⚠️ADVERTENCIA DE CONTENIDO⚠️ Está novela cuenta con acoso severo, violencia física y emocional...
Un amor de la infancia destruido por el control despiadado de mi hermano. Mi amado Adán no solo perdió nuestros preciados recuerdos esa noche, también perdió la sensibilidad de sus piernas gracias a una persona desquiciada. Con la culpa creciendo dentro de mí desde niña me puse un propósito en mente. Esta vez yo lo cuidaré, lo protegeré, me convertiré en su esposa y cumpliré nuestras promesas olvidadas. Aunque su desconfianza me destroce el corazón, aunque su indiferencia me desgarre el alma, me quedare a su lado. Romperé esta jaula que me mantiene encerrada y volare tan alto que ya nadie más me podrá volver a enjaular.
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Un rastro de sangre en el bosque.
Intenté tomarle del brazo para decirle que corriera, que se fuera lo más rápido posible. Pero antes de siquiera poder abrir mi boca, el rostro furioso de mi hermano ya nos estaba viendo.
— Así que aquí estás, pequeña zorra —su voz es un gruñido, lleno de odio.
El miedo sube por mi columna vertebral como un escalofrío, y me acurruco en un rincón de la casita, temblando. Él ya está de pie en nuestro lugar secreto, su figura alta y amenazante oscureciendo el sol.
— ¿Quién eres tú y qué estás haciendo aquí? —pregunta Adán, poniéndose de pie al lado mío, como si quisiera protegerme.
— Esa es mi pregunta —grita Robinson— ¿Qué estás haciendo en el medio del bosque con mi hermana?
Adán voltea a verme, y en sus ojos veo la confusión. Yo estoy muerta de miedo, no puedo hablar, no puedo moverme. Todo pasó tan rápido que los recuerdos de aquí en adelante se vuelven confusos, como un sueño terrible del que no se puede despertar.
Recuerdo que Adán extendió su mano hacia mí, diciendo algo que no logro escuchar. Y de repente, Robinson lo tomó por la espalda y lo lanzó hacia atrás casi tirándolo de la copa del árbol.
En mis recuerdos, creo que intenté defenderlo. Creo que me levanté y le grité a Robinson que se alejara. Pero mi psicóloga dice que esa parte puede ser solo mi fantasía. Porque de haberlo ayudado, las cosas no habrían terminado así. De seguro me quedé inmóvil, llorando como siempre lo hacía, mientras Robinson lo golpeaba brutalmente frente a mis ojos. Golpe tras golpe, cada uno más fuerte que el anterior.
En un momento, Robinson vino por mí. Esa mirada llena de odio y desprecio es algo que tengo tatuado en mis pupilas, algo que jamás se va a borrar. Entonces, Adán con sus últimas fuerzas lo intentó detener se lanzó sobre él, tratando de soltarme. Y fue entonces cuando mi hermano, la persona que he conocido desde siempre, lo empujó con todas sus fuerzas desde lo alto.
Adán cayó más de tres metros de altura. El piso estaba cubierto de hierbas, pero también había rocas y troncos viejos. Escuché el sonido de huesos que se rompen un sonido que me ha acompañado durante años. Su pérdida de movilidad fue debido a ese golpe brutal. Pero no fue suficiente para Robinson.
Cuando yo bajé desesperada para ayudarlo, mi hermano cogió un trozo de madera y lo golpeó en la cabeza. Ese golpe le causó la pérdida de memoria. Le borró todo. Incluyéndome a mí.
Luego, me sujetó del cabello y me cacheteó con furia. Me arrastró lejos de Adán, y con esa misma lámpara de aceite prendió fuego a nuestro árbol. Nuestro refugio se convirtió en una bola de fuego, borrando todo rastro de lo que vivimos en ese lugar. Todo lo bueno, todo lo feliz, se consumió en las llamas.
Como un animal salvaje, me llevó de regreso a casa. Yo luchaba sin parar, gritaba, suplicaba para volver al lado de Adán. Pero Robinson no me permitió ayudarlo.
— Eres una zorra repugnante —susurra en mi oído, con voz fría.
— ¿Cómo has podido hacer eso? Adán puede morir si lo dejamos en ese estado! —grito, con las lágrimas desbordándose.
— Es lo mejor. Un pervertido así no merece vivir.
— Se lo diré a mamá y papá... ¡SE LO DIRÉ A TODO EL MUNDO!
Una fuerte bofetada me hace volar hacia atrás. Mi nariz se rompe, y veo cómo las gotas de sangre manchan el fino mármol del pasillo.
— Entonces yo les diré que su hija es una mujerzuela que se escapaba de casa todos los días y corría al bosque a verse con un hombre —dice, con una sonrisa malvada— Que como hermano mayor responsable, te intenté salvar de sus sucias garras antes de que pasara algo peor.
— Por favor... déjame ir con él. No me importa nada más, solo déjame salvarlo —suplico, arrodillada en el suelo.
— Si tiene que morir, morirá. Y si tiene que vivir, espero que sea en sufrimiento —abre la puerta del sótano— Buenas noches, hermanita.
Robinson me encerró en el sótano, donde no había ventanas y la puerta era imposible de abrir. Grite hasta que me dolió la garganta, supliqué a quien quisiera escucharme. Pero nadie me ayudó. Nadie nunca estaba para mí. Y gracias a que pensé que podía escapar, gracias a mi egoísta deseo de libertad y de ser una persona normal, Adán estaba malherido.
La única persona que volvía mi oscura vida en un lugar mejor había pagado las consecuencias de conocerme.
Pasaron cinco días antes de que la sirvienta abriera esa puerta. Lo primero que hice fue contarle todo lo sucedido, pero ella era la niñera de Robinson, escucharme a mí no era una opción. Nadie en esa casa me ayudaría.
En la sala, él ya me esperaba frente a la televisión.
— Parece que no aprendes, hermanita —dice, con una sonrisa fría— Si dices algo, te juro que esta vez sí lo mato. Porque el bastardo afortunado corrió con suerte, aunque no quedó intacto.
Mis lágrimas comienzan a caer cuando veo el caso de Adán en el noticiero. Sus padres piden desesperados información nadie vio ni escuchó nada. Los que los alertaron fue el humo de la casita del árbol. Así fue como lo encontraron. Gracias al cielo, lo pudieron salvar. Pero se debatía entre la vida y la muerte debido a todas las lesiones en su cuerpo. Los policías sospechaban de un accidente, aunque tenían sus dudas.
— Yo puedo ir al hospital y sacarlo de su agonía fácilmente —sigue Robinson, mirándome a los ojos— Así que piensa bien lo que vas a hacer a continuación, Alondra.