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El Secreto del Matrimonio del Doctor

El Secreto del Matrimonio del Doctor

Status: Terminada
Genre:Doctor / Hijo/a genio / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:14
Nilai: 5
nombre de autor: Buna Seta

Camila era enfermera y estaba casada con el hombre que creía perfecto: el doctor Santiago, un ginecólogo-obstetra brillante y respetado. Pero detrás de la puerta de su mansión, la realidad era otra. Santiago la trataba con una frialdad glacial, jamás le tocó el vientre durante los nueve meses de embarazo y se negó a atenderla la noche en que rompió aguas. Su bebé no sobrevivió. O eso le dijeron.

Tres años después, Camila ha reconstruido su vida como enfermera pediátrica. Un día ingresa de urgencia un niño de tres años llamado Mateo, con traumatismo craneal y una fractura abierta. Necesita una transfusión de sangre A-negativo —un tipo rarísimo— y Camila resulta ser compatible. Le dona su propia sangre y le salva la vida. Al despertar, Mateo la mira fijamente y la llama *Mamita*.

Lo que parece el capricho inocente de un niño asustado se convierte en un vínculo imposible de romper. Mateo se niega a comer, a dormir y a dejarse curar por nadie que no sea Camila. Pero Mateo tiene una madre: Luna, una actriz glamurosa que abandonó a su hijo por su carrera, y un padre cuya identidad Camila aún desconoce.

Cuando la verdad salga a la luz —sobre el bebé que Camila creyó muerto, sobre la sangre que comparte con Mateo, sobre el fraude que lo arrancó de sus brazos— nada volverá a ser como antes. Ni para ella, ni para Santiago, ni para el niño que siempre supo quién era su verdadera madre.

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Capítulo 19

En la cama, Camila tapó el cuerpo de Mateo con la manta, dejando solo a la vista su rostro, que ya dormía profundamente. Contempló ese rostro hermoso sin querer perderse a Mateo, si de verdad era su hijo. —Ojalá seas el hijo de Mamá, cariño... —Camila besó suavemente la mejilla de Mateo.

Se levantó de la cama y pasó a la mesita pequeña. Organizaba los reportes de salud de varios pacientes de ese día; mañana debía entregárselos al doctor Gabriel. La tranquilidad del cuarto se quebró de repente con el sonido de unos pasos acelerados en el pasillo, seguidos del golpe seco de la puerta al abrirse con brutalidad. El impacto de la puerta contra la pared hizo que Camila se sobresaltara y los papeles que tenía en la mano cayeran al suelo. Se volvió con los ojos muy abiertos y vio a Luna plantada en el umbral, el rostro rojo de ira, los brazos cruzados sobre el pecho.

—¿Qué pasa, señora Luna? —dijo Camila en voz baja, mirando a Mateo, que apenas se movió un poco al escuchar el escándalo de Luna. Le preocupaba que el niño se asustara con el alboroto que armaba.

Camila volvió la vista hacia Luna, que entraba a zancadas. Nunca había imaginado que llegaría a encontrarse, y encima cara a cara, con la artista que últimamente daba de qué hablar por su cirugía estética, con el rostro idéntico al de una muñeca. Esa famosa actriz era tan elogiada por sus seguidores por su papel de mujer dulce y gentil... qué lástima que eso no se aplicara en la vida real.

—¡No te hagas la que no sabe, Camila! ¿Dónde escondiste a Santiago? ¡Seguro está aquí adentro!

Camila se sobresaltó y su frente se frunció, aunque siguió hablando con suavidad. —El señor Santiago no va a venir al cuarto de Mateo a estas horas de la noche, señora.

—¡No mientas! Seguro ya tienen planeado quitarme a Santiago. Camila, ¿todavía no te basta con haberme quitado a Mateo, que ahora quieres quitarme a Santiago también? —gruñó Luna, apuntando hacia Camila.

El semblante sereno de Camila comenzó a mudarse en irritación. Las acusaciones que lanzaba Luna no tenían ningún sentido. —Señora, puede revisar el cuarto, pero por favor hágalo despacio, para no interrumpir el sueño de Mateo —dijo Camila haciéndose a un lado para dejarle paso a Luna.

Luna resopló; sus ojos recorrieron el cuarto. Luego se movió a abrir el armario y la puerta del baño. Al no encontrar a nadie más que a Camila y a Mateo, salió con la cabeza gacha, quizás avergonzada ante Camila.

—Que Dios me perdone...

Camila tomó aliento lentamente y se sentó en la cama junto a Mateo. —Si de verdad eres el hijo de Mamá, pronto te voy a sacar de aquí, cariño... —Camila besó esa manita pequeña. Mateo no podía crecer en una familia así; eso afectaría su desarrollo psicológico.

—¿De dónde vienes, Camila? —preguntó Gabriel al ver que a la hora del almuerzo Camila no estaba comiendo sino que había desaparecido.

—Acabo de ver al doctor Ignacio, doctor —dijo Camila. Había ido a ver al médico forense para entregarle cabellos de Mateo y realizar la prueba de ADN.

—Ojalá nuestra sospecha sea correcta, Camila. Pero una vez que estés segura de que Mateo es tu hijo, ¿qué vas a hacer? —preguntó Gabriel. Estaba convencido de que Santiago no le entregaría a Mateo con tanta facilidad. Por mucho que Camila quisiera tenerlo, no lo lograría fácilmente, porque la familia Mendoza era poderosa.

—Eso lo pensaré después, doctor —dijo Camila, aunque en su mente ya tenía un plan: denunciar a Santiago si no le entregaba a Mateo, porque él le había secuestrado a su propio bebé, después de haber desatendido al niño durante todo el embarazo.

—Bueno... come primero, Camila —dijo el doctor Gabriel con afecto.

Camila asintió y aprovechó para comer antes de reanudar el turno hasta la tarde.

Sin conformarse con esperar los resultados de la prueba de ADN, esa misma tarde Camila fue al hospital donde había dado a luz años atrás para averiguar si de verdad su bebé había muerto. Llevaba una bolsa con documentos: el certificado de nacimiento y el de defunción de su hijo que en su momento le entregó ese hospital.

En ese hospital, Camila se cubrió el rostro con un cubrebocas, dejando visible solo los ojos; le preocupaba que Santiago apareciera por casualidad en el hospital donde ambos habían pasado tiempo ayudando a dar a luz a las mujeres.

—Disculpe... —dijo Camila al llegar a la oficina de una mujer; resultó que la empleada era nueva. Por supuesto que sería difícil para Camila; ¿sería tan fácil conseguir datos de un nacimiento de hacía ya bastante tiempo? Y encima era el propio hospital de Santiago.

—¿En qué le puedo ayudar? —preguntó la mujer, que era de la misma edad de Camila. Camila le explicó el motivo de su visita y sacó una caja donde guardaba los datos de su bebé sin nombre, nacido tres años atrás en ese hospital. Pero últimamente sospechaba de un nombre: Mateo.

—Hace tres años di a luz en este hospital, pero mi bebé no sobrevivió y fue declarado muerto —dijo en voz baja, mientras tocaba con dedos temblorosos la superficie de ese documento. —Quiero ver el historial médico de mi hijo que nació aquí y fue atendido por la doctora Susana —continuó Camila con una voz que mantuvo calmada aunque el corazón le latía con fuerza.

Maya frunció el ceño y abrió el registro antiguo. —Perdone, señora, lo buscaré. Pero normalmente para acceder a datos antiguos como esos se necesita una autorización del médico o de la familia, y además un proceso bastante largo —dijo mientras revisaba los datos que buscaba Camila.

Sin embargo, cuando Maya tecleó en la computadora el nombre del bebé Mateo y la fecha de nacimiento que indicó Camila, la pantalla mostró el mensaje: "DATOS NO ENCONTRADOS O TRANSFERIDOS."

Camila se confundió. ¿Sería que Santiago no había registrado el nombre del bebé para que no pudiera rastrearlo? —¡Maldito Santiago! —pensó para sí mientras dejaba ver una expresión de profunda decepción en su rostro.

Maya enseguida llevó a Camila a un rincón más tranquilo. —Señora Camila, quizás puedo ayudarla a comunicarse con el jefe de administración, que conoce mejor los datos antiguos. Espéreme un momento —dijo con un tono que indicaba que ella también encontraba algo extraño.

Mientras esperaba, Camila vio pasar por el pasillo a una enfermera joven; reconoció su rostro como el de una de las personas que había estado en la sala de partos cuando ella dio a luz. Sin pensarlo, se acercó y le preguntó con toda la esperanza que le quedaba. —Enfermera, ¿se acuerda de mí? Soy Camila; di a luz a un niño hace tres años. La doctora Susana dijo que mi bebé había muerto, ¿fue eso lo que realmente ocurrió?

—¿Camila? —La mujer intentó recordar, pero era imposible; las madres que habían dado a luz eran demasiadas.

—Enfermera, seguro no olvidaste a la esposa del doctor Santiago llamada Camila, ¿verdad? —preguntó Camila.

El rostro de la enfermera se puso pálido de inmediato; se quedó quieta un momento y miró alrededor con cautela antes de responder en voz baja. —Enfermera Camila... no puedo hablar mucho aquí. Pero si de verdad quiere saber la verdad, venga de nuevo cuando termine mi turno.

—De acuerdo —asintió Camila. Su corazón se alivió un poco al encontrar por fin una rendija de esperanza.

Continuará…

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