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El Despertar Del Príncipe

El Despertar Del Príncipe

Status: En proceso
Genre:Romance / Mundo mágico / Fantasía LGBT
Popularitas:884
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️✅️Sam y Norman comienzan a saciar su sed de aventura, lejos de su amada familia. El camino comienza a dificultarse, pero cuatro almas sellan sus destinos.✅️⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El dueño de los ojos rojos

El pueblo de Lindenia apareció ante ellos como un cuadro pintado con colores que nunca habían visto en su pequeña aldea. Era un lugar bullicioso, con casas de madera de techos altos y calles empedradas que resonaban con el eco de risas y música de laúdes. Al llegar, Sam y Norman fueron recibidos por un arco de flores silvestres y el aroma embriagador de carne asada con miel y canela.

-¡Sam, mira eso!- Exclamó Norman, sacando de inmediato su diario y una pluma de ganso -¡El Festival de la Cosecha de Primavera! Esto tiene que ir directo a la primera página de nuestras aventuras.-

Norman comenzó a escribir mientras caminaban: "Hemos llegado a Lindenia. El aire aquí huele a fiesta y no a estiércol, lo cual ya es una ganancia. Las casas parecen sacadas de un cuento y la gente viste ropas de colores tan brillantes que me duelen los ojos, pero de la buena manera".

No pasó mucho tiempo antes de que los dos jóvenes se convirtieran en el centro de atención. Sam, con su figura varonil, sus hombros anchos y esos ojos color miel que parecían escudriñar el alma de quien lo miraba, atraía las miradas de todas las jóvenes del pueblo. Su porte no era el de un simple campesino, había algo en la forma en que caminaba, una elegancia natural, que hacía que las chicas cuchichearan tras sus abanicos.

Norman, por su parte, con su cabello rubio brillando bajo el sol y su sonrisa radiante, ya estaba rodeado de un grupo de aldeanas que le ofrecían cintas de colores y dulces de azúcar.

-¡Eh, apuesto viajero!- Gritó una chica de trenzas oscuras, acercándose a Sam con una corona de flores -Un joven tan fuerte no debería caminar sin una bendición para el camino. ¿Me permites?-

Sam sonrió, una sonrisa que hizo que la chica se sonrojara hasta las orejas, y dejó que le pusiera la corona.

-Gracias, señorita. Es el recibimiento más cálido que hemos tenido.-

Mientras tanto, Norman estaba en su elemento.

-¡Vaya, señoritas!- Decía Norman mientras probaba un trozo de pastel que otra chica le ofrecía -Si la comida es tan dulce como sus rostros, me temo que nunca podré irme de este pueblo. ¡Anotaré esto! "Lindenia tiene las pasteleras más bellas del reino".-

Mientras los chicos disfrutaban de la atención y la comida, en un rincón sombrío debajo de un balcón de piedra, Alaric observaba. Había usado su magia para ocultar sus rasgos más inhumanos. Su piel ya no parecía tan pálida bajo la sombra de una capucha y sus ojos rojos estaban velados, simulando un tono castaño oscuro.

Ver a las chicas rodear a Sam hacía que una presión fría se instalara en su pecho. Durante siglos, él había sido el único dueño de la atención de ese alma. Verlo ahora, libre, joven y deseado por otros, era un tormento dulce y amargo a la vez.

«Ríe, mi pequeño príncipe», pensó Alaric, apretando el puño contra la piedra del muro. «Disfruta de la ligereza de los humanos. Pero recuerda que nadie podrá amarte con la intensidad de quien ha cruzado el infierno solo para verte respirar una vez más».

Alaric se movía como un espectro entre la gente. Cada vez que alguien se acercaba demasiado a Sam con intenciones que él consideraba excesivas, el aire alrededor de esa persona se volvía gélido de repente, provocando que la chica o el joven en cuestión se alejara con un escalofrío, sin saber por qué.

Al caer la noche, el festival alcanzó su clímax. Cientos de faroles de papel fueron encendidos y lanzados al aire, creando una constelación artificial que bailaba sobre el pueblo. La música se volvió más rápida y los jóvenes se unieron al baile en la plaza central.

Sam bailaba con una joven de vestido azul, pero su mente no estaba en los pasos de baile. Se sentía observado. No era la mirada de admiración de las chicas, era algo más pesado, más antiguo. Miró hacia la multitud y, por un segundo, vio a un hombre alto, de hombros imponentes, cuya mirada parecía quemar incluso desde la distancia.

-¿Sam? ¿Estás bien?- Preguntó Norman, acercándose a él después de terminar una danza enérgica. Norman estaba sudado y feliz, pero al ver el rostro de su amigo, su expresión cambió -Tú también lo sientes, ¿verdad?-

-Alguien nos mira, Norman. No es Lin, ni sus hombres.- Susurró Sam, buscando de nuevo a la figura, pero Alaric ya se había desvanecido -Es la misma sensación de anoche en el bosque. Esa presencia que se siente como un escudo... pero también como una cadena.-

Norman asintió, bajando la voz.

-Mi madre decía que hay seres que se atan a las personas por promesas hechas en vidas anteriores. Si alguien nos sigue, Sam, espero que sea por amor y no por esa sangre que tenías en tu manta.-

Para aliviar la tensión, Norman sacó su diario y escribió rápidamente bajo la luz de los faroles: "El festival es hermoso, pero las sombras aquí tienen ojos. Sam se ve más inquieto que nunca. Yo también siento un hormigueo en mis dedos... la magia de mi madre parece querer salir a saludar. Tengo miedo de lo que vendrá, pero mientras estemos juntos, supongo que será una gran historia".

Cuando la fiesta empezó a morir y los chicos se retiraron a una pequeña posada que los cazadores les habían recomendado, encontraron algo sobre su mesa de madera.

Era una pequeña caja de madera negra, tallada con motivos de dragones y rosas. Al abrirla, Sam encontró una piedra de color carmesí, pulida a la perfección, que brillaba con una luz interna propia. Junto a ella, un trozo de pergamino antiguo con una caligrafía elegante y firme:

"Para tus recuerdos. Una piedra que no es del océano, sino del corazón de la tierra. Sigue adelante, pequeño príncipe. Yo siempre estoy un paso detrás de ti".

Sam tomó la piedra y sintió que estaba tibia. Norman se acercó, asombrado.

-Esto no lo dejó ninguna de las chicas del pueblo, Sam.-

Sam apretó la piedra en su mano. La misma calidez que había sentido en su frente la noche anterior volvió a recorrer su cuerpo.

-No, Norman. Esto lo dejó el dueño de los ojos rojos.-

A lo lejos, desde el techo de la iglesia del pueblo, Alaric observaba la ventana iluminada de la posada. Había cumplido su promesa de ese día: Sam tenía algo más para su colección de recuerdos, algo que lo mantendría vinculado a él, incluso antes de que la verdad sobre su reino perdido y su naturaleza inmortal saliera a la luz.

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Maru19 Sevilla
Empezamos con esta nueva historia, inicia muy bien 👏👏👏
Skay P.: ¡Gracias cielo!😍
total 1 replies
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