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Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Status: En proceso
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Reencuentro
Popularitas:10.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Victoria no huyó por falta de amor, sino por instinto de supervivencia. Al descubrir que el hombre que amaba, Dante Moretti, era el heredero de un imperio manchado de sangre, decidió que sus hijos no nacerían en una jaula de oro rodeada de enemigos. Cinco años después, bajo una identidad falsa y en la humildad de un pueblo costero, Victoria cría a León y Cristo. Los gemelos son el vivo retrato de Dante: poseen su mirada gélida y un temperamento indomable que ella lucha por suavizar.
​Dante, consumido por la amargura y la creencia de que Victoria lo abandonó por traición, ha pasado media década buscándola. Cuando una filtración de seguridad en su organización revela el paradero de su "única debilidad", Dante llega dispuesto a cobrar venganza. Sin embargo, el impacto de ver a dos pequeños guerreros con sus propios ojos cambia las reglas del juego. Ahora, Victoria debe volver al mundo que odia para proteger a sus hijos, mientras Dante descubre que el mayor peligro para su familia no está

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Capitulo 3

​El aire en San Vicente se había vuelto pesado, cargado de una electricidad estática que solo Victoria parecía sentir. Para el resto del pueblo, era una tarde de martes cualquiera; para ella, era el inicio del fin.

​Mientras doblaba mecánicamente una de las camisetas de algodón de León, Victoria se detuvo en seco. Sus dedos se hundieron en la tela desgastada. Tenía la nuca erizada, esa sensación punzante de unos ojos clavados en su espalda que no veía, pero que reconocía con una precisión escalofriante. Era una mirada que conocía bien: pesada, posesiva, una mirada que no pedía permiso, sino que reclamaba propiedad.

​Dejó la ropa sobre la cama y se acercó a la ventana de la cocina, ocultándose tras el marco de madera. La calle estaba desierta, salvo por el viejo perro del vecino que dormitaba bajo un porche. Sin embargo, al final de la vía, donde el asfalto se encontraba con el camino de tierra que llevaba al muelle, brillaba el reflejo metálico de un vehículo que no pertenecía al paisaje. Un sedán oscuro, con los cristales tan negros que parecían absorber la luz del sol.

​—Ya está aquí —susurró, y su propia voz le sonó como el crujido de un cristal rompiéndose.

​El pánico, ese viejo enemigo que había mantenido a raya durante sesenta meses, se desbordó como un río tras una tormenta. No perdió tiempo en lágrimas; el miedo de una madre no tiene espacio para el llanto, solo para la acción. Victoria sacó una maleta vieja de lona de debajo de su cama. Sus movimientos eran frenéticos pero precisos. Metió los pasaportes falsos que le habían costado los ahorros de dos años, una muda de ropa para los niños y el poco dinero en efectivo que guardaba dentro de un tarro de harina.

​Cada objeto que lanzaba a la maleta disparaba un recuerdo, un fragmento de la vida que creía haber dejado atrás. De repente, el olor del suavizante de ropa fue reemplazado por el aroma metálico de la sangre y el perfume de jazmín que inundaba el jardín de la mansión Moretti la noche de su huida.

​Flashback: Hace cinco años

​La lluvia caía con una violencia tropical sobre la propiedad de los Moretti en Long Island. Victoria, con apenas ocho semanas de embarazo y una palidez cadavérica, corría por los pasillos de mármol. Sus pies descalzos no hacían ruido, pero sus jadeos resonaban en el silencio de la mansión.

​Minutos antes, había estado escondida tras la puerta del despacho de Dante. Había ido a buscarlo para darle la noticia, para decirle que el heredero que tanto deseaba ya estaba creciendo en su vientre. Pero se detuvo al escuchar su voz. No era la voz suave que él usaba cuando la besaba al despertar; era la voz del Capo.

​—No quiero sobrevivientes, Marco —había dicho Dante, con una frialdad que la hizo retroceder—. La familia de Victoria ha servido de puente durante demasiado tiempo. Si no pueden controlar sus deudas, no me sirven. Elimínalos a todos esta noche. Que parezca un ajuste de cuentas externo.

​Victoria se había cubierto la boca para no gritar. Sus padres, sus tíos... las personas que Dante llamaba "familia" en las cenas de los domingos estaban siendo sentenciadas a muerte por el hombre que ella amaba. En ese instante, la venda se le cayó de los ojos. No estaba casada con un hombre de negocios con métodos cuestionables; estaba casada con un monstruo que no distinguía entre el amor y el poder.

​Esa noche, bajo la tormenta, Victoria no se llevó joyas ni vestidos. Solo tomó las llaves de uno de los coches de servicio y huyó hacia la oscuridad, con el corazón martilleando contra sus costillas y la mano protegida sobre su vientre plano. "No dejaré que mis hijos respiren este aire muerto", se juró a sí misma mientras veía por el retrovisor cómo las luces de la mansión se desvanecían.

​El presente la golpeó de vuelta cuando escuchó el grito de León desde el porche.

​—¡Mamá! ¡Mira ese coche! ¡Es como el de las fotos!

​Victoria cerró la maleta de un tirón. Sus manos temblaban tanto que apenas pudo subir la cremallera. Se asomó a la puerta principal. León estaba de pie en el jardín delantero, con los hombros cuadrados y la barbilla en alto, observando el sedán negro que ahora avanzaba lentamente por la calle. Cristo estaba a su lado, más pequeño, agarrando el dobladillo de la camisa de su hermano.

​—¡Entren ahora mismo! —ordenó Victoria, con una urgencia que hizo que los niños se sobresaltaran.

​—Pero mamá, solo quería ver... —empezó León.

​—¡He dicho ahora! —Victoria los tomó de los brazos y los metió en la casa, cerrando la puerta con tres vueltas de llave. Su corazón latía tan fuerte que sentía que se le iba a salir por la boca.

​—¿Es el hombre malo? —preguntó Cristo, con los ojos empañados. Su intuición, siempre más afilada que la de los niños de su edad, detectaba el terror puro que emanaba de su madre.

​Victoria se arrodilló frente a ellos, tratando de recuperar el aliento. Les tomó las manos, sintiendo la calidez de su inocencia contra su piel fría.

​—Escúchenme bien —les dijo, bajando la voz—. Vamos a jugar a un juego. Se llama "El viaje secreto". Vamos a salir por la puerta de atrás y no podemos hacer ni un solo ruido. ¿Entendido? Si alguien nos detiene, ustedes no dicen nada. Solo me miran a mí.

​León la miró fijamente. Su mirada gélida no tenía rastro de miedo, sino una chispa de comprensión que a Victoria la llenaba de una mezcla de orgullo y espanto. Él sabía. A sus cinco años, el pequeño Moretti sabía que la guerra había llegado a su puerta.

​—Yo los protegeré, mamá —dijo León, apretando sus pequeños puños—. No dejaré que nos lleven.

​Victoria lo abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en su cuello. "Dios, por favor, no dejes que se parezca más a él", suplicó en silencio.

​Se puso la maleta al hombro y guio a los niños hacia la cocina. Desde allí, había una salida que daba al bosque que bordeaba el pueblo. Era su única oportunidad de llegar a la estación de autobuses antes de que Dante cerrara el perímetro.

​Pero al abrir la puerta trasera, Victoria se detuvo en seco.

​El aroma de los pinos y la sal se vio interrumpido por algo fuera de lugar. Un olor que la transportó instantáneamente a su antigua habitación en la mansión: el aroma de un cigarro de marca exclusiva y una colonia amaderada de lujo.

​No había nadie a la vista, pero el rastro estaba ahí. Dante Moretti no solo la había encontrado; estaba marcando el territorio. Estaba jugando con ella, dejándola creer que tenía una oportunidad de escapar, solo para disfrutar el momento en que la red se cerrara por completo.

​—Corre —le susurró Victoria a los niños, empujándolos hacia la maleza—. No miren atrás. Corran.

​Mientras se internaban en la espesura del bosque, Victoria sintió que el bosque mismo tenía oídos. Sabía que cada paso que daba era monitoreado por hombres que ella no podía ver.

Dante siempre había sido un cazador paciente.

Él no quería atraparla en medio de la calle; quería que ella se diera cuenta de que, sin importar cuánto corriera, el mundo entero era su jaula.

Victoria y los niños llegando al linde del bosque, viendo la carretera principal a lo lejos, mientras las luces de varios vehículos negros empiezan a encenderse en perfecta sincronía, bloqueando todas las salidas del pueblo. La trampa estaba lista. El rey de cristal había llegado por su corona.

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Lobe ❣️
👍❤️😘
Sofia Chavez Gutierrez
está de infarto!
casi me termino las uñas 😂
Jos Qui
porfavor sigue subiendo más capítulos porfavor ahorita también
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
Estela Alfonzo
la historia es muy atrapante y me encanta los hijos como son unos genios y a la vez tan protectores. espero con ansias los capitulos
Jos Qui
hola excelente capítulos porfavor suba más capítulos ahorita
Jos Qui
para ver que más va pasar con ellos
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también
Estela Alfonzo
me tiene atrapada la historia 🥰
Celina Espinoza
🥰🥰
Celina Espinoza
me gusta los niños son muy protectores con su madre 🥰
María Serafina Abzueta Salazar
encantada con esta historia,su ingenio y creatividad mostrada en los personajes,sin repetir las aburridas víctimas, con personajes más audaces y
Maria de los Angeles Vega
Ya por favor , los dos son sufriendo bastante , es justo que triunfe el amor.
Y están los niños sus hijos..
Ella se equivocó el también.
Su amor está ahí , a pesar de todo .
El que perdona , es el que más ama..
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también leerlos 👏👏👏
María Serafina Abzueta Salazar
que niños ☺️🥰👏👏 ése padre no la tiene fácil, parece que son reyes viejos en cuerpo infantil 🤭☺️.. encantadores...
Celina Espinoza
me parece interesante me gusta 🥰
Celina Espinoza
me gusta mucho 😘🥰los niño son muy inteligentes y protectores
Anacelimar Franco
me gusta tu historia
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