“Mi amor: El guachimán” es una historia de amor intensa entre un humilde guachimán (guardia de seguridad) y una joven millonaria que vive rodeada de lujos pero se siente vacía y sola.
A pesar de venir de mundos totalmente distintos, ambos se enamoran profundamente. Sin embargo, la madre de la chica se opone a la relación y hace todo lo posible para separarlos, creyendo que él no es digno de su hija.
Con el tiempo, el amor entre ellos se vuelve más fuerte y deciden luchar por estar juntos. Cuando finalmente llega el día de su boda, todo cambia drásticamente: ocurre un ataque inesperado y la chica termina herida al protegerlo a él, lo que provoca que pierda la memoria.
Desde ese momento, ella ya no lo recuerda. Él, roto por el dolor pero lleno de amor, hace todo lo posible por ayudarla a recuperar sus recuerdos y volver a enamorarla, demostrando que su amor puede resistir incluso la tragedia y el olvido.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20: Una invitación doble
Narra Ángel Pacheco
Después de hablar con Gregorio me quedé unos segundos mirando el techo con el celular en la mano.
Todavía seguía riéndome acordándome de él diciendo que invitara a Katrina.
“No le diga así tan directo”, decía el man.
Pero estaba más tragado que cualquiera.
Yo negué con la cabeza sonriendo.
Después busqué el chat de Sabrina y sin pensarlo mucho la llamé.
El teléfono sonó una vez.
Dos veces.
Tres tonos.
Y finalmente contestó.
—Hola… —dijo ella con la voz suave.
Apenas escuché esa voz sentí una sonrisa automática.
—Hola, mi morenita… ¿ya estás acostadita?
Ella soltó una risita.
—Sí, mi amor.
Nojoda…
todavía no me acostumbraba a que me dijera “mi amor”.
Y cada vez que lo hacía me derretía completo.
Yo me acomodé mejor en la cama.
—¿Y qué hace?
—Aquí viendo videos y pensando en usted.
Yo sonreí como bobo.
—¿Ah sí?
—Mjm.
—¿Y qué piensa?
Ella se quedó callada unos segundos.
—Que besa bonito.
Yo me tapé la cara riéndome solo.
—Ay nojoda.
Ella empezó a reírse también.
—¿Qué? Es verdad.
—Usted sí me pone nervioso.
—¿Todavía?
—Más ahora que es mi novia.
Ella soltó una pequeña risa tierna.
—Qué lindo.
Nos quedamos hablando relajados como siempre.
La verdad hablar con Sabrina ya era parte de mi día. Si no escuchaba su voz sentía que algo me faltaba.
Después de un rato ella preguntó:
—¿Y qué hacía antes de llamarme?
—Hablando con Gregory.
Ella se rio.
—¿Y ahora ustedes son inseparables o qué?
—Siempre lo hemos sido.
—Eso se nota.
Yo sonreí.
—¿Y usted qué hacía?
—Nada, Katrina estaba molestándome hace rato.
Yo levanté una ceja.
—¿Molestando cómo?
—Diciendo que estoy enamorada.
Yo solté una carcajada.
—¿Y es mentira acaso?
Ella se quedó calladita unos segundos.
—No…
Yo me reí suave.
—Así me gusta.
Ella soltó otra risita.
—Creído.
Hubo un silencio cómodo unos segundos hasta que recordé lo que quería decirle.
—Oye, morenita.
—¿Mmm?
—Mañana quiero llevarte al cine.
Ella respondió enseguida emocionada.
—¿Sí?
—Sí.
—Ay qué lindo.
Yo sonreí.
—Paso por usted como a las cinco y media.
—Bueno.
Y ahí fue cuando solté la otra parte.
—Y lleva a Katrina también.
Hubo silencio.
Literal silencio total.
Después ella habló confundida.
—¿Cómo así, amor?
Yo empecé a reírme.
—Pues sí, llévala.
—¿Y pa’ qué?
—Pa’ que salga también.
Ella se quedó callada unos segundos más.
Y después habló con tono sospechoso.
—Ajá…
Yo seguía riéndome.
—¿Qué pasó?
—¿Y Gregory va a ir?
Nojoda.
Esa mujer sí era rápida.
—Bueno…
Ella soltó una carcajada.
—¡Yo sabía!
Yo terminé riéndome también.
—Ay, pero no diga nada.
—Ángel, literalmente se le nota.
—¿A quién?
—A los dos.
Yo me acomodé mejor en la cama.
—Parcero anda tragado.
Ella empezó a reírse durísimo.
—Ay Dios mío.
—¿Qué?
—Katrina se va a morir cuando le diga.
—¿Entonces sí va?
Ella siguió riéndose.
—Espere, primero tengo que convencerla.
—¿Por qué? ¿No quiere?
Sabrina bajó un poquito la voz.
—Sí quiere… pero le da miedo.
Eso me hizo pensar un momento.
Porque yo sabía que Gregorio también tenía miedo.
Tal vez porque ambos sentían cosas fuertes y eso siempre asusta.
—Bueno… entonces ayúdeme ahí.
Ella soltó una risita.
—Miren a este haciendo cupido.
—Necesito ayudar al parcero.
—Ay sí claro.
Yo me reí.
—Además ustedes dos se llevan bien.
—Eso sí.
Seguimos hablando sobre la idea del cine mientras Sabrina ya empezaba a imaginar todo.
—¿Y qué película vamos a ver?
—La que ustedes quieran.
—No, después se aburren.
—Mientras esté usted, yo veo hasta documental de tortugas.
Ella soltó una carcajada fuerte.
—Ay no, usted sí habla bonito.
—Solo con usted.
Hubo un silencio pequeño.
Y después ella habló suave.
—Ángel…
—¿Qué pasó, morenita?
—Gracias.
—¿Por qué?
—Porque desde que llegaste… me haces sentir muy querida.
Eso me dejó el corazón blandito.
Yo sonreí mirando el techo.
—Es porque te quiero mucho.
Ella suspiró suave.
—Yo también te quiero demasiado.
Después seguimos molestándonos otro rato.
Ella me contó cosas de la universidad, yo le hablé del trabajo y poco a poco la conversación se volvió más tranquila.
Hasta que noté algo.
—¿Ya le está dando sueño?
Ella respondió con voz cansadita.
—Un poquito.
Yo sonreí.
—Entonces duerma, mi morenita hermosa.
Ella soltó una risita.
—No quiero colgar.
—Yo tampoco.
—Qué hacemos entonces.
Yo pensé unos segundos.
—Nos dormimos en llamada.
Ella soltó una risa tierna.
—Qué romántico salió el samario.
—Culpa suya.
Ella bostezó suave.
—Te amo, mi osito costeño.
Sentir escuchar eso me hizo cerrar los ojos sonriendo.
—Y yo te amo más, morenita hermosa.
Nos quedamos un rato más escuchándonos respirar y hablando bajito hasta que poco a poco ella se quedó dormida.
Y yo, con el celular pegado al oído y una sonrisa idiota en la cara…
sentí que por fin la vida estaba volviendo a tratarme bonito.