Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.
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Capítulo 13: La Sangre del Omega
Jacob gruñó con fuerza.El enorme lobo marrón no esperó ni un segundo más. Saltó directo hacia ella con una velocidad salvaje. Sus colmillos buscaron el cuello de Selene mientras sus garras chocaban contra la armadura negra de la vampira.
Por un momento, Edward creyó que Jacob lograría derribarla.
Pero Selene era demasiado rápida.
Mucho más rápida.
Con un solo movimiento, atrapó al lobo por la nuca y lo lanzó contra la pared de la madriguera.
El golpe fue tan fuerte que toda la cueva tembló.
Jacob soltó un aullido de dolor.
Las runas plateadas de las paredes comenzaron a brillar intensamente, quemando su piel apenas la tocó. Un olor a carne quemada llenó el aire.
Edward sintió rabia de inmediato.
Una rabia fría y desesperada.
—¡Suéltalo! —gritó.
Se lanzó contra Selene sin pensar.
La pelea explotó en segundos.
Edward logró alcanzarla primero. Sus garras arañaron el rostro de Selene y arrancaron parte de su mejilla blanca. La piel se abrió dejando ver sangre oscura.
Pero Selene ni siquiera pareció afectada.
Lo golpeó directamente en el pecho.
Edward escuchó el sonido horrible de sus propias costillas rompiéndose antes de salir disparado hacia atrás.Cayó al suelo con fuerza.La sangre negra escapó de su boca mientras intentaba levantarse otra vez.
Selene lo miró desde arriba con desprecio.
—Patético —dijo limpiándose la sangre del rostro—. Los Cullen ya no asustan a nadie.
Edward intentó levantarse.Pero el dolor atravesaba todo su cuerpo de piedra.Y entonces una voz llenó la madriguera.
—Déjalos en paz.
Selene giró lentamente la cabeza.
Alice estaba en la entrada.
Su cabello corto se movía ligeramente por el viento frío que entraba desde el bosque. Tenía los pies separados y los ojos rojos brillando con una intensidad extraña, casi sobrenatural.
Edward sintió alivio apenas la vio.
Aunque también miedo.
Porque conocía esa mirada.
Alice estaba furiosa.
Selene sonrió apenas.—Alice… la pequeña profetisa.
Alice no se movió.—Aro puede irse al infierno.
Selene soltó una risa suave.—Ya está allí. Y créeme… le queda bien el trono.
Alice atacó antes de que terminara de hablar.
Pero su forma de pelear era distinta a la de Edward.
No era fuerza.
Era precisión.
Cada golpe iba exactamente donde debía ir.
Sus manos se movían tan rápido que parecían sombras. Golpeó la nuca de Selene, después las sienes y luego la base de la columna. Movimientos rápidos. Limpios. Letales.
Selene retrocedió un paso, sorprendida.
—Has mejorado.
Alice respiró hondo sin apartar la mirada de ella.
—He tenido cien años para aprender.
Selene sonrió otra vez.
—No son suficientes.
Selene reaccionó al instante.Sus garras negras atravesaron el aire y se clavaron en el hombro de Alice con una fuerza brutal. La sangre oscura salió de la herida rápidamente, deslizándose por su brazo y manchando el suelo de piedra.
Alice soltó un pequeño gemido de dolor, pero no retrocedió.Ni siquiera por un segundo.Edward la vio apretar los dientes mientras sujetaba el brazo de Selene con ambas manos.Y entonces lo torció.
El sonido del hueso rompiéndose resonó fuerte dentro de la madriguera.Seco. Horrible.
Selene gritó, pero no fue un grito de dolor.Fue de furia.Sus ojos rojos brillaron llenos de odio mientras miraba a Alice.
—¡Vas a pagar por esto, profetisa!
Alice respiraba con dificultad, pero aun así sonrió un poco.—Entonces ven y cóbramelo.
Durante unos segundos, nadie se movió.
El fuego seguía crepitando detrás de ellos. Edward podía escuchar la respiración agitada de Jacob y el goteo lento de la sangre de Alice cayendo sobre la piedra.
Selene dio un paso hacia atrás.
Luego otro.
Su brazo roto colgaba a un lado de su cuerpo, completamente inútil, pero aun así seguía viéndose peligrosa.Demasiado peligrosa.
—Esto no termina aquí —dijo con una voz fría—. Volveré por la omega. Y cuando lo haga… ninguno de ustedes podrá detenerme.
Alice sostuvo su mirada sin pestañear.—Ya veremos.
Selene sonrió una última vez.Después desapareció entre la oscuridad del bosque.
Y poco a poco, aquella sensación pesada que llenaba la madriguera empezó a desaparecer también.
El silencio cayó de golpe.
Alice soltó el aire que estaba conteniendo y terminó cayendo de rodillas al suelo.
Jacob volvió rápidamente a su forma humana y se arrastró hasta ella. Tenía quemaduras en la espalda y en los brazos por la plata de las paredes, pero aun así solo parecía preocupado por Alice.
—¿Estás bien? —preguntó con la voz cansada.
Alice soltó una pequeña risa sin humor mientras se tocaba el hombro herido.—He estado mucho mejor… pero también he estado peor.
Edward finalmente logró levantarse. El pecho todavía le dolía por las costillas rotas, aunque ya comenzaban a sanar lentamente.
Miró hacia la entrada vacía de la madriguera.—Selene no se va a rendir.
Alice levantó la mirada hacia él
.—Lo sé.
—Va a volver.
—Sí. Por eso tenemos que prepararnos antes de que regrese.
Jacob frunció el ceño mientras intentaba ponerse de pie.—¿Y cómo se supone que hagamos eso?
Alice guardó silencio unos segundos. Sus ojos poco a poco dejaron el rojo intenso y volvieron a su tono dorado habitual.Entonces miró directamente a Jacob.—Necesitamos tu sangre.
Jacob parpadeó.—¿Mi qué?
—Tu sangre. Sangre de lobo omega.
Jacob soltó una risa corta, confundida.—Eso sonó muy raro.
A pesar del dolor, Alice sonrió un poco.—La necesitamos para proteger a Bella. Si mezclamos tu sangre con plata y acebo, podemos crear un sello que oculte su presencia. Así Selene no podrá rastrearla fácilmente.
Jacob se quedó callado unos segundos.
Después miró a Edward.
Edward asintió despacio.
—Hazlo. Por Bella.
Jacob suspiró cansadamente.—Supongo que ya estoy demasiado metido en esto para echarme atrás.
Se inclinó para recoger una navaja que había quedado tirada cerca de su chaqueta rota. Sin dudar demasiado, hizo un corte pequeño en la palma de su mano.
La sangre empezó a caer lentamente.
Roja. Espesa. Con un brillo dorado extraño bajo la luz del fuego.
Alice se acercó un poco más y observó la herida.
—Tiene un aroma cálido… como canela y lluvia.
Jacob soltó una pequeña risa cansada.—Yo diría que más bien tiene pinta de miedo.
Alice negó suavemente con la cabeza.—No. De valentía.
Jacob apartó la mirada, claramente incómodo con el comentario.
Alice arrancó un pedazo de su camiseta y lo empapó con la sangre. Después sacó un pequeño polvo plateado de uno de sus bolsillos y lo dejó caer sobre la tela.
Edward observó todo en silencio.
Jacob levantó una ceja.
—Los vampiros siempre cargan cosas raras en los bolsillos, ¿o solo tú?
—Solo yo —respondió Alice.
—Eso no me tranquiliza.
Por primera vez desde que empezó la pelea, Edward soltó una pequeña risa.
Alice levantó la venda ya preparada.
—Listo. Con esto Bella estará protegida por unas horas.
Jacob abrió los ojos.—¿Unas horas nada más?
—Sí. Habrá que cambiarla todos los días.
Jacob dejó caer la cabeza hacia atrás dramáticamente.—Perfecto. Voy a terminar seco.
Alice rodó los ojos.—No vas a morir por un poco de sangre.
—Eso dices tú porque no es tu mano la que está abierta.
Edward se acercó y puso una mano sobre el hombro de Jacob.
El lobo levantó la mirada hacia él.
—Te ayudaré a recuperarte.
Jacob arqueó una ceja.—¿Cómo? ¿Me vas a dar vitaminas vampíricas?
Edward dudó unos segundos.—Bueno… los vampiros podemos compartir energía de cierta manera. Es difícil de explicar.
Jacob lo miró unos segundos en silencio.
Y luego sonrió apenas.
Una sonrisa pequeña. Cansada. Pero real.
—Eres un vampiro muy raro, Edward Cullen.
Edward lo miró de vuelta.
Y por primera vez esa noche, algo en su pecho dejó de sentirse tan vacío.
—Sí —murmuró—. Ya me lo han dicho antes.
La hoguera siguió ardiendo lentamente mientras afuera la lluvia comenzaba a caer sobre el bosque de Forks.Y aunque Selene había desaparecido…
Todos sabían que aquello apenas acababa de empezar.
Continuará 🔥