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Bilogía Rivales

Bilogía Rivales

Status: En proceso
Genre:Atracción entre enemigos
Popularitas:238
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis_Ochoa

1 - El Juego Prohibido de los Rivales:

En el mundo de los Sterling y los Vane, el amor no es un sentimiento; es una debilidad que se paga con herencias, prestigio y sangre.

2 - El Juego Mortal de los Rivales:

Cuando las piezas de ajedrez están bañadas en sangre, ganar la partida significa perder el alma ante el enemigo.

NovelToon tiene autorización de Leydis_Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Epílogo

Tres años después.

El aire en este rincón de la costa de Portugal huele a sal, a pinos y a una paz que a veces todavía me parece irreal. Aquí, en esta pequeña casa de paredes blancas y tejas rojas, no soy Elena Sterling. Soy "Lena", una mujer que ayuda en la biblioteca local y que a veces pinta paisajes que nunca vende.

Me siento en el porche, viendo cómo el sol se oculta tras los acantilados. A lo lejos, puedo oír las risas de Sofía. Ha crecido mucho; ya no es la niña aterrorizada del almacén. Ahora es una adolescente brillante que habla portugués con fluidez y que sueña con ser arquitecta. Alistair la ha protegido con una ferocidad que solo él posee, asegurándose de que nunca tenga que mirar atrás.

Alistair.

A veces, cuando lo veo regresar del puerto en su pequeña barca de pesca, me cuesta creer que es el mismo hombre que una vez manejó imperios con un chasquido de dedos. Sus manos están curtidas por el trabajo duro, su piel bronceada por el sol y sus ojos... sus ojos finalmente han perdido ese brillo gélido de los Vane. Ahora son profundos y serenos, como el mar que nos rodea.

Él sube por el sendero, cargando una red de pesca. Se detiene al verme y me dedica esa sonrisa que solo reserva para mí. Una sonrisa que no es una máscara, sino un refugio.

—Ha sido un buen día —dice, sentándose a mi lado y dejando un beso rápido en mi mejilla—. El mercado estaba lleno. He traído algo de pescado fresco para la cena.

—Sofía quiere hacer esa receta que le enseñó la señora Maria —respondo, entrelazando mis dedos con los suyos. Sus manos son ásperas, reales—. Dice que hoy es una ocasión especial.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué?

—Porque hace tres años que dejamos de correr, Alistair.

Su expresión se vuelve seria por un momento. Sé que, al igual que yo, todavía tiene pesadillas. Sé que a veces se despierta en mitad de la noche, buscando su arma, hasta que siente mi cuerpo a su lado y recuerda que ya no estamos en guerra.

—Parece una vida entera, ¿verdad? —murmura, mirando hacia el horizonte—. A veces me pregunto si todo aquello fue real. El ático, las galas, los chips... el odio.

—Fue real —le digo suavemente—. Fue el fuego que tuvimos que atravesar para llegar aquí.

A veces leo las noticias internacionales en la vieja computadora de la biblioteca. Los Sterling y los Vane son ahora casos de estudio en las facultades de derecho y economía. Mi padre murió en prisión hace seis meses; no fui a su funeral. Mi madre sigue cumpliendo su condena, escribiendo cartas que nunca abro y que acaban en la chimenea. No es crueldad, es supervivencia. Abrir una de esas cartas sería dejar que el veneno volviera a entrar en mi sistema, y he luchado demasiado duro por mi antídoto.

—¿Te arrepientes de algo? —me pregunta Alistair de repente. Es una pregunta que nos hacemos de vez en cuando, un ritual para confirmar que nuestra elección fue la correcta.

Miro mi mano. No hay zafiros, ni diamantes. Solo una pequeña banda de oro sencilla que compramos en una feria local.

—Me arrepiento del dolor que nos causamos —respondo—. Pero no de la caída. Me gusta quién soy ahora, Alistair. Y me gusta quién eres tú.

Él me atrae hacia sí, apoyando su frente contra la mía.

—Éramos dos víboras en un nido de serpientes —dice—. Tuvimos que mudar la piel para poder amarnos de verdad.

La cena con Sofía es tranquila, llena de planes para el futuro y anécdotas de la escuela. Después de cenar, caminamos los tres por la playa, dejando que el agua fría nos lama los pies. No hay fotógrafos, no hay secretos bajo la piel, no hay mentiras artísticas.

Cuando Sofía se adelanta para recoger conchas, Alistair me detiene. Saca un pequeño sobre de su bolsillo.

—¿Qué es esto? —pregunto, curiosa.

—He logrado recuperar una pequeña parte del fondo que mi abuelo dejó para mí, antes de que mi padre lo contaminara todo. Está a nombre de Sofía. Es para su universidad. Para que nunca tenga que depender de nadie.

Siento que las lágrimas acuden a mis ojos. Ese es el último acto de redención de Alistair. Proteger el futuro sin usar las armas del pasado.

—Eres un buen hombre, Alistair Vane. O como sea que te llames ahora.

—Solo soy el hombre que te ama, Lena. Eso es suficiente.

Nos quedamos allí, abrazados bajo la luz de la luna, mientras el sonido de las olas borraba nuestras huellas en la arena. El pasado es un eco lejano, una historia de fantasmas que ya no puede hacernos daño.

Hemos perdido un mundo de cristal, pero hemos ganado un universo de verdad. Y mientras caminamos de regreso a nuestra pequeña casa blanca, bajo el cielo estrellado de Portugal, sé que finalmente hemos encontrado lo que nunca pudimos comprar con todo el dinero de los Sterling: un hogar.

El juego terminó hace mucho tiempo. Y por fin, hemos ganado.

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