Un amor roto por mentiras renace entre el deseo y el rencor. Aura regresa con un secreto que lo cambia todo: un hijo. Mauricio nunca dejó de amarla, pero el engaño los separó. Entre pasiones, verdades ocultas y una rival obsesiva, el destino los enfrentará nuevamente.
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Capítulo 16: Lo que duele en silencio
El colegio estaba más silencioso de lo normal cuando Aura llegó.
Su paso era rápido.
Inquieto.
El corazón le latía con fuerza mientras cruzaba el pasillo hasta la oficina de la directora.
Tocó la puerta.
—Pase.
Aura entró.
Christopher estaba ahí.
Sentado, con la cabeza baja y las manos juntas sobre las piernas.
A su lado, una mujer y un niño de su misma edad. El pequeño tenía los ojos rojos, aún afectados.
La maestra y la directora estaban de pie.
—Señora Valentín —dijo la directora con tono serio, pero no agresivo—. Gracias por venir tan rápido.
Aura asintió.
—¿Qué pasó?
La maestra intervino.
—Christopher tuvo un altercado con su compañero.
Aura miró a su hijo.
—¿Chris?
El niño no levantó la mirada.
—Él… —continuó la maestra— reaccionó de forma impulsiva cuando el otro niño hizo un comentario.
La directora tomó la palabra.
—El niño se burló de él… por no tener papá.
Aura sintió cómo algo se le apretaba en el pecho.
Miró a su hijo.
Y lo entendió todo.
La otra madre suspiró, visiblemente incómoda.
Se giró hacia su hijo.
—¿Qué fue lo que dijiste?
El niño bajó la mirada.
—Que… que él no tenía papá…
—¿Y eso te parece correcto? —lo reprendió con firmeza—. Eso no se dice.
El pequeño negó con la cabeza.
—No.
—Entonces discúlpate.
El niño se giró hacia Christopher.
—Perdón…
Christopher levantó la mirada lentamente.
Sus ojos estaban brillosos.
Aura se agachó frente a él.
Su voz fue suave.
—Chris… eso no se hace.
Él apretó los labios.
—Pero él empezó…
—Lo sé —susurró ella—. Pero no se responde con golpes.
—Pide disculpas.
Christopher dudó un segundo.
Luego miró al otro niño.
—Perdón.
Ambos se quedaron en silencio.
Niños.
Aprendiendo a manejar cosas que aún no entienden.
La directora asintió.
—Lo dejaré pasar esta vez —dijo con firmeza—. Pero esto no puede repetirse.
Aura asintió de inmediato.
—No volverá a pasar.
La maestra suavizó el tono.
—Christopher es un niño muy inteligente… y normalmente tranquilo.
Aura miró a su hijo.
—Lo sé.
Y eso…
era lo que más le sorprendía.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Minutos después, salieron del colegio.
El aire afuera parecía más ligero… pero para Aura no lo era.
Christopher caminaba a su lado, en silencio, con los hombros un poco caídos. Aura lo observó y, sin decir nada, lo guió hasta un parque cercano.
Se sentaron en un banco.
El viento movía suavemente los árboles.
—Mi amor… —dijo Aura con suavidad—, ¿por qué hiciste eso?
Christopher miró al suelo.
Sus pequeños dedos jugaban nerviosos entre sí.
—Solo… —murmuró— quiero un papá… igual que los demás.
Las palabras la atravesaron.
Aura tragó saliva, sintiendo cómo el pecho se le apretaba.
Se inclinó hacia él, acariciándole el cabello.
—Mi amor…
Dudó.
Y entonces habló.
—Te prometo que lo buscaré… y le hablaré de ti.
Christopher levantó la mirada, con una esperanza que dolía.
—¿De verdad?
Aura forzó una sonrisa.
—Sí…
Pausa.
—Por ahora debes ser paciente… está en un viaje muy largo. Está incomunicado.
Sus propias palabras le pesaban.
Pero siguió.
—Pero él te ama mucho, hijo.
Christopher abrió un poco más los ojos.
—¿De verdad?
—Sí —susurró—. Está ocupado ayudando a muchas personas… por eso no puede venir todavía.
El niño guardó silencio unos segundos.
Imaginando.
Y luego…
sonrió.
—¿Papá es un héroe?
Aura sintió cómo algo se rompía dentro de ella.
Pero asintió.
—Sí, mi amor.
Christopher se acercó y apoyó su cabeza en su brazo.
—Quiero conocerlo…
Aura lo abrazó.
Como si pudiera protegerlo de todo.
—Y lo harás —murmuró, besando su cabello—. Te prometo que conocerás a papá cuando menos te lo imagines.
Pero en su interior…
sabía la verdad.
Era una mentira.
Una que no había planeado.
Una que nació del miedo.
Del dolor.
Y del amor desesperado de una madre que no sabía cómo explicarle a su hijo… que su padre sí existía.
Pero que estaba más cerca de lo que él imaginaba.
Y más lejos… de lo que ella podía permitir.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En casa de Daniela y Ricardo...
El pequeño Richard ya dormía. Daniela estaba en el sofá, revisando su teléfono, cuando Ricardo entró aflojándose la corbata.
Se dejó caer a su lado con un suspiro y le dio un beso.
—Día largo —murmuró.
—Siempre —respondió ella, sin dejar de mirarlo.
Ricardo pasó una mano por su rostro, pensativo.
—Hoy vi a Aura.
—¿Sí?
—En la empresa… —añadió él—. Fue con su jefe. Una reunión.
Daniela asintió despacio.
—Me imaginé que tarde o temprano iba a pasar.
Ricardo la observó.
—Se vieron.
—Lo sé.
Pausa.
—¿Cómo estuvo?
Ricardo soltó una pequeña risa sin humor.
—Tenso… como te imaginas.
Daniela dejó el teléfono a un lado.
—Ellos nunca supieron hacer las cosas fáciles.
—Ni ahora tampoco —respondió él.
Silencio.
De esos que cargan historia.
—Mauricio está peor —añadió Ricardo—. Más cerrado.
Daniela suspiró.
—Aura también cambió.
Ricardo asintió.
—Pero cuando la miraba…
Se quedó a mitad de frase.
Daniela lo entendió igual.
—Nunca dejó de amarla —completó ella.
Ricardo apoyó la espalda en el sofá.
—Ni ella a él.
—A veces siento que todo lo que pasó… fue demasiado raro —murmuró Daniela.
Ricardo giró el rostro hacia ella.
—Yo también.
Pausa.
—Nada encajaba del todo.
Daniela lo miró con atención.
—Pero ninguno quiso buscar respuestas.
—O no pudieron —corrigió él.
—
Daniela apoyó la cabeza en su hombro.
—¿Tú crees que puedan arreglarlo?
Ricardo dudó.
—Si hablan… sí.
Pausa.
—Pero si siguen así… lo dudo.
Daniela cerró los ojos un momento.
—Son demasiado orgullosos.
—Y demasiado tercos —añadió él.
Ricardo la rodeó con un brazo.
—Pero se aman.
Daniela sonrió apenas.
—Eso nunca estuvo en duda.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La noche los encontró en extremos distintos de la ciudad… pero atrapados en el mismo recuerdo.
Mauricio estaba en la sala de su casa.
Las luces bajas.
Un vaso de whisky entre los dedos.
Lo giraba lentamente, sin beber.
Pensando.
Otra vez.
En ella.
En el restaurante…
Ese choque.
Ese instante en que el tiempo se detuvo.
Sus ojos.
Su voz.
Su presencia intacta.
Y luego…
La reunión.
Tan cerca.
Tan distante.
Como si nada hubiera existido.
Apretó la mandíbula.
—Necesito dejar de pensar en ella…
—murmuró.
Porque no era odio lo que sentía.
No del todo.
Era algo peor.
Algo que no había desaparecido.
......................
En otro lugar…
Aura estaba recostada en su cama.
Un libro abierto entre las manos.
Pero no leía.
Sus ojos pasaban por las líneas…
sin verlas.
Su mente estaba en otro lado.
En él.
En los momentos que han coincidido, él actúa como si...
Como si nunca la hubiera amado.
Aura cerró el libro con suavidad.
El pecho le dolía.
—¿Deberia de hablante de nuestro hijo?…
—susurró.
......................
Mauricio finalmente llevó el vaso a sus labios.
Bebió.
Pero no alivió nada.
Aura dejó el libro a un lado.
Y cerró los ojos.
Pero no encontró descanso.
Dos almas.
Separadas por mentiras.
Unidas por recuerdos.
Y sin saberlo…
caminando, una vez más,
hacia el mismo destino.
perp cuando veas la realidad haber si vas a llorar y rogar para pedir perdón hombre...
ya deja de comportarte como niño y aprende a ser hombre ..e investiga qué fue lo que paso en realidad porque esa silvana e una culebra ponsoñosa ...