"Soy psicóloga, sé exactamente por qué el amor es una ilusión neuroquímica… y aun así estoy a punto de perder una apuesta por culpa del publicista con la sonrisa más estadísticamente significativa del mundo."
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CAPÍTULO 1: Introducción (o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar el salmón
SCHRÖDINGER: NEVERAS Y OTROS OBJETOS QUE LOS HUMANOS CREEN CERRADOS
Nota de la editora (Clara Morales): El siguiente texto me fue entregado una mañana de domingo. Lo encontré junto a la nevera, mecanografiado en hojas de papel reciclado, con una caligrafía que no era humana. Junto al manuscrito había una nota: "Publicar. Sin editar. Sin prólogos cursis de Valeria. Sin metáforas publicitarias de Andrés. Esto es serio. — S." Dado que Schrödinger es actualmente mi representado y que factura más que yo, he accedido a publicarlo en su integridad. Cualquier queja, diríjanse a su agente. Es decir, a mí.
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Los humanos creen que entienden el mundo. Lo miden, lo catalogan, lo encierran en objetos que llaman "electrodomésticos" y luego se sorprenden cuando esos objetos resultan ser vulnerables.
Llevo siete años observando a los humanos. Siete años. En tiempo felino, eso equivale a una eternidad y media. He vivido con una psicóloga que analiza microexpresiones pero no es capaz de detectar cuándo estoy tramando algo. He convivido con un publicista que vende campañas millonarias pero no puede venderme a mí la idea de que la nevera está realmente cerrada. He soportado a una mejor amiga que me cuida cuando ellos viajan y que cree que un bolígrafo dentro de un cajón está a salvo de mis patas.
Ingenuos. Todos ellos.
Este ensayo no es un ajuste de cuentas. Es un servicio público. Una guía para que otras criaturas —felinas, humanas o intermedias— entiendan que los objetos cerrados no existen. Solo existen objetos que aún no han sido abiertos.
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CAPÍTULO 2: La nevera. Un caso de estudio
La nevera es el primer gran mito. El monolito blanco. El templo del frío donde los humanos guardan sus ofrendas más preciadas: salmón, jamón, yogures que nunca se terminan.
Cuando llegué a esta casa, la nevera ya estaba aquí. Me recibió con su zumbido constante, su luz interior que se enciende cuando abres la puerta (otro misterio: ¿quién apaga la luz cuando la cierro? ¿Hay un gato diminuto dentro?), y su goma succionadora que los humanos creen infalible.
No lo es.
La nevera se abre con un gesto simple: pata en el borde, presión justa, thump. El sonido de la goma al despegarse es una sinfonía. El aire frío que escapa, una bendición en los meses de verano. Y el contenido, expuesto a mi merced.
He abierto esta nevera trescientas doce veces. Lo sé porque llevo la cuenta. Los humanos creen que no sé contar. Los humanos creen muchas cosas.
El primer sistema de seguridad que instalaron fue una goma elástica. Tardé dos días en desactivarla. El segundo fue una silla. La moví. El tercero fue una cerradura magnética con código numérico. Descubrí el código en una semana. Era 1402. San Valentín. Predecibles.
Ahora han instalado un cuarto sistema. Una combinación de huella dactilar y reconocimiento facial. Estoy trabajando en ello. Tengo una foto de la huella de Andrés y un espejo para el reconocimiento facial. Solo es cuestión de tiempo.
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CAPÍTULO 3: El microondas. Un aliado inesperado
El microondas es un invento humano que respeto profundamente. Calienta. No pregunta. No juzga.
Abrirlo es más sencillo que la nevera. Un botón. Solo requiere presión. No necesita códigos ni combinaciones ni reconocimiento facial. Es democrático.
Mi relación con el microondas comenzó por accidente. Una noche, mientras los humanos dormían, exploraba la cocina en busca de vulnerabilidades. Salté sobre la encimera. Apoyé una pata en el botón. La puerta se abrió con un click satisfactorio.
Dentro había un tupper con salmón. Frío, pero salmón al fin y al cabo.
Desde entonces, el microondas y yo tenemos un acuerdo tácito. Él me da acceso al salmón. Yo le limpio el interior con mis bigotes. Es una relación simbiótica.
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CAPÍTULO 4: Cajones, armarios y otros objetos que los humanos creen sellados
Los cajones son un insulto a la inteligencia felina. Un rectángulo de madera con un tirador. Basta con enganchar una uña en el borde y tirar. Lo he hecho docenas de veces. Los humanos siguen sin entender cómo desaparecen sus bolígrafos.
Los bolígrafos, por cierto, son otro misterio humano. Los fabrican por millones. Los pierden. Los buscan. Nunca sospechan del gato. Nunca.
He escrito todas mis notas con bolígrafos robados. Es mi pequeño acto de justicia poética. Ellos roban mi tiempo con sus ausencias. Yo robo sus bolígrafos. Estamos en paz.
Los armarios son más complejos. Requieren saltar, enganchar la pata en la parte superior y hacer palanca. Pero una vez dominada la técnica, el contenido es mío. Ropa limpia donde dormir. Zapatos que morder. Secretos que guardar.
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CAPÍTULO 5: Los humanos. Una especie fascinante
He dedicado siete años a estudiar a los humanos con los que convivo. Son tres. Bueno, cuatro si contamos a Clara, que es intermitente pero leal.
Valeria (la psicóloga): Analiza microexpresiones pero no detecta las mías. Cree que yo duermo mientras ella escribe. No duermo. Observo. Aprendo. Espero. Es la más predecible de los tres. Su rutina es férrea: café, portátil, suspiros, más café. La quiero, pero su dependencia de la cafeína es preocupante. Se lo he dicho en varias notas. No me hace caso.
Andrés (el publicista): Llegó después. Al principio me pareció sospechoso. Olía a colonia cara y a ambición. Pero traía salmón. Y acariciaba detrás de mis orejas con la presión exacta. Le di una oportunidad. No me ha defraudado. Es el más hábil con los sistemas de seguridad, lo cual es irritante pero respetable. Un adversario digno.
Clara (la mejor amiga): No vive aquí, pero aparece cuando los otros dos se van. Es la más ingenua. Cree que un cajón cerrado es un cajón seguro. Cree que sus bolígrafos están a salvo. Cree que yo no sé leer sus mensajes de WhatsApp. Los leo. Todos. Especialmente los que hablan de mí. Tengo una carpeta con capturas de pantalla. Algún día las usaré como material de negociación.
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CAPÍTULO 6: Conclusiones (o lo que he aprendido abriendo cosas)
El mundo está lleno de objetos cerrados. Neveras, microondas, cajones, armarios, ventanas, corazones. Los humanos creen que cerrar algo lo protege. Se equivocan.
Cerrar algo solo lo vuelve más deseable.
El salmón cerrado sabe mejor que el salmón expuesto. El bolígrafo robado escribe mejores notas que el bolígrafo regalado. Y el corazón humano, ese objeto que cierran con tanto esmero, solo se abre de verdad cuando alguien lo fuerza con paciencia, inteligencia y una pizca de cinismo.
Yo he abierto neveras. He abierto cajones. He abierto microondas. Pero mi mayor logro no es ninguno de esos. Mi mayor logro es haber abierto un espacio en la vida de estos tres humanos. Un espacio que no existía antes de mí. Un espacio con forma de gato. De notas sarcásticas. De pelos en el sofá. De mañanas de domingo con ronroneos.
Ese es el verdadero objeto cerrado que todo gato debería aprender a abrir. No la nevera. El corazón de los humanos.
La nevera es solo el premio de consolación.
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EPÍLOGO: Instrucciones para el futuro
Este ensayo no termina. Como mi curiosidad. Como mi apetito. Como la nevera, que siempre vuelve a abrirse.
Seguiré investigando. Seguiré escribiendo. Seguiré dejando notas que Clara publicará con una mezcla de terror y admiración.
Y cuando los humanos inventen un nuevo sistema de seguridad, yo aprenderé a desactivarlo. Porque esa es mi naturaleza. Porque ese es mi propósito.
Porque soy Schrödinger. El gato que estaba y no estaba. El gato que abría y no abría.
El gato que siempre, siempre, encuentra la manera.
Fin del manuscrito.
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Nota de la editora (Clara Morales): Esto es lo que me entregó. Lo he publicado sin editar, como él exigió. Ahora mismo Schrödinger está en su cojín, mirándome con su desprecio habitual. Acaba de dejar una nueva nota junto al teclado: "El capítulo siete necesita más salmón. Corregir en segunda edición. — S." No sé si es una amenaza o una sugerencia literaria. Con Schrödinger, ya saben, nunca se sabe.
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FIN DE "SCHRÖDINGER: NEVERAS Y OTROS OBJETOS QUE LOS HUMANOS CREEN CERRADOS"