reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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Episodio 7: No juego su juego
Cuando Lucía vio a Nieves acompañada, lo primero que pensó no fue sorpresa… fue fastidio, “ah… ahora qué viene”, y apenas miró a la mujer a su lado entendió rápido el tipo de persona que era, de esas que disfrutan ver caer a otros, “seguro vino a buscar su té verde”, pensó con ironía, y sin darle más importancia siguió caminando como si no las hubiera visto, como si no existieran, porque sinceramente no le interesaba detenerse ni mucho menos hablar con ellas, pero tal como imaginó no la dejaron pasar.
—Tú, Lucía.
La voz la detuvo, sin respeto, sin título, como siempre, y ella giró apenas la cabeza con calma, sin molestarse.
—¿Sí?
—Quiero que vayamos a una boutique a comprar vestidos nuevos, te gusta eso, ¿cierto? Vienes.
No era una invitación, era una orden, y Lucía solo la miró unos segundos antes de responder sin rodeos.
—No.
La cara de Nieves en ese momento fue todo un espectáculo, Lucía casi sonríe por dentro, “en tu cara, maldita té verde”, pensó con satisfacción, pero por fuera solo mantuvo su expresión tranquila.
—No, gracias, puedo ir yo misma a comprar mis cosas.
Pero Layla intervino con esa falsa amabilidad que ni se esforzaba en ocultar el desprecio.
—Lucía, ya estás fuera, vamos juntas, te encantará el vestido, ¿cierto Nieves?
—Claro, ven, será solo un rato.
Lucía notó perfectamente esas miradas, ese tono, esa insistencia demasiado obvia, y entendió al instante que algo querían hacer, que no era una simple salida, “mmm… quieren algo”, pensó, y en lugar de molestarse o irse, una ligera curiosidad apareció en ella, “vamos a ver qué tan patético es el intento”.
—Está bien —dijo finalmente—, vamos a ver ese “hermoso vestido”.
El trayecto en carruaje fue incómodo, veinte minutos largos donde el silencio pesaba más que cualquier conversación, ellas fingiendo normalidad y Lucía simplemente mirando por la ventana, tranquila, “soportar siempre fue mi fuerte”, pensó sin darle importancia.
Al llegar a la boutique, la diferencia fue clara desde el primer momento, los empleados se acercaron rápido… pero no a ella, sino a Nieves, lo que le molestó más de lo que esperaba, pero no lo mostró, no lo necesitaba, simplemente caminó con seguridad, con esa presencia firme que ya había empezado a construir, y fue suficiente, porque cuando notaron ese cambio, cuando sintieron que ya no era la misma de antes, el trato cambió de inmediato.
—Duquesa…
Ahora sí.
Como debía ser.
Lucía no respondió, solo siguió avanzando hasta el vestíbulo donde empezó a mirar algunos catálogos, ropa elegante, fina, bien hecha, “nada mal…”, pensó, pero entonces la voz de Nieves interrumpió.
—Lucía, ya te estamos trayendo el vestido.
Lucía levantó la mirada y lo notó de inmediato, la gente, demasiada gente, observando, esperando, atentos a lo que iba a pasar, “ah… aquí está el espectáculo”, pensó con calma, y en lugar de incomodarse simplemente esperó.
—Mira este vestido, es perfecto para ti.
Cuando lo vio, por un segundo casi se ríe, era horrible, pequeño, mal hecho, con adornos sin sentido, claramente algo pensado para ridiculizarla, pero no iba a reaccionar como esperaban, no iba a darles ese gusto, así que las miró con calma, con esa mezcla de molestia controlada y tranquilidad que empezaba a definirla.
—Sus gustos son… peculiares, ¿no creen?
Hubo silencio.
—Esa cosa… perdón, ese vestido tan… tan… hermoso… ¿es para mí?
Y sin dejar de mirarlas añadió con suavidad.
—Porque sinceramente creo que les quedaría mejor a ustedes.
Nieves se quedó en blanco por un segundo, pero ese segundo bastó, la rabia apareció en sus ojos aunque intentara ocultarla, y cuando intentó responder, Lucía la interrumpió sin perder la calma.
—¿Perdón? Esos gustos no son para nada los míos, pero si te gusta tanto, quédatelo.
Miró nuevamente el vestido con desinterés.
—Es blanco, combina con tu cabello… te luciría mejor.
El silencio fue total, Layla apretó los labios, Nieves no podía creerlo, pero ninguna podía hacer nada sin quedar mal frente a todos, y la gente… ya murmuraba, algunos incluso reían, pero no de Lucía.
De ellas.
—Está bien… —dijo Nieves al final, forzando una sonrisa— si no te gusta, buscaremos otro.
Pero su orgullo ya estaba herido.
Lucía simplemente volvió a los catálogos como si nada.
—Tráiganme estos —dijo señalando varios vestidos, cómodos, elegantes, útiles— y envíenlos al ducado.
Sin escándalo.
Sin drama.
Como alguien que realmente tiene el control.
Después de eso salió sin mirar atrás, sin darles importancia, como si todo hubiera sido una pérdida de tiempo sin valor, y en realidad… así lo sentía.
Pero no iba a dejar que eso arruinara su día.
Caminó un poco más hasta encontrar lo que realmente quería, un pequeño mercado donde vendían frutas frescas, el olor le recordó de inmediato su vida pasada y no pudo evitar sonreír.
—Mango…
Tomó uno.
—Y uvas.
Sus favoritas.
Compró varias, disfrutando el momento, comiendo incluso mientras caminaba, sin preocuparse por nada más, y luego sus ojos se desviaron a otro puesto cercano, uno más pequeño, menos llamativo, pero mucho más interesante para ella.
Semillas.
Se acercó casi sin pensarlo, observando con atención, diferentes tipos de frutas, verduras, hierbas, algunas que reconocía y otras que no, tomó varias entre sus dedos, evaluando su calidad, su tamaño, su color, su textura, como lo hacía antes, como si nunca hubiera dejado ese mundo.
—Estas son buenas…
Murmuró para sí misma.
—Y estas también…
Se tomó su tiempo, eligiendo con cuidado, comparando, pensando incluso en qué podría cultivar más adelante, en qué se adaptaría mejor, en qué valdría la pena invertir.
—Me llevo estas.
Dijo finalmente, comprando varias.
No era solo un capricho.
Era algo más.
Algo suyo.
Después de eso caminó un poco más, tranquila, disfrutando el aire, y cuando finalmente decidió regresar al ducado… ya estaba de buen humor.
Pero claro…
La tranquilidad no dura mucho.
Porque al llegar…
Kilian estaba ahí.
Esperando.
Su mirada lo decía todo incluso antes de hablar, fría, molesta, exigente, como si ya hubiera decidido lo que había pasado sin siquiera escucharla, y detrás de él… Nieves, llorando como si hubiera sido víctima de algo terrible.
Lucía los miró a ambos.
Sin sorpresa.
Sin emoción.
Y en su mente solo apareció una palabra.
—Predecible. 😏