Jules vende su intimidad en internet para pagar una deuda familiar que la ahoga. Ha aprendido a sobrevivir separando su cuerpo de sus emociones. Pero la llegada de un nuevo profesor despierta en ella una duda peligrosa: quizá nunca ha conocido el amor… solo el vacío. Y por primera vez, alguien podría enseñarle la diferencia. ❤️
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...Dos días después......
La soledad de la habitación me estaba matando. ¿Por qué sigo aquí? El oxígeno que respiro son los residuos del tabaco que él estuvo fumando. ¿Y dónde está? ¿A donde se fue? ¿Por qué me ha dejado a la deriva?
¡Mi alma se sentía muy frágil y desesperada! ¿Qué puedo hacer ahora? Me rodaba por la cama, iba al sanitario, encendía el televisor, veía mi móvil y ya. ¡No había manera de sentirme bien!
En el buró derecho había preservativos, Poppers, cigarrillos, cervezas y lubricante. Enciendo la pantalla de mi celular con la esperanza de que mi madre me haya escrito algún mensaje, pero no hay nada. ¡Absolutamente ya no me quiere!
—¿Qué va a pasar conmigo? —Me atrevo a preguntar.
Bajo de la cama, el piso está frío y siento curiosidad por saber qué hay afuera. ¿Estoy haciendo lo correcto? Mi corazón late con intensidad y miedo.
Trago saliva, me obligo a mostrar quietud. ¡Debo hacerlo!
Abro la puerta, salgo a la cochera, presiono el botón para abrir el zaguán eléctrico y cuando el sol me pega en la cara, me siento con ganas de llorar. ¿Por qué tuve que terminar en este lugar? ¿Qué otra opción tenía? La vida era intensa para mí en este justo momento.
Caminé hasta salir del motel había unas palmeras enormes, la avenida no estaba muy transitada pero el sol me daba calor en el frío corazón.
El viento era fresco y a esta hora del día yo...
El brillo de la oknrua me deslumbró por completo.
—¡Hola! — Se detuvo a mi lado.
Él conducía un BMW, ¿y por qué estaba hablándome?
—Hola.
—¿Estás de paso?
Bajo la mirada por unos segundos. Me doy cuenta de que mi ropa era muy sensual para estas horas del día. ¡Muy candente! Mini falda, blusa pegadita, pegadita, pegadita y los pies desnudos.
—No. Vivo aquí.
—¿Vives aquí? —Su tono de voz es coqueto.
—Sí.
—¿Y no me invitas a tu habitación? —El hombre era apuesto.
Su sonrisa tenía algo que me causaba interés.
—¿Quieres ir a mi habitación?
—¡Me gustan las chicas como tú! —Dice con mucha seguridad—. Vine aquí con la intención de encontrar algo que pueda complacerme. ¿Te interesa?
Su propuesta me sorprendió mucho. ¿Interesarme en un hombre como él? Estábamos en un motel, seguro que en este lugar el sexo y el precio eran cosas naturales.
—Yo no...
—¿Cuánto cobras? Estoy dispuesto a apagar lo que me pidas. ¡Eres muy linda!
¿Cobrarle? ¿Por qué le cobraría? Yo no... Una idea me encendió el cerebro.
—Mil pesos —dije con mucha seguridad.
—Me agrada tu precio. ¿Te molesta si grabo como te hago mía? —Su voz tenía un tono seductor.
¿Grabar nuestro acto sexual? ¿Por qué razón grabaría el momento en el que los dos...?
—Yo...
—Te ofrezco diez mil pesos por un rato contigo y grabar nuestro momento al placer. ¿Te agrada la idea?
Mi mente se convierte en calor. El miedo desaparece por unos instantes y al analizar su oferta me doy cuenta de que tal vez, yo…