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Yo Me Quedo Con El Marqués

Yo Me Quedo Con El Marqués

Status: Terminada
Genre:Edad media / Diferencia de edad / Enfermizo / Completas
Popularitas:409k
Nilai: 5
nombre de autor: Melany. v

Mariana odió el libro dramático que leyó. Y como castigo, el libro la teletransporta dentro de la historia. dónde ahora es la protagonista muda y tonta.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 13

Dias después, la actividad en la villa no disminuía, pero en una de las áreas más tranquilas, Marcel había apartado un espacio solo para Lucero, una mesa despejada, telas cuidadosamente dobladas, herramientas ordenadas, y en el centro un pequeño banquillo de madera; Lucero estaba de pie sobre él, con cierta rigidez en los hombros, sus manos juntas frente a ella, mirando hacia otro lado como si quisiera evitar el momento.

Marcel se movía alrededor con una cinta de medir, concentrado, sin prisa, acercándose lo necesario para tomar medidas exactas, alejándose cuando debía anotarlas.

Lucero bajó la mirada hacia él, hizo un gesto leve con la mano, negando, luego señaló su propio vestido, como indicando que ya tenía lo necesario.

Marcel la miró apenas.

—No —dijo con calma—, eso no es suficiente.

Lucero frunció ligeramente el ceño, volvió a señalar la tela que llevaba puesta, insistiendo con el gesto, su expresión dejaba ver que no quería incomodarlo, ni hacerlo trabajar de más.

Marcel continuó midiendo su hombro.

—Mi esposa —añadió, sin detenerse—, tiene que estar bien presentada.

Lucero lo miró, sorprendida por la forma en que lo dijo, sus dedos se movieron otra vez, más rápidos, como intentando explicarse mejor, señalando que no era necesario, que ya tenía algo adecuado.

Marcel anotó una medida, luego levantó la vista hacia ella.

—Habrá una reunión —explicó—, del príncipe heredero.

Lucero se quedó quieta.

—Todos los nobles estarán allí —continuó—, es un evento importante, no es cualquier encuentro.

Ella inclinó ligeramente la cabeza, prestando atención.

—Van en pareja —añadió—, y hay un código claro, blanco y negro.

Lucero bajó la mirada hacia su vestido, luego volvió a él.

—No voy a llevarte con algo que no hice yo —dijo—, no cuando puedo hacerlo mejor.

Lucero lo observó unos segundos, su expresión cambió apenas, la incomodidad se mezcló con algo más suave.

Marcel volvió a acercarse, ajustando la medida de su cintura. Lucero respiró un poco más profundo, luego dejó caer los hombros, aceptando.

Marcel notó el cambio.

—Bien —dijo—, no te muevas.

Lucero levantó la barbilla apenas, obedeciendo.

—Así está mejor.

El ambiente entre ellos era tranquilo, sin presión, él trabajaba con precisión, ella se dejaba guiar, aunque a veces desviaba la mirada, como si no quisiera que él notara cuánto le afectaba ese cuidado.

—Te tomará unos días —comentó Marcel—, pero estará listo.

Lucero asintió. Sosteniendo la mirada un momento más largo, luego desvió los ojos, pero su expresión ya no mostraba resistencia.

______

El día del evento llegó y en la casa del conde Ernesto, el ambiente era distinto, más formal; el conde revisaba su vestimenta frente a un espejo, ajustando los detalles, mientras Isolda esperaba sentada, con una sonrisa apenas contenida.

—¿Ya estás listo? —preguntó ella.

—Casi —respondió Ernesto, sin mirarla aún.

Isolda cruzó una pierna con elegancia.

—Debiste decidir antes a quién llevarías —comentó—, no es algo que se deje al último momento.

Ernesto terminó de acomodarse y finalmente la miró.

—Aun no he decidido y vas vestida de negro.

Isolda levantó una ceja.

—Tengo que está preparada si me escoges para acompañarte.

En ese momento, Gisela apareció en la puerta.

—No me siento bien —dijo con voz suave—, no podré acompañarte.

Ernesto la miró un instante.

—Mejor. Isolda me acompañará. Ya está preparada.

Gisela no mostró reacción negativa, al contrario, inclinó la cabeza con calma.

—Disfruten la noche.

Isolda se puso de pie, acomodando su vestido.

—Lo haremos.

Poco después, ambos salieron de la residencia, dejando la casa en silencio.

Gisela permaneció en su lugar unos segundos, escuchando cómo el sonido del carruaje se alejaba; su expresión no cambió, pero sus pasos sí, giró con decisión y caminó hacia el interior, atravesando los pasillos con una seguridad que no mostraba frente a otros.

Entró en su habitación, cerró la puerta con cuidado, se dirigió hacia un pequeño compartimento oculto entre sus pertenencias, sacó un sobre, lo sostuvo unos segundos, luego salió nuevamente.

Sus pasos la llevaron directamente al despacho de Ernesto.

Abrió la puerta sin dudar, entró y la cerró detrás de sí.

El lugar estaba ordenado, los documentos bien colocados, el escritorio limpio, todo en su sitio; Gisela caminó hasta él, abrió uno de los cajones con precisión, como si supiera exactamente dónde buscar.

Sacó varios documentos, los revisó rápidamente hasta encontrar lo que buscaba.

Se sentó.

Abrió el sobre que había traído, pero antes, tomó el documento original.

Sus ojos recorrieron las líneas con atención. Su expresión no cambió, pero su respiración se volvió más lenta.

—Así que es así. Sabía que lo harías, Ernesto—murmuró.

Volvió a leer.

El nombre de Isolda aparecía con claridad, seguido de una parte asignada a Fátima. Era la herencia familiar.

Gisela dejó el documento sobre la mesa, apoyó una mano sobre él, como si estuviera midiendo el peso de lo que tenía frente a ella.

—Ni para mí —dijo en voz baja—, ni para mi hija.

Se recostó un poco en la silla, pensando.

Luego abrió el sobre que había traído.

Dentro había otro documento, perfectamente preparado, con el mismo formato, las mismas firmas, los mismos sellos.

La diferencia estaba en los nombres.

Gisela lo colocó junto al original, comparándolos.

—Exacto —susurró.

Se levantó, caminó hacia la chimenea encendida en el despacho, tomó el documento original, lo sostuvo un segundo más.

—Debiste pensarlo mejor. Ahora tu amante no tendrá nada.

Lo acercó al fuego.

El papel comenzó a arder, primero en una esquina, luego el fuego avanzó, consumiendo las letras, los nombres, las decisiones.

Gisela no apartó la mirada hasta que quedó reducido a cenizas.

Volvió al escritorio, tomó la réplica y la colocó en el lugar exacto donde estaba el original, alineándolo con cuidado.

—Ahora sí.

Acomodó los demás documentos, cerró el cajón, revisó que todo estuviera en orden.

Su expresión volvió a ser la misma de siempre, tranquila, sin rastro de lo que acababa de hacer.

—Nadie lo notará.

Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, miró una vez más el escritorio.

—He sido paciente demasiado tiempo.

Salió del despacho, cerró con suavidad.

1
Carmen Echeverria Henz
🥰🥰🥰🥰🥰
chimoltrufia
tengo miedo de que sea un hombre de poca confianza y facil de manipular
chimoltrufia
*se desmaya*
chimoltrufia
quien es ese hombre🎵🎵 que me mira y me desnuda 🎵🎵
Ruxtts
📖✅
Carmen Echeverria Henz
😈😈😈
Diana Carolina Moran Abad
me encanto , hermosa 🤗🤗🤗🤗
Diana Carolina Moran Abad
que desgraciada
LectoraPR
Esta novela está tan bien narrada, resulta imposible detener la lectura. Gracias!
LectoraPR
Hermoso!
AX
La paciencia es una virtud
Clara
magnifica.
AX
🥹
Ingrid Perez
Hermosa novela me encantó gracias te deseo infinitas bendiciones 😘🤗
Carmen Echeverria Henz
a una que le van dan la plr 🤭
noem
no es por nada, pero que se quede muerta, que en esa zorra no reencarne nadie
daya murillo
hermosa historia me encantó
noem
pero por qué tiene que ser así, malparida perra sarnosa como caen de mal
noem
a estas alturas me preguntó !🤔🤔 por qué no se le realizó una prueba vaya y no esté embarazada ??
noem
cuando encuentro una novela con un personaje con mi nombre ahaha🥴🥴🥴🥴
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