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¿Divorcio? Eso Jamás - Puedo Escuchar Sus Pensamientos.

¿Divorcio? Eso Jamás - Puedo Escuchar Sus Pensamientos.

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / Posesivo
Popularitas:124.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Natalia está al borde del divorcio, pero un accidente lo cambia todo.

Branko su esposo, sufre un accidente y puede leer los pensamientos de su aún esposa y descubre muchas cosas, Natalia es fría por fuera, pero caótica por dentro, se entera que ella ha estado enamorada de él durante mucho tiempo y ahora es él quien no quiere divorciarse. ¿DIVORCIO? ESO JAMÁS

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 13 La espera

Natalia llegó a casa una hora antes que Branko.

No encendió la televisión. No preparó té. No revisó el teléfono. Solo se sentó en el sillón del salón, con los brazos cruzados y la mirada fija en la puerta principal.

Sobre la mesa de centro, un sobre.

Dentro del sobre, el acuerdo de divorcio.

Ya firmado por ella. Solo faltaba la rúbrica de él.

"Esta vez no hay vuelta atrás", pensó Natalia, mientras el reloj de pared marcaba las segundas como latidos de condena. "Entra, firma, y vete con tu princesa de pacotilla. Yo seguiré con mi empresa, mi dinero y mi dignidad. Que es más de lo que tú me has dado."

Pero su corazón, ese traidor musculoso, latía desbocado.

"¿Y si no firma? ¿Y si dice la verdad? ¿Y si realmente me quiere? No. No. Los Sitik no quieren. Los Sitik usan. Como mi padre. Como mi madre. Como todos."

Oyó el motor de un coche. Luego, el portón del garaje. Luego, pasos en la entrada.

La puerta se abrió.

Branko entró.

Llevaba la misma ropa del hospital, la camisa azul que Natalia había comprado. La venda seguía en su cabeza, aunque un poco desacomodada. Sus ojos grises recorrieron el salón hasta encontrar a Natalia.

Y luego, bajaron a la mesa de centro.

Al sobre.

—¿Qué es eso? —preguntó Branko, aunque ya lo sabía.

—Lo que parece —respondió Natalia, sin moverse del sillón—. El acuerdo de divorcio. Ya lo firmé. Solo falta tu rúbrica.

El silencio se instaló como un cuchillo entre ellos.

Branko no dijo nada. Caminó hacia la mesa. Tomó el sobre. Lo abrió con calma. Sacó los papeles. Los leyó —aunque no necesitaba leerlos, los conocía de memoria— y luego, muy lentamente, levantó la vista hacia Natalia.

—¿En serio? —preguntó, con voz baja, peligrosa.

—En serio.

—¿Después de todo lo que pasó hoy?

—Especialmente después de todo lo que pasó hoy —respondió ella—. Vi lo que necesitaba ver. Valeria en mi oficina. Tú entrando. Ella aferrada a ti como una lapa. Tú sin apartarla. Eso es suficiente.

—No aparté a Valeria porque llegué cinco segundos antes de que la abofetearas.

—Llegaste cuando ella ya estaba llorando —dijo Natalia, con veneno—. Y no, no fueron cinco segundos. Fueron los suficientes para que ella hiciera su numerito de víctima. Y tú, como un príncipe azul con contusión cerebral, caíste redondo.

—No caí redondo —respondió Branko, con la mandíbula apretada—. Le dije que no iba a firmar. Le dije que la mitad del apartamento era tuyo. Le dije que se fuera.

—Me enteré —dijo Natalia secamente—. Lila me contó. Tiene amigos en recepción. Escucharon todo el numerito cuando saliste.

Branko abrió la boca. La cerró. Por un momento, sintió que luchaba contra un ejército invisible: Natalia, Lila, recepción, todo el edificio Santino en su contra.

—Natalia —dijo, cambiando el tono, intentando la calma—. Hablemos. Sin gritos. Sin abogados. Sin papeles.

—No hay nada que hablar —respondió ella, levantándose—. Los papeles están ahí. Firma o no firmes, pero no voy a ser la otra en mi propio matrimonio.

—¿La otra? —Branko dio un paso hacia ella—. ¿Qué otra? No hay nadie más. Nunca la hubo.

—Valeria.

—Valeria no es mi amante. Te lo he dicho mil veces.

—Y yo te he dicho que no me importa lo que digas —Natalia levantó la voz, algo que hacía raro—. Me importa lo que haces. Y lo que haces es: recibirla en el aeropuerto, conseguirle un apartamento, visitarla, llamarla, correr hacia ella cada vez que estornuda. Eso no es amistad, Branko. Eso es… es…

—¿Qué? —preguntó él, con los ojos brillantes de furia contenida—. ¿Qué es, Natalia? Dímelo. Dímelo de una vez.

—Es ser un imbécil —escupió ella—. Un imbécil que no ve que esa mujer lo usa. Que lo usó antes, que lo usa ahora, y que lo usará siempre. Y tú, con tu título, con tu traje, con tu familia de mierda, eres un tonto útil. Eso es lo que eres.

El insulto flotó en el aire como una bomba.

Branko no respondió. No porque no tuviera palabras. Porque estaba a punto de estallar.

—Toma —dijo Natalia, señalando los papeles que él aún tenía en la mano—. Firma y vete. O no firmes y vete igual. Pero vete.

Branko miró los papeles.

Los miró largamente.

Y entonces, sin previo aviso, los rompió.

No con cuidado. No con elegancia. Los agarró con las dos manos y los desgarró en pedazos, como si fueran enemigos. Los papelitos volaron por el salón como confeti de un entierro.

—¿Qué haces? —preguntó Natalia, dando un paso atrás.

—Lo que tendría que haber hecho desde el principio —respondió Branko, con la respiración agitada—. Romper esta mierda.

—¡Son documentos legales!

—¡Y son una mierda! —gritó él.

Natalia se quedó paralizada. Había visto a Branko enfadado antes, pero no así. No con el pecho subiendo y bajando, las manos temblorosas, los ojos grises convertidos en tormenta.

—No voy a firmar —dijo Branko, caminando hacia ella—. No voy a divorciarme. No voy a dejarte ir. Así que puedes traer mil acuerdos, puedes traer abogados, puedes traer a tu padre, a tu madre, a tu hermana, a Valeria, a quien sea. No voy a firmar.

—No tienes opción —respondió Natalia, recuperando la compostura—. El divorcio no necesita tu firma si yo demuestro infidelidad.

—¿Infidelidad? —Branko soltó una risa amarga—. ¿Con quién? ¿Con Valeria? No me he acostado con ella. Nunca. ¿Quieres que te lo jure? ¿Quieres que me haga una prueba de ADN? ¿Quieres que llame a la policía, al ejército, al papa?

—No seas ridículo.

—¡Ridículo eres tú! —gritó él, y su voz retumbó en las paredes—. Ridícula por creer que prefiero a esa víbora antes que a ti. Ridícula por no ver que cada vez que te miro se me olvida cómo se respira. Ridícula por tener el valor de pedirme el divorcio cuando yo estoy aquí, delante de ti, rogándote que te quedes.

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Filomena Ramírez Jiménez
Jajajaja magnífico, estoy q no paro de reír, ese Branco sin poder reír de los pensamientos de Natalia.🤣😂
Esmeralda Gutiérrez
Buena historia, algo rara pero me gustó
Kim Nava
que ya es el final si apenas estaba agarrando corriente 🤭🤭🤭🤭
pero gracias autora estuvo increíble✨✨✨
Kim Nava
Natalia y sus ocurrencias🤣
Kim Nava
serán abuelos 🤣
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja y más te vale pisar suavecito irá que Natalia lo investiga todo 🤭
Kim Nava
le sirva la verdad de quien es el que mando matar a su mamá 🤔 estoy dudando de otra personita
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja jajajajajaja jajajaja éstos pensamientos de Natalia no portan la seriedad del asunto 🤭🤭
Diana Carolina Moran Abad
me encanto 😁
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Kim Nava
descubren y los manda a algo más 🤔
Kim Nava
wow ahora está mujer quien es 🤔
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭🤭🤭
Nata Mazó
🤣🤣🤣🤣 cada día me das más risa está pareja de locos
Ana Elena Jiménez
😱😱😱😱
Nata Mazó
ella el propio peligro mijo😂😂😂😂
Kim Nava
quien es ese hombre 🤔
no se por que pero en algún momento pensé en el padre de Branko pero creo que no es el
Kim Nava
ojalá descubra quien la encerro ahí y los haga pagar
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