Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”
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#16
...Cada vez más peligroso...
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Valeria apenas logró respirar después de escuchar aquellas palabras.
“Ahora entiendes por qué no me gusta que otros hombres te miren.”
El tono de Adrián había sido demasiado bajo.
Demasiado íntimo.
Y peligrosamente sincero.
Ella sintió un escalofrío recorrerle lentamente la espalda mientras él seguía inclinado cerca de su oído.
La cercanía de Adrián siempre hacía que todo se sintiera más intenso.
Más difícil.
Más imposible de ignorar.
Valeria tragó saliva lentamente antes de apartarse apenas unos centímetros.
Necesitaba pensar con claridad.
El problema era que cerca de él eso comenzaba a ser imposible.
—No soy algo que pueda poseer.
La frase salió más firme de lo que esperaba.
Y durante un segundo completo, Adrián guardó silencio.
Después la observó lentamente.
Demasiado lentamente.
Como si aquella respuesta le hubiera gustado más de lo que debería.
—Lo sé.
El corazón de Valeria dio un pequeño vuelco.
Porque la manera tranquila en que respondió resultó peor.
No discutió.
No se molestó.
No intentó negarlo.
Simplemente la observó como si ya hubiera aceptado que ella iba a desafiarlo constantemente.
Y eso parecía atraerlo todavía más.
La música suave seguía llenando el salón mientras las personas continuaban hablando alrededor de ellos.
Pero Valeria apenas podía concentrarse en otra cosa que no fuera Adrián.
Especialmente cuando él seguía mirándola así.
Como si estuviera perdiendo lentamente la paciencia consigo mismo.
Claudia volvió a pasar cerca de la mesa.
Esta vez acompañada de otra mujer elegante que observó discretamente a Valeria antes de murmurar algo al oído de Claudia.
Ambas sonrieron apenas.
Pero no fue una sonrisa amable.
Valeria lo notó inmediatamente.
Y Adrián también.
Sus ojos se oscurecieron apenas un poco.
—Ignóralas.
La voz grave sonó tranquila.
Protectora.
Valeria soltó lentamente el aire.
—¿Tuviste algo con ella?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Silencio.
Adrián sostuvo su mirada apenas unos segundos.
Y entonces una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Oscura.
Satisfecha.
—¿Estás celosa?
El calor subió inmediatamente al rostro de Valeria.
—No.
—Mientes peor cuando te incomodas.
Ella apartó la mirada rápidamente.
Y eso solo empeoró la expresión divertida de Adrián.
Porque él estaba disfrutando aquello.
Muchísimo.
Adrián levantó lentamente una copa de vino.
—Claudia y yo salimos algunas veces hace años.
El pecho de Valeria se tensó de manera extraña.
Inesperada.
Porque no le gustó escuchar eso.
Y odiaba el hecho de que no le gustara.
Adrián siguió observándola cuidadosamente.
Analizando cada reacción.
—Pero nunca fue importante.
Los ojos de Valeria volvieron lentamente hacia él.
—¿Y cómo sé que eso es verdad?
Adrián inclinó apenas la cabeza.
—Porque jamás la miré como te miro a ti.
El corazón de ella perdió completamente el ritmo.
Otra vez.
Siempre él haciendo eso.
Diciendo cosas capaces de destruir cualquier intento suyo de mantener distancia.
Valeria bajó la mirada hacia la mesa intentando ignorar el caos dentro de su pecho.
Pero Adrián levantó lentamente una mano hasta tomar suavemente su mentón.
Obligándola a mirarlo otra vez.
—Mírame.
La voz grave salió baja.
Dominante.
Y Valeria obedeció antes siquiera de pensarlo.
Eso la asustó.
Porque comenzaba a reaccionar demasiado a él.
Adrián acarició apenas su mandíbula con el pulgar.
—No me interesa nadie más.
El aire pareció desaparecer nuevamente.
La intensidad en sus ojos era peligrosa.
Casi obsesiva.
Como si realmente hablara en serio.
Y probablemente así era.
Valeria intentó recuperar algo de control.
—No deberías decirme esas cosas.
—¿Por qué?
—Porque haces que todo se vuelva más complicado.
Una pequeña sonrisa apareció otra vez en el rostro de Adrián.
Pero esta vez había algo más suave debajo.
Algo extrañamente sincero.
—Ya era complicado desde el momento en que te vi.
El corazón de Valeria dolió esta vez.
Porque aquella frase no sonó impulsiva.
Sonó real.
Demasiado real.
Antes de que pudiera responder, un hombre se acercó rápidamente hacia Adrián.
—Señor De Luca, los inversionistas quieren hablar con usted antes de irse.
La expresión de Adrián cambió apenas.
Molestia.
Como si odiara que interrumpieran aquel momento.
—Voy en un minuto.
El hombre asintió y se alejó.
Adrián volvió inmediatamente la atención hacia Valeria.
Como si nada más importara realmente.
—No te muevas de aquí.
La frase salió automática.
Posesiva.
Valeria levantó una ceja.
—¿Eso fue una orden?
—Sí.
Ella soltó una pequeña risa incrédula.
Y por primera vez esa noche, Adrián sonrió de verdad.
No una sonrisa oscura.
No arrogante.
Una sonrisa real.
Y aquello fue muchísimo más peligroso.
Porque lo hizo ver humano.
Más cercano.
Más fácil de querer.
Valeria sintió el pecho apretarse apenas al darse cuenta de eso.
Adrián se puso de pie lentamente.
Pero antes de alejarse, inclinó apenas el rostro hacia ella.
Lo suficiente para que sus labios rozaran suavemente su mejilla.
El contacto fue breve.
Casi inocente.
Y aun así hizo que el corazón de Valeria se descontrolara otra vez.
Cuando Adrián finalmente se alejó hacia el otro lado del salón, varias personas volvieron a observarla inmediatamente.
Especialmente Claudia.
Y esta vez la mirada de aquella mujer ya no mostraba simple curiosidad.
Mostraba odio.
Porque todos podían verlo ya.
Adrián De Luca estaba obsesionado con Valeria.
Y eso convertía automáticamente a Valeria en el centro de atención de un mundo peligrosamente oscuro.