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¿Mi Esposo Resultó Ser Mi Amante?

¿Mi Esposo Resultó Ser Mi Amante?

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Romance / Posesivo
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Anna es la definición de pragmatismo. Aceptó casarse con un extraño hace tres años solo para cumplir el deseo de su abuela, bajo la condición de que cada uno viviera su vida por separado. Para ella, David es solo un nombre en un acta de matrimonio y una transferencia mensual. David, por su parte, es un titán de los negocios, un hombre cuya posesividad solo es superada por su hermetismo; para él, Anna es un "trámite" lejano que vive en otra ciudad... o eso creía.

​Todo cambia en una noche de copas y luces de neón. En una exclusiva discoteca, dos desconocidos se atraen magnéticamente. Anna, decidida a dejar de ser la "esposa de papel", se entrega por primera vez a un extraño de ojos gélidos y manos posesivas. David queda obsesionado con la mujer que desapareció al amanecer
El enredo estalla cuando David decide que esa "desconocida" debe ser suya, sin saber que ya lo es legalmente

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capitulo 8

​David Bianchi no recordaba la última vez que había sentido el sabor de la derrota, pero el vacío en el lado izquierdo de su cama sabía exactamente a eso. Se mantuvo de pie junto al ventanal de la suite, con la perla de platino apretada en su puño cerrado hasta que el metal le marcó la palma. El aroma a jazmín seguía flotando en las sábanas revueltas, una provocación invisible que le recordaba que, por primera vez en su vida, algo que él consideraba suyo se había marchado sin pedir permiso.

​—Nadie se va así —gruñó, su voz rompiendo el silencio del amanecer con una aspereza peligrosa.

​La fascinación que sentía era un veneno dulce. Había pasado una noche con una mujer que desafiaba cada una de sus defensas, una "extraña" que se entregó con una vulnerabilidad que lo hizo sentir, por unas horas, que el mundo no era solo un balance de activos y pasivos. Pero la furia era más fuerte. Su instinto posesivo, ese motor oscuro que lo había llevado a la cima del mundo corporativo, rugía ante la idea de ser abandonado.

​Tomó su teléfono y marcó un número que solo usaba para emergencias de seguridad nacional.

​—La quiero. Ahora —ordenó David, sin saludar. Sus ojos grises estaban fijos en el horizonte, como si pudiera detectar el rastro de ella entre los rascacielos—. Una mujer, vestido esmeralda, estuvo en L’Éclipse anoche. Salió de mi suite privada hace menos de una hora. Rastreen las cámaras del hotel, los peajes cercanos, los registros de Uber. No me importa el costo. Quiero un nombre y una dirección antes del mediodía.

​Se vistió con una brusquedad mecánica. Al abrocharse los botones de su camisa de seda, sus dedos rozaron su propio pecho, allí donde ella había clavado sus uñas en el clímax de la pasión. El recuerdo físico le provocó una sacudida de deseo tan violenta que tuvo que apoyarse en la mesa. La sensualidad de la noche anterior se había transformado en una necesidad táctica.

​Dos horas después, David estaba en su oficina, pero el "Heredero de Hielo" no estaba presente. Su jefe de seguridad, un hombre curtido en mil batallas, entró con la cabeza baja.

​—Señor Bianchi... tenemos un problema.

​David levantó la mirada del informe de adquisiciones que no había logrado leer. Su mandíbula estaba tan tensa que le dolía.

—Habla.

​—La mujer es... profesional —explicó el guardia, evitando la mirada de David—. Revisamos las cámaras del pasillo. Sabía exactamente dónde estaban los puntos ciegos. Se cubrió el rostro con el cabello en los ángulos críticos. En el estacionamiento, usó las sombras de las columnas. El vehículo que abordó no tenía matrícula visible en las cámaras de salida; parece que usó una placa temporal o de cortesía que no está en el registro del hotel.

​David se puso de pie, su silla golpeando la pared con un estruendo sordo. Caminó hacia la pantalla gigante de su despacho, donde se reproducían los bucles de seguridad.

—Ponlo de nuevo.

​Pasó las siguientes cuatro horas ignorando las llamadas de su secretaria. Tres juntas directivas fueron canceladas bajo el pretexto de una "urgencia estratégica". La verdadera urgencia estaba en la pantalla: una mancha verde esmeralda moviéndose con una gracia analítica a través de la penumbra. David observaba cada gesto. La forma en que ella caminaba, con los hombros rectos y una seguridad que no encajaba con una simple chica de club.

​—Mira eso —dijo David, señalando un fotograma borroso—. No corre. Camina con ritmo. Está contando los pasos para salir del campo de visión. No es una casualidad, es una estrategia.

​Su fascinación creció proporcionalmente a su frustración. Ella era como él: práctica, astuta, alguien que no dejaba cabos sueltos. Pero el hecho de que ella usara su propia inteligencia para huir de él lo volvía loco. Su posesividad se volvió obsesiva. Sentía que si no la encontraba, perdería una parte vital de su control sobre el mundo.

​Se sentó en su escritorio y sacó el pendiente de perla. Lo hizo girar bajo la lámpara, observando el brillo suave. Era una joya de alta gama, no algo que una oportunista llevaría.

—¿Quién eres? —susurró, su dedo pulgar acariciando el metal frío—. ¿Y por qué te escondes de mí si anoche gritaste mi nombre como si fuera tu única salvación?

​El recuerdo de Anna —aunque él aún no sabía que era ella— bajo su cuerpo, entregándose con esa mezcla de inocencia y fuego, lo atormentaba. Cada vez que cerraba los ojos, sentía el calor de su piel y la suavidad de su aliento. La búsqueda ya no era solo por orgullo; era una necesidad física de volver a sentir esa conexión que había humanizado su existencia por unas horas.

​Mientras tanto, en el otro lado de la ciudad, Anna observaba desde su oficina cómo el mundo seguía girando. Había quemado el vestido verde esmeralda en la incineradora del edificio de su oficina esa misma mañana; un acto práctico para eliminar evidencia física. Su mente analítica registraba el éxito de su huida, pero su cuerpo la traicionaba. Sentía un vacío punzante en el vientre y el eco de las manos de David en su cintura le provocaba escalofríos en momentos inoportunos.

​Anna sabía que él la buscaría. Conocía el perfil de David Bianchi: un hombre que no aceptaba un "no" y que trataba a las personas como activos que debían ser controlados. Por eso había evitado las cámaras. Por eso había aparcado su coche a tres manzanas del hotel. Pero no había contado con el peso emocional de las "cenizas". Cada vez que veía una noticia sobre la Corporación Bianchi en su monitor, su pulso se aceleraba.

​—Es solo una variable externa —se decía a sí misma, aunque sus dedos acariciaban el lugar en su cuello donde él había dejado una marca casi invisible—. Un error de cálculo que ya fue corregido.

​David, en su despacho, golpeó la mesa con el puño.

—¡Quiero los registros de todas las joyerías que vendan este modelo de pendiente en los últimos cinco años! —le gritó a su equipo de seguridad—. ¡Busquen en las listas de invitados de L’Éclipse de los últimos tres meses! ¡No me detengan hasta que tenga una cara limpia!

​La búsqueda se convirtió en una cacería silenciosa. David descuidó firmas millonarias por revisar perfiles de redes sociales de mujeres que encajaran con la descripción. Su obsesión era tal que empezó a verla en cada sombra, en cada mujer elegante que cruzaba la calle.

​Al final del día, David estaba agotado, pero su resolución era de acero. Se guardó el pendiente en el bolsillo del pantalón, sintiéndolo contra su muslo como un recordatorio constante.

—Puedes esconderte hoy —pensó, mientras se preparaba para la cena con su esposa—, pero el mundo es pequeño para alguien que yo he decidido que me pertenece.

​No sabía que la mujer que buscaba con tal desesperación estaba a punto de entrar en su propia casa, usando su propio apellido y ocultando tras una máscara de frialdad el mismo incendio que lo estaba consumiendo a él. La búsqueda obsesiva de David estaba a punto de chocar con la realidad más irónica de su vida: el trofeo que tanto anhelaba ya tenía su anillo en el dedo.

1
Rosa Pandui
David ya está sintiendo lo que es amar a Dios en tierra ajena,, porque Anna se le está yendo de las manos
Rosa Pandui
Anna creo sus propios demonios y con arrastró a David,, ambos se están destruyendo por una farsa que nació en una noche
Rosa Pandui
David cada día la riegas más
Rosa Pandui
excelente
Rosa Pandui
Tu historia es excelente y atrapante,,dos almas juntas y alejadas al mismo tiempo por un juego cruel y excitante
Rosa Pandui
Cachetada con guante blanco,,te dió directo al ego,, orgullo y el corazón
Carolina A²V
tienes mi apellido, tienes mi apellido es lo único que sabes decir 🤔 que fastidio contigo
Carolina A²V
que tiene en casa David❓️ un hombre que la desprecia y humilla como se le pega la gana 🤔 eso es lo que tiene en casa❓️ por favor ya deja de hacerte el ofendido
Carolina A²V
deja la ridiculez que ese papel no te luce
Carolina A²V
😱😱😱 perdiendo los buenos momentos
Carolina A²V
quién te entiende❓️🤔 ayer la despreciaste por ser tu esposa y hoy andas de ridículo que se cree dueño de nada
Carolina A²V
y desde cuando es tu problema❓️🤔🤨
Carolina A²V
que ganas de ser un idiota 🤷🏻‍♀️🤦🏻‍♀️
Rosa Pandui
David está recibiendo lo que se merece y Anna está viva,,, pero parte del infierno que están viviendo es algo que ella misma propicio,,,,tal vez David se equivocó en su momento pero nadie es perfecto y todos tienen derecho a otra oportunidad,,si abandonaran el maldito orgullo,, David descubrió que puede amar y ella se lo hizo ver en esa noche
Rosa Pandui
Santo Dios,,los dos se están ahogando en su propia pasión y juego
Julîîana
Me gustaría que Anna se diera una oportunidad con Arturo quizás el si la valoré, porque casa vez que veo el comportamiento de David me da mucho coraje y no se lo que haga Anna 0ero yo no le daría una oportunidad a un hombre que me trató durante años como un accesorio haciéndome sentir como si no valiera la pena, eso no se lo perdonaria a nadie aunque se que todos merecen segundas oportunidades pero para eso existen las excepciones
juan andres palacios
que se quede con Arturo🥰
Rosa Pandui
Pronto se descubrirá la verdad del deseo que hay entre los dos
Rosa Pandui
A ver quién cae primero jajaja
Rosa Pandui
Te vas a quemar Anna en tu propio juego y ya te descubrieron
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