Tras despertar en el cuerpo de la villana condenada a muerte de su novela favorita, una mujer de la época moderna tiene una sola misión: ¡Sobrevivir! Para lograrlo, debe alejarse del imponente Héroe, el hombre destinado a matarla por amor a la protagonista original. Sin embargo, el destino tiene otros planes. Cada intento de huida termina en un encuentro desastroso que ella interpreta como una sentencia de muerte, mientras que él... empieza a ver en la "villana" algo que nunca esperó: un corazón que lo cautiva. Ella corre por su vida, pero él ya ha empezado la cacería... por su amor.
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Capitulo 5: Capital
El carruaje de los Monfort finalmente cruzó el arco de piedra que marca la entrada a los terrenos de la mansión ducal en la capital. El traqueteo de las ruedas sobre el pavimento perfectamente nivelado de la ciudad es un alivio comparado con el salto constante de los caminos rurales, pero para Isabella, el daño ya esta hecho.
__Taylor, ¿ya llegamos?__. Preguntó Isabella por quincuagésima vez, con la voz arrastrada por el cansancio y una impaciencia que bordea la desesperación.
Taylor, su doncella, cerró los ojos por un breve segundo, invocando a todos los santos de la paciencia que conoce. Desde que su señorita desperto de aquel accidente, su vocabulario y su temple han dado un giro de ciento ochenta grados.
__Mi lady, ya perdí la cuenta de cuántas veces le he dicho que no... o mejor dicho, que sí, que ya estamos dentro de la propiedad. La capital queda retirada del ducado de su familia, no es un viaje que se haga en un parpadeo__. Respondió Taylor, tratando de mantener la compostura profesional que se espera de la doncella personal de una futura (y esperanzada) esposa noble.
A veces, Taylor observa a Isabella y siente un escalofrío. La joven frente a ella tiene los mismos ojos afilados, el mismo cabello sedoso y la misma estructura ósea que la Isabella de los últimos cinco años, pero su alma parece haber sido reemplazada por un torbellino de energía caótica y modismos extraños. Sin embargo, si los Duques no han notado ningún cambio, ella no será quien ponga el grito en el cielo; después de todo, la nueva Isabella, aunque extraña, es mucho más pasable que la anterior.
__Taylor, es que ya me duele todo__. Se quejó Isabella, ignorando la mirada analítica de su doncella.
__Llevamos horas sentadas. Siento que se me va a borrar el trasero en este duro y tieso asiento. Es una tragedia anatómica. Además, ya me aburrí de contar árboles. Hubo uno que juraría que me saludó hace tres kilómetros, así de alucinando estoy por el aburrimiento__.
La protagonista soltó un suspiro dramático, hundiéndose en el asiento. No solo esta lidiando con la pérdida inminente de sus nalgas en el camino a la capital, sino que se dirige directamente a una guillotina social.
El baile de presentación no es una fiesta; es un examen donde el premio es un marido desconocido y el castigo es la burla pública.
Taylor suspiró, preguntándose internamente qué tan duro ha sido el golpe que sufrió su señorita en la cabeza. Esta Isabella es... vulgar. No hay otra palabra. Nada recatada, habla de partes del cuerpo con una soltura que haría desmayar a un noble y su etiqueta brilla por su ausencia.
__Señorita Isabella, le ruego que no hable así, de forma tan fuera de educación__. Le advirtió Taylor en un susurro urgente.
__Si la escuchan sus padres, sus hermanos o algún noble, su reputación y su educación quedarán por los suelos. Ya tiene suficientes ojos encima como para darles más leña al fuego. Y no se preocupe más, que ya estamos aquí. No va a sufrir más... por ahora__. Isabella hizo un puchero, inflando las mejillas como una niña pequeña, y se encogió de hombros con resignación. Taylor tiene razón, pero ¡qué difícil es! Adaptarse a esta nueva vida requiere un filtro mental que ella no uso en su vida anterior. Debe ponerse alerta, excavar en los recuerdos del cuerpo que ocupa y actuar como la "noble Isabella", o su boca la meterá en un lío del que ni su linaje podrá salvarla.
Cuando finalmente descendieron del carruaje, Isabella se quedó paralizada por un momento. La capital es un despliegue de opulencia que desafia la lógica de un mundo sin electricidad. Las construcciones son elegantes, con columnas imponentes y frontones esculpidos que le recuerdan vagamente a una mezcla entre la arquitectura romana y la griega que alguna vez vio en sus libros de historia contemporánea. Es como si un arquitecto renacentista hubiera tenido un presupuesto ilimitado y una obsesión con el mármol.
__Bueno, al menos tengo algo que ver que no sea clorofila__. Murmuró para sí misma, admirando las estructuras que parecen sacadas de una fantasía histórica millonaria.
Los carruajes se detuvieron frente a la residencia de los Monfort en la capital. Isabella abrió la boca de par en par, aunque se cubrió rápidamente con el abanico para disimular. No es una "casa de ciudad"; es una mansión monumental donde podrían vivir cien personas sin cruzarse jamás en el pasillo. Uno a uno, los miembros de la familia bajaron. Maikel, su hermano mayor, saltó de su caballo con una gracia envidiable, sin mostrar rastro de fatiga. Cuando llegó el turno de Isabella, sus piernas, entumecidas por el viaje, decidieron traicionarla. El suelo, su viejo amante, pareció llamarla de nuevo.
__¡Upa!__. Exclamó Isabella mientras se tambaleó. Afortunadamente, Taylor fue más rápida que la gravedad y la sostuvo del brazo, evitando que Isabella besara el pavimento justo frente a la entrada principal.
__Gracias, Taylor. Casi dejo mi dignidad y mis dientes en la entrada __. Susurró Isabella recuperando el equilibrio.
La Duquesa Monfort, impecable a pesar de las horas de viaje, se giró hacia sus hijas con una mirada que no admite réplicas. Su atención se centró especialmente en Isabella, a quien analiza como un tasador analiza una joya con una grieta que debe ocultarse.
__Descansen__. Ordenó la Duquesa.
__Mañana iremos a la boutique por los vestidos para el evento y la joyería. Isabella, necesito que entiendas la gravedad de esto: tienes que resplandecer. Debes captar la atención de un posible marido. Tu reputación ha sufrido lo suficiente tras lo sucedido con el duque, y esta es tu oportunidad de redimirte__. Elena, la hermana menor y la "víbora" oficial según el criterio de Isabella, permanece a un lado con una sonrisa modesta que no llega a sus ojos. Ella ya tiene su trofeo: el compromiso que originalmente era de Isabella.
Isabella asintió mecánicamente. No tiene fuerzas para pelear en ese momento; solo quiere una tina de agua caliente y una cama que no se mueva. Taylor la guio rápidamente hacia su habitación, subiendo las escaleras de mármol mientras Isabella arrastra los pies. Mientras tanto, en el vestíbulo, la atmósfera cambió. Elena se quedó atrás, esperando recibir algún elogio, pero en su lugar se encontró con el ceño fruncido de sus padres.
__Elena__. Dijo el Duque con voz gélida.
__Mas te vale comportarte en esta estadía. Ya hemos tenido que tolerar suficiente con el escándalo de tu interferencia en el compromiso de tu hermana. No permitiremos que arruines su última oportunidad de un matrimonio digno. Entra de una vez__. Los duques se retiraron hacia sus aposentos privados, dejando a Elena sola en la entrada. La joven apretó los puños, y la máscara de dulzura se desmoronó, revelando una expresión de puro rencor.
__¿Oportunidad de matrimonio?__. Susurró Elena para las paredes vacías.
__Lo único que Isabella va a recibir en ese baile es la humillación que se merece. Mis padres pueden estar de su lado ahora por lástima, pero cuando vean que solo trae vergüenza a la familia, volverán a rogar por mi brillo. Yo soy la verdadera joya de los Monfort, y ella... ella solo es el carbón que sobra__.Elena subió las escaleras minutos después, con la mente trabajando a toda velocidad. Ya tiene varias ideas de cómo sabotear a su hermana mayor. Si Isabella piensa que el viaje en carruaje ha sido duro, no tiene idea de lo que le espera en la capital.
En su habitación, Isabella ya esta sumergida en una bañera de cobre llena de agua aromatizada con aceites de lavanda.
__Ahhh... esto es vida__. Suspiró Isabella, estirando las piernas.
__Taylor, si alguna vez vuelvo a decir que quiero ir a algún lado que tome más de dos horas de viaje, por favor, golpéame con un cojín__.
__Lo tendré en cuenta, milady__. Respondió Taylor mientras prepara el camisón de seda, aunque por dentro piensa que, conociendo a su nueva señorita, probablemente necesitará un cojín muy grande.
Isabella cerró los ojos, intentando ignorar el
hecho de que mañana empezará el desfile de corsés, modistas hipócritas y la sombra de un héroe que podría querer cortarle la cabeza. Por ahora, el agua esta caliente y el suelo esta lejos. Eso es suficiente. Va a sobrevivir un día a la vez.