⚠️➕21 no denunciar ⚠️, ZAIRO y RUBÍ, una pareja de sicarios independientes, que cobran millones por cada trabajo bien realizado...
NovelToon tiene autorización de kircha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
15: Balas en la oscuridad
La suite del Sofitel estaba en penumbras. Solo la luz tenue de una lámpara de noche iluminaba la katana envuelta sobre la mesa y los cuerpos entrelazados de Zairo y Rubí bajo las sábanas. Habían dormido apenas una hora después de la infiltración en La Calera. El cansancio los había vencido como un golpe seco, pero el sueño era ligero, el de quienes saben que el peligro nunca descansa del todo.
Un ruido lejano rompió el silencio: motores acelerando en la calle, puertas de autos cerrándose con fuerza. Zairo abrió los ojos de golpe. Rubí ya se estaba incorporando, el instinto más rápido que el pensamiento.
—¿Qué fue eso? —susurró ella.
Zairo rodó fuera de la cama y se acercó a la ventana en cuclillas. Apartó apenas la cortina. Abajo, en la entrada principal del hotel, tres vans negras bloqueaban la salida. Hombres armados con rifles y chalecos descendían rápido, rodeando el edificio. No eran policías. Eran profesionales.
—Mierda. Nos encontraron —gruñó Zairo, ya moviéndose.
Se vistió en segundos: pantalón negro, botas, camisa oscura. Rubí apenas tuvo tiempo de ponerse una de sus camisas grandes que le llegaba a mitad del muslo y unas bragas. Corrió al armario, sacó las armas y aseguró la katana en una funda especial a su espalda. El corazón les latía en los oídos.
Pasos pesados retumbaron en el pasillo del piso dieciocho. Voces en español con acento colombiano gritaban órdenes cortas. Zairo tomó su pistola con silenciador y revisó la ventana del balcón. Rubí cargó dos cargadores y metió una granada de humo en el bolsillo de la camisa.
—No hay salida por abajo —dijo Zairo, voz baja y tensa—. Van a entrar en cualquier segundo.
La puerta de la suite vibró con un golpe seco. Luego otro. La adrenalina inundó el cuerpo de ambos como electricidad pura. Zairo empujó el sofá contra la puerta para ganar tiempo. Rubí revisó la mochila con lo esencial: dinero, pasaportes falsos, la tablet.
La puerta estalló en astillas. Cuatro hombres irrumpieron con rifles en alto.
—¡Están jodidos! —gritó uno.
Zairo respondió primero. Dos disparos silenciados. Dos cuerpos cayeron. Rubí se lanzó detrás del sofá y abrió fuego. Las balas rebotaron en las paredes, lámparas explotaron, el yeso voló en pedazos. Uno de los atacantes logró entrar y se lanzó sobre Zairo en combate cuerpo a cuerpo. Los puños volaron. Zairo le clavó el codo en la garganta y lo lanzó contra la mesita de centro, que se rompió en mil pedazos.
Rubí esquivó una ráfaga y disparó tres veces. Otro hombre cayó. El último intentó agarrarla por detrás. Ella giró, le rompió la nariz con la culata de la pistola y le metió una bala en la rodilla. El tipo gritó y se derrumbó.
—¡La ventana! —gritó Zairo.
Tomaron solo la mochila y la katana. Zairo disparó dos veces más hacia el pasillo para cubrir la retirada. Rubí abrió la puerta del balcón de un golpe. Abajo, quince metros de caída. Un auto estacionado en la acera lateral brillaba bajo las luces de la calle.
—Salta —ordenó Zairo.
Se lanzaron al vacío al mismo tiempo. El aire frío de Bogotá les azotó la cara. Cayeron sobre el techo del auto con un estruendo metálico que dobló la carrocería. El impacto les sacudió los huesos, pero ninguno se rompió. Rodaron al suelo y corrieron hacia una moto que un repartidor había dejado con el motor encendido dos metros más allá.
Zairo se subió primero. Rubí saltó detrás, rodeándole la cintura con un brazo mientras con el otro sostenía la pistola. La moto rugió y salieron disparados por la avenida, zigzagueando entre autos sorprendidos.
Detrás de ellos, las vans negras aceleraron. motores rugiendo llenaron la noche. Balas empezaron a volar. Una reventó el espejo retrovisor. Zairo inclinó la moto en una curva cerrada, casi rozando el asfalto. Rubí se giró y disparó hacia atrás: tres tiros que hicieron estallar el parabrisas de la van más cercana. El vehículo derrapó y chocó contra un poste.
Pero había más. Otra van se les pegó al costado. Un hombre asomó por la ventana y apuntó directo a Rubí. Ella sintió el impacto antes de oír el disparo. Una bala le atravesó la espalda, justo al lado de la cintura. El dolor fue como fuego líquido. Soltó un grito ahogado y se aferró con más fuerza a Zairo. La sangre caliente empezó a empapar la camisa.
—¡Rubí! —gritó él, sintiendo la humedad en su espalda.
—No es nada… sigue —jadeó ella, la voz entrecortada.
La persecución se volvió infernal. Zairo manejaba como un demonio: adelantaba autos, tomaba contrasentidos, saltaba bordillos. Las balas silbaban cerca de sus cabezas. Rubí disparaba cuando podía, pero cada movimiento le arrancaba un gemido. La sangre le corría por la pierna y goteaba al asfalto.
Lograron perder a los perseguidores en un laberinto de calles estrechas del centro. Zairo tomó una salida hacia las afueras, rumbo a una zona industrial abandonda. La moto rugía en la oscuridad, el motor caliente, el viento frío cortando como cuchillos.
Llegaron a una casa abandonada en las colinas: paredes agrietadas, techo medio derrumbado, sin luz ni vecinos cercanos. Zairo frenó de golpe. Bajó a Rubí con cuidado. Ella apenas podía caminar. La sangre ya formaba un charco bajo sus pies.
—Quédate conmigo, amor —dijo él, la voz temblando por primera vez en años.
La cargó dentro y la recostó sobre una lona vieja que encontró en un rincón. La herida era fea: entrada limpia, salida peor. Sangraba mucho. Zairo rasgó la camisa y presionó con fuerza, improvisando un vendaje con tiras de tela. Sus manos temblaban. Nunca había sentido tanto miedo.
—Voy a volver a la ciudad. Necesito medicamentos, antibióticos, algo para la transfusión. No te duermas, ¿me oyes? Quédate despierta.
Rubí asintió débilmente, el rostro pálido, los labios sin color. Zairo la besó en la frente, tomó la moto y desapareció en la noche.
Regresó cuarenta minutos después, sudoroso y con una mochila robada: antibióticos, analgésicos, suero, agujas, tubos y dos bolsas de sangre tipo O negativo que había sacado de una clínica privada usando una identificación falsa. También ropa limpia.
Trabajó rápido pero torpe por los nervios. Limpió la herida lo mejor que pudo, aplicó presión, cosió con hilo de pescar esterilizado con alcohol. Luego conectó la transfusión: una aguja en el brazo de Rubí, otra en la bolsa de sangre. La sangre empezó a pasar a ella. Se recostó a su lado, sosteniendo la bolsa en alto con una mano mientras con la otra le acariciaba el cabello.
—Vamos, Rubí… no me dejes aquí solo —susurró, la voz rota.
Ella no reaccionaba. Su cuerpo perdía calor corporal poco a poco. La piel estaba fría, la respiración débil. Zairo la acurrucó contra su pecho, envolviéndola con la lona y su propio cuerpo para darle calor. El silencio de la casa abandonada era ensordecedor. Afuera, la lluvia empezó a caer suave sobre el techo roto.
Zairo no soltó su mano ni un segundo. La katana descansaba a un lado, inútil en ese momento. Lo único que importaba era el latido débil de Rubí contra su pecho y la promesa silenciosa de que, pasara lo que pasara, él la sacaría de esta.
La madrugada se hizo eterna. La transfusión terminó. La herida dejó de sangrar. Pero Rubí seguía sin abrir los ojos, el cuerpo helado, la vida colgando de un hilo.
Zairo cerró los ojos y rezó por primera vez en su vida.
me gusta la forma que describe cada personaje, la forma qué hace, qué el lector se imaginé esas escenas dónde él personaje vive ese momento de placer,angustia, desesperación y miedo todo eso me gusta sentir en las historias y si una historia no me atrapa con el título o la sinopsis, no la leo no es que sea exigente, pero creó que como lector quiero disfrutar de esa adrenalina o sentimiento que como escritores quieren transmitir le felicito por otra, historia y espero que puedan llegar a mas lectoras 👏👏💐💐
pero me quedo una duda 🤔🤔 que pasó con la traidora de Mariana, no me diga que piensa hacer una 2da historia 🤣🤣🤣 no creó pero si quiero saber si Mariana se fue a dormir con los peces 🤣🤣