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El Lado Oscuro De Mi Tutor.

El Lado Oscuro De Mi Tutor.

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:13.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roxana Fernández

Para Alexander Rivas, el control lo es todo. Como el profesor más temido de la facultad, su arrogancia es su armadura y su intelecto, su arma más letal.

Pero cuando se cruza con Valentina Soler, una alumna que no baja la mirada y que desafía cada una de sus reglas. Siente que su dominio y autocontrol está tambaleando ante el deseo de tenerla.

​Lo que comienza como una guerra de voluntades pronto se convierte en sombras y un deseo voraz que amenaza con destruirlos a ambos.

Sin embargo, en el juego de la seducción, el peligro no es solo ser descubiertos.

Un secreto familiar, enterrado bajo años de mentiras, comienza a salir a la luz.

¿Qué pasará cuando descubran que sus vidas han estado entrelazadas desde mucho antes de conocerse?

¿Lograrán mantenerse unidos después de revelar ese secreto que puede destruirlos a ambos?

NovelToon tiene autorización de Roxana Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16. Las cicatrices del pasado.

Capítulo 16

Las cicatrices del pasado.

Al día siguiente, Valentina salió de la oficina administrativa con el rostro pálido y desencajado. Había ido a revisar un pago pendiente de inscripción para el nuevo semestre. Pero lo que recibió fue una respuesta seca, sistemática y brutal:

—Su cuenta fue suspendida. Las cuotas mensuales han sido retiradas por su responsable financiero. ¿Desea cancelar el semestre de manera independiente?

Valentina echó un vistazo a su cartera. Apenas tenía unos cuantos billetes de baja denominación.

—¡Eh... no, yo... no!

La mujer del mostrador ni siquiera la miró con compasión. Solo le entregó un papel con el sello de “Pendiente de cancelación” y una lista de montos acumulados.

Valentina sintió un hueco en el estómago. Sabía perfectamente lo que significaba: su padre había cumplido su amenaza. Ya no contaría más con su apoyo económico.

A pesar de que nunca fue feliz con esa carrera, la acción se sintió como un castigo cruel. Un golpe bajo, certero, casi como si Gustavo Soler la hubiese escupido desde su pedestal de poder.

El mensaje era claro: “Si no haces lo que te digo, no mereces nada de lo que te di”.

Se quedó parada frente al edificio de matrículas, con el documento temblando en su mano. No supo cuánto tiempo pasó así. Solo sintió cuando alguien la abrazó por detrás.

—Valen —susurró Alexander—. Te he buscado por todas partes.

Ella giró hacia él y se aferró a su pecho, conteniéndose como podía. No lloró, pero el temblor de sus hombros lo dijo todo.

—¿Te quitó todo? —preguntó él, acariciándole la espalda.

—No le importó ni siquiera si quería seguir mi carrera o no. Solo me lo arrebató. Como si no valiera nada sin su dinero.

Alexander la separó con suavidad, tomándole el rostro entre las manos.

—Escúchame bien. No importa si decides seguir ingeniería o no. No importa si mañana eliges estudiar música, diseño o filosofía. Yo voy a ayudarte a hacerlo. No estás sola. ¿Entiendes? Yo pagaré cada una de tus matrículas.

Valentina lo miró con los ojos húmedos, y aunque no dijo nada, su abrazo le respondió por sí solo.

Esa tarde, Alexander la llevó a su apartamento. No hablaron mucho. No hicieron planes. No mencionaron el percance de la universidad,

El silencio era su única tregua, y ambos la necesitaban desesperadamente.

El ambiente del lugar era cálido, acogedor. Valentina se sentó en el sofá mientras Alexander se acercaba con una taza de té caliente para ella.

Lo aceptó sin decir una sola palabra, observando cómo él se quitaba el saco y lo colgaba en el respaldo de la silla.

—¿Sabes? —dijo él finalmente, sentándose frente a ella—. Cuando tenía tu edad, pensaba que podía controlar mi destino. Que bastaba con esforzarse para que todo saliera bien. Pero la vida… la vida a veces te arrastra por caminos que nunca pediste recorrer.

Ella lo miró, intentando leer más allá de sus palabras. La taza tembló ligeramente entre sus dedos.

—Siento que me arrancaron algo por dentro, y no precisamente por la carrera… sino por cómo lo hizo. Como si yo fuera una propiedad más que puede quitarse y devolverse cuando él quiera.

Alexander se levantó, caminó hacia ella y le quitó la taza. Se sentó a su lado y la abrazó, esta vez con fuerza, con firmeza. La besó en la frente.

—No eres de nadie, Valentina. Ni siquiera mía. Pero si me lo permites… quiero ayudarte a ser libre. Libre de su control. De sus condiciones. De su violencia disfrazada de protección. Quizás no pueda darte todos los lujos que te ha dado tu padre. Pero ten por seguro que estarás muy bien aquí, conmigo.

Valentina no supo en qué momento comenzaron a besarse. Fue un beso lento, profundo, cargado de palabras no dichas. Sus labios se buscaron con desesperación, con necesidad, como si solo en ese contacto pudieran recuperar algo de sí mismos.

Alexander la tomó en brazos, la llevó a su habitación, y la desnudó con una delicadeza. Ella hizo lo mismo con él, despojándolo no solo de la ropa, sino del peso que cargaba en los hombros.

Esa vez, el encuentro fue distinto. No solo ardiente. Fue tierno, íntimo y emocional.

Se entregaron sin máscaras, sin barreras, sin defensas. Se exploraron como si quisieran memorizar cada rincón del otro. Alexander la hizo suya con lentitud, con pasión, con deseo puro. Y ella respondió con la misma intensidad, con las manos aferradas a su espalda y la boca susurrándole su nombre.

Un rato después, cuando el cuerpo ya no pedía más, Valentina yacía recostada sobre su pecho. Su respiración aún agitada. Sus dedos dibujaban círculos sobre su piel. Fue entonces cuando notó la cicatriz.

—¿Esto como ocurrió? —preguntó suavemente, acariciando la marca en su costado izquierdo.

Alexander no respondió de inmediato. Cerró los ojos. Su respiración se hizo más lenta, más pesada. Y finalmente habló:

—Fue un accidente automovilístico. Hace muchos años.

Valentina se incorporó un poco, sin dejar de tocar la cicatriz.

—¿Estabas solo? —preguntó con curiosidad—. ¿Cómo fue?

Alexander negó con un suspiro. Su voz era más grave, más cruda de lo habitual.

—No. Iba con mi madre... y con Diana.

—¿Diana? —preguntó con un ligero temblor en su voz—. ¿Y tu madre... ella...?

—Diana fue... la única mujer que me hizo creer en algo real después de todo lo que había vivido. La más inteligente. La más paciente. Me sacó de un agujero emocional que ya me estaba devorando. Y esa noche...

Guardó silencio. Se pasó la mano por el rostro, como si apartara los recuerdos.

—Esa noche volvíamos de una cena en el comando General. Llovía. El conductor que venía en el otro vehículo iba ebrio. Nos estrellamos de frente. Yo iba conduciendo. Las dos murieron en el acto. Y yo... —abrió los ojos, fijos en el techo—. Yo quedé vivo. Solo eso. Malditamente Vivo. Nada más. Durante mucho tiempo, eso fue una tortura. Me encerré. Me aislé. Y ahí fue cuando desarrollé esta forma de ser que tanto odia el mundo entero. Este carácter de mierda. Esta frialdad. Esta personalidad ermitaña que es lo único que siento realmente mío.

Valentina no dijo nada. Se acurrucó más fuerte contra él, como si su calor pudiera borrar el pasado.

—¿Y tu padre…? —susurró ella.

Alexander soltó una risa amarga.

—Él me culpó de todo. Dijo que si no hubiese salido con ellas esa noche, seguirían vivas. Que fue imprudencia mía. Desde entonces, dejó de ser un padre. Se convirtió en mi juez. Nunca más aprobó nada de lo que hice. Ni mi forma de enseñar. Ni mis elecciones. Mis silencios, mis pertenencias. Todo era motivo de censura. Y ahora… bueno. Ahora me odia más que nunca.

Valentina lo abrazó por la cintura, pegando su mejilla a su costado, justo donde descansaba la vieja herida.

—Lo sé —fue todo lo que dijo. Alexander giró el rostro y la besó en la cabeza—. No tienes que decir nada más.

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue un espacio de respeto. De sanación y reconocimiento mutuo.

Y en la habitación oscura, con la ciudad murmurando a lo lejos, dos almas heridas comenzaban a sanarse, una junto a la otra.

Porque a veces, las cicatrices no necesitan explicaciones. Solo alguien que se atreva a tocarlas sin miedo.

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Alcira Ascanio Felizola
excelente historia
Yura Ran
Romana muchas gracias por tan hermosa novela. excelente /Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Beer/
Yura Ran
muy hermoso y tierno. 👌😊
Xair Victoria
Ese amor es invencible ☺️
Xair Victoria
Me encanta esta novela
Marita Peña
HERMOSA HISTORIA
Marita Peña
👏👏👏👏TREMENDO FINAL
Marita Peña
NO IMPORTA EL DINERO NI LA EDAD
Marita Peña
ME IMAGINO QUE SI DUELE EN DEFINITIVAMENTE ES SU PADRE
Marita Peña
ESTA PAREJA ARDE
Marita Peña
INTERESANTE
Marita Peña
POR SUERTE TODO SALIO A LA LUZ
Marita Peña
👏👏👏
Marita Peña
HERMOSO CAPÍTULO
Marita Peña
👏👏👏POR SUERTE SE SACARON UN CLAVO
Marita Peña
SIEMPRE LO E DICHO ELLOS JUNTOS SON INVENCIBLES
Marita Peña
EXACTO JUNTOS
Marita Peña
👏👏EXCELENTE
Helizahira Cohen
he leído varias con el mismo estilo pero con diferencias
Marita Peña
Y SI TOD@S VÍCTIMAS DE ESTE SOLER
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