno de plantas que nadie cuidaba. Kasumi solo había pasado por afuera. Nunca había entrado.

Llegó y se quedó parada en la banqueta.

Las cortinas estaban cerradas. No se oía nada.

Apretó el pañuelo en la mano.

Tocó el timbre.

Una vez. Dos veces.

Nada.

Estaba por irse cuando la puerta se abrió poquito. Solo una rendija.

Aiko.

Tenía el ojo morado. El labio partido. La camisa del uniforme mal abrochada.

Kasumi se quedó sin aire.

“Kasumi”, dijo él. Su voz sonaba ronca. “No deberías estar aquí.”

“Yo…” Kasumi le extendió el pañuelo sin pensar. “Esto es tuyo. Tu mamá… mi mamá lo lavó.”

Aiko miró el pañuelo. No lo agarró.

Detrás de él se oyó una voz. “¡¿Quién está en la puerta?! ¡Te dije que no—!”

Los pasos del papá de Aiko se acercaron.

Aiko abrió los ojos, asustado de verdad. “Vete”, susurró. “Ahora. Por favor.”

Cerró la puerta. De golpe.

Kasumi se quedó ahí parada, con el pañuelo en la mano y el corazón latiéndole en los oídos.

La puerta no se volvió a abrir.

Se dio la vuelta y empezó a caminar. Rápido. Luego corrió.

No paró hasta llegar a su casa.

Entró y cerró la puerta con seguro.

Su mamá estaba en la cocina. Volteó al oírla.

“Kasumi? ¿Llegaste bien? ¿Pasó algo?”

Kasumi negó con la cabeza. No podía hablar.

Corrió a su cuarto. Se tiró en la cama con la sudadera y todo.

Abrió la mano.

El pañuelo de Aiko seguía ahí. Doblado. Oliendo a jabón.

Lo apretó contra su pecho.

Afuera, empezaba a lloviznar otra vez.

Y la promesa de “los tres” se sentía más rota que nunca.

*3:10 PM. Después de Esa mal Dia.*

Kasumi se vería con sus Dos únicos amigos en a quella biblioteca

Kasumi levantó la vista. “¿La biblioteca?”

“Sí.” Aoi miró hacia la puerta. “Aiko me mandó una nota en el receso. Con uno de primero. Dice que nos ve ahí. Que salió temprano pero se va a escapar un rato.”

Kasumi apretó el pañuelo en el bolsillo. “¿Está bien?”

“No sé.” Aoi ya caminaba. “Ven. Rápido.”

La biblioteca estaba vacía. Olía a libros viejos y a lluvia colada por las ventanas.

Aiko estaba al fondo. Entre los estantes de historia. Sentado en el suelo.

Tenía el ojo morado. El labio partido.

Kasumi se paró en seco.

Aoi soltó el aire que tenía guardado. “Idiota”, dijo, y se sentó a su lado de golpe. “¿Tu papá te hizo eso?”

Aiko no contestó. Solo miraba al suelo. “No debí decirles que vinieran. Si se entera—”

“Si se entera, que se entere”, lo cortó Aoi. Le puso el paraguas negro en las manos. “Esto es tuyo. Y esto también.”

Kasumi se sentó del otro lado. Sacó el pañuelo. Se lo dio. “Tu mamá… mi mamá lo lavó.”

Aiko agarró las dos cosas. El paraguas. El pañuelo. Los apretó hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

Por un segundo no dijo nada.

Luego habló, bajito. “No puedo volver a ir al puente. Ni salir después de clases. Mi papá… me va a revisar todo.”

Afuera, se oyó la voz de la mamá de Aoi llamándola desde el patio.

“Me tengo que ir”, dijo Aoi, parándose. Tenía los ojos brillosos. “Pero no estás solo, ¿oíste? Aunque no te veamos.”

Aiko asintió. No las miró. “Lo sé.”

Aoi salió corriendo.

Kasumi se quedó un segundo más. “¿Vas a estar bien?”

Aiko al fin la miró. Con el ojo bueno. “Tengo que estarlo.”

Kasumi se paró. “Entonces mañana. Aquí. A la hora del receso.”

No era pregunta. Era promesa.

Salió de la biblioteca justo cuando la llovizna otra vez.

Y aunque la silla de Aiko iba a seguir vacía en el salón, ya no se sentía tan roto.

Porque los tres se habían visto.

Aunque fuera quince minutos. Aunque fuera escondidos.

Aunque fuera en silencio.

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