Oriana despierta en el cuerpo de la mujer que, en una historia que conoce demasiado bien, destruyó la vida de un poderoso duque. Ahora, atrapada en una nobleza en ruinas y con un padre al borde del colapso, decide no seguir el camino que ya estaba escrito para ella.
Sin buscar redención ni protagonismo, empieza de nuevo desde lo más simple: trabajar, crear, sobrevivir y pagar las deudas de una vida que ya no siente suya. Pero el destino no se queda quieto. El mismo duque al que una vez hirió comienza a mirarla con sospecha, luego con interés, como si algo en ella no encajara con el pasado que recuerda.
Sin embargo, cuanto más intenta escapar del rol que le fue asignado, más se acerca a un futuro que nadie en esa historia original llegó a ver venir.
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Capitulo 12
La tranquilidad dentro del ducado Hall duró menos de lo que todos querían admitir.
Durante varios días, Dorian había mostrado una mejoría bastante estable. Caminaba más, podía comer sin dificultad y hasta volvió a discutir con Lara porque ella intentó quitarle los postres después de la cena.
—Esto es discriminación contra los enfermos —se quejó el barón mientras sostenía el plato lejos de ella.
—Usted se comió cuatro tartas pequeñas.
—El número importa menos cuando uno enfrenta la muerte.
—Precisamente porque enfrenta la muerte debería cuidarse.
Priscilla terminó riéndose desde el otro lado de la mesa mientras Ender permanecía en silencio tomando té.
Momentos así comenzaron a sentirse normales.
Demasiado normales.
Quizá por eso el cambio llegó de forma tan cruel.
Todo ocurrió una madrugada.
Priscilla despertó por el sonido de pasos apresurados en el pasillo y voces tensas hablando cerca de la habitación de su padre.
Se levantó inmediatamente.
Todavía medio dormida, abrió la puerta y vio varios empleados moviéndose rápido.
El miedo le golpeó el pecho antes incluso de preguntar.
—¿Qué pasó?.
Nadie respondió enseguida.
Y eso fue peor.
Priscilla caminó rápido hacia la habitación del barón y abrió la puerta sin esperar permiso.
El ambiente estaba pesado.
Dorian respiraba con dificultad mientras el sudor le cubría completamente el rostro. La tos había vuelto y esta vez era mucho peor.
Ender permanecía al lado de la cama usando magia sobre él, aunque algo estaba mal.
Priscilla lo notó enseguida.
La expresión de Ender.
Porque desde que lo conocía, jamás lo había visto así.
Tenso.
Concentrado.
Cansado.
—Padre…
Dorian giró apenas el rostro al escucharla.
Aun así intentó sonreír.
—Qué manera horrible de despertar, ¿verdad?.
La voz le salió mucho más débil de lo normal.
Priscilla se acercó rápidamente.
—¿Qué ocurrió?, ayer estaba bien.
Nadie respondió inmediatamente.
Y otra vez ese silencio empezó a destruirle el pecho poco a poco.
Ender retiró lentamente la mano después de terminar el hechizo.
La respiración del barón se estabilizó apenas un poco.
Solo un poco.
—La tos cesara temporalmente —dijo finalmente.
Temporalmente.
Esa palabra quedó dando vueltas en la cabeza de Priscilla durante demasiado tiempo.
Los días siguientes fueron peores.
La magia de Ender seguía funcionando… pero cada vez menos.
El cuerpo de Dorian volvía a deteriorarse rápidamente sin importar cuántos tratamientos recibiera. La fiebre regresaba, el dolor aumentaba y el cansancio se hacía más evidente con cada mañana.
Y Ender no entendía por qué.
Priscilla comenzó a verlo despierto hasta tarde revisando libros antiguos, hablando con otros magos y encerrándose durante horas dentro de su despacho.
Nunca lo había visto perder la calma.
Hasta ahora.
Una noche, después de otra sesión agotadora de tratamiento, Ender pidió hablar con ella.
Solo con verla entrar al despacho, Priscilla sintió miedo.
Porque ya conocía demasiado bien esa mirada.
La había visto en médicos antes.
En su vida pasada.
Cuando intentaban encontrar palabras menos dolorosas para decir algo imposible de cambiar.
Ender permaneció unos segundos en silencio antes de hablar.
—La enfermedad ya no está avanzando de forma normal.
Priscilla apretó lentamente las manos.
—¿Qué significa eso?.
—Tu padre debió mejorar hace semanas. El tratamiento estaba funcionando.
—Entonces siga haciéndolo.
La respuesta salió demasiado rápido.
Demasiado desesperada.
Ender bajó apenas la mirada.
—Lo hice.
El silencio cayó entre ambos.
Y Priscilla sintió cómo el pecho comenzaba a dolerle lentamente.
—No entiendo…
La voz le salió mucho más frágil de lo que quería.
Ender habló tranquilo.
Demasiado tranquilo.
—El cuerpo humano tiene límites, Priscilla.
Ella negó enseguida.
—No.
—Hay enfermedades que pueden curarse y otras que solo pueden retrasarse.
—No.
—El ciclo de vida de tu padre está llegando a su final.
Priscilla se quedó completamente quieta.
Y de repente todo volvió.
El olor de hospital.
La sensación de su cuerpo apagándose poco a poco.
Los médicos evitando mirarla directamente.
La resignación.
El miedo.
Todo.
—No… —murmuró otra vez, apenas respirando—. Usted dijo que estaba mejorando.
—Y era verdad.
—Entonces haga algo más.
Ender cerró lentamente el libro que tenía frente a él.
—Ya hice todo lo que estaba a mi alcance.
La desesperación empezó a subirle lentamente por el pecho.
—Usted es el duque Hall.
—Eso no me vuelve un dios.
La habitación quedó en silencio.
Priscilla bajó la mirada mientras intentaba respirar normalmente.
Pero no podía.
Porque entendía demasiado bien lo que Ender estaba diciendo.
Y precisamente por eso dolía más.
—¿Cuánto tiempo queda…?.
Ender tardó unos segundos en responder.
—No lo sé exactamente.
La garganta le ardió.
—Pero despertará mañana, ¿verdad?.
El silencio de Ender fue suficiente respuesta.
Y eso terminó rompiéndola un poco por dentro.
Cuando volvieron a la habitación del barón, Dorian ya estaba despierto otra vez.
Más débil.
Pero consciente.
Priscilla intentó actuar normal apenas se acercó a él.
No funcionó.
Dorian la observó unos segundos antes de suspirar bajito.
—Te dijo.
Ella no respondió.
Porque si abría la boca iba a llorar inmediatamente.
El barón levantó lentamente una mano y acarició apenas su cabeza.
—No pongas esa cara.
Eso fue peor.
Mucho peor.
Priscilla apretó los labios con fuerza mientras las lágrimas comenzaban a acumularse igual.
—No quiero que hables como si estuvieras despidiéndote.
Dorian sonrió apenas.
—Todos nos despedimos tarde o temprano.
—No ahora.
—Priscilla.
La voz de su padre seguía siendo suave incluso así.
—Me duele más verte sufrir que estar enfermo.
Ella bajó la cabeza enseguida porque ya no podía seguir conteniéndose.
Las lágrimas comenzaron a caer silenciosamente.
—Trabajé mucho… —murmuró con la voz rota—. De verdad pensé que iba a funcionar…
Dorian la miró en silencio varios segundos.
Y luego habló con una tranquilidad que casi dolía escuchar.
—Funcionó.
Ella levantó apenas la cabeza.
—Este tiempo fueron más felices de lo que imaginas.
Eso terminó quebrándola completamente.
Priscilla se cubrió la boca intentando no llorar fuerte frente a él, pero ya no podía respirar bien dentro de esa habitación.
El miedo.
La impotencia.
El recuerdo de su propia muerte.
Todo estaba aplastándole el pecho.
Y antes de darse cuenta, terminó saliendo rápidamente de la habitación.
Los pasos resonaron fuertes por el pasillo vacío mientras intentaba limpiarse las lágrimas inútilmente.
Pero no podía detenerlas.
No podía.
Detrás de ella, Ender salió de la habitación algunos segundos después.
Y aunque no dijo nada inmediatamente, podía sentir perfectamente la desesperación de Priscilla incluso sin verla directamente.
La tristeza alrededor de ella era tan intensa que casi resultaba dolorosa de percibir.
Priscilla terminó deteniéndose cerca de una de las ventanas del pasillo mientras intentaba recuperar el aire.
Pero apenas habló, la voz volvió a romperse.
—No quiero volver a pasar por esto…
Rebeca piensa que puede arruinar la relación con decirle a Ender que Priscila es una impostora y que ya sabe la.verdad desde el primer momento que entró pidiendo ayuda. Espero con ansias el próximo capítulo 😋