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DE ENEMIGOS A ESPOSOS.... ¡Y AL BORDE DE LA LOCURA!

DE ENEMIGOS A ESPOSOS.... ¡Y AL BORDE DE LA LOCURA!

Status: Terminada
Genre:Comedia / CEO / Venganza / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Dos imperios rivales, un odio de décadas y un testamento que obliga al implacable CEO Alessandro Rovere a casarse con Giulia Moretti, la heredera de su familia enemiga. Lo que empieza como una venganza y un contrato, termina convirtiéndose en un caos lleno de tensión, risas y un amor que nadie esperaba… ¡al borde de la locura!

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17: El primer cumpleaños y la fiesta del caos

El tiempo había volado, y Leonardo, el pequeño terremoto de la mansión Rovere-Moretti, estaba a punto de cumplir su primer año de vida. Doce meses que habían pasado en un abrir y cerrar de ojos, llenos de noches sin dormir, risas interminables, travesuras ingeniosas y un amor que crecía más cada día. Para Alessandro y Giulia, este primer cumpleaños no era solo una fecha en el calendario; era una victoria, un hito que marcaba el inicio de una nueva etapa, y por supuesto, una excusa perfecta para organizar la fiesta más espectacular que Milán hubiera visto jamás.

—Tiene que ser inolvidable —decía Giulia, caminando de un lado a otro del salón con una carpeta gigante llena de dibujos y planes—. Leo es el bebé más importante del mundo, y su fiesta debe reflejarlo. ¡Quiero globos gigantes, payasos, magos, música en vivo, una fuente de chocolate, y una tarta que sea más alta que yo!

Alessandro, aunque compartía la emoción, ya empezaba a sentir los síntomas de su antiguo "síndrome de Papázilla", esa mezcla de ansiedad extrema y necesidad de control que lo caracterizaba. Pero esta vez, su preocupación no era solo por la seguridad, sino por la magnitud del desastre que imaginaba.

—Amor, una fuente de chocolate en una casa llena de niños de un año… ¿estás segura de que es una buena idea? —preguntó él, con una ceja levantada, imaginando ya las manchas imposibles de quitar en sus alfombras persas—. Y los payasos… ¿sabes que a muchos bebés les dan miedo? ¿Y si Leo termina llorando y escondiéndose debajo del sofá?

Giulia se acercó a él, le dio un beso en la mejilla y le sonrió con esa chispa de locura que tanto le gustaba.

—Alessandro, mi amor, relájate. Se llama fiesta, no misión de rescate. Deja que sea divertido, deja que sea desordenado. ¡Es su primer cumpleaños! Y además, ¿quién dijo que tiene que salir todo perfecto? Lo perfecto es aburrido.

Y así, con la determinación de Giulia y la resignación amorosa de Alessandro, comenzó la organización. La mansión se transformó en un paraíso infantil. Los muebles delicados fueron cubiertos o retirados, los suelos protegidos con lonas especiales, y cada rincón estaba decorado con colores brillantes, animales de peluche gigantes y guirnaldas que colgaban del techo. Luca, Elena, Sofia y Matteo, por supuesto, estaban involucrados al cien por cien, actuando como organizadores, decoradores y, sobre todo, futuros niñeras de emergencia.

—Vamos a necesitar cascos de protección para nosotros —bromeó Matteo mientras ayudaba a inflar cientos de globos de colores—. Conociendo a Leo, hoy va a ser el día de mayores destrozos de la historia.

—Y si le da por desconectar cables otra vez, me rindo —añadió Luca, riendo, recordando la famosa vez que el bebé arruinó la reunión con los inversores japoneses.

El gran día llegó. El sol brillaba sobre el jardín trasero, que había sido el lugar elegido para la celebración, y la casa resonaba con música alegre y la voz de todos preparándose. Leonardo, vestido con un trajecito blanco de lino y una pequeña pajarita azul, parecía entender que era el protagonista. Estaba especialmente inquieto, moviéndose de un lado a otro, gateando rápido y levantándose de los muebles para explorar todo, con esa sonrisa pícara que ya era su sello personal.

—¡Mira qué guapo estás, campeón! —le dijo Alessandro, cargándolo en brazos con mucho orgullo. Le acarició los rizos oscuros y lo miró con ternura—. Hoy es tu día, hijo. Haz lo que quieras, rompe lo que quieras, ensucia lo que quieras… hoy tienes permiso oficial de tu padre.

Giulia soltó una carcajada.

—¡Eso sí que es una declaración histórica! Alessandro Rovere dando permiso para ensuciar y romper cosas… ¡el mundo se va a acabar!

Los invitados empezaron a llegar. Eran familiares, amigos cercanos, socios de negocios que ya eran parte de la familia, y por supuesto, muchos niños de todas las edades, compañeros de juegos de Leo. El jardín se llenó de risas, de saludos, de regalos envueltos en papeles brillantes y de una energía contagiosa. Todo parecía ir sobre ruedas, hasta que empezó el espectáculo.

Giulia había contratado a un grupo de animadores que vestían trajes de animales gigantes: un león, una jirafa, un elefante y una cebra. Al principio, a los niños les encantó. Corrían alrededor de los animales, les daban la mano, les abrazaban. Leonardo, al verlos, se quedó inmóvil unos segundos, observando con mucha atención, con esa mirada analítica que había heredado de su padre. De repente, soltó una carcajada, bajó de los brazos de su madre y corrió directo hacia el elefante gigante.

Todos pensaron que quería un abrazo, pero no. Leonardo Rovere-Moretti tenía otros planes. Se acercó al animal, lo miró a la altura de las rodillas y, con una velocidad sorprendente, le dio un fuerte tirón a la cola del disfraz. La cola se soltó y quedó en su mano. El pobre animador dentro del traje se tambaleó y casi se cae de espaldas por el susto.

Leonardo, muy orgulloso de su hazaña, levantó la cola en el aire como si fuera un trofeo y empezó a correr alrededor del jardín, perseguido por el elefante que intentaba recuperar su parte perdida, y por Alessandro, que intentaba atraparlo antes de que hiciera algún daño mayor.

—¡Leo, devuélvela! ¡Eso no es un juguete! —gritaba Alessandro entre risas y desesperación, corriendo detrás de su hijo entre los árboles y los globos.

Giulia, sentada con Sofia y Elena, aplaudía divertida.

—¡Es mi hijo! ¡Un verdadero Moretti! ¡Nada le detiene!

Pero eso solo fue el comienzo. Cuando trajeron la gran tarta, que era espectacular: blanca, con detalles azules, con figuras de chocolate y velas brillantes, Alessandro pensó que por fin llegaba el momento tranquilo y bonito. Se sentaron todos alrededor, apagaron las luces, empezaron a cantar el "Cumpleaños Feliz", y Leonardo, sentado en su silla alta, miraba aquella montaña dulce con los ojos muy abiertos, fascinado.

Alessandro se inclinó para ayudarle a apagar la vela, con la intención de que fuera un momento dulce y fotogénico.

—Vamos, Leo, sopla… suavemente… —le indicó en voz baja.

Pero Leonardo no tenía la intención de soplar. Leonardo tenía la intención de investigar. Mientras todos cantaban y aplaudían, el pequeño estiró sus dos brazos, metió ambas manos hasta el fondo de la tarta, y con un grito de alegría, sacó dos puñados gigantes de crema y bizcocho y… ¡los lanzó al aire!

El primer impacto fue directo a la camisa blanca impecable de Alessandro, justo en el centro del pecho, tal y como le gustaba hacer siempre. El segundo puñado aterrizó en el pelo de Giulia. Y el resto salpicó a los invitados más cercanos, a los animales disfrazados, a las mesas decoradas y hasta a la cámara de Matteo, que intentaba grabar todo.

El silencio duró un segundo, y luego estalló una carcajada general. Alessandro se quedó quieto, con la boca abierta, mirando la mancha de crema en su pecho, luego miró a su hijo, que estaba todo cubierto de azúcar y chocolate, riéndose a más no poder, con la cara llena de dulce hasta las orejas. Y entonces, Alessandro también se rió. Se rió con ganas, se rió de felicidad, se rió porque entendió que esa era la verdadera magia: el caos, la espontaneidad, la alegría pura y sin filtros de su hijo.

—¡Esto es guerra! —exclamó Alessandro, y tomando un poco de crema que había caído en la mesa, le puso un poquito en la nariz a Leo.

Y así comenzó la batalla de pasteles más legendaria que se había visto en Milán. Los niños, al ver lo que hacían los mayores, se animaron y empezaron a lanzarse trocitos de tarta entre ellos. Los padres, al principio escandalizados, terminaron uniéndose a la fiesta, cubriéndose de dulce, riéndose, corriendo por el jardín. Los animales disfrazados, el elefante sin cola y el león con crema en la cabeza, bailaban y jugaban con todos. Fue un desastre absoluto, todo estaba sucio, todo estaba revuelto, las decoraciones estaban medio caídas, el suelo pegajoso… pero nunca antes se había visto a tanta gente tan feliz.

Cuando todo terminó, cuando los niños empezaron a cansarse y a pedir agua o sueño, Leonardo estaba sentado en el regazo de su padre, totalmente cubierto de dulce, con los ojos pesados por el cansancio, pero con una sonrisa inmensa de satisfacción. Alessandro, que también estaba manchado de arriba abajo, abrazaba a su hijo con fuerza, sintiendo un orgullo inmenso.

—Ha sido la mejor fiesta del mundo, ¿verdad, pequeño terremoto? —le susurró al oído, limpiándole suavemente la cara con un pañuelo.

Giulia se acercó, igual de sucia, con el pelo revuelto y una expresión radiante de felicidad. Se sentó junto a ellos y apoyó la cabeza en el hombro de Alessandro.

—¿Ves? ¿Te dije que no pasaría nada? Ha sido perfecta.

—Ha sido un desastre, Giulia —respondió Alessandro, mirando todo lo que quedaba del jardín—. Ha sido caótica, sucia, ruidosa… y ha sido absolutamente maravillosa. No la cambiaría por nada.

Más tarde, cuando todos los invitados se fueron y empezaron la inmensa tarea de limpiar todo, Luca y Matteo se acercaron a ellos, todavía riendo al recordar el momento en que Leo destruyó la tarta.

—Este niño tiene un talento especial —dijo Luca—. ¡Va a conquistar el mundo, tal como lo ha conquistado a ustedes!

Esa noche, ya en la cama, después de bañar a Leo y dejarlo dormir plácidamente en su cunita, Alessandro y Giulia se quedaron un rato mirándolo. Estaba tranquilo, pacífico, después de un día de travesuras y diversión. Alessandro tomó la mano de su esposa y la apretó con cariño.

—Un año —dijo él suavemente—. Parece que fue ayer cuando llegaste al hospital gritando, y yo estaba más nervioso que nunca. Ha sido el año más cansado, más desordenado y más increíble de toda mi vida. Gracias, Giulia, por darme este hijo, por darme esta familia, por enseñarme a disfrutar del caos.

Giulia le sonrió, con los ojos brillantes.

—Gracias a ti, mi amor. Por dejarte cambiar, por dejarte querer, por ser el mejor padre que podría haber deseado. Leonardo tiene mucha suerte. Nosotros tenemos mucha suerte.

Y así, con el corazón lleno y la casa todavía oliendo a dulce y a fiesta, la familia Rovere-Moretti cerraba este primer capítulo de la infancia de Leo, sabiendo muy bien que lo mejor estaba por venir, y que con un niño tan travieso y brillante como él, la vida nunca sería aburrida, ni ordenada, ni tranquila… pero siempre estaría llena de amor.

 

💌 Palabras de la autora

¡Qué fiesta tan increíble! 🎉 ¡Leonardo ya nos demostró que es el rey del caos y de los corazones de todos! ¡Me encantó imaginarme la batalla de pasteles y a Alessandro disfrutando de cada momento sucio y divertido! 😂

1
Cinzia Cantú
No entiendo porque no comentan, es una historia fascinante y amena. Vamos lectoras a opinar que eso vale la pena e impulsa a la escritora a regalarnos más capítulos y otras historias muy entretenida. Historias que sanan el corazón
Cinzia Cantú
En verdad un descubrimiento muy especial
Cinzia Cantú
Un descubrimiento que agregó más historias y suspenso
Cinzia Cantú
El jardín secreto es el broche de oro para la familia y creo que los va a ayudar a descubrir más tesoros
Cinzia Cantú
Un capítulo muy especial que conecta el presente con el pasado e invita a conocer la historia de sus antepasados
Cinzia Cantú
Este capítulo despierta la curiosidad de todas aquellas personas que lo han leído y las invita a explorar junto a los torbellinos
Cinzia Cantú
Esta familia es un ejemplo a seguir a pesar de su caos
Cinzia Cantú
Leonardo es un verdadero líder y sabe muy bien lo que quiere y como compartir con sus hermanos. Los imagino como adultos trabajando juntos
Cinzia Cantú
Leonardo es muy especial como hijo y como hermano mayor y entre los tres alegran a la familia con sus logros y sus travesuras capitaneadas por el gran hermano mayor
Cinzia Cantú
Es realmente una bendición por partida doble
Cinzia Cantú
Qué hermoso que se preparen así para recibir a los bebés, todos ellos incluyendo a los amigos y el hermano mayor se preocupa de que su mamá no se exceda en las tareas
Cinzia Cantú
Dicen que lis niños lo saben, lo presienten
Cinzia Cantú
Qué sensibilidad, qué amor y cuánta dulzura, escritora te superaste con este capírulo
Cinzia Cantú
Qué hermosa confabulación y hasta el universo estuvo de acuerdo y pronto tendrán noticias. Espero que el papá no sufra como el embarazo pasado
Cinzia Cantú
Te felicito escritora, este capítulo es fenomenal y muy divertido, la forma en que un niño puede ver el mundo de los adultos
Cinzia Cantú
Qué hermosa familia y todo lo que enseña ! La verdadera felicidad de la vida
Cinzia Cantú
En esa fiesta de cumpleaños yodos se divirtieron y la pasaron genial. Va a quedar en la historia de todos los que asistieron
Cinzia Cantú
Una familia con mucho amor, comprensión y ganas de crecer juntos
Cinzia Cantú
Es verdad que el amor encuentra siempre su camino
Cinzia Cantú
Pobre bebé con semejante padre
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