En un mundo donde la realeza no es sinónimo de inocencia, existe alguien dispuesto a romper todas las reglas.
Un misterioso cazador recorre los reinos con una misión peligrosa: encontrar y eliminar princesas. Pero no lo hace por ambición ni riqueza… sino por una verdad oculta que pocos conocen. Detrás de cada corona se esconden secretos, traiciones y poderes que podrían destruirlo todo.
A medida que avanza en su cacería, el cazador comienza a cuestionar su propósito, especialmente cuando se cruza con una princesa diferente a las demás… alguien que podría cambiarlo todo.
Entre conspiraciones, batallas y emociones prohibidas, la línea entre enemigo y aliado se vuelve cada vez más difusa.
¿Qué pasa cuando el cazador deja de ver a su presa como un objetivo… y empieza a verla como algo más?
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El reino de guerreros
Preus comienza a moverse. Retuerce la cabeza y siente la textura de las rocas contra su rostro. Su cuerpo estaba agotado y cubierto por algún tipo de vendaje.
Alguien había curado sus heridas.
Logra sentarse y abre los ojos.
Se encontraba en una celda. Un calabozo.
—Al fin despertaste, maldita rata —dice Lázaro, encerrado en otra celda a su derecha.
—¿Cómo puedes dormir con tanta paz después de haber hecho lo que hiciste? —pregunta Boran, aislado en una celda del lado izquierdo.
Preus lleva una mano a su cabeza. Estaba confundido. Sentía un dolor insoportable.
—Espera a que escape de este lugar y volveré a darte muerte —gruñe Lázaro lleno de rabia.
—Mereces sufrir por cada alma que desapareció de mi reino —añade Boran.
Tanto Lázaro como Boran continúan hablando. Amenazas. Odio. Deseos de venganza.
Preus intenta conectar sus pensamientos para entender qué había sucedido. Había atravesado la muerte… y una resurrección. Ni siquiera había tenido tiempo de procesarlo durante el combate.
Seguía confundido.
El lugar estaba oscuro. Apenas algunas lámparas lejanas iluminaban el aspecto tenebroso del calabozo. Las ratas corrían de un lado a otro y desaparecían por los agujeros que servían como desagüe para los prisioneros. Junto a ellos descansaban pedazos de pan viejo que les habían dejado para alimentarse.
Preus alza la vista.
Alguien se acercaba.
Tres guardias se detienen frente a las celdas. Una mujer, vestida con armadura de guerrera, da un paso al frente y observa a los prisioneros. Mira de un lado a otro.
Sus ojos se detienen en Boran.
—El príncipe de un reino destruido. Un amotinado, supongo… junto con sus secuaces. —Luego observa a Preus.
Continúa recorriendo las celdas hasta llegar a Lázaro.
—Repugnante cazador… te buscamos durante años. Unimos fuerzas con otros reinos y jamás pudimos encontrarte. —Piensa un momento antes de concluir—. Seguramente algún lugar te dio protección y cobijo… repugnante.
Camina lentamente frente a ellos y vuelve a detenerse junto a Boran.
—Injertamos Grilletes de Fausto en tu pierna. La magia oscura que utilizas es demasiado poderosa.
Boran ya lo sabía. Conocía perfectamente los Grilletes. Aun así, no podía dejar de pensar en su venganza.
Preus gira discretamente y observa el muñón del príncipe.
La mano fantasmal había desaparecido.
Luego mira su pierna y descubre un anillo de acero incrustado en el muslo, hundido de tal manera que parecía formar parte de su cuerpo.
—El príncipe amotinado… y su secuaz —dice señalando a Preus— están condenados al destierro en el Abismo del Holocausto.
Después gira hacia Lázaro.
—En cuanto a ti…
El odio parecía consumirla.
—Fuiste sentenciado a morir atravesado por flechas hasta que se declare oficialmente tu muerte.
La mujer se acerca lentamente a la celda.
—Personalmente, me gustaría degollarte aquí mismo —susurra.
Luego gira hacia los guardias y señala la celda de Lázaro.
Inmediatamente lo retiran maniatado de pies y manos.
Lo arrastran por el pasillo hasta desaparecer de la vista de Preus.
La guerrera vuelve a mirar a Boran.
—El Abismo del Holocausto será tu tumba, muchacho.
Después gira hacia Preus.
—Lo que los espera allá abajo vive únicamente en las pesadillas.
Cuatro guardias más aparecen y los sacan de sus celdas.
Los llevan a la fuerza por un largo pasillo húmedo decorado con adoquines. Aquel corredor parecía un puente hacia la muerte.
Al fondo se divisaba una puerta.
Por momentos parecía acercarse y luego alejarse nuevamente, como si el camino jamás fuera a terminar.
Preus observaba cada detalle del lugar. Intentaba encontrar cualquier oportunidad para escapar o defenderse, pero no lograba calcular con precisión si sobreviviría a los guardias.
Finalmente llegan a la puerta.
Era de madera vieja, desgastada por el tiempo.
Uno de los guardias la abre y el sol irrumpe violentamente, atropellándolo todo a su paso.
El cazador desconocía cuántos días había pasado encerrado allí dentro, pero la luz lastimaba sus ojos como si fuera la primera vez que veía el mundo exterior.
Cuando el resplandor disminuye y logra enfocar la vista, observa tierra bajo sus pies.
Tierra real.
Luego gira el rostro hacia la derecha.
Treinta arqueros permanecían alineados, apuntando sus armas hacia el horizonte.
Y más allá…
Atado a un poste…
Estaba Lázaro.
Preus y Boran continúan caminando mientras son custodiados por los guardias.
—¡Preparen! —grita alguien.
Preus baja la cabeza y sigue avanzando.
—¡Apunten!
Llegan a otra puerta e ingresan nuevamente.
Esta vez el pasillo era diferente. Más elegante. El piso estaba limpio y las paredes poseían ventanas amplias.
Preus se maravilla observando las cortinas de seda agitándose al compás del viento.
Boran, en cambio, solo podía mirar el lugar donde alguna vez estuvo su mano.
Terminan de recorrer el cálido corredor y giran hacia el este. Dan algunos pasos más hasta llegar frente a una enorme puerta de madera.
Un guardia se acerca y la abre con una llave que colgaba de su cuello.
—Princesa —dice mientras hace una reverencia y deja pasar a la guerrera.
Preus finalmente comprende que estaba frente a la princesa.
Sus sentidos se activan.
Entiende que tiene delante una oportunidad perfecta para matarla y continuar con su misión.
Cruzan la enorme puerta y salen nuevamente al exterior.
Esta vez había más de cien guardias dispersos sobre una enorme planicie.
Todos observaban un mismo punto.
El centro.
Avanzan atravesando filas de soldados que se reverencian ante la princesa a medida que pasa.
Entonces Preus lo ve.
Una grieta gigantesca se abría paso por toda la tierra, tan ancha como un estadio de fútbol.
Era el Abismo del Holocausto.
*Grilletes de Fausto: un anillo de acero blindado con cuatro garras que emergen de sus costados para incrustarse en la carne. Fue creado utilizando piedras elementales capaces de bloquear la energía mágica de quien lo porta. La única forma de extraerlo es mediante una cirugía.
Se utilizó originalmente para neutralizar a Everest Fausto, posiblemente el mago más poderoso que haya existido, cuando intentó destruir el reino.*