reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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Episodio 6: Ya no voy a buscarte
Había pasado un mes… y algo más.
Un mes completo en el que Lucía no dirigió ni una sola palabra a ese hombre que, en teoría, era su esposo, y curiosamente… no lo necesitó en absoluto, su vida no se detuvo, no se volvió más difícil, no se sintió vacía, al contrario, cada día que pasaba se sentía más ligera, más clara, más dueña de sí misma, como si al dejar de mirarlo, también hubiera dejado atrás algo que ni siquiera sabía que la estaba atando.
Su embarazo avanzaba bien, ya llevaba tres meses y, aunque su cuerpo a veces le recordaba que no era tan fuerte como antes, con mareos o cansancio inesperado, eso no la detenía, se estaba cuidando, comía mejor, descansaba cuando debía, y lo más importante… nadie volvía a ignorarla dentro del ducado.
Había aprendido rápido.
Y había impuesto orden.
Mientras tanto, en otra parte del ducado, alguien no estaba tan tranquilo como esperaba.
Kilian no entendía.
No entendía por qué ella no venía.
No entendía por qué no lo buscaba.
No entendía por qué no se disculpaba.
Esa escena se repetía en su mente más veces de las que le gustaría admitir, la bofetada, sus palabras, su forma de irse sin mirar atrás… todo era incómodo.
Molesto.
—¿Qué le pasa a esa mujer…?
Murmuró, con el ceño fruncido.
Para él, lo lógico era claro, ella debía venir, debía arrepentirse, debía pedir perdón, debía humillarse como siempre lo había hecho, porque así era ella, así había sido siempre, insistente, molesta, pero predecible.
Y ahora…
Nada.
—Ni siquiera viene a disculparse con Nieves…
Eso le irritaba más de lo necesario.
—No entiendo por qué mis padres insistieron en este matrimonio…
Se recostó ligeramente, molesto.
—Es una molestia.
Pero aun así…
Algo no encajaba.
—Es diferente…
Pensó.
—Ya no me busca… ya no insiste…
Frunció el ceño.
—Pero eso no cambia nada.
Se levantó.
—Iré a buscarla.
La decisión fue simple.
—Le diré que se disculpe con Nieves… y la perdonaré.
Como si le estuviera haciendo un favor.
—Y si no lo hace…
Su expresión se endureció.
—No le hablaré más.
Una pequeña pausa.
—Y entonces sí vendrá rogando.
Porque en su mente…
No había otra posibilidad.
En el jardín, bajo una sombra bien cuidada, Nieves no estaba sola.
A su lado, una mujer observaba con curiosidad y cierta diversión, la baronesa Layla, alguien que claramente disfrutaba más de lo debido ese tipo de conversaciones.
—Qué estúpida es esa mujer…
Dijo Nieves con un tono que no tenía nada de dulce.
—Jamás pensé que esa Lucía…
Ni siquiera terminó el nombre con respeto.
—Se atrevería a levantarle la mano a su esposo.
Layla soltó una pequeña risa.
—Eso sí fue inesperado.
Nieves cruzó las piernas con elegancia, pero su mirada no era suave.
—Siempre fue sumisa…
Murmuró.
—Y me gustaba así.
Una sonrisa leve, pero fría.
—Me hacía sentir superior.
Layla inclinó un poco la cabeza.
—Pero ahora es más molesta, ¿no?
Nieves suspiró apenas.
—Mucho más.
Un pequeño silencio.
Luego Layla sonrió.
—Entonces humíllala.
Nieves la miró.
Interesada.
—Escucha…
Continuó Layla, con tono juguetón.
—La invitamos a una boutique.
—¿Una… qué?
—Una tienda elegante.
Sonrió más.
—Le dices que quieres comprarle un vestido.
Nieves no respondió, pero escuchaba.
—Sabes que aceptará.
Una pausa.
—Siempre lo hace.
Nieves bajó ligeramente la mirada, pensativa.
—Y luego…
La sonrisa de Layla se volvió más marcada.
—Le mostramos uno feo… pequeño…
—Y con toda esa gente mirando…
Nieves completó en voz baja.
Layla asintió.
—Exacto.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y luego…
Una leve sonrisa apareció en los labios de Nieves.
—Me parece bien.
Su voz volvió a ser suave.
Pero sus ojos no.
—Tú haz los planes, Layla.
Se levantó con elegancia.
—Yo la traeré.
Una pausa.
—Aceptará.
Porque en su mente…
Lucía no había cambiado tanto.
Y cuando viera su expresión…
Esa cara…
Esa caída…
La satisfacción sería completa.
Lucía, por su parte, no sabía nada de eso.
O mejor dicho…
No le importaba.
Después de ese mes, su cuerpo ya estaba mucho mejor, aún con las molestias normales del embarazo, pero nada que no pudiera manejar, y ese día en particular tenía algo claro en mente.
Quería salir.
Quería aire.
Quería… frutas.
Y algo más.
—Semillas…
Murmuró mientras caminaba.
—Extraño el campo…
Una pequeña sonrisa apareció.
No todo en su vida pasada había sido duro.
Había cosas que realmente le gustaban.
Y pensaba recuperarlas.
Salió del ducado con tranquilidad, sin anunciarlo como antes, sin esperar permiso, porque ahora… no lo necesitaba.
Pero claro…
El destino tenía un mal sentido del humor.
Porque apenas cruzó cierta distancia…
Las vio.
Cabello blanco.
Postura elegante.
Compañía innecesaria.
Nieves.
Y Layla.
Lucía se detuvo apenas un segundo.
—Ah…
Pensó con calma.
—Ya empezó el circo.
Pero no se tensó.
No se incomodó.
No evitó el encuentro.
Al contrario…
Continuó caminando.
Como si no fuera la gran cosa.
Como si no fueran importantes.
Y eso…
Ya era un problema para ellas.
Porque esta vez…
Lucía no iba a entrar en su juego tan fácilmente. 😏