Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
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UNA CONVERSACIÓN SIN FINAL INMEDIATO
NARRADOR
Victoria suspiró al sentarse en el inodoro. Realmente había entrado con los segundos justos para bajar su ropa interior o hubiese tenido un desagradable incidente biológico delante de su jefe.
Al salir del baño, lo hizo con las mejillas sonrojadas por haber corrido de esa manera.
Trevor la observó. Ella ya no apretaba sus piernas.
--Realmente debía ir. Siéntese, le he pedido un café. Lo traerán en breve-- Él llevó el café a sus labios observándola en todo momento, desde su duda hasta la manera de acatar la orden en silencio
El café llegó. No era una taza pequeña y también había otra taza para Trevor. También había aperitivos. Ella lo observó con una clara interrogante.
--Desayune. Se nota que no durmió lo suficiente e intuyo la razón. No acostumbro a tener conversaciones serias con personas medio dormidas-- Ella sintió que se sonrojaba con violencia... otra vez
--Señor Montalvo, le aseguro que lo escucho perfectamente. Debería buscar la tableta para que podamos trabajar-- Tuvo la intención de ponerse de pie, pero él lo impidió moviendo su mano
--No. No sé trata de trabajo, señorita Victoria-- Ella notó que él bajaba su voz y que la llamaba por su nombre. No sabía cómo sentirse al respecto
--¿Entonces? Señor si no se trata de trabajo ni de su primo, yo...-- Él negó, eso fue suficiente para que ella hiciera silencio
--Victoria, usted debe escuchar y comprender. Después si quiere, juzga. Mis pensamientos sobre usted los dejaré fuera de esta conversación, por ahora-- Ella tembló, quería irse de allí
--Señor, yo cumplo mi trabajo y funciones. No me he negado a sus pedidos. Créame, no necesito saber más-- Trevor dejó la taza de café
--Lo necesita y usted lo sabe. Verá... estar con un dominante no es lo que usted cree. No hay abuso, hay concesión. Una sumisa puede estar atada, esposada, suspendida, de rodillas o como usted imagine... pero si menciona que algo no le gusta, la incomoda o si se niega, el hombre no avanza. Existe respeto-- Victoria intentó comprender, pero no lo hacía del todo
--¿Qué gana usted teniendo una sumisa? No sé cómo puede ser atractivo tratar a una mujer como un perro o golpearla-- Él sonrió de lado. Ella apretó sus labios para no agregar nada más. Ella no debía cuestionar y lo estaba haciendo
--¿Ve que si me juzgaba? Me gusta cumplir fantasías y así usted no lo crea... esas mujeres que usted conoce pidieron ser tratadas así. ¿Cree que es maltrato si me limito a cumplir un deseo que no me pertenece?-- Ella se quedó en blanco. Eso no lo esperaba
--Señor... si un hombre me pidiera que lo trate como un perro, probablemente lo enviaría a visitar a un psiquiatra-- Trevor sonrió levemente
--¿Usted no tiene fantasías?-- Preguntó
--Yo nunca estaría en una oficina ni sería tratada de esa forma...- Trevor la miró, expectante
--Me refiero, que a usted le gustaría que alguien cumpliera sus fantasías sin cuestionarlas. Eso es lo que yo hice con las mujeres que usted vio. No es difícil de comprender-- Aclaró
--Tal vez tenga razón, pero en verdad yo no tengo ideas locas como esas. Le aseguro que soy perfectamente normal-- Trevor la miró, analizándola. ¿Le creía? Sí, pero no completamente
--Nuevamente está comparando y juzgando. Le puedo asegurar que el día que desee dejar de reprimirse y esconderse detrás de sus principios comprenderá muchas cosas-- Aseguró sin titubear
--No necesito esconderme de nadie. Tengo una vida simple, ordenada, solitaria y tranquila-- Se defendió sintiendo que la conversación se volvía en su contra
--Eso no necesito que me lo diga, lo sé. Está acostumbrada a tener el control, pero la inquieta lo que no puede controlar...-- Su expresión de sorpresa le confirmó a Trevor que no se había equivocado
--¿Por qué me está analizando?-- Se atrevió a preguntar
--Porque sabe llamar la atención Tal vez más adelante le ofrezca un nuevo contrato con otros beneficios...- Dejó la sugerencia flotando entre los dos, nuevamente, analizando a Victoria
--¿Me aumentará el sueldo?-- Preguntó con ingenuidad
--Victoria, usted sabe a qué contrato estoy haciendo referencia. Soy un hombre generoso y le aseguro que todo en mi vida es bien remunerado, incluidos los días lunes-- Aquello la dejó en blanco totalmente
--¿Usted le paga a esas mujeres?-- Indagó sorprendida
--Pago su disposición debido a mis limitaciones. También pago su discreción. No pago por el acto-- Aquello le sorprendió y no fue poco
--Yo nunca aceptaría lo mismo que ellas-- Trevor hizo un asentimiento. Lo sabía
--Eso lo tengo presente. Yo necesito también algo distinto
--¿Distinto?
--Si. Distinto. Puede retirarse. Presiento que esta conversación continuará más adelante
Victoria salió de la habitación como alma que lleva el diablo. Entró a su cuarto y respiró incontables veces buscando calmarse. Tenía mucho que pensar. Su jefe la estaba considerando para ser su sumisa más adelante y ya le había dejado claro que sin contrato no haría nada. Si firmaba, le vendía el cuerpo a su jefe. Si no firmaba su cuerpo dormiría en una celda.
Por primera vez, ella sintió el peso de una sentencia real que no sabía cómo afrontar, aunque también una inquietud creciendo en su interior. ¿Ella realmente se escondía detrás de sus principios? ¿Esa era la imagen que proyectaba? Pero, lo más inquietante fue pensar como podría sentirse en una situación más íntima con su jefe.
Ella no creía que él siguiera pensando del mismo modo si le confesaba que jamás había tenido relaciones antes. A su edad, en ese momento, era extraño que alguien de más de veinte años se mantuviera virgen.
--Tendré que aceptar y decirle si él me hace la propuesta. No creo que alguien con tanta experiencia quiera estar con una mujer como yo que apenas si fue besada en varias oportunidades... Se nota que las mujeres que lo visitan tienen experiencia de sobra, pero ¿Yo? No tengo nada en común con ellas-- Pensó en voz alta
Lo siguiente que hizo Victoria fue agarrar su teléfono y revisar el calendario allí para saber con exactitud cuánto tiempo le quedaba a la sumisa de turno junto a su jefe. Ese tiempo ella sabía que tenía su virginidad asegurada, pero después... había una gran posibilidad de perderla.
ahora se va hacer la ardida 😡😡 ojalá no se dejen al chantaje de esta