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La Duquesa Que Volvió De La Muerte

La Duquesa Que Volvió De La Muerte

Status: Terminada
Genre:Época / Reencarnación / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Pau Orozco

*PRÓLOGO*
*Sonya Smith*

El “lo siento” de Noa sonó a disparo antes que el disparo.

Sonya no bajó el arma. No por él. Por Lucía, que estaba detrás, llorando como si no fuera ella quien había puesto el veneno en su café esa mañana. Amigas. Amantes. Traidores.

“Eran los mejores diez años de mi vida,” dijo Noa. Tenía el dedo en el gatillo. No le temblaba. A Sonya siempre le gustó eso de él.

“Fueron,” corrigió ella.

El estruendo reventó la habitación. Dolió menos de lo que pensó. El suelo estaba frío. El techo, blanco. Lucía se arrodilló y le sostuvo la mano mientras se iba. Qué detalle.

Sonya Smith, 30 años, la mujer que desarmó carteles y tumbó gobiernos, murió en el piso de su cocina por confiar en dos personas.

Lo último que pensó no fue en venganza. Fue en silencio.

Por fin, silencio.

Y luego, luz.

NovelToon tiene autorización de Pau Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

*CAPÍTULO 18* *El Paquete del Norte*

El primer lote de hierro reforzado salió de la mina en cinco semanas.

Dos semanas antes de lo que Cassian pidió.

Y una semana antes de que los rumores llegaran a la capital.

“Motor de sitio móvil,” dijo Kaden Voss, jefe de ingenieros, mientras extendía el plano sobre la mesa de piedra. “No rompe murallas. Las dobla. La estructura es tuya, Duquesa. Si falla, falla en tu tierra.”

Elira revisó las medidas. Pesaba demasiado para moverlo rápido. Pero con el sistema de poleas que Ryn diseñó, se movía.

Ryn callado, eficiente, que no hacía preguntas. Exacto como lo quería.

“¿Prueba?” preguntó Elira.

“Mañana,” dijo Kaden. “En la sección vieja de la mina. Si aguanta, lo mandamos al norte en dos semanas.”

Mira estaba en la puerta. No dijo nada. Solo observaba.

Desde que limpiaron la casa, no había vuelto a haber traiciones. El miedo bueno funcionaba.

*La prueba.*

La sección vieja olía a humedad y a piedra mojada.

El motor estaba ahí. Hierro, acero, engranajes que parecían vivos.

Kaden dio la señal.

El primer disparo no fue ruido. Fue un golpe seco que hizo temblar el suelo.

La pared de piedra cedió. No se rompió. Se dobló hacia adentro, como si la montaña se rindiera.

Silencio.

Luego aplausos bajos de los ingenieros.

Elira no aplaudió.

“¿Cuánto tiempo hasta que puedan construir diez?” preguntó.

“Tres meses,” dijo Kaden. “Si no nos faltan hombres. Ni material.”

“No faltarán,” dijo Elira. “Valemot paga bien a los que trabajan. Y castiga rápido a los que roban.”

Ryn estaba al lado del motor. Tocaba los engranajes como si entendiera lo que decían.

No miró a Elira. No hacía falta.

El trabajo hablaba por él.

Esa noche, cuando todos se fueron, Elira volvió sola.

Quería verlo de nuevo. Sin gente. Sin ruido.

La fragua estaba fría, pero el motor todavía guardaba calor. Pasó la mano por el metal. Sin miedo. Sin duda.

“Te gusta tocar lo que construyes,” dijo una voz detrás de ella.

Cassian.

No había oído el carruaje. No había oído pasos. Pero ahí estaba, como siempre. Negro sobre negro. Sin corona. Sin guardia.

Solo él.

“Viniste a inspeccionar mi trabajo,” dijo Elira sin girarse.

“Vine a ver si mentías,” dijo Cassian. Se acercó. Sus botas no sonaban. “Si de verdad podías darme esto en cinco semanas.”

Se detuvo a su lado. Muy cerca. Tanto que Elira sentía el calor de su cuerpo.

“Y no mentiste,” siguió. Miró el motor. “Esto vale más que tres ducados juntos.”

Elira se giró.

“Entonces paga,” dijo. Directa. Sin bajar la mirada.

Cassian sonrió. No la sonrisa del emperador. La otra. La que usaba cuando algo lo divertía de verdad.

“Ya pagué,” dijo. Señaló su mano vendada. “Con esto. Y con esto.”

Señaló el anillo en su dedo. El anillo Valemot.

Elira no respondió.

El aire entre los dos se hizo denso. No por miedo. Por otra cosa.

Cassian la miró como miraba los mapas de guerra. Buscando la grieta. Buscando el punto donde cedería.

Y no la encontró.

“Eres peligrosa,” dijo bajo.

“Tú también,” dijo Elira.

Se quedaron así. A un paso.

Si él se acercaba un poco más, sus labios tocarían los de ella.

Si ella se movía, podía hacerlo ella.

Ninguno se movió.

Porque ambos sabían que si cruzaban esa línea, ya no habría vuelta atrás.

Cassian rompió el silencio primero.

“Diez días,” dijo. Su voz era más baja ahora. Más personal. “Manda el primer motor en diez días. No nueve. No once. Diez.”

“Se hará,” dijo Elira. Su voz no tembló. Pero su pulso sí.

Cassian asintió. Se acercó un milímetro más.

“Cuidado, Duquesa,” susurró. “No te acostumbres a que el emperador venga a verte de noche.”

“¿Y por qué no?” preguntó Elira. Reto puro.

Cassian se rió. Bajo. Pegado a su oído.

“Porque cuando me acostumbro, no dejo ir.”

Se apartó. Como si nada hubiera pasado.

Dejó una distancia prudente. Pero el calor no se fue.

“Nos vemos en el norte,” dijo. Y se fue.

Sin ruido. Sin despedida.

Elira se quedó sola con el motor y el olor a hierro y a él.

Tocó su labio con dos dedos. Sin saber por qué.

No había pasado nada.

Y había pasado todo.

*La carta.*

Una hora después llegó el mensajero. Sin escudo. Sin librea.

Solo una carta con el sello del cuervo.

La misma orden que le acababa de decir en persona.

_“Buen trabajo. El norte se mueve más rápido de lo esperado. Manda el primer motor en diez días. No nueve. No once. Diez. Y prepara las minas para lo que sigue. -C.A.T.”_

Elira quemó la carta.

“Diez días,” dijo. Miró a Mira. “Se puede.”

“Se puede,” dijo Mira. “Si dormimos menos.”

Cristal entró sin tocar. Cosa rara.

“Habla la ciudad,” dijo. “Dicen que Valemot está armando algo grande. Havel está muerto, pero su dinero no. Hay gente preguntando qué haces con tanto hierro.”

“Que pregunten,” dijo Elira. “Cuando llegue la respuesta, ya será tarde.”

Se levantó. Miró el mapa de Valemot en la pared.

Minas. Caminos. Fraguas.

Todo suyo. Todo bajo control.

“Prepara el carruaje,” dijo a Mira. “Primer motor. Diez días. Sin retrasos.”

“Y si alguien intenta detenerlo?” preguntó Mira.

Elira sonrió. Fría. Sin rastro de duda.

“Entonces aprenden por qué esta casa tiene cuarenta muescas.”

Afuera, el cuervo graznó doce veces.

El hierro estaba listo.

El norte esperaba.

Y Elira Valemot no pensaba llegar tarde.

Ni a la guerra.

Ni a lo que venía con Cassian.

1
Pau Orozco
Gracias, a ti por leer mi novela espero la hayas disfrutado mucho🥰
Marisela Morales
gracias por una historia bella
Quica Romero
Y no es "caza".°~😏~° Es simple "selección natural".😈°~😌~°😈🧍🏼‍♀️👈 ¡Tú si!.🧍‍♀️👈¡Tú también!.🚶‍♀️‍➡️👈🧍🏼‍♀️🧍‍♀️👈¡Y por supuesto que ustede!.😈😈😈😈😈😈😈
Quica Romero
Todo depende...°\😌/°🤔
Quién se atraviese primero y por qué... Montclair o el trono.🤨😈😏😈🙎‍♀️
Quica Romero
¡Un "Peña Nieto"!.🤷‍♀️🥴😆😅😂🤣
Marisela Morales
bueno se comieron /Awkward//Scream//Scream//Scream//Awkward//Awkward//Awkward/
Marisela Morales
terminaaaaa
Marisela Morales
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Shy//Silent//Shy//Silent//Shy/
Marisela Morales
omg me estoy comiendo las uñas /Smug//Slight//Chuckle//Smug//Slight//Chuckle/
Marisela Morales
a la guerra
Marisela Morales
pelea ,guerra ,sangre
Marisela Morales
omg mujer empoderada
Marisela Morales
la madre sabe que su hija murió??? y el pdj la tocó /Skull/
Marisela Morales
omg/Skull//Skull//Skull//Skull//Skull//Skull/ tenebrosa interesante 🤭🤭🤭
Marisela Morales
omg/Skull//Left Bah!//Left Bah!//Left Bah!//Skull//Skull//Skull//Skull/
Marisela Morales
omg está interesante /Slight//Determined/
Pau Orozco: 🥰gracias soy nueva en esto espero lo disfrutes.
total 1 replies
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