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BAJO LAS ALAS DEL AMOR

BAJO LAS ALAS DEL AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Tras un matrimonio que se desmorona en el silencio y la indiferencia, un encuentro fortuito la sumerge en la vorágine de una pasión que jamás creyó posible. Alejandro, un hombre enigmático y arrollador, emerge de entre las sombras de su pasado, trayendo consigo no solo un amor avasallador, sino también un turbulento secreto que podría destruirlos.

Isabella, una mujer que ha luchado por mantener en pie su independencia y su corazón, se ve arrastrada a un mundo de deseo incontrolable y decisiones prohibidas. A medida que sus cuerpos se entrelazan en encuentros que desafían toda convención, también lo hacen sus almas, forjando un vínculo que es tan peligroso como irresistible. Pero el camino del amor verdadero nunca es sencillo.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 19

Mientras Isabella se sentía destrozada y aislada entre las cuatro paredes de la mansión Lombardi, convencida de que había arruinado la vida del hombre que amaba y de que él la abandonaría para salvar su propio nombre, Alejandro hacía todo lo contrario. Lejos de esconderse, de negarlo todo o de huir ante el escándalo que sacudía a la ciudad, él había decidido plantarse de pie y luchar. Para él, la reputación, el qué dirán o los negocios, habían dejado de importar desde el mismo momento en que Isabella había entrado en su vida. Lo que sentía por ella era mucho más grande que cualquier empresa, mucho más valioso que cualquier imagen pública.

Al día siguiente de que estallara la noticia, Alejandro convocó una rueda de prensa improvisada a las puertas de su oficina, rodeado de cientos de periodistas, cámaras y micrófonos. No se escondió tras gafas oscuras ni evitó las preguntas incómodas. Se presentó allí, con la cabeza muy alta, la mirada firme y una serenidad que contrastaba con el revuelo que lo rodeaba. Y en lugar de intentar limpiar su nombre o disculparse, hizo algo que dejó a todos en silencio: habló de amor.

—Sé que están aquí para hablar de escándalos, de traiciones, de normas rotas —empezó con su voz grave y potente, que se escuchó con claridad en medio del ruido—. Pero yo solo voy a hablar de la verdad. La verdad es que conocí a una mujer atrapada en una vida que no la hacía feliz, casada con un hombre que nunca se molestó en conocerla, en valorarla ni en amarla. La verdad es que me enamoré de ella desde el primer instante. Y la verdad, sobre todo, es que no me arrepiento de nada.

Las cámaras disparaban sin parar, captando cada una de sus palabras.

—Si quieren juzgarme, háganlo —continuó, desafiante—. Pero sépanlo bien: Isabella Lombardi no es una aventura, ni un error, ni un escándalo para vender periódicos. Es la mujer que amo. Y no voy a permitir que nadie, absolutamente nadie, la humille, la lastime o la trate como si fuera de su propiedad. Porque ella no le pertenece a nadie. Y mucho menos a un hombre capaz de vender su vida privada a la prensa solo por despecho y orgullo herido.

Sus palabras fueron un golpe directo contra Leonardo, una denuncia pública de su mezquindad, y una declaración de amor tan valiente como absoluta. Aquel mismo día, Alejandro fue a buscarla. Llegó a la mansión Lombardi sin avisar, entró por la puerta principal con paso decidido y se encontró cara a cara con Leonardo, que lo esperaba en el recibidor, pálido de rabia.

—¿Cómo te atreves a poner un pie aquí? —le escupió Leonardo, furioso—. ¡Le has arruinado la vida a mi esposa! ¡Has destruido todo!

Alejandro no se inmutó. Se quedó parado frente a él, mirándolo con una lástima que hizo hervir la sangre de Leonardo.

—Yo no le he arruinado nada, Lombardi —respondió con calma, pero con una fuerza que hizo retroceder al otro—. Yo le he devuelto lo que tú le robaste: su alegría, su libertad, su derecho a sentir y a ser feliz. Tú eres el que la ha tenido encerrada en una jaula de oro durante años, el que la ha tratado como un trofeo y no como una persona. Y ahora, por tu orgullo, la has expuesta al mundo para hacerle daño. Pero te equivocas si crees que lo vas a conseguir. Porque mientras yo esté aquí, nadie le va a hacer daño. Y mucho menos tú.

Leonardo, fuera de sí, intentó agarrarlo por la solapa, pero Alejandro lo detuvo con un solo movimiento, firme y contundente.

—No te equivoques conmigo —le advirtió en voz baja, con una frialdad aterradora—. He aguantado tus juegos, tus investigaciones y tus mentiras. Pero si te atreves a ponerle un dedo encima, o a dañarla de cualquier forma, te aseguro que destruiré todo lo que has construido. Conozco bien tus negocios, tus trucos y tus debilidades. No me obligues a usar lo que sé. Déjala en paz, porque ella ya no es tuya. Nunca lo fue, en realidad.

Y sin esperar respuesta, subió las escaleras, seguido por la mirada impotente y furiosa de Leonardo, y entró en la habitación de Isabella.

Ella estaba allí, sentada en el borde de la cama, demacrada, con los ojos hinchados de tanto llorar, creyendo que todo estaba perdido. Pero al verlo entrar, de pie, orgulloso, con esa determinación que tanto amaba, sintió que el mundo dejaba de dar vueltas. Corrió hacia él, y Alejandro la recibió entre sus brazos con fuerza, protegiéndola, rodeándola con todo su ser, como un escudo contra todo el dolor.

—Estoy aquí, mi vida —le susurró contra el cabello, besándola una y otra vez, en la frente, en las mejillas, en los labios—. Ya pasó todo. No voy a dejarte sola. Nunca más.

—Alejandro… —sollozó ella, aferrándose a él como si fuera su salvación—. Pensé que te habías ido… pensé que yo te había destruido, que habías perdido todo por mi culpa…

Él se separó un poco para mirarla a los ojos, le secó las lágrimas con ternura y le sostuvo el rostro entre sus manos.

—¿Perdido? —repitió él con suavidad—. Al contrario. He ganado lo más importante de mi vida. No me importa lo que digan, ni lo que piensen, ni lo que pueda perder en el camino. Lo tengo todo si te tengo a ti. Y te lo prometo: voy a luchar contra viento y marea, contra el mundo entero si hace falta, con tal de que seas mía, de verdad, libremente.

Le tomó la mano con firmeza y la miró con una promesa grabada en la mirada.

—Ven conmigo. Mi casa es tuya. Mi vida es tuya. Te ofrezco refugio, te ofrezco paz, te ofrezco amor. No tienes nada que temer. A partir de ahora, mi pecho es tu escudo y mis brazos tu hogar. Dejémoslo todo atrás, Isabella. Vámonos. Juntos.

Isabella lo miró, y por primera vez desde que todo estalló, volvió a ver la luz. Leonardo, la mansión, la vergüenza, el escándalo… todo eso se desvanecía ante la certeza de que estaba con el hombre que la amaba lo suficiente para desafiar al universo entero solo por ella.

Asintió, con una sonrisa entre lágrimas, y apretó su mano con fuerza.

—Contigo… a donde tú quieras.

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Miriam Ramirez
buenisima autora espero la siguiente historia gracias x compartir su talento un abrazo y asta pronto👏👏👏👏👏👏👏👏🥰 drsde Santiago de Cali Valle
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