Cada final es un regreso… pero el dolor nunca desaparece.
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Capítulo 1: Lluvia sin sentido
La lluvia caía sin prisa sobre las calles de Tokio, formando pequeños ríos que corrían por las banquetas y reflejaban las luces de los letreros.
Kenji caminaba sin paraguas.
No corría. No se cubría. Solo avanzaba.
El agua empapaba su cabello negro, pegándolo a su frente. Sus zapatos hacían un sonido constante contra el pavimento mojado, un ritmo monótono que combinaba con el ruido de la lluvia.
No parecía tener prisa por llegar a ningún lado.
Giró en una esquina y se detuvo frente a una tienda de conveniencia. La luz blanca del interior contrastaba con la oscuridad gris de la calle. Durante unos segundos, simplemente observó su reflejo en el vidrio: ojos cansados, expresión neutra.
Luego entró.
El sonido de la puerta automática rompió el silencio.
—Bienvenido —dijo una voz sin emoción desde el mostrador.
Kenji no respondió.
Tomó una canasta y comenzó a recorrer los pasillos. No buscaba nada en específico, o al menos eso parecía. Sus movimientos eran tranquilos, casi mecánicos.
Un paquete de pan.
Una bebida.
Algo caliente.
Se detuvo frente a una sección de comida instantánea. Observó los productos sin realmente verlos.
Su mente estaba en otro lado.
No en un recuerdo claro. No en algo concreto.
Solo… en esa sensación constante de vacío.
Como si algo faltara.
Como si siempre hubiera faltado.
Tomó un par de cosas más y se dirigió a la caja. El cajero pasó los productos uno por uno, el pitido del escáner repitiéndose como un eco sin importancia.
—Son 840 yenes.
Kenji pagó sin decir nada. Recibió la bolsa y salió.
La lluvia seguía ahí, igual que antes. Nada había cambiado.
Caminó unos pasos, sosteniendo la bolsa con una mano, cuando un sonido llamó su atención.
Un golpe seco.
Luego otro.
Frunció ligeramente el ceño y giró la cabeza.
En un callejón cercano, apenas iluminado por una luz parpadeante, varias sombras se movían. Voces apagadas. Un forcejeo.
Kenji se quedó quieto.
Podía ignorarlo.
Sería lo más fácil.
Bajar la mirada. Seguir caminando. Fingir que no vio nada.
Sus dedos se tensaron alrededor de la bolsa.
Un grito ahogado salió desde el callejón.
Kenji cerró los ojos por un instante.
…y suspiró.
—Problemas —murmuró para sí mismo, con un tono seco, casi cansado.
Dejó la bolsa en el suelo.
Y caminó hacia el callejón.
La lluvia seguía cayendo.
Pero algo, muy en el fondo, acababa de empezar a cambiar.
Capítulo 1: Lluvia sin sentido (Parte 2)
Kenji caminó unos pasos más bajo la lluvia.
El cansancio le pesaba en los párpados. Parpadeó una vez… dos… tres…
En el último parpadeo, el suelo desapareció.
Su cuerpo se inclinó hacia adelante sin aviso, como si hubiera perdido el equilibrio en medio de la nada. No hubo tiempo para reaccionar. Solo un golpe seco.
Oscuridad.
Un segundo después, el frío.
Kenji abrió los ojos bruscamente.
—…¿Qué?
Estaba en el suelo.
El concreto bajo sus manos ya no era el mismo. Más áspero. Más irregular. El olor también era distinto… más denso, más antiguo.
Se incorporó con dificultad, apoyándose en una rodilla.
—¿Dónde…?
Miró sus manos, girándolas lentamente, como si esperara que cambiaran frente a sus ojos.
—¿Pero cómo me caí…? Estaba caminando por la calle…
Su voz sonó extraña incluso para él.
Levantó la vista.
El callejón era oscuro, pero no como los de antes. Las paredes eran de piedra, húmedas, desgastadas por el tiempo. No había luces eléctricas. Solo una tenue iluminación anaranjada que venía de fuera.
Kenji se acercó con cautela a la salida del callejón.
Y entonces lo vio.
Se quedó completamente inmóvil.
Personas… no.
No todos eran humanos.
Figuras con orejas largas, pieles de tonos extraños, ojos brillantes. Criaturas que empujaban carrozas, algunas cubiertas, otras cargadas con mercancía. Bestias enormes, claramente no normales, caminaban dócilmente por las calles.
El ruido era distinto. Las voces, los pasos, los materiales… todo.
Kenji retrocedió un paso.
Luego otro.
Volvió a meterse en el callejón como si la calle fuera más peligrosa que la oscuridad.
—…Esto es una broma —murmuró, llevándose una mano al rostro—. Tiene que serlo.
Respiró hondo.
Intentó pensar.
Intentó ordenar lo que veía.
Pero nada encajaba.
Se levantó completamente, aún inestable.
Entonces…
Pasos.
Rápidos.
Irregulares.
Alguien venía corriendo.
Kenji giró la cabeza justo a tiempo para ver una figura entrar al callejón… y tropezar.
El cuerpo cayó hacia adelante.
Sin pensar, Kenji reaccionó.
La sostuvo antes de que golpeara el suelo.
—Ah—… cuidado.
El peso fue ligero, pero inesperado. La sostuvo por los hombros, evitando que se desplomara por completo.
—Oye… ¿estás bien?
La lluvia ya no estaba.
Pero, de alguna forma, algo mucho más complicado acababa de comenzar.
Capítulo 1: Lluvia sin sentido (Parte 3)
La chica se apartó de golpe.
Sus ojos dorados brillaron con intensidad en la oscuridad del callejón, y antes de que Kenji pudiera reaccionar—
Le apuntó con un dedo.
El aire cambió.
El frío descendió de forma abrupta, como si la temperatura hubiera caído varios grados en un segundo. Una fina capa de escarcha comenzó a formarse sobre el suelo, extendiéndose lentamente hacia los pies de Kenji.
—¡No te acerques! —dijo ella, con la voz tensa.
Kenji dio un paso atrás de inmediato, levantando ambas manos.
—Tranquila, tranquila… no soy—
Se detuvo, frunciendo el ceño.
—¿Pero qué rayos te pasa?
La chica no bajó la mano.
Su respiración era irregular. Estaba alterada… no por él, sino por algo que venía de antes.
—¿Dónde está? —preguntó ella, sin dejar de apuntarle—. Tú estabas aquí… ¿lo viste?
—¿A quién?
—¡El ladrón!
El hielo crujió bajo los pies de Kenji mientras retrocedía otro paso.
—Oye, espera, espera… —murmuró, tratando de mantener la calma—. Acabo de llegar aquí, ni siquiera sé dónde estoy.
Ella dudó.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente para que Kenji notara algo: no estaba segura. No del todo.
El hielo dejó de avanzar… pero no desapareció.
—No mientas —insistió ella, aunque su voz perdió un poco de firmeza—. Este callejón no tiene salida.
Kenji miró rápidamente a su alrededor.
Paredes altas. Humedad. Oscuridad.
…Tenía razón.
—Pues entonces ese tipo es mejor que yo encontrando salidas —respondió, con un tono seco—, porque te juro que no tengo idea de qué está pasando.
Silencio.
La chica lo observó fijamente.
Sus ojos dorados recorrieron su rostro, su ropa… su expresión.
Confusión. Cansancio. Nada más.
No había intención hostil.
Lentamente… muy lentamente… bajó la mano.
El hielo comenzó a deshacerse.
Kenji soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—Gracias —murmuró.
Pero no relajó del todo la postura.
—…Entonces —continuó ella, aún desconfiada—. ¿Quién eres?
Kenji se quedó en silencio un segundo.
Miró sus manos. Luego el callejón. Luego a ella.
—Buena pregunta.
Alzó la mirada, encontrándose con esos ojos dorados otra vez.
—Kenji —respondió al final—. Y… creo que estoy perdido.
La chica parpadeó, como si esa respuesta no encajara en lo que esperaba.
—Cecilia —dijo después de unos segundos.
Hubo una pausa.
El ambiente seguía tenso… pero diferente.
Menos peligroso.
Más… extraño.
Entonces—
Un ruido.
Un paso apresurado fuera del callejón.
Cecilia giró la cabeza al instante.
—…Lo encontré.
Sin decir más, salió corriendo.
Kenji se quedó quieto un segundo.
Luego suspiró.
—Genial… —murmuró—. Otro problema.
Y, aun así—
La siguió.