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BAJÓ LAS GARRAS DEL REY LICÁNTROPO

BAJÓ LAS GARRAS DEL REY LICÁNTROPO

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Amor en la guerra / Superhombre / Omegaverse
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Lilith Gray lo perdió todo dos veces: Primero a su familia en la masacre de la manada Darkfire, y luego su corazón, cuando el hombre que le juró amor eterno la rechazó al encontrar a su "Compañera" predestinada.
Seis años después, la niña frágil había muerto. Ahora todos la conocian como "La Aniquiladora", una guerrera de élite que solo vive para el deber y el combate. Su objetivo es claro: convertirse en la Guardiana Real del Rey Rowan, el Licántropo más temido y poderoso del mundo.
Pero en la ceremonia de su nombramiento, el destino le juega una última carta. Al primer roce, el vínculo se desata: el Rey no quiere solo su lealtad, la quiere a ella. Lilith deberá elegir entre su libertad como guerrera o el poder absoluto como la Reina que nunca buscó ser.
¿Podrá entregarse al hombre por quien tanto lucho en proteger?

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 07: Una batalla ganada

Lilith Gray

5 años después...

Cinco años. Mil ochocientos veinticinco días de infierno ininterrumpido.

Me miré en el pequeño espejo de metal del pabellón, que ahora se sentía extrañamente espacioso. Ya no era la adolescente de hombros caídos y mirada herida que llegó a la capital con el corazón en pedazos. La mujer que me devolvía la mirada tenía la piel marcada por cicatrices que contaba como medallas, una mandíbula de acero y unos ojos plateados que no parpadeaban ante la muerte.

De los casi mil postulantes que cruzamos la puerta el primer día, solo quedábamos diez. Diez sombras letales forjadas en el Bosque de los Lamentos. Habíamos visto a compañeros desmayarse por el agotamiento, desertar bajo el peso del miedo o morir en los entrenamientos. Pero nosotros seguíamos aquí.

—¿En qué piensas, Líder de Ala? —la voz de Pía me sacó de mis pensamientos.

Me giré. Pía ya no era la chica de sonrisa fácil; su rostro era una máscara de eficiencia guerrera, su cuerpo era puro músculo fibroso y su mirada era tan afilada como las dagas que llevaba en los muslos. A su lado, Jay había crecido casi diez centímetros; era una torre de fuerza bruta y lealtad inquebrantable. Aquellos críos infantiles que entraron aquí buscando una aventura o un refugio habían muerto hacía años. Lo que quedaba eran armas vivas y letales.

—Pienso en que hoy es el día, chicos —dije, ajustando las correas de mi traje táctico negro, diseñado para absorber la luz y ocultar nuestro olor—. Hemos sobrevivido a cinco años de tortura. Si queremos dejar de ser el "Ala Sur" y convertirnos en la Guardia Real, debemos ganar esta misión. No hay espacio para el error. Mentes abierta, sentidos en alerta. Les deseo suerte, aunque sé que no la necesitan.

—No necesitamos suerte, Lilith —dijo Jay, revisando el cargador de su ballesta con dardos de punta de plata—. Te tenemos a ti. Eres la mejor estratega que ha pasado por aquí en décadas. Si tú dices que saltamos, nosotros preguntamos a qué altura en el aire.

Sonreí de lado. En estos años, no solo había sobresalido en combate y táctica, sino que había construido algo que James nunca entendería: una manada basada en el respeto y el mérito, no en la genética. Me había convertido en la líder del Ala Sur, y bajo mi mando, habíamos humillado al ala Norte una y otra vez.

—Pía tiene razón, ¿sabes? —soltó Jay con una sonrisa burlona mientras se ponía el protector de antebrazo—. El Instructor Clark no te quita el ojo de encima.

—Ni empieces, Jay —gruñí, aunque sentí un ligero calor en las mejillas que me apresuré a suprimir—. Clark es nuestro superior. Punto.

—Por favor, Lilith —intervino Pía, ajustándose la trenza—. La forma en que te mira cuando crees que no te das cuenta... no es como un instructor mira a un recluta. Es como un hombre mira a una mujer que podría patearle el trasero y le encanta la idea. Le gustas. Acéptalo.

—Es un chiste —sentencié—. Un hombre como Clark Black, el Beta del Rey, el guerrero más temido de la capital, despuésde su majestad, ¿interesado en una "Alfa defectuosa" como yo? Es absurdo. Además, mi único objetivo es proteger la corona del Rey, no el corazón de su Beta.

Justo en ese momento, la puerta pesada de hierro se abrió y el eco de unas botas pesadas hizo que nos pusiéramos en posición de atención de inmediato.

Clark Black entró.

Ya no era el instructor molesto y gritón del primer día. Ahora, nos trataba como a su equipo de operaciones especiales, con un respeto silencioso que era mucho más intimidante que sus gritos. Su cabello negro seguía despeinado, pero su porte era el de un general listo para la guerra. Sus ojos gélidos recorrieron al grupo, pero como siempre, se detuvieron un segundo extra en los míos. Un segundo que hizo que Artemis gruñera en el fondo de mi mente.

—Ala Sur, descansen —dijo con esa voz grave que vibraba en el aire—. Escuchen bien, porque de esto depende que sean los cinco finalistas que viajen a la capital para presentarse ante el consejo del Rey.

Nos acercamos a la mesa de mapas. Clark se inclinó, apoyando sus manos grandes sobre la superficie.

—A las afueras del territorio, en la Zona Gris, se ha detectado un grupo de renegados —comenzó, señalando un punto en el bosque denso—. No son los típicos pícaros desorganizados. Por alguna razón inusual, están trabajando de manera coordinada. Están moviendo mercancía: cachorros y hembras secuestradas de manadas periféricas.

Un gruñido bajo escapó de la garganta de Jay. El secuestro de cachorros era el pecado más grande en nuestro mundo.

—Su misión es sencilla pero suicida —continuó Clark, clavando su mirada en la mía—. Tienen que interceptar el convoy, asesinar a todos los renegados —sin excepciones— y rescatar a los civiles con vida. Pero hay un problema mayor: están transportando acónito en todas sus formas. Gas, líquido y proyectiles. Un solo roce y están fuera.

El ambiente se volvió gélido. El acónito era el veneno mortal para los de nuestra especie. Trabajar en un entorno saturado de esa sustancia era caminar por la cuerda floja sobre un pozo de lava.

—Si logran asegurar la mercancía y rescatar a los rehenes antes que el equipo del Ala Norte, serán los elegidos. El honor de presentarse ante el Rey Rowan les pertenecerá. Pero si fallan... no habrá una segunda oportunidad.

Clark se enderezó y se acercó a mí. Podía oler su aroma a sándalo, cuero y poder puro. Era embriagador.

—Está todo en sus manos, Líder de Ala —dijo, y por un instante, su mano rozó mi hombro en un gesto que no era militar. Fue un toque rápido, cargado de una electricidad que me recorrió la columna—. Trae a tu equipo de vuelta. Es una orden.

—Lo haré, Señor —respondí con firmeza, sosteniéndole la mirada.

Se marchó sin decir nada más, dejándome con el peso de la misión y la mirada burlona de Pía clavada en mi nuca. Pero no había tiempo para distracciones.

—Muy bien, equipo, acérquense —dije, desplegando mi propio mapa mental—. Jay, tú te encargas de la cobertura a larga distancia. Quiero tus flechas neutralizando a los guardias de las esquinas antes de que puedan liberar el gas. Pía, tú y los otros dos entrarán por el flanco derecho, modo silencioso. Yo iré por el centro.

—¿El centro? —preguntó Pía—. Es donde habrá más concentración de acónito líquido.

—Por eso iré yo —sentencié—. Mis inhibidores de olor tienen una base química que reacciona de forma diferente al acónito. Puedo aguantar la exposición un 50% más que ustedes. Artemis y yo limpiaremos el camino para que ustedes saquen a los cachorros.

—Es arriesgado, Lilith —dijo Jay con preocupación.

—Morir, sin triunfar es arriesgado para mi alma, Jay. Esto solo es como un juego de mesa, para mí —respondí, ajustándome la máscara de filtrado—. No vamos a permitir que esos malnacidos toquen a un solo cachorro más. Por ser los mejores, por el Rey y por nosotros. ¡Muévanse!

Salimos del cuartel como sombras. El bosque nos recibió con su abrazo frío, pero ya no nos daba miedo. Éramos los dueños de la oscuridad. Mientras corríamos a través de la maleza, mi mente se desconectó de todo lo que no fuera la misión.

Cinco años de dolor, de rechazo, de entrenamiento inhumano... todo se reducía a este momento. Ya no recordaba el rostro de James con claridad, y el dolor de su traición era solo una cicatriz vieja que me recordaba por qué nunca debía ser débil.

Llegamos a los límites de la Zona Gris. El olor a podrido y el rastro metálico del acónito empezaron a filtrarse por mis sentidos. Vi las luces de las fogatas de los renegados. Eran muchos, más de los que Clark había sugerido, pero eso solo hacía que la victoria fuera más dulce.

—Posiciones —ordené por el comunicador.

Vi a Jay desaparecer entre las copas de los árboles. Vi a Pía fundirse con las sombras de las rocas. Yo me quedé en el centro, sintiendo a Artemis tensarse dentro de mí, lista para salir. Mi loba alfa, la que James despreció, la que Clark sospechaba que era una leyenda, estaba ansiosa por probar la sangre de los traidores.

“Como voy a disfrutar de esto, Lilith”, rugió Artemis.

—Hoy ganamos nuestro lugar en el mundo —respondí.

Levanté la mano, contando los segundos. El viento soplaba a nuestro favor. En el campamento enemigo, un renegado gritaba órdenes mientras arrastraba una jaula pequeña donde se escuchaban los llantos de un cachorro de lobo. Mi sangre hirvió.

—Ahora —susurré.

La primera flecha de Jay atravesó la garganta del guardia de la torre de vigilancia antes de que pudiera tocar la alarma. Un segundo después, Pía era un torbellino de acero en el flanco derecho.

Yo salté desde el saliente directamente al centro del campamento. El gas de acónito empezó a salir de unos contenedores que los renegados activaron al verse emboscados. El humo verde y tóxico nubló mi vista, y sentí el primer pinchazo de dolor en mis pulmones, pero no me detuve.

—¿Quién es ella? —gritó uno de los renegados, sacando una espada bañada en líquido plateado.

—Soy tu peor pesadilla—respondí, desenvainando mis katanas gemelas.

Me moví como un rayo de plata en medio de la niebla verde. Cada corte era preciso, cada movimiento era una lección de muerte que Clark me había enseñado. El acónito intentaba quemarme los sentidos, pero mi voluntad era superior.

Masacramos a los renegados con una furia coordinada que solo cinco años de hermandad pueden forjar. Cuando llegué a la jaula principal, el líder de los renegados, un tipo enorme con ojos inyectados en sangre, intentó lanzar una granada de gas directamente hacia los cachorros.

No pensé. Salté sobre él, hundiendo mi daga en su hombro mientras mi otra mano desviaba el proyectil hacia una zona vacía. Forcejeamos en el suelo, el olor a acónito era casi insoportable ahora, nublándome la vista. Pero entonces, sentí un estallido de poder puro.

Artemis no permitió que cayéramos. Su aura de Alfa pura y violenta, emanó de mi cuerpo, disipando el gas a mi alrededor por un instante. Fue un despliegue de poder que habría dejado a cualquira de rodillas y a Clark con la boca abierta. Con un movimiento seco, le rompí el cuello al líder.

Silencio.

El campamento era un cementerio. Pía y Jay se acercaron a mí, cubiertos de sangre enemiga pero ilesos.

—Mercancía asegurada—dijo Pía, abriendo las jaulas y tomando a un cachorro asustado en sus brazos—. Los del Ala Norte todavía están a medio kilómetro de aquí. Ganamos.

Me quité la máscara y respiré el aire frío del bosque, aunque me dolía el pecho por el gas. Miré a mi equipo. Estábamos cansados, heridos y sucios, pero éramos los cinco finalistas. Éramos los mejores.

—Buen trabajo, equipo —dije, sintiendo que por primera vez en mi vida, el pasado ya no tenía poder sobre mí.

Al regresar al campamento, Clark nos esperaba en la entrada. Su mirada recorrió a los cachorros rescatados y luego se posó en mí. Noté que sus puños se relajaban al verme entera.

—Misión cumplida, Señor —dije, deteniéndome frente a él—. Los renegados han sido eliminados. Los civiles están a salvo.

Clark se acercó un paso más de lo necesario. Su mirada era intensa, cargada de algo que ya no podía fingir que era solo profesionalismo.

—Lo sé —susurró para que solo yo lo oyera—. Nunca dudé de ti, Lilith.

Me guiñó un ojo, un gesto humano y cálido que me tomó por sorpresa, antes de recuperar su tono de mando.

—¡Ala Sur! Preparen sus cosas. Mañana salimos hacia la Capital Real. El Rey Rowan los espera para la prueba final. No me hagan quedar mal, porque si sobreviven a esto... el mundo entero sabrá quienes son.

Mientras caminaba hacia el pabellón, Pía me dio un codazo suave.

—Te lo dije. Le gustas. Y después de lo de hoy, creo que hasta el Rey se va a enamorar de ti.

Me reí. Por primera vez en cinco años, me reí de verdad. No sabía qué me deparaba el futuro en la capital, ni quién era el Rey Rowan, pero sabía una cosa. Yo era una guerrera, era una Alfa, y estaba a punto de reclamar el puesto que me pertenecía.

La capital nos esperaba. Y yo estaba lista para incendiarla.

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Kawtar Chilah
para cuando la actualización??
Kawtar Chilah
ais que bonito😭😭😭
JZulay
waoooo...🤯....intenso !!!
JZulay
🤭/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/.....Artemisa, no da tregua ...
golosa /Drool/
JZulay
poderoso !!!! 💪🏼
JZulay
muy decida....y sus voluntades parecen de hierro /Slight/
Haber de qué cuero, sale más correas /Proud/
JZulay
/Drool/ y vaya que muy tenso 🧵..../Facepalm//Facepalm//Facepalm//Slight/
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/....👑.....no la tendrás fácil....🤭
el terminará postrándose...serás tú /Tongue/
JZulay
para variar los Alfas siempre dandose gustitos fuera del vínculo 🤨
JZulay
💪🏼👏🏼👏🏼👏🏼/Ok//Good/ con todo Gray
JZulay
literal !!!!......seguro te convertirás en reina 👑
JZulay
🫣...no James...eso no se vale 🥺
Kawtar Chilah
la historia me encanta, y está genial, pero, un capítulo por día es muy poco
CINVAN
🥰🥰 me encanta
CINVAN
esto se pone bueno
CINVAN
vamos a ver qué trae este viaje
CINVAN
Perro que se joda
CINVAN
No te preocupes Lili vendrá algo mejor
CINVAN
Perro sin vergüenza
CINVAN
pobre Lili 😭😭
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