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CIEN DIAS DE AMOR FORZADO:LA ESPOSA DEL MANGNATE

CIEN DIAS DE AMOR FORZADO:LA ESPOSA DEL MANGNATE

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor prohibido / Romance
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

¿Puede un amor nacido del engaño sobrevivir a la verdad? ¿Podrá la esposa sustituta reclamar el corazón de un hombre que juró nunca volver a amar?

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capitulo 22

El aire en la mansión Volkov se había vuelto irrespirable. No era solo el aroma a trementina y barniz de mi estudio, o el perfume empalagoso de Elena que parecía impregnar cada pasillo como un gas venenoso. Era el peso de saber que ella tenía el arma cargada en su teléfono. Me llamo Zoe, y hoy me desperté con la certeza de que el suelo bajo mis pies no era más que una fina capa de escarcha a punto de quebrarse.

Me miré al espejo del baño de mi nueva habitación de invitados. Tenía ojeras marcadas y la piel pálida. El vestido azul que elegí para la mañana se sentía como una armadura de papel. Dante me había pedido que no cometiera errores, pero ¿cómo no cometerlos cuando el enemigo vive en el cuarto de al lado y tiene tu mismo rostro?

Bajé a la planta baja, tratando de hacer el menor ruido posible. Al pasar cerca de la biblioteca, escuché la voz de Dante. Estaba hablando con Julian.

—No me importa el costo, Julian. Quiero que el equipo de ciberseguridad rastree cada dispositivo en esta casa. Si ese video sale de aquí, quiero saberlo antes de que toque cualquier servidor.

—Dante, estamos hablando de invadir la privacidad de tu esposa legal —la voz de Julian sonaba tensa—. Si ella nos demanda por espionaje, la nulidad del contrato será el menor de tus problemas. Ella grabó una infidelidad, o al menos lo que parece serlo. Ante un juez, ella es la víctima.

—Ella es un parásito —rugió Dante, y escuché el sonido de un puño golpeando la mesa de caoba—. Zoe arriesgó todo por mí anoche. No voy a dejar que esa mujer la use para chantajearme.

Me alejé antes de que pudieran notar mi presencia. El pecho me dolía. Dante me estaba protegiendo, pero ¿a qué precio? Su imperio, el "Glaciar" que tanto le había costado construir, estaba en riesgo por un beso que, aunque real para mi corazón, era una sentencia de muerte para su carrera.

Fui al jardín, buscando el único refugio que me quedaba: la luz natural. Me senté en un banco de piedra, lejos de las ventanas de la casa, y saqué mi cuaderno de bocetos. Pero mis manos temblaban. No podía dibujar líneas rectas. Solo veía sombras, manchas negras que representaban el miedo que sentía por mi madre, por mi futuro y por el hombre que, irónicamente, se suponía que no debía tocarme ni hablarme según el contrato original.

—Vaya, la consultora estrella está descansando —la voz de Elena me golpeó por la espalda.

Me giré. Ella estaba apoyada en una estatua de mármol, sosteniendo una tablet y luciendo una sonrisa depredadora. Llevaba unas gafas de sol de diseñador que ocultaban sus ojos, pero podía sentir su mirada llena de malicia.

—¿Qué quieres, Elena? ¿No tienes alguna tarjeta que vaciar o algún sirviente a quien humillar?

—Oh, Zoe, no seas tan amarga. He estado revisando mi video de anoche. La iluminación era un poco precaria, pero se nota perfectamente que eres tú. Y se nota perfectamente que mi "querido esposo" no parece muy forzado que digamos.

Se acercó a mí, sentándose en el banco sin pedir permiso. El olor de su tabaco mentolado me dio náuseas.

—Dante cree que puede controlarlo todo —continuó ella, bajando la voz—. Pero no sabe que ya envié una copia a un servidor externo. Si algo me pasa, o si mis fondos se bloquean, el video se enviará automáticamente a la junta directiva y a los principales diarios de chismes. ¿Te imaginas el titular? *"El magnate Volkov y la gemela impostora: Un romance de fraude y traición"*.

—Él te destruirá antes de que eso pase —dije, tratando de que mi voz no temblara.

—Él se destruirá a sí mismo intentando salvarte a ti. Y eso es lo que más me divierte. Ver al gran Dante Volkov, el hombre de hielo, derritiéndose por una pintora de cuarta que ni siquiera tiene un nombre propio en esta casa.

Elena se levantó y me lanzó una mirada de desprecio.

—Disfruta tus últimos días de lujo, hermanita. Porque cuando termine con ustedes, desearás haberte quedado en esa clínica con mamá esperando el final.

Se marchó hacia la mansión, dejándome con el corazón latiendo desbocado contra mis costillas. Sabía que no podía quedarme de brazos cruzados. Dante estaba usando la fuerza bruta y la tecnología, pero yo conocía a Elena. Sabía cuáles eran sus debilidades porque, en muchos sentidos, eran las sombras de las mías.

Entré de nuevo en la casa y me dirigí al estudio. Marcus, el guardia, me asintió con la cabeza. Al entrar, cerré la puerta con llave. Necesitaba pensar. Si Elena tenía un servidor externo, el punto débil no era el video, sino el motivo por el que ella estaba aquí. Ella no amaba a Dante, ella amaba la vida que Dante le proporcionaba.

A mediodía, Rosa me trajo una bandeja con comida. Se veía preocupada.

—Niña, el ambiente está muy feo —susurró—. La señora... la otra señora, ha estado llamando a decoradores. Dice que va a remodelar toda la suite principal y que va a tirar sus cuadros a la basura.

—Que haga lo que quiera con los cuadros, Rosa. Solo mantente alejada de ella, no quiero que te use para llegar a mí.

—El señor Dante ha dado órdenes de que nadie entre a su estudio sin permiso de él. Ella intentó entrar hace una hora y casi se arma una guerra en el pasillo.

Esa tarde, Dante me mandó llamar. Su despacho estaba en penumbra, iluminado solo por la luz de las pantallas y una lámpara de escritorio. Se veía agotado. Se había quitado la corbata y tenía las mangas de la camisa remangadas.

—Zoe, siéntate.

Me senté frente a él. Por un momento, solo nos miramos. La tensión sexual que mencionaba mi hoja de ruta no era algo ficticio; era una cuerda tensa que nos unía en medio del caos. Cada vez que estábamos en la misma habitación, el aire parecía cargarse de electricidad.

—Elena me ha amenazado con el video —dije directamente—. Dice que tiene un servidor externo.

Dante cerró los ojos y suspiró.

—Lo sé. Julian ya me lo confirmó. Ella es más astuta de lo que pensábamos, o alguien la está asesorando. Probablemente uno de los abogados de tu padre que aún quedan libres.

Se levantó y caminó hacia mí, rodeando el escritorio. Se apoyó en el borde, quedando muy cerca de donde yo estaba sentada.

—No voy a permitir que te haga daño, Zoe. He decidido que vamos a adelantar la campaña de imagen. Mañana habrá una sesión de fotos aquí en la mansión. Tú estarás a mi lado como la directora creativa. Si el video sale a la luz, diremos que era parte de un ensayo para una campaña de "intimidad artística". Vamos a restarle importancia antes de que puedan usarlo como escándalo.

—¿Fotos? ¿Con ella en la casa? Dante, ella se meterá en medio de cada toma.

—Deja que lo intente. La fotógrafa es de mi total confianza. Solo capturaremos lo que yo quiera que se vea.

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Rozalia Dragos
Entretenido Muy bueno
ana vasquez
un tira y encoje entretenido, eso sí 🤭
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