Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Müller 2
El mago Müller la observó con más detenimiento.
Había algo en la forma en que Gia habló.
No solo determinación…
También un vacío.
—¿Por qué no entrenó su magia antes, mi lady?
La pregunta fue suave.
Sin juicio.
Gia bajó un poco la mirada.
Como si buscara las palabras correctas.
—Mi padre… no tiene magia. Pero mi madre sí tenía..
Su voz se volvió más baja.
—Murió cuando yo era pequeña.
Pero suficiente para que el significado quedara claro.
—Y después de eso… nadie me enseñó.
El mago asintió lentamente.
Comprendiendo.
[…ella fue descuidada en la mansión Dacre…]
Pero no lo dijo en voz alta.
Solo suavizó su expresión.
—Entiendo.
Luego añadió, con tono profesional..
—Buscaré a alguien adecuado para instruirla.
—Un mago que pueda guiarla desde su nivel actual.
Gia levantó la mirada.
Y asintió.
—Se lo agradecería.
[…perfecto… un paso más…]
El duque, que había permanecido en silencio todo ese tiempo…
Habló.
Corto.
Directo.
—¿Ya está todo?
No era interés evidente.
Ni preocupación explícita.
Pero…
Preguntó.
El mago lo miró.
Y asintió.
—Sí, mi señor.
—Puede estar tranquila, mi lady ya no corre peligro inmediato.
El duque asintió apenas.
Como si eso fuera suficiente.
Gia se incorporó un poco más.
Ya con mejor postura.
—Gracias, mago Müller.
Su tono fue formal.
Educado.
Correcto.
Sin sonrisas.
Sin cercanía.
Sin esa calidez que mostraba con otros.
El mago inclinó la cabeza.
—Ha sido un placer.
Se giró.
Y salió de la habitación.
La puerta se cerró.
Silencio.
El duque no dijo nada al principio.
Pero algo en su expresión cambió.
Sutil.
[…no sonrió…]
Lo había notado.
Claramente.
Gia no intentó agradar al mago.
No buscó su atención.
No fue coqueta.
No fue cercana.
Fue… distante.
Reservada.
Y por alguna razón..
Eso le resultó… agradable.
[…como debería ser…]
No lo dijo.
Ni lo admitiría.
Pero lo pensó.
Y mientras el silencio se asentaba entre ambos…
El duque empezaba a darse cuenta de algo incómodo.
Le importaban detalles que antes…
No le habrían importado en absoluto.
El duque no se quedó.
—Descanse.
Lo dijo sin mirarla demasiado… y salió antes de que Gia pudiera responder.
La puerta se cerró con un sonido seco.
Arriba, la habitación volvió al silencio.
Abajo…
El aire era distinto.
Más frío.
Más controlado.
El duque avanzó por el pasillo con paso firme, recuperando esa presencia imponente que no dejaba espacio a dudas.
Pero no llegó muy lejos.
El mago Müller aún estaba allí.
Esperándolo.
—Mi señor.
El duque se detuvo.
Lo miró.
—¿Algo más?
El mago dudó un segundo.
Lo justo para dejar claro que lo que iba a decir… no era menor.
—No quisiera ser indiscreto… pero la duquesa presenta heridas antiguas.
El duque no reaccionó de inmediato.
Solo lo observó.
—Golpes.
Esa palabra fue suficiente.
Los puños del duque se tensaron.
Apenas.
Pero lo suficiente.
[…antes también sufrio…]
El mago continuó, con cuidado..
—No son recientes.. Pero son claras.
Silencio.
Pesado.
El duque no preguntó.
No necesitó hacerlo.
[…Dacre…]
Algo oscuro se movió en su mirada.
Pero el mago aún no había terminado.
—Además… la duquesa posee una marca de alma.
El duque alzó apenas la vista.
Eso sí lo sorprendió.
[…¿marca…?]
Había escuchado de ello.
No era común.
Pero existía.
Personas…
Especialmente mujeres…
Que conservaban recuerdos de una vida anterior.
Que despertaban con conciencia.
Con carácter.
Con una forma de ver el mundo distinta.
[…eso explicaría todo…]
Su mente comenzó a encajar piezas.
Su actitud desde el inicio.
Su seguridad.
Su falta de miedo.
Su forma de provocarlo.
De enfrentarlo.
De moverse en un entorno que, en teoría, debería intimidarla.
[…no es la misma…]
El mago inclinó levemente la cabeza.
—Creí que debía saberlo.
El duque asintió.
—Bien.
Seco.
Controlado.
El mago no dijo más.
Se retiró.
Y el duque quedó solo.
En medio del pasillo.
En silencio.
Pensando.
[…en tan poco tiempo…]
Miró hacia arriba.
Hacia donde estaba ella.
[…cambió todo…]
La mansión.
El ambiente.
Su rutina.
Incluso él.
Todo había sido alterado.
En cuestión de horas.
[…Gia…]
Su nombre cruzó su mente.
Y por primera vez…
No fue solo un pensamiento.
Fue… una presencia constante.
Algo que no podía ignorar.
Y que, aparentemente..
No iba a desaparecer.
Minutos después, el duque rompió el silencio.
—¿Dónde está Lord Dacre?
Uno de los guardias se inclinó de inmediato.
—En el calabozo, mi señor.
El duque asintió.
Sin dudar.
Sin añadir nada.
Y comenzó a caminar.
Los pasillos cambiaron.
De la elegancia al frío.
De la luz al encierro.
El aire se volvió más pesado conforme descendía.
Más denso.
Más… oscuro.
El sonido de sus pasos resonaba contra la piedra.
Firme.
Implacable.
Hasta que llegó.
Las rejas.
La humedad.
El olor a encierro.
Lord Dacre estaba dentro.
Sentado.
Descompuesto.
Pero aún aferrado a su orgullo.
Cuando vio al duque..
Intentó incorporarse.
—Duque Morozov..
No alcanzó a terminar.
El duque se detuvo frente a la celda.
Lo miró.
Frío.
Y sin decir una palabra..
Movió la mano.
La magia respondió.
Una descarga invisible recorrió el cuerpo de Lord Dacre.
Violenta.
Brutal.
El grito llenó el calabozo.
—¡AAAH—!
Cayó de rodillas.
Temblando.
Respirando con dificultad.
El duque no cambió de expresión.
[…eso no es suficiente…]
Esperó.
A que pudiera hablar.
A que pudiera… entender.
Lord Dacre levantó la mirada, aún jadeando.
—No… no puede hacer esto…
Su voz era débil.
Pero intentaba sostenerse.
—No puede encerrarme aquí…
El duque dio un paso adelante.
Lento.
Pesado.
—Usted agredió a la duquesa Morozov.
Su voz fue baja.
Pero cargada de autoridad.
De sentencia.
Lord Dacre abrió la boca.
Pero no encontró respuesta.
Porque el duque continuó..
—Probablemente…
Sus ojos se endurecieron aún más.
—…no va a salir vivo de mi casa.
Silencio.
Absoluto.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Pesadas.
Irrevocables.
Y por primera vez.. Lord Dacre entendió.
No estaba negociando.
No estaba frente a un hombre que pudiera manipular.
Había cruzado un límite.
Uno que…
No tenía regreso.
Pobre Duque, un total caos, por lo menos cuenta con la.maga, sería bueno que fueran 3 mini Gias, para doblegar al temido y frio futuro padre😋