Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
** Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Enojo 1
Gia seguía respirando agitada.
Sus manos aún temblaban levemente por la rabia.
Lo miró directo.
Sin suavizar nada.
—Estoy furiosa contigo.
El duque sostuvo su mirada.
Sorprendido.
[…¿ahora qué hará…?]
Y entonces..
Gia se movió.
Rápido.
Saltó hacia él.
Sus brazos rodearon su cuello.
Y lo besó.
Con fuerza.
Sin suavidad.
Sin aviso.
Un beso cargado de enojo.
De tensión.
De todo lo que no había soltado.
El duque retrocedió por el impacto.
Se dejó caer en el sofá.
Y ella encima de él.
Sin darle espacio.
—Ahora..
murmuró contra sus labios..
—vas a hacerte cargo de esto.
Y volvió a besarlo.
Otra vez.
Intenso.
Demandante.
El duque, por un segundo, se quedó quieto.
Procesando.
Y luego..
Sonrió.
Levemente.
Gia lo notó.
Se detuvo apenas.
Lo miró.
—Esto no parece un castigo para ti.
Intentó apartarse.
Bajarse de su regazo.
Pero..
La mano del duque se cerró en su cintura.
Firme.
Seguro.
Negó suavemente.
Aún con esa pequeña sonrisa.
[…no tan rápido…]
Gia intentó moverse otra vez.
—Suéltame..
Pero esta vez..
Fue él.
Quien cerró la distancia.
Sus labios encontraron los de ella.
Con decisión.
Sin duda.
Gia se tensó un instante.
[…muy bien…]
Hizo un pequeño gesto de resistencia.
Casi automático.
Pero él no cedió.
Y ella..
Tampoco quería que lo hiciera.
La tensión cambió.
La rabia se transformó.
En algo más cálido.
Más profundo.
Sus manos dejaron de empujar.
Y se aferraron.
El beso se volvió más lento.
Más cargado.
Menos violento…
Pero igual de intenso.
El aire entre ellos se volvió pesado.
Caliente.
Difícil de ignorar.
Y ahí..
En medio del salón..
Sin palabras..
Ambos cedieron finalmente.
No por orgullo.
No por estrategia.
Sino porque ya no querían seguir conteniéndose..
Los gemidos de placer llenaron el lugar.. mientras el duque la tomaba con pasión casi sin contener su fuerza.. ella disfrutaba completamente entregada al momento..
Una hora despues, el aire en la oficina aún estaba cargado.
Pesado.
Como si las paredes hubieran sido testigo de algo que no debía decirse en voz alta.
Gia seguía sobre él, respirando un poco agitada, el cabello desordenado cayendo sobre sus hombros.
El duque la observaba.
Con una calma que contrastaba completamente con lo que acababa de ocurrir.
Y entonces..
Gia frunció el ceño.
Lo miró.
—Esto no cuenta.
El duque alzó una ceja.
—¿No?
—No.
Se cruzó de brazos, aún sobre él, con un pequeño gesto terco.
—Sigo enojada contigo.
El duque no respondió de inmediato.
Pero una leve sonrisa apareció en sus labios.
[…celosa…]
La imagen volvió a su mente.
Gia gritando.
Peleando.
Defendiéndolo.
Marcándolo como suyo sin dudar.
[…por mí…]
Y esa idea..
Le agradó más de lo que debería.
—Te daré la casa Dacre.
Dijo finalmente.
Con voz firme.
—Como regalo.
Gia parpadeó.
Y él añadió..
—Y lo que me pidas.
El silencio duró un segundo.
Dos.
Y entonces..
La actitud de Gia cambió.
Como si alguien hubiera girado un interruptor.
Su expresión se suavizó.
Su mirada se volvió juguetona.
Casi… infantil.
Se inclinó apenas hacia él.
—Mmm…
Sonrió.
—Lo pensaré.
El tono era ligero.
Coqueto.
Como si no hubiera estado furiosa hacía apenas minutos.
El duque la observó.
[…impredecible…]
Y no dijo nada más.
Cuando finalmente salieron de la oficina..
El contraste fue inmediato.
Los guardias estaban ahí.
Firmes.
En sus puestos.
Pero..
Incómodos.
Demasiado.
Se miraban entre ellos.
Evitaban cruzar miradas con el duque.
Uno carraspeó.
Otro se enderezó más de la cuenta.
El duque los observó.
Y entendió.
[…escucharon todo…]
Su expresión no cambió.
Pero su mirada se volvió ligeramente más fría.
Los guardias bajaron la cabeza de inmediato.
Gia, a su lado..
Sonrió.
Levemente.
[…qué vergüenza…]
Pero no parecía realmente avergonzada.
Al contrario..
Parecía… satisfecha.
Y caminó junto a él como si nada hubiera pasado.
Como si ese pequeño escándalo…
También fuera parte de su nueva vida como duquesa.
Y se dirigió directamente a su habitación, las doncellas la acompañaron de inmediato..
Cuando llego, dio un suspiro largo..
Había sido…
Un día.
Demasiado largo.
Demasiado intenso.
Se apoyó un momento contra la madera, cerrando los ojos.
[…necesito un baño…]
Sin pensarlo más, caminó hacia la bañera.
El agua caliente comenzó a llenar el espacio con vapor.
Y cuando finalmente se sumergió..
Su cuerpo se relajó de inmediato.
—Ah…
Cerró los ojos.
Dejó que el calor le quitara el cansancio.
Los restos de enojo.
Incluso los pequeños dolores de la pelea.
[…valió la pena…]
Sonrió apenas.
Recordando.
La discusión.
Los gritos.
Y sí…
También cómo había defendido al duque.
[…nadie lo toca…]
Su expresión se suavizó.
Más tranquila.
Más satisfecha.
El agua siguió cayendo suavemente.
Y por primera vez en todo el día..
Se permitió simplemente descansar.
Mientras tanto..
El duque no tuvo ese descanso.
Se movía con paso firme por los pasillos.
Dando órdenes.
Frío.
Preciso.
—Levanten cargos formales.
—Contra Lord Dacre y contra Lady Gemma Dacre.
Los guardias asintieron de inmediato.
Sin cuestionar.
—Que nadie interfiera. Y refuercen la seguridad.
Todo claro.
Todo controlado.
Pero incluso mientras hablaba
Su mente no estaba completamente ahí.
Cuando terminó..
Volvió a su oficina.
Cerró la puerta.
Y el silencio lo rodeó.
Se sentó.
Apoyó la espalda.
Y entonces..
Los recuerdos volvieron.
Sin permiso.
Sin orden.
Gia.
Furiosa.
Celosa.
Gritando.
[¡No vas a tocar a mi marido!]
El duque exhaló.
Lento.
Y luego..
Esa otra frase.
La que no había podido sacar de su cabeza.
[Ahora que sé todo lo que puede hacerme en la cama… jamás lo dejaré.]
El silencio se rompió con una leve exhalación.
Casi una risa.
Involuntaria.
Una sonrisa apareció en su rostro.
Pequeña.
Pero real.
[…ridículo…]
Se pasó una mano por el rostro.
Como si quisiera borrarla.
[…sonriendo por eso…]
Pero no desapareció del todo.
Al contrario..
Se quedó.
Suavemente marcada.
Porque, aunque no quisiera admitirlo..
Recordar lo celosa que había estado.
Lo enojada.
Lo posesiva.
No le molestaba.
En absoluto.
Se quedó ahí.
En su oficina.
En silencio.
Con esa sonrisa leve.
Pensando en una mujer que, en tan poco tiempo..
Había cambiado completamente el ritmo de su mundo.