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El Enredo Del Destino

El Enredo Del Destino

Status: En proceso
Genre:Romance / Dejar escapar al amor
Popularitas:599
Nilai: 5
nombre de autor: EllyaG

Isabela de la Torre creció sabiendo exactamente qué papel debía cumplir. Su vida estaba trazada con precisión… hasta que conoció a Dante Belmonte. Un amor de juventud que comenzó como una conexión inesperada pronto se convirtió en algo profundo… y muy peligroso. Entre encuentros furtivos, decisiones imposibles y el peso constante de la sociedad, Isabela se enfrenta a una verdad que nadie le enseñó a manejar: a veces, amar no es suficiente. Cuando el deber y el corazón chocan, alguien siempre termina perdiendo. Años después, el destino vuelve a ponerla frente a una elección. Por un lado, Dante Belmonte, con quien sus caminos se han cruzado una y otra vez, marcados por el tiempo, el orgullo, los errores y las consecuencias de lo que nunca pudo ser. Lo que una vez fue inocente se transforma en algo más oscuro… más complejo… más real. Y tal vez… ahora sea el momento correcto. Por otro, Luca Medinaceli, un archiduque misterioso que, sin buscarlo, atrae la atención de toda la sociedad.

NovelToon tiene autorización de EllyaG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Reunión de té

—Sofía recibió una invitación de su alteza, Elena de Valcaria.

Isabela detuvo el movimiento de su mano, sorprendida.

—¿Sabes para qué la mandó llamar? —preguntó Isabela.

Rodrigo negó con la cabeza.

—No. Solo sé que la invitó hoy a las seis de la tarde… a tomar el té.

—Debe estar muy nerviosa —comentó ella, pensativa.

Rodrigo dudó un segundo antes de hablar.

—Isabela, ¿crees que podrías ayudarla a prepararse? Te lo pido como un favor personal. Como dices, está nerviosa, y aunque sus damas han estado con ella desde niña… no confío del todo en ellas para algo así. Ni en el vestido, ni en el tocado. Después de todo, irá a ver a una archiduquesa.

Isabela asintió sin dudar.

—Claro. Iré ahora mismo.

Se levantó con decisión. Miró el libro que había dejado a un lado.

—¿Podrías devolverlo por mí?

Rodrigo asintió.

—Por supuesto.

Isabela tomó el pequeño plato con fruta, le dedicó una leve sonrisa y se despidió antes de apresurar el paso hacia el dormitorio de Sofía.

Al entrar, encontró a Sofía tal como imaginaba: nerviosa, en camisón, de pie frente a la cama, observando los vestidos que había extendido.

—Toqué la puerta, pero nadie abrió —dijo Isabela mientras terminaba de entrar.

Sofía la miró un momento y luego volvió la vista a los vestidos.

—Estoy nerviosa, Isabela.

—Ya veo —respondió, acercándose con calma.

—¿Mi primo te contó?

—Sí.

Sofía dejó escapar una pequeña sonrisa, aunque seguía tensa.

—Estoy muy honrada de que me haya mandado llamar. Pensé que tardaría más tiempo.

—¿A qué te refieres?

—Elena de Valcaria es la madre de Luca… el hombre con el que quiero casarme. Si logro impresionarla, me comprometeré con él —dijo, sin ocultar la emoción.

Isabela frunció ligeramente el ceño.

—¿Y Luca no va a opinar sobre su propio compromiso?

Sofía la miró, esta vez con cierta molestia.

—Luca hará lo que su madre le ordene. Como todos… como tú con tu compromiso.

Isabela se quedó en silencio un instante. No respondió.

Se acercó a la cama y tomó uno de los vestidos.

—El rosa es bonito —comentó—. Te favorece y es elegante.

Sofía lo observó unos segundos, pero no respondió de inmediato.

—¿Qué necesitas, Isabela? —preguntó finalmente.

—Tu primo me pidió que te ayudara —respondió con una leve sonrisa.

Sofía soltó una pequeña exhalación.

—No necesito ayuda.

Guardó silencio un segundo antes de continuar.

—Tal vez tengas el mismo rango que yo, pero no estás preparada para este tipo de encuentros. Siempre evitaste los eventos sociales. Si uso el rosa, la madre de Luca pensará que soy pretenciosa. Si uso el amarillo, que quiero llamar la atención. El blanco es mejor… muestra sobriedad, pureza… es más adecuado.

Isabela dejó el vestido en su lugar.

—Tienes razón, Sofía. No necesitas ayuda.

Se giró con tranquilidad.

—Te deseo suerte. Ya me contarás en la cena cómo te fue con Elena de Valcaria.

Sofía la observó alejarse.

Sabía que había sido dura.

Pero también sabía que aquello no era un juego.

Era una evaluación.

Y no era la única candidata.

Isabela, aunque comprometida, no estaba casada. Si Elena la consideraba una mejor opción… todo podría cambiar.

No podía darse el lujo de bajar la guardia.

Ni siquiera con ella.

Como la invitación venía directamente de la archiduquesa, el director extendió un permiso para que Sofía saliera del instituto. El trayecto no tomó más de veinte minutos.

Al llegar, la servidumbre la recibió con formalidad y cortesía. La condujeron a un salón amplio, elegante, con muebles finos y un aroma suave que impregnaba el ambiente.

Sofía permaneció de pie unos instantes, observando el lugar, intentando calmarse.

La puerta se abrió.

Cuatro mujeres entraron al salón. Entre ellas, la archiduquesa y sus damas.

Elena de Valcaria era una mujer imponente: alta, de cabello oscuro, con una presencia que no pasaba desapercibida. No necesitaba levantar la voz para imponer autoridad.

Sofía se levantó de inmediato.

—Su Alteza Real —saludó, inclinando ligeramente la cabeza.

—Alteza —intervino una de las damas—. Ella es lady Sofía De León.

—Agradezco que haya venido, lady Sofía, y con tan poca antelación —dijo Elena—. Tome asiento, por favor.

—Gracias —respondió, procurando mantener la calma.

—Me gustaría conversar con usted, conocerla un poco más.

Sofía sonrió, aunque sus manos delataban cierta tensión.

—No soy alguien particularmente interesante.

Una de las damas le ofreció una taza de té, que aceptó con cuidado.

—Dígame —continuó Elena—, ¿cómo es su vida en el instituto San Valerio?

—Mis días son tranquilos. Asisto a mis clases y por la tarde tomo lecciones de piano y acuarela.

—Interesante —Elena dio un pequeño sorbo de té—. ¿Conoce a mi hijo?

Sofía negó con la cabeza.

—No personalmente. Lo he visto algunas veces en el instituto, pero no coincidimos mucho. Soy menor que él.

—Luca es reservado —comentó Elena—. No disfruta de los eventos sociales.

—Su Alteza es un joven muy interesante —respondió Sofía, con una leve sonrisa—. Muchas jóvenes están interesadas en él… casi todas.

Elena la observó con atención.

—¿Y usted?

Sofía sostuvo la taza con ambas manos.

—No estoy comprometida. Conocer a su hijo de manera más formal sería un honor… si usted lo considera adecuado.

Elena sonrió apenas.

—Me temo que esa decisión depende enteramente de mi hijo.

Sofía guardó silencio, sin saber cómo responder.

—Dígame —continuó Elena—, ¿con qué frecuencia ve a su familia? El instituto está lejos del condado De León.

—Solo en vacaciones —respondió—. Pero no me siento sola. Paso la mayor parte del tiempo con mi primo y su prometida.

Elena intercambió una breve mirada con sus damas. Una de ellas intervino:

—El primo de lady Sofía es Rodrigo De León, y su prometida es lady Isabela De La Torre.

Elena alzó ligeramente las cejas.

—¿De La Torre? ¿Pariente de la duquesa Elisa?

Sofía dudó un segundo.

—Es su nieta.

—Qué interesante —comentó Elena, tomando una galleta con calma—. No sabía que ya se había comprometido.

—¿Conoce a la familia De La Torre? —preguntó Sofía.

—Por supuesto. Colaboré en algunas obras de caridad con su abuela. Es una mujer muy amable.

Sus damas asintieron, sumándose a los elogios.

—Me gustaría conocerla —añadió Elena—. ¿Por qué no la trajo con usted?

Sofía se tensó ligeramente.

—No me atrevería. La invitación fue para mí. No haría nada que pudiera incomodarla.

Elena la observó con detenimiento.

—Lady Sofía… creo que entiende por qué está aquí.

Sofía no respondió.

—Mi hijo ya está en edad de comprometerse —continuó Elena con tranquilidad—, pero evita el tema. Por eso, la decisión debe surgir de él. Mi papel es evaluar a las posibles candidatas y presentarle una impresión de cada una.

Hizo una breve pausa.

—Que usted esté aquí no significa nada definitivo. Invitaré a varias jóvenes. Si alguna logra convencerme… y a mi hijo, entonces quizá haya un compromiso.

Sofía asintió, aunque la tensión en su postura era evidente.

—¿Me considera una candidata? —preguntó finalmente.

—Sí —respondió Elena—. Es usted bella, tiene un título adecuado… pero no obligaré a mi hijo a nada. Hablaré de usted. Si tiene suerte, tal vez pueda conocerlo pronto.

—Entiendo que llamará a otras jóvenes nobles —añadió Sofía.

Elena asintió.

—Como dije, es una de varias candidatas con buen nombre.

La conversación continuó por un tiempo más.

Sin embargo, los comentarios de las damas y las respuestas medidas de la archiduquesa comenzaron a pesar en Sofía. Poco a poco, su seguridad inicial se fue desvaneciendo.

Al final de la reunión, fue despedida con la misma cortesía con la que había sido recibida.

Regresó al instituto sin certezas.

No le gustaba la sensación que llevaba consigo.

Y, por primera vez, dudó si había sido suficiente.

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