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LA OMEGA QUE DESPERTÓ A LA BESTIA

LA OMEGA QUE DESPERTÓ A LA BESTIA

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Grandes Curvas / Hombre lobo
Popularitas:24.3k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Irina Vólkov es la vergüenza de su familia. Omega sin loba, gorda y relegada a fregar platos mientras su hermana gemela Astrid brilla como la bendecida por la diosa luna. La noche de su cumpleaños 18, su padre la anuncia como ofrenda al Rey Theron Blackmoor — un alfa maldito del que nadie habla sin bajar la voz.

Lo que nadie sabe es que antes de esa noche, en un lago escondido entre las montañas, una bestia enorme la encontró desnuda bajo la luna. No la atacó. Solo la miró. Como si la estuviera esperando.

Ahora Irina está encerrada en un castillo oscuro con un rey que la desprecia de día y una bestia que duerme a sus pies de noche. Con una ceremonia que puede unirla a él para siempre — o matarla si la diosa luna decide que no es suficiente. Con una hermana dispuesta a todo por quitarle lo que tiene. Y con una loba despertando dentro de ella que le susurra lo que Irina se niega a aceptar:

Que la bestia la eligió primero.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 23 El secreto

Irina despertó con la boca de Theron en su hombro, justo sobre la marca.

No la estaba besando. La estaba tocando con los labios, despacio, como si estuviera comprobando que seguía ahí. Que era real. Que anoche no fue un sueño del que iba a despertar en el sótano de su castillo, solo, encadenado, sin nada.

—Buenos días —murmuró Irina sin abrir los ojos.

—Buenos días.

—¿Cuánto llevas despierto?

—Un rato.

—¿Mirándome dormir?

—Mirando la marca.

Irina abrió los ojos. Se giró. Lo encontró apoyado en un codo, con el pelo revuelto y esos ojos grises que ya no eran fríos sino otra cosa que le calentaba el pecho cada vez que la miraban así.

—¿Te arrepientes? —preguntó ella.

—¿De qué parte? ¿De la que incluye haberte hecho gritar tan fuerte que probablemente los guardias del perímetro te escucharon? No. De ninguna parte.

—Los guardias no pudieron escuchar desde el perímetro.

—Irina, los lobos tienen superaudición. Todo el castillo escuchó. Probablemente el pueblo también.

—Genial. ¿Alguna posibilidad de que piensen que estaba gritando por otra razón? ¿Una pesadilla? ¿Un ratón?

—Nadie grita el nombre de su rey durante una pesadilla con un ratón.

—Mierda.

—Ajá.

Se quedaron mirándose. Desnudos, en la cama destrozada que tenía una pata rota y las sábanas en el suelo. El camisón negro colgaba de la lámpara del techo. Irina no recordaba cómo llegó ahí y no quería preguntarse demasiado.

—¿Qué hacemos? —dijo ella.

—¿Con qué?

—Con esto. Con nosotros. Con el hecho de que me marcaste anoche, que medio castillo nos escuchó y que tengo una marca en el cuello que cualquier lobo va a reconocer en medio segundo.

Theron le tocó la marca con los dedos. Pulsaba con un calor suave, constante, como si tuviera latido propio.

—Podemos ocultarla. Ropa de cuello alto. Pelo suelto.

—¿Y entre nosotros?

—¿Qué quieres tú?

—No te estoy preguntando qué quiero. Te estoy preguntando qué hacemos. Porque si salimos de esta habitación agarrados de la mano, Ezra se desmaya, los guardias hacen apuestas y tu madre nos sirve el desayuno con una sonrisa insoportable.

—Mi madre ya sabe.

—Tu madre sabe todo. Esa mujer tiene radar. Pero el resto del castillo no necesita saber que el rey y la ofrenda están... ¿Qué estamos exactamente? ¿Saliendo? ¿Juntos? ¿Apareándonos? ¿Cuál es el término lobuno para anoche me acosté con el hombre que se supone que tengo que odiar y me gustó tanto que le dejé marcas en la espalda?

—Compañeros.

—¿Compañeros?

—La marca nos hace compañeros. Vinculados. No es lo mismo que la ceremonia de la Luna Roja, pero es... permanente.

—Permanente.

—Sí.

—¿Cómo permanente de no se puede borrar?

—Como permanente de ni la diosa luna puede deshacerlo.

Irina se sentó en la cama. La sábana le cayó a la cintura. No se la subió. Ya no tenía sentido esconderse de alguien que la había visto, tocado, probado y marcado como suya.

—¿Me estás diciendo que anoche nos casamos sin ceremonia, sin templo y sin protocolo?

—Técnicamente la bestia nos casó. Pero sí. Básicamente.

—¿Y no pensaste en mencionarlo ANTES de morderme el cuello?

—No fui yo. Fue la bestia. No controlo lo que hace.

—Esa excusa te funciona para todo, ¿verdad? No fui yo, fue la bestia. Muy conveniente tener un alter ego al que echarle la culpa.

Theron la miró con la sombra de una sonrisa.

—¿Estás enojada?

Irina abrió la boca para decir que sí, que por supuesto que estaba enojada, que un compromiso permanente requiere consentimiento previo y una conversación seria y no un mordisco durante un orgasmo. Pero la verdad era que la marca le pulsaba en el cuello con un calor que se sentía como volver a casa después de un viaje muy largo, y que podía sentir a Theron dentro de su cabeza como una presencia constante, cálida, que no invadía sino que acompañaba.

—No —dijo—. No estoy enojada. Pero vamos a tener que hablar de límites, porque si la bestia empieza a tomar decisiones permanentes sin consultarme, necesito tener una conversación seria con ella.

—Buena suerte con eso. Llevo ocho años intentando razonar con ella y lo único que he conseguido es que deje de destrozar muebles.

—Conmigo dejó de destrozar todo. Así que claramente soy más efectiva que tú.

—Claramente.

Acordaron no decir nada.

De día, la misma fachada de siempre. Discusiones en los pasillos, distancia en el comedor, ella insultándolo por las mañanas y él respondiendo con monosílabos. El juego de siempre.

De noche, la puerta se cerraba y los dos dejaban de fingir.

No era solo sexo, aunque el sexo era frecuente y cada vez menos torpe y cada vez más intenso, con Irina descubriendo cosas que le gustaban que no sabía que le gustaban y Theron descubriendo que podía ser vulnerable sin que el mundo se derrumbara. Era lo de después. Acostados en la oscuridad, hablando de cosas que ninguno de los dos le decía a nadie. Él le contó de las primeras noches de la maldición, cuando despertaba cubierto de sangre y no sabía si había matado a alguien. Ella le contó de los cumpleaños que pasó sola fregando platos mientras su hermana recibía regalos.

Se contaron las cicatrices. Las visibles y las otras.

Al tercer día, Catalina lo supo.

No porque los descubriera. Porque Catalina Blackmoor no necesitaba descubrir nada. Le bastaba con mirar.

Fue en el desayuno. Irina entró al comedor con el pelo suelto cubriendo el cuello, una bufanda que no pegaba con nada y la cara de alguien que está intentando muy fuerte parecer normal.

Catalina la miró por encima de la taza de café. Miró la bufanda. Miró a Theron, que estaba sentado en la cabecera comiendo tostadas con una concentración exagerada en su plato. Miró las ojeras de Irina, que no eran de insomnio sino de otra cosa que no requería explicación.

—Linda bufanda —dijo Catalina—. ¿Es nueva?

—Sí —dijo Irina demasiado rápido.

—Interesante elección para el desayuno. Considerando que estamos a veinticinco grados dentro del castillo.

—Tengo frío.

—¿Frío? —Catalina tomó un sorbo de café—. Qué raro. Porque tu cara dice que tienes de todo menos frío.

Theron se atragantó con la tostada.

—¿Estás bien, hijo? —preguntó Catalina sin cambiar de expresión.

—Perfecto —tosió Theron.

Catalina dejó la taza en la mesa. Miró a Irina. Miró a Theron. Miró la bufanda otra vez.

—Irina, querida, ¿me pasas la mermelada? La que está a tu derecha.

Irina estiró el brazo. La manga se le subió. La marca de la muñeca quedó visible, pero no fue eso lo que Catalina miró. Fue el ángulo del cuello cuando se estiró, donde la bufanda se movió un centímetro y el borde de la marca del mate asomó como una media luna rosada.

Catalina no dijo nada. Tomó la mermelada. Se la untó en la tostada con una precisión que habría funcionado en una cirugía. Masticó. Tragó.

—El doble de proteínas para Irina a partir de hoy —le dijo a Ezra, que estaba sirviendo el café—. Y preparen la habitación grande del ala principal. La que está junto a la del rey.

—¿La suite de la luna? —preguntó Ezra—. Esa no se usa desde...

—Desde que no había luna. Ahora la hay. Prepárala.

Ezra miró a Theron. Theron miraba su plato como si las tostadas fueran el objeto más fascinante del universo. Ezra miró a Irina. Irina miraba la pared como si estuviera contando ladrillos.

—Entendido —dijo Ezra, que llevaba quince años al servicio de esta familia y sabía cuándo no preguntar.

Catalina terminó su desayuno. Se levantó. Pasó detrás de Irina y, sin que nadie más lo viera, le apretó el hombro. Un gesto breve. Firme. Que decía más que cualquier discurso.

En la puerta se detuvo.

—Ah, Irina.

—¿Sí?

—Quítate la bufanda. Pareces un espantapájaros. —Pausa—. La marca del mate no es algo que se esconde. Es algo que se lleva con orgullo. Mi marido me marcó hace treinta y cinco años y nunca me cubrí el cuello. No empieces tú.

Se fue.

Irina miró a Theron. Theron la miró a ella.

—Tu madre acaba de decirme que me quite la bufanda y me preparó la habitación de al lado.

—Mi madre acaba de darnos su bendición. A su manera.

—¿Así da la bendición tu madre? ¿Con indirectas sobre mermelada y órdenes de doble proteína?

—Así da todo mi madre.

Irina se quitó la bufanda. La marca del mate brillaba en su cuello, visible, permanente, innegable. Dos guardias que pasaban por el comedor se detuvieron en seco. Se miraron. Uno le dio un codazo al otro.

—Para esta tarde lo sabe todo el castillo —dijo Irina.

—Para esta tarde lo sabe todo el territorio —corrigió Theron.

—¿Y?

—¿Y qué?

—¿Te importa?

Theron la miró. Se levantó de la mesa. Caminó hasta ella. Le puso la mano en la marca del cuello, delante de los guardias, delante de Ezra, delante de cualquiera que estuviera mirando.

—Es lo único que he hecho bien en ocho años —dijo—. No me importa quién lo sepa.

Kira, si dices algo, te juro que...

No iba a decir nada. Solo estoy memorizando este momento para repetírtelo cada vez que digas que lo odias.

Cállate.

Te quiero, Irina.

Yo también te quiero. Ahora cállate.

1
Livia silva mejias
DIOSDELAVIDAAAAAA!...que buena se puso la cosa.
conchole que toda la energía negativa que carga el hijo de la bruja se le devuelva y nada arruine el ritual de la Luna Roja 🤞🏼🤞🏼🤞🏼🤞🏼
Anonymus
Será que Elias es un brujo disfrazado, el peligro no acaba 🤯🤯🤯🤯
ShaLop
Excelenteeeee
Pris
Ay que angustia ahora. Quien será ese
Nancy Monterrosa
ay escritora porfa deja que se haga la ceremonia y después que puedan luchar contra la maldad
Nancy Monterrosa
amo a esta suegra jajajaja más suegras así
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
lo bueno es que lo vigilan y si hace algo no están desprevenidos
Anonymus
Me huele a Brujo vengativo y peligro inminente, sino se ponen la sillas lanteagedia vuelve y los alcanza y esta vez sin segundas oportunidades 😭😭😭😭🤯🤯🤯
Anonymus
Catalina desde el primer capítulo que te leí, te ganaste mi admiración, temor, resquemor y ahora cariño, bien por ti
Odalis Angelica Bueno Vargas
Hay dios mio ojalá no sea algo malo ya que ella salio casi de la muerte para que venga otro y la remate
daya murillo
hermosa historia felicidades autora👏
Livia silva mejias
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼 Excelente!
felicidades AUTORA
Nancy Monterrosa
amo a esa suegra metiche jajajaja
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
tu madre acaba de abrir la puerta para que dejen de fingir que no ha pasado nada cuando en realidad pasa de todo y de muchas maneras 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🥰🥰🥰🥰🥰
Rosa Zambrano
Felicitaciones apreciada escritora, nada aburrida, mucha acción en diversas versiones 🫂❤️🌹
Rosa Zambrano
Estoy super emocionada. Un capítulo buenísimo
Livia silva mejias
🥵🥵🥵 IRIIINAAAA cochina envidia que me das, te dieron como furruco en feria 😜😜😜
Livia silva mejias
😈😈❤️‍🔥❤️‍🔥🥵🥵 A quién le van a dar hasta en ID 😍😍😍😍🤪😜
Alexandra Ortiz Posada
Excelente capitulo, gracias por compartir, bendiciones
Bedy Moreno
excelente,admiro tu obra, primero vez que te leo !!
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