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Fragmentos De Un Alma Bajo La Lluvia.

Fragmentos De Un Alma Bajo La Lluvia.

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Maltrato Emocional
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Ely Vazquez

"Aitana creció bajo el ruido de los pleitos de fin de semana y el silencio de un abuso que nadie vio; esta es la historia de cómo una niña rota buscó su hogar en manos ajenas, descubriendo que el pasado siempre reclama su lugar bajo la lluvia."


Me llamo Aitana y mi vida se divide en fragmentos. El primero se rompió cuando tenía seis años en el baño de una casa ajena; el último, cuando entregué la llave de mi alma a quien juró protegerme. He vivido entre el ruido de botellas vacías y el silencio de un secreto que me quemaba la garganta. Si buscas una historia de finales felices, sigue de largo; pero si quieres saber cómo se siente amar hasta quedar vacía y cómo se sobrevive cuando tu 'casa' se derrumba, quédate conmigo bajo la lluvia.


si sientes que esta historia no te gusta a favor de solamente dejar de leerla y absténgase a denuncias.

NovelToon tiene autorización de Ely Vazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Rastro de la Mochila.

NARRADOR

La mañana del quinto semestre comenzó con una falsa promesa de ligereza. Aitana, asfixiada por ser el "molde vacío" que sus padres habían diseñado, aceptó la invitación de sus compañeras para faltar a clases. Querían ser jóvenes, querían reír lejos de las pizarras y del control asfixiante de sus hogares. No sabía que esa risa se convertiría en un alarido seco que se ahogaría en las paredes de una casa desconocida.

El grupo terminó en una vivienda alejada, un lugar donde el aire se sentía denso y viciado. Aparecieron las botellas, el ruido de la música subió hasta volverse un zumbido agresivo y, de pronto, la trampa se cerró con un chasquido metálico. Sus supuestas amigas, en un acto de abandono que marcaría el resto de su existencia, se marcharon bajo una excusa banal. Aitana se quedó sola, una pequeña figura rodeada por sombras que tenían forma de hombres.

Cuando el primero se acercó, el tiempo se detuvo y se fragmentó. No fue solo el miedo al presente lo que la paralizó; fue el estallido de un pasado que ella creía haber enterrado. Al sentir la primera mano ruda sobre su brazo, Aitana no vio el techo de esa casa; vio el rostro de su primo años atrás, vio el piso de cemento donde su padre la había estrellado, vio cada momento en que su voluntad fue pisoteada.

— ¡No! ¡Por favor, no! —gritó ella, y su voz se quebró como un cristal contra el pavimento—. ¡No quiero otra vez! ¡No me hagan lo mismo otra vez!

Pero sus súplicas solo parecieron alimentar la crueldad de quienes la rodeaban.

— ¡Cállate de una vez! —le gritó uno de ellos, mientras le asestaba un golpe seco en el rostro que le hizo probar el sabor metálico de su propia sangre—. Tú viniste aquí porque quisiste, ahora te aguantas.

— ¡Por favor! ¡Déjenme ir! —rogaba Aitana, tratando de cubrirse, de hacerse pequeña, de desaparecer—. ¡Yo no quería esto, se los suplico!

— Mira cómo llora —se burló otro, acercándose con una mirada que la despojaba de toda humanidad—. Deja de hacer teatro, que esto es lo que buscabas al venir hasta acá.

Los golpes se alternaban con las risas cínicas. Cada "no" de Aitana era respondido con una nueva agresión física o verbal. Le gritaban obscenidades, la llamaban mentirosa mientras la sometían, invalidando su dolor en el mismo instante en que se lo infligían. En su mente, Aitana ya no estaba en esa habitación; estaba en un túnel sin salida donde todos los hombres de su vida se fundían en un solo agresor gigante. "No otra vez" era el grito de una niña que nunca fue protegida, de una adolescente que solo quería un día de paz y que, en cambio, era arrojada de nuevo al foso de los leones.

Cuando el horror terminó y la dejaron en aquella calle solitaria, Aitana era un resto de humanidad caminando por inercia. El mundo se veía borroso, teñido de un rojo sucio. Caminaba por el asfalto con la playera del uniforme hecha jirones, el blanco de la tela manchado de tierra y humillación. Sus manos temblaban tanto que no podía sostener las correas de su mochila, así que simplemente dejó que cayera al suelo y empezó a arrastrarla.

El sonido del roce de la mochila contra el pavimento era rítmico, un shhh-shhh constante que parecía contar los latidos de un corazón que ya no quería latir. Cada paso era una batalla contra la gravedad; sentía que el piso quería tragársela. Cuando su prima la encontró en la camioneta, Aitana no era más que un espectro. No hablaba, no pestañeaba. Al llegar a casa de su hermana y ver a su cuñado, se aferró a su pierna con una desesperación animal, como si él fuera el último poste en medio de un huracán.

— ¡Me hicieron daño! ¡Otra vez no, por favor! —chillaba, con la voz desgarrada, mientras el shock finalmente cedía ante el dolor puro.

Sin embargo, la verdadera estocada final, la más profunda y la que más tardaría en cicatrizar, la dieron sus propios padres tras la visita al médico. Mientras el doctor limpiaba sus heridas y documentaba la barbarie, Roberto y su madre mantenían una distancia glacial.

— ¡Mira nada más cómo te pusiste! —le recriminó su madre en la sala de la casa, con una voz llena de juicio y cero compasión—. ¿Por qué no fuiste a la escuela? Si hubieras estado donde debías, nada de esto habría pasado.

— Es tu culpa —sentenció su padre, Roberto, sin siquiera mirarla a los ojos—. Tú te lo buscaste por andar de vaga con esas muchachas. Ahora no vengas a llorar, que la que falló fuiste tú.

Aitana los miraba y sentía que el suelo se abría de nuevo. No hubo denuncias. No hubo búsqueda de justicia. No hubo un "estamos contigo". Hubo silencio, reproches y la orden implícita de que esto nunca debió suceder y, por lo tanto, nunca sucedió. Sus padres prefirieron tratar su trauma como una falta administrativa, una mancha en el expediente escolar que se solucionaba simplemente dejando de ir.

Así, Aitana se retiró del mundo. Abandonó la preparatoria, incapaz de volver a ponerse ese uniforme que ahora olía a miedo y derrota. Se encerró en su habitación durante cinco largos años. Fueron cinco años de un invierno emocional absoluto, donde los días se fundían con las noches en una penumbra de recuerdos recurrentes. Durante ese tiempo, la joven se convirtió en una experta en la inexistencia. Aprendió a habitar los rincones de la casa sin hacer ruido, a comer sin saborear, a dormir sin descansar.

Pero el ser humano tiene un instinto de supervivencia aterrador. Con el paso de los años, Aitana comprendió que si quería seguir respirando en esa casa, tenía que reconstruir la máscara. Lentamente, la joven de la playera rota fue enterrada bajo capas de una nueva personalidad.

Hacia el final de esos cinco años, Aitana volvió a emerger, pero ya no era la misma. Se convirtió en la mujer de la sonrisa eterna, la que siempre tenía un comentario divertido, la que parecía que no tenía una sola preocupación en la vida. Se transformó en un molde perfecto para la sociedad. Sus padres estaban encantados; por fin tenían a la hija que querían, la que no "causaba problemas", la que reía en las reuniones familiares y parecía haber olvidado convenientemente el "incidente".

— ¡Qué bueno verte tan contenta, Aitana! —le decían sus tías, sin imaginar que detrás de esa risa sonora había un cementerio de recuerdos.

Por dentro, ella seguía arrastrando esa mochila. Seguía escuchando el roce de la tela contra el pavimento cada vez que caminaba sola. Seguía sintiendo el frío del cemento en sus huesos. Pero aprendió a actuar. Se volvió una actriz consumada en el teatro de su propia vida, fingiendo que todo era diversión y ligereza, mientras que en la oscuridad de su mente, el grito de "¡No otra vez!" seguía resonando con la misma fuerza que el primer día. Nadie sospechaba que esa joven que ahora se preparaba para trabajar en un supermercado era, en realidad, una sobreviviente que caminaba sobre un campo de minas emocional, esperando que el mundo, por una vez, no volviera a estallar bajo sus pies.

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1
Sakura
y si no hablas nunca vas a volver a tener tu casa para ustedes dos
Sakura
hablar mija
Sakura
por dios niña cuando vas a soltarte tienes que dejar de pensar así y abrirte hablar con un sicólogo que te ayude por que vas a venir perdiendo a tu pareja
Mary Ney
Hasta cuando
Sakura
por diós mujer si sigues como vas lo vas a peder
Mary Ney
Aitana deja que la luz envuelva tu oscuridad ama Julian estudia en linea ocupa tu espacio ☺️
Sakura: tienes que empezar a soltarte querida a darte la oportunidad más con el sienta que lo quiere la palabra amor no es algo que va a salir a la primera es algo que se empieza a sentir con el tiempo con la convivencia tienes que abrirte más si miedo se Por todo lo que a pasado pero es tiempo de sanar tanto tu cuerpo alma y a ti misma
total 1 replies
Mary Ney
Que encuentre su amor hasta ser viejitos 🤭
Mary Ney
Que bueno que encontró su nido
Sakura
eso es poco a poco
Sakura
ahora te toca a ti empezar a sentir y no pensar ni deja que el miedo te controles ya es hora de que seas feliz y sin miedo
Sakura
que bueno es hora de soltar el pasado
Mary Ney
Ojalá Julian sea indicado y le de amor y la familia de Julian la quiera como una hija, pueda dejar todo atrás y tener una familia y ya no se rompa más. Todos merecemos una oportunidad siempre queremos que aunque llueva mucho vuelva salir el sol 🥰☺️
Sakura
eso así es es hora de despertar y ser feliz por primera vez tener esa felicidad que te hab negado
Mary Ney
Si sigue así no la llevan si no a una tragedia, se levanta ella se retira del mundo 😭😭
Sakura
cuando vas a despertar
Sakura
enserio de nuevo
Sakura
😭
Mary Ney
Que horible su vida los adolescentes se quintana la vida los padres no se dan cuenta que ellos llevan a ese destino 😭😭😭😭
Mary Ney
Qué dolor su hermana tampoco un apoyó , los padres terrible y ni siquiera madre 😭😭😭más capítulos
Sakura
que asco de padres te toco
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