En un pueblo donde el tiempo parece haberse detenido y los secretos pesan más que las palabras, Melika Rivas siempre creyó conocer a las personas que la rodeaban. Hasta que empezó a notar cosas imposibles. Chicos demasiado fuertes. Miradas que esconden algo salvaje. Noches donde el bosque parece respirar. Y en medio de todo aparece Orión Lurks, el mejor amigo de su hermano, tan misterioso como peligroso. Alguien que parece saber más sobre ella de lo que debería. Mientras la luna llena se acerca, Melika descubrirá que en su pueblo existen secretos capaces de destruir familias, despertar monstruos… y cambiarla para siempre.
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No es la misma casa
...(Perspectiva de Vanessa)...
El mensaje llegó temprano.
“¿Podés venir?”
Nada más.
Vanessa lo leyó dos veces.
No era raro que Melika le escribiera.
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Pero… esto se sentía distinto.
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Más corto.
Más… pesado.
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Miró la pantalla unos segundos más.
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Y respondió.
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“Sí. Voy.”
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No preguntó nada.
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Porque en el fondo…
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no quería que le respondiera.
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El camino hasta la casa de los Rivas siempre había sido familiar.
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Calles de tierra.
Árboles altos.
Silencio tranquilo.
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Pero ese día…
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no.
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Había algo raro en el aire.
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No sabía explicarlo.
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No era algo que pudiera ver.
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Era una sensación.
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Como cuando sabés que alguien te está mirando…
aunque no haya nadie.
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Vanessa se detuvo frente a la casa.
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Siempre le había parecido linda.
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Aislada.
Tranquila.
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Ahora…
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no.
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Ahora parecía…
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cerrada.
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Como si no quisiera ser visitada.
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—Dale, no seas ridícula —murmuró para sí misma.
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Subió los escalones.
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Golpeó la puerta.
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Un segundo.
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Dos.
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Tres.
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Nada.
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—Mel… —susurró.
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Iba a golpear otra vez cuando—
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la puerta se abrió.
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Ícaro.
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Vanessa se quedó quieta.
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No esperaba verlo a él.
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—Está arriba —dijo.
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Sin saludo.
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Sin sonrisa.
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Vanessa asintió apenas.
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—Gracias…
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Pero él ya se había corrido.
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Dejando pasar.
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La casa estaba en silencio.
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Demasiado.
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Vanessa avanzó.
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Sus pasos sonaban más fuerte de lo normal.
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Como si el lugar amplificara todo.
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—¿Hola? —probó.
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Nada.
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Pero no era un “nada vacío”.
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Era un silencio lleno.
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Como si alguien estuviera escuchando.
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Tragó saliva.
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Subió las escaleras.
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Cada escalón…
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más pesado que el anterior.
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—Ok… esto es raro —murmuró.
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Llegó al pasillo.
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La puerta de Melika estaba entreabierta.
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Golpeó suave.
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—¿Mel?
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—Pasá.
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La voz llegó desde adentro.
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Vanessa empujó la puerta.
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Y la vio.
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Melika estaba en la cama.
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La pierna enyesada.
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Pálida.
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Pero no era eso lo que llamó su atención.
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Era…
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sus ojos.
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Demasiado atentos.
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Demasiado despiertos.
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Como si no hubiera dormido.
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O como si hubiera visto demasiado.
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—Ok… —dijo Vanessa entrando—. Ahora sí me tenés que explicar todo otra vez.
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Intentó sonar normal.
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No lo logró del todo.
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Melika esbozó una leve sonrisa.
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—Gracias por venir.
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Vanessa se sentó a su lado.
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Pero no completamente relajada.
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Algo no la dejaba.
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—Obvio —respondió—. ¿Cómo estás?
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Melika dudó.
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—No sé.
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Eso fue honesto.
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Demasiado honesto.
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Vanessa miró el yeso.
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—Eso se ve horrible.
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—Se siente peor.
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Silencio.
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Pero no incómodo.
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No entre ellas.
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Vanessa la observó unos segundos.
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—Te pasó algo más —dijo.
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No fue pregunta.
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Melika la miró.
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Y por un segundo…
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dudó.
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Como si no supiera si decirlo.
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Eso hizo que a Vanessa se le erizara la piel.
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—Mel…
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—Soñé otra vez.
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Ahí estaba.
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Vanessa no se movió.
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—¿El bosque?
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Melika negó.
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—No solo.
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Vanessa frunció el ceño.
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—¿Qué más?
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Melika bajó la mirada.
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—Alguien.
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El aire cambió.
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Vanessa lo sintió.
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No supo por qué.
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Pero lo sintió.
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—¿Quién?
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Silencio.
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Melika levantó la vista lentamente.
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—No lo sé.
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Y eso…
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fue peor.
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Vanessa cruzó los brazos sin darse cuenta.
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—No me gusta esto.
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—A mí tampoco.
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Silencio.
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Vanessa miró alrededor.
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La habitación era la misma de siempre.
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Los libros.
La ventana.
La cama.
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Pero…
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no se sentía igual.
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Había algo.
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Muy leve.
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Como una presión.
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Como si el aire pesara más.
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—¿Soy yo o… —empezó Vanessa.
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Se detuvo.
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Melika la miró.
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—¿Qué?
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Vanessa dudó.
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—Tu casa…
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Tragó saliva.
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—Se siente rara.
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Silencio.
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Melika no respondió enseguida.
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Y eso confirmó todo.
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Vanessa se inclinó un poco más cerca.
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—Mel… ¿qué está pasando acá?
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Melika la sostuvo con la mirada.
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Y esta vez…
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no intentó suavizarlo.
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—Creo que nunca fue normal.
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Un escalofrío le recorrió la espalda a Vanessa.
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Y por primera vez desde que llegó…
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tuvo una certeza.
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No era solo el bosque.
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No era solo Melika.
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Era todo.
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Y ella…
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acababa de meterse en el medio.
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