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La Esposa Del Jefe ¿SOY YO?

La Esposa Del Jefe ¿SOY YO?

Status: Terminada
Genre:Equilibrio De Poder / Reencuentro / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:943.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Fabiana Camargo es una joven trabajadora, responsable y muy afectuosa, Aunque es un imán para meterle en problemas y meter la pata. Una accidente lo cambia todo, pone su ya frágil mundo patas arriba.

Lo peor de todo esto es que tiene enemigos terroríficos y resulta que la esposa, esa esposa es ella.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 14 Primo, pensé que no vendrías

En ese momento, Ana regresó con una bandeja y galletas caseras. "La familia que la hizo así". Las palabras flotaban en la sala, un elogio a una mentira que todos sostenían con sonrisas tensas.

—Toma, hijo —dijo Ana, sirviéndole té a Lucian con manos que apenas temblaban.

—Tienes que recuperar fuerzas. Para… para poder llevarnos pronto a esos médicos que prometiste —añadió, probando el terreno, siguiendo el guion que él mismo había escrito en su mente.

Lucian sonrió, agradecido. —Por supuesto, mamá Ana. Es mi prioridad. No se preocupen por nada.

Fabiana miraba la escena, aturdida. Sus padres, los mejores actores aficionados del mundo, estaban sosteniendo una conversación completamente coherente con el hombre más poderoso (y confundido) que conocían. Era aterrador. Y, de una manera retorcida, era hermoso.

La increíble escena se prolongó por unos veinte minutos que a Fabiana le parecieron un siglo en cámara lenta. Pero algo milagroso sucedió: el cariño de Lucian, aunque dirigido a una fantasía, era tan genuino y respetuoso que comenzó a surtir efecto.

Lino, inicialmente aterrado, se encontró respondiendo a las preguntas sobre su corazón con más franqueza de la que usaba con sus propios médicos. Había algo en la atención concentrada y preocupada de ese "yerno" que lo desarmaba. Para cuando Lucian le prometió por tercera vez que lo pondría en manos del mejor cardiólogo del país, Lino ya le daba palmaditas en la rodilla con un "Gracias, hijo" que sonaba menos forzado.

Ana, por su parte, estaba francamente impresionada. Observaba a Lucian —su elegancia innata, sus modales impecables, la forma en que miraba a su hija (aunque fuera una mirada basada en un error)— y una parte de ella, la parte que soñó con un buen marido para Fabiana, suspiraba ante la ficción. "Qué lástima que sea un trompo mental", debió pensar, mientras le ofrecía otra galleta.

Viéndolos acomodarse en el absurdo con una peligrosa naturalidad, Fabiana supo que era el momento de actuar. Si se quedaban más tiempo, sus padres podrían soltar algo irreparable ("¿Y cómo va ese proyecto en la oficina, Lucian?") o, peor, acostumbrarse a la idea.

—Cariño —dijo, tocando suavemente el brazo de Lucian—, debemos irnos. Recuerda lo que dijo el doctor: el reposo es crucial. Y ya has tenido un día muy movido.

Lucian frunció ligeramente el ceño, con la expresión de un niño al que le dicen que salga del parque. Miró a Lino y a Ana con auténtico pesar.

—Tiene razón, hijo —intervino Ana rápidamente, captando la señal de su hija.

—La salud es primero. Nosotros estamos bien; ya nos verás pronto. —Sus palabras, dichas con una calidez maternal que casi convenció a Fabiana de que era real, surtieron efecto.

—Claro, claro… —accedió Lucian, levantándose con cierta dificultad que hizo que Lino se levantara a ayudarlo instintivamente. —Pero volveré pronto. Y lo del médico, es una promesa.

—Te esperamos, Lucian —dijo Lino, con una sonrisa que ahora era un 70% pánico y un 30% genuino aprecio por el hombre confundido que quería arreglarle el corazón.

—Cuídate. Y cuídala a ella.

Esa última frase, simple y profunda, golpeó a Fabiana en el centro del pecho.

La despedida en la puerta fue un cuadro surrealista: Ana apretando la mano de Lucian, Lino dándole un último apretón en el hombro, y Lucian inclinándose para dejar un beso en la mejilla de cada uno, como si lo hubiera hecho mil veces.

—Gracias por todo, mamá, papá —dijo, y la naturalidad con que salieron esas palabras los dejó a los tres Camargo sin aliento.

Finalmente, entraron de nuevo al auto, donde Ernesto parecía haber envejecido diez años. Al cerrar la puerta, el mundo exterior —el mundo real y modesto de sus padres— quedó atrás, y Fabiana se hundió en el asiento de cuero, exhausta.

Habían logrado escapar. La treta del descanso médico había funcionado. Pero al mirar a Lucian, que contemplaba la ventana con una sonrisa tranquila y satisfecha, como un hombre que vuelve a casa después de una buena visita familiar, supo que la mentira ya no era solo suya. Ahora tenía cómplices. Y eso la aterraba aún más.

La llegada al Penthouse era otro reto monumental para Fabiana. Atravesar el umbral de esa residencia de lujo minimalista, donde cada superficie brillaba y el silencio era tan caro como los muebles, la hizo sentirse como una intrusa en un museo. Pero el mayor shock no fue la decoración.

Al entrar, ahí estaba una mujer.

Tendría unos treinta años. Era hermosa de una manera arrolladora y segura: piernas largas, cabello pelirrojo oscuro que recordaba al de Lucian, y ese mismo aire de familiaridad y buenos genes que gritaban "sangre Borbón" a kilómetros de distancia. Sonreía, apoyada contra el marco de una puerta interior, con los brazos cruzados y una expresión entre divertida y calculadora.

—Primo, pensé que no vendrías —dijo, con una voz ronca y llena de confianza.

Fabiana se quedó petrificada en la puerta, la maleta aún en la mano, sin saber qué decir, qué hacer, qué papel interpretar ahora.

La mujer desplegó su sonrisa hacia ella, y fue directa al grano:

—Cuñada, pasa. No te quedes ahí parada como un cuadro —la instó, y su mirada no era de hostilidad, sino de un reconocimiento rápido y astuto.

—El energúmeno de mi primo te debe tener hecha polvo.

Era Lucrecia. La prima hermana de Lucian. Y, sin que Fabiana lo hubiera sabido nunca, era su mejor amiga, su confidente y probablemente la única persona en la tierra a la que Lucian no podía intimidar. Había acudido al oír los rumores del accidente y la "confusión", y al ver a Fabiana —la asistente seria y sobrepasada que ahora era llamada "esposa"—, lo entendió todo al instante. Claro que lo entendió.

—Lucre, ¿qué haces aquí? —preguntó Lucian, frunciendo el ceño con una mezcla de fastidio y… ¿Afecto resignado?

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andrea marileth pinto duran
que buena historia, no había leído una tan buena en mucho tiempo.
Petrona Arias Leon
eso pienso.yo yambin
Ana María Lastra
😂😂es pelirrojo en todo, que lindo 🤭
Marshaan Sanchez
aquí yo nuevamente 😁 llevándome de la risa jajaja 😅🤣🙉
Teresita Lara
Grs Escritora x tu novela y compartirla muy linda me encantó!!👏
Natalia Cm
Es una linda historia, Pero muy tibia para mí gusto, me voy más con los Dracos y Dante 🤭🤭🤭, me encantan que sean fogosas, amo tus novelas !!! Felicidades Autora.
Silvia Rosa Figueroa
más que linda!!! hermosa
Teresita Lara
y con este amnesico protagonista ni sabemos sib es fingido o esta actuando así xq es lo que realmente lo que siente que no strevia manifestar
Teresita Lara
Esta novela desde su inicio linda, divertida pero ante todo nos tiene expectantes y von gran ansiedad en lo que acontece a esta parejita y en su alrededor
Yoki Romero
exactamente ya vio la clase de lacras que tiene en su familia x eso esta utilizando a Fabiana❗️
Belkis Sioli
una historia diferente, linda pero muyyy fría para mi gusto, me vuelvo a las de mafia, son más románticas y calurosas, jajaja.
Belkis Sioli
a los malos , no hay que darles ninguna oportunidad , hay que destruirlos a la primera.
Belkis Sioli
y así fue su primera vez juntos ???? uacala, que frío
Belkis Sioli
por fin un beso !!!! hasta ahora lo único que le beso fueron los cabellos, me pregunto, para cuando las escenas románticas??? tío muy frío, nada de amorrr, 🤭🤭🤭
Erika Garcia
como siempre impecable mi querida Adri 👏👏
pryz
Entretenida
pryz
Muy buena
Teresita Ramirez Lecuna
jajajajajajaja
esto si está bueno
me imagino la escena y no paro de reír
Belkis Sioli
si ella sospecha que recobró la memoria, que se lo devuelva, haber su reacción.
Belkis Sioli
me preocupa el silencio del trío de buitres.
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