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UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

UN PAPA SOLTERO Y A LA ORDEN

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Padre soltero / Traiciones y engaños
Popularitas:43k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Leonardo Fontana, es un joven de 22 años, italiano, heredero de una importante casa de moda. Acostumbrado a una vida de excesos, se ve forzado a madurar de la noche a la mañana, y reacomodar su vida a los nuevos desafíos que le trae.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 2

El club estaba exactamente como Marco lo había prometido, lleno de humo perfumado, música que vibraba en los huesos y cuerpos que se movían al ritmo de algo primario que los negocios y las corbatas no podían domesticar.

La rubia de la tercera fila apareció antes de que terminara mi primer trago.

—Leonardo Fontana

dijo, con un acento que no era romano, quizá florentino, quizá de algún lugar más al sur

—El graduado más famoso de la noche y no por merito.

—¿Famoso?

me apoyé en la barra, dejando que mi sonrisa hiciera el trabajo que las palabras aún no empezaban.

—Creí que había sido por mis méritos académicos.

Ella se rió. Una risa ensayada, probablemente, pero funcionaba con la luz violeta que nos envolvía.

—Por tu apellido, más bien. Y por ese coche que está aparcado fuera.

Directa. Me gustaba eso. La noche prometía.

—¿Quieres dar una vuelta?

pregunté, inclinándome lo suficiente como para que mi aliento le rozara la oreja.

—¿Y perderme la fiesta?

—La fiesta, es verdad.

dije, tomando su mano.

— recién empieza.

Marco me lanzó una seña desde la cabina. Levantó una botella de champán con una sonrisa de complicidad. Luca, a su lado, ya estaba demasiado ebrio como para notar otra cosa que no fuera la chica que tenía en el regazo.

—¿Vienes o te quedas con los niños?

le pregunté a la rubia.

Me siguió.

El resto de la noche fue exactamente como todas las noches de los últimos tres años. Bebida, música, el cuerpo de alguien contra el mío en la penumbra de alguna habitación cuyo nombre no recordaría a la mañana siguiente.

Lo único diferente fue que, cuando el sol empezaba a asomarse tras las colinas de Roma, y yo estaba acostado en mi cama tamaño king con el sabor a champán aún en la boca y el cuerpo de una desconocida a mi lado, tuve un pensamiento fugaz.

Quizá mañana. Quizá mañana sí pienso en lo que dijo mi padre.

Pero el cansancio era más fuerte. El alcohol también. Cerré los ojos y dejé que el sueño me arrastrara sin hacer promesas que no pensaba cumplir.

_________

Desperté con una luz que se colaba por las cortinas como una venganza.

Cada día amanecía igual en mi penthouse de Trastevere, el sol entrando por los ventanales que daban al río, el silencio roto solo por el zumbido del aire acondicionado y el eco de mis propios movimientos.

Pero esta mañana era diferente. No solo por la resaca que me partía la cabeza en dos, esa era habitual. No solo por el cuerpo ausente de la rubia que se había ido en algún momento de la madrugada no recordaba haberla despertado, pero tampoco me sorprendía. Era algo más.

Algo en el aire. Algo en la luz. Algo que me decía que este no era un día como los demás.

El timbre sonó.

Lo ignoré. Era domingo. ¿Quién tocaba el timbre un domingo a las... miré el reloj de pared... las nueve de la mañana? Gente normal duerme los domingos. Gente con resaca, más todavía.

El timbre sonó otra vez. Largo. Insistente.

—Ya voy

gruñí, arrastrándome fuera de la cama con la lentitud de un hombre que ha sido expulsado de un sueño profundo y que no tiene intención de disimular su mal humor.

Cada paso era una pequeña muerte. Los pies descalzos sobre el mármol frío. El eco de mi propia respiración en el amplio pasillo. La imagen de mi reflejo en los espejos que había puesto la decoradora otra idea de mi madre, pelo revuelto, ojos enrojecidos, camisa de la noche anterior apenas abotonada, pantalones de vestir arrugados.

Espectacular. Si quien tocaba era algún fotógrafo de la prensa rosa, iban a tener material para semanas.

El timbre sonó por tercera vez. Más fuerte. Más insistente.

—¡YA VOY!

grité, y mi propia voz me taladró el cráneo como un clavo.

Abrí la puerta con el gesto violento de quien está a punto de putear al primero que se le ponga por delante.

Y me quedé helado.

No había nadie.

Miré a izquierda y derecha. El pasillo vacío. El ascensor en el piso, con la puerta cerrada. Silencio absoluto.

—¿Qué...?

Bajé la mirada. Y entonces lo vi.

Una canasta.

Una canasta de mimbre, de esas que se usan para picnic o para regalar productos gourmet. Con un paño blanco cubriéndola parcialmente. Y dentro...

Me arrodillé. O mejor dicho, mis piernas dejaron de sostenerme y me encontré en el suelo sin recordar haber tomado la decisión de bajar.

Dos bebés.

No, espera. Dos criaturas pequeñas, diminutas, con los ojos cerrados y los puños apretados. Dormían. Estaban acostados sobre una manta suave, arropados con cuidado. Uno con un gorro azul y el otro con un gorro rosa.

Mi cerebro, el mismo que había aprobado con honores Administración de Empresas, el mismo que cerraba tratos millonarios con un par de llamadas telefónicas, mi cerebro se quedó en blanco.

Completamente en blanco.

—¿Qué...?

repetí, porque era la única palabra que mi boca podía formar.

Miré de nuevo al pasillo. Nada. El edificio más exclusivo de Roma, con seguridad las veinticuatro horas, y alguien había dejado dos bebés en mi puerta sin que nadie viera nada.

Mi mano temblaba cuando alcé el borde del paño blanco. Había un sobre. Pequeño. De color crema. Con mi nombre escrito con letra palmer, Leonardo.

Lo abrí con dedos que no me obedecían del todo.

La nota decía, en italiano perfecto:

Leonardo:

Se llaman Tomaso y Lucia. Tienen seis meses. Son tuyos.

No puedo cuidarlos. Tú tampoco quisiste hacerlo cuando te lo dije. Pero ahora no me queda opción.

Cuídalos. O no. Pero ya no es mi problema.

— S.

Leí la nota una vez. Dos veces. Tres veces.

Y me di cuenta de algo horrible.

No tenía ni idea de quién era S.

Rebusqué en mi memoria. Sofía. Sara. Silvia. Sabrina. Los nombres se mezclaban como los tragos de la noche anterior. Caras borrosas. Risas olvidadas. Cuerpos que se desdibujaban en la memoria como acuarelas bajo la lluvia.

¿Cuándo, Dónde, Quién me había dicho algo de un embarazo?

Nada. Absolutamente nada. Tres años de excesos, de noches que empezaban en un club y terminaban en una cama que no recordaba, y ahora la factura llegaba con dos nombres escritos en una nota y una letra que podía pertenecerle a cualquiera.

—Mierda

susurré, y la palabra sonó a confesión.

Miré a los bebés. Seguían durmiendo. Eran pequeños. Demasiado pequeños. Con esas caritas redondas y esos labios que se fruncían como si estuvieran soñando con algo que yo nunca podría entender.

1
ঔGala Gomez
tanto que han pasado no dejen que los separen
ঔGala Gomez
valerian no tengas miedo esa no tiene oportunidad
ঔGala Gomez
no te dejes no le muestres miedo
Gavy Berrío k
la sofia quien mas
Lia fernandez k
dale en la madre leo no dejes que se salga con la suya
Mary Luci k
solo quiere molestar esta mujer
luzca Mera k
ojalá no los separe esa
luzca Mera k
yo apoyo a Leonardo no creo que ella actúe limpiamente y hsy q luchar
Eda Toran☆
muy recomendable léanlo no se arrepentirán
Eda Toran☆
eramos muchos y parió la abuela
Saly Torre☆
preciosa novela sin tanto drama fastidioso al contrario entretenida y atrapante
Jazer Muñica☆
me gustó mucho el avance de Leonardo de esa vida loca a padre de familia y como lo da todo por sus hijos
Alba Martin ☆
bonita novela gracias autora me entretuve bastantes leyendo
Kikao⁠ Ferrer ☆
ne gusto la novela porque no tiene el eterno problema se desenvolvió rápido
Blanca Moran k
ya llego la mujer menos deseada
ঔGala Gomez
eso no la dejen se va y ahora viene con la cara lavada
Gavy Berrío k
la tercera en discordia
Gavy Berrío k
que bueno me sonríe la suerte otra ves a valeria
Geo Guzmán k
nooooo ya apareció esta
Geo Guzmán k
niños con inteligencia desarrollada a temprana edad
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