Premisa: Él es un hombre de negocios muy exitoso pero solitario, que necesita una pareja para cumplir con las expectativas familiares y cerrar un trato importante. Le propone a ella, una chica creativa y libre, fingir que sean esposos por un año a cambio de resolverle todos sus problemas económicos.
El problema: Las reglas eran claras: "prohibido enamorarse". Pero cuanto más fingen, más real se siente.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 3: El día que todo cambió
Salí de la casa con el corazón apretado pero con ganas. Ese día sentía que algo tenía que pasar, que no podía seguir igual.
—Pa, me voy pa’ la ciudad a buscar un trabajito —le dije mientras me acomodaba la ropa.
—Vaya, pero con cuidado, ¿oyó? —me respondió.
—Sí, pa, todo bien.
Mi mamá me miró con esa preocupación de siempre.
—Que la virgencita la acompañe, mija.
—Amén, ma.
Y así me fui, caminando con mis papeles en una bolsita, pensando en todo lo que necesitábamos. El camino era largo, pero uno ya se acostumbra. Iba mirando todo, pensando dónde podría preguntar por trabajo.
—Virgencita, ayúdeme pues… no me deje sola hoy —murmuré.
Cuando llegué a una calle más movida, había carros pasando, gente de aquí pa’ allá. Yo iba cruzando, medio distraída…
Y de un momento a otro, ¡frenazo!
Un carro se me vino encima y paró justo al frente mío. Sentí que casi me manda pa’l otro mundo.
—¡Ave María, pues! ¿Usted es que está loco o qué, ome? ¡Casi me mata! —grité, echándome pa’ atrás.
El susto se me volvió rabia de una.
—¡Respete, pues, animal! ¿No ve por dónde maneja o qué? ¡Mucho bobo al volante, vea! —seguí, con el corazón latiendo a mil.
La puerta del carro se abrió despacio.
—Ey, ey… tranquila pues —dijo una voz—. ¿Está bien o qué?
—¿Que si estoy bien? ¡De milagro! —le respondí—. ¡Casi me manda pa’l hospital, pues!
El man se bajó, tranquilo, como si nada.
—Perdón, pues, fue culpa mía —dijo—. Me distraje un momentico.
—¿Cómo así que se distrajo? ¿Entonces qué, manejando así como si nada? —le solté.
Pero ahí fue cuando lo miré bien.
Y me quedé como… quieta.
Era alto, bien vestido, se notaba que no era cualquier persona. Pero no era solo eso… era la forma en que me miraba, como calmado, seguro.
Él también se quedó mirándome.
—¿De verdad está bien? —preguntó otra vez, con tono más suave—. No era la idea asustarla así.
Parpadeé.
—Sí… sí, todo bien —respondí, bajando un poco la guardia.
—Menos mal —dijo—. Porque si no, qué lío.
Se hizo un silencio raro.
—Bueno… pilas pa’ la próxima —le dije.
—Claro, tiene razón.
Me di la vuelta pa’ irme, pero algo me hizo quedarme.
—Oiga… —dijo él.
Volteé.
—¿Sí?
—¿Y usted pa’ dónde iba o qué?
Me encogí de hombros.
—A buscar trabajo… lo que salga.
Él asintió.
—Ah, vea pues… ¿y qué sabe hacer?
—Pues de todo un poquito —respondí—. Lo que sea decente, yo le hago.
Él sonrió leve.
—Me gusta esa actitud.
Se acercó un poco más.
—¿Cómo se llama?
—Katherine… Katherine Guevara —le dije.
—Mucho gusto —respondió—. Yo soy Benjamín Villanueva.
Sentí algo raro al escuchar su nombre.
—Mucho gusto…
Se hizo otro silencio.
—Mire, Katherine… —dijo él—. Yo le voy a ser sincero, ¿sí?
Lo miré con curiosidad.
—Diga pues.
—Yo no estoy buscando a alguien pa’ un trabajo común…
Fruncí el ceño.
—¿Entonces?
Respiró profundo.
—Estoy buscando a alguien pa’ una propuesta… diferente.
—¿Cómo así? —pregunté, confundida.
—Necesito casarme.
Me le quedé viendo.
—¿Qué?
—Así como lo oye —dijo—. Un matrimonio por un año. Es un contrato.
Solté una risa nerviosa.
—No, pues… ¿usted está loco o qué?
—No —respondió tranquilo—. Es algo serio.
—¿Y por qué yo o qué?
—Porque usted me llamó la atención —dijo—. Es directa, es fuerte… y no parece interesada en lo material.
No sabía qué decir.
—Mire… yo sé que suena raro —continuó—, pero esto le cambiaría la vida. Usted y su familia tendrían estabilidad, dinero, oportunidades.
Sentí el corazón apretarse.
—¿Un año… y ya?
—Sí. Solo un año.
Me quedé callada, pensando en mi mamá, en mi papá, en mi hermanita… en todo.
—Esto no puede ser en serio… —murmuré.
—Piénselo —dijo—. No le estoy mintiendo.
Lo miré fijo.
—Usted ni me conoce.
—A veces no hace falta tanto tiempo —respondió—. Solo el momento correcto.
No sabía qué hacer.
Pero algo dentro de mí… me decía que ese momento no era normal.
Que ese casi accidente… no había sido casualidad.
Y sin darme cuenta, mi vida estaba a punto de cambiar por completo… por una decisión que nunca imaginé tomar.