Ella pasa una noche con un Ceo Y ese luego la secuestra al creer que ella esconde a su hijo
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Capitulo 19
La ansiedad de Mateo no disminuyó.
Empeoró.
Cada minuto que pasaba…
la incertidumbre lo consumía más.
Así que hizo lo único que sabía hacer cuando algo se le salía de control.
Tomar el control.
El club estaba lleno.
Luces tenues.
Música baja.
Conversaciones peligrosas.
Mateo estaba sentado en un reservado, serio, impenetrable.
Frente a él, dos hombres.
Sus socios.
—Necesito que investiguen a esta persona —dijo, dejando una foto sobre la mesa—. Su vida… todo.
Uno de ellos sonrió levemente.
—Sabes que todo tiene un costo, socio.
Mateo ni se inmutó.
Sacó un fajo de dinero.
Y un pequeño paquete.
Lo dejó sobre la mesa.
—Aquí tienes.
El hombre lo miró.
Sonrió más amplio.
—Así es bueno entenderse.
Mateo apoyó el codo sobre el respaldo.
—Por eso somos socios.
Pero su mirada…
no estaba en ellos.
Estaba lejos.
En alguien más.
---
Mientras tanto—
Valentina caminaba por la mansión.
Inquieta.
Entró al despacho.
Vacío.
—¿Dónde está Mateo? —preguntó a un empleado.
—El señor salió. Tenía asuntos personales que atender.
Eso la hizo fruncir el ceño.
—¿Asuntos personales…?
—Sí, señorita.
—Ah… gracias.
Se dio la vuelta.
Intentando que no se notara.
Pero algo en su pecho…
no se sintió bien.
Más tarde—
Estaba en el comedor.
Sentada frente a un plato que apenas tocaba.
Miraba el reloj.
Una vez.
Y otra.
Y otra más.
—Ya es tarde… —murmuró.
Nada.
Mateo no volvía.
Suspiró.
Apoyó el mentón en la mano.
—¿Tendrá una cita…?
Silencio.
—Bueno… ojalá que sí.
Pausa.
—De todas formas… no somos nada.
Pero esa frase…
no la convenció ni a ella misma.
Bajó la mirada.
Molesta.
Confundida.
—Entonces… ¿por qué me importa?
No tuvo respuesta.
En el club—
La noche avanzaba.
Mateo seguía en el reservado.
Callado.
Tenso.
Hasta que—
Una mujer se acercó.
Segura.
Sonriente.
Se sentó directamente en sus piernas.
—Hola, guapo…
Error.
Grave error.
Mateo reaccionó de inmediato.
—¡QUÍTATE! —gruñó, empujándola con fuerza.
La mujer cayó al suelo.
El ambiente se tensó.
—¡Qué maleducado! —gritó ella, furiosa.
Mateo se levantó lentamente.
Su mirada fría.
Peligrosa.
—No deberías comportarte así con un hombre comprometido.
Silencio.
—Si te vuelves a acercar a mí…
Se inclinó apenas hacia ella.
—te voy a arrojar por las escaleras.
La mujer se quedó en silencio.
Impactada.
Y se alejó.
Rápido.
Los socios soltaron una risa baja.
—Vaya… parece que estás más atado de lo que pensábamos.
Mateo no sonrió.
No respondió.
Solo tomó su vaso.
Pero no bebió.
Su mente…
no estaba ahí.
---
Estaba en la mansión.
Con ella.
—Valentina… —murmuró.
Su expresión cambió apenas.
Más suave.
Más… vulnerable.
Pero solo por un segundo.
Luego volvió a endurecerse.
—No importa cuánto lo niegues…
Miró hacia la nada.
—Voy a encontrar la verdad.
En la mansión—
Valentina seguía despierta.
Mirando la puerta.
Esperando.
Sin admitirlo.
Hasta que—
Escuchó pasos.
Su corazón dio un salto.
Se levantó de inmediato.
Y salió al pasillo.
Justo cuando Mateo entraba.
Se quedaron mirando.
En silencio.
Un segundo.
Dos.
Tres.
—Llegaste tarde —dijo ella, cruzándose de brazos.
Intentando sonar molesta.
No preocupada.
Mateo la observó.
Detenidamente.
—¿Me estabas esperando?
Directo.
Sin rodeos.
Valentina apartó la mirada.
—No.
Mentira.
—Solo… no podía dormir.
Mateo dio un paso hacia ella.
—Claro.
Silencio.
Pero esta vez…
la distancia entre ellos se sentía diferente.
Más corta.
Más peligrosa.
—¿Y tú? —preguntó ella—. ¿Dónde estabas?
Mateo sostuvo su mirada.
—Asuntos personales.
Eso no le gustó.
Nada.
—¿Como cuáles?
Mateo no respondió de inmediato.
Se acercó un poco más.
—Los que tienen que ver contigo.
Eso…
la dejó sin palabras.
Y al mismo tiempo…
la puso en alerta.
Porque algo le decía…
que Mateo estaba cada vez más cerca de descubrir algo que no debía.
—¿Y lo dices así como si nada? —preguntó Valentina, mirándolo fijo.
Mateo no apartó la mirada.
Ni un segundo.
—Si tú giras alrededor de mí… —murmuró, acercándose lentamente— entonces eres el eje de mi vida desde que éramos niños.
Sus palabras…
la golpearon más de lo que quería admitir.
Pero justo cuando él estaba cerca—
Valentina se detuvo.
Frunció el ceño.
Algo no encajaba.
Se inclinó apenas.
Y lo notó.
Perfume.
Femenino.
Y…
brillos.
En su ropa.
Su expresión cambió al instante.
Fría.
Cortante.
—Veo que la pasaste bien… —dijo con una sonrisa tensa— me alegra.
Se dio la vuelta sin esperar respuesta.
—Valentina—
Pero ya era tarde.
Caminó directo a su habitación.
Y—
¡BAM!
Azotó la puerta con fuerza.
El sonido resonó por todo el pasillo.
Silencio.
Mateo se quedó inmóvil.
Confundido.
Molesto.
Y entonces—
uno de sus socios, que había llegado con él, se acercó con una leve sonrisa.
—Te estuvo esperando todo el día… —comentó— y creo que… se puso celosa.
Mateo lo miró.
Serio.
—No digas tonterías.
—¿Ah, no? —respondió el otro, divertido—. Porque esa reacción no fue de alguien indiferente.
Silencio.
Mateo desvió la mirada hacia la puerta cerrada.
Pensando.
—No somos nada —dijo finalmente.
Pero su voz…
no sonaba tan segura.
El socio soltó una risa baja.
—Entonces explícame por qué te importa tanto.
Mateo no respondió.
Porque no podía.
Porque la respuesta…
era demasiado clara.
---
En la habitación—
Valentina caminaba de un lado a otro.
Furiosa.
—¡Qué descarado! —murmuró—. ¡Encima de todo…!
Se detuvo frente al espejo.
—¿Y a ti qué te importa?
Silencio.
—¡Nada!
Pero su reflejo…
no estaba convencido.
Apretó los puños.
—Puede hacer lo que quiera… no es mío.
Pausa.
—Yo no soy nada suyo.
Pero su voz…
se quebró apenas.
Y eso la frustró más.
—¡Cielos!
Se dejó caer en la cama.
Molesta.
Confundida.
—¿Por qué me afecta tanto…?
Cerró los ojos.
Pero en su mente…
solo estaba él.
Su voz.
Su cercanía.
Y esas palabras…
"desde que éramos niños…"
—¿Qué quiso decir con eso…? —susurró.
Su corazón latía más rápido.
Porque aunque no lo recordara…
algo dentro de ella…
sí lo hacía.