Una historia de reglas rotas y corazones en juego.
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Trozo de carne
La chica del biquini azul, regreso a la cocina.
- No pensé que tus hermanas estuvieran en casa, decía nerviosa.
- Si, ven vamos a un lugar más privado.
- Aún no estoy lista Jason.
- Tranquila solo serán unos besos.
La lleve a una de las habitaciones de la planta baja, pase toda la tarde besándola y acariciando su cuerpo, ella estaba muy caliente, su respiración era muy agitada, decidí no hacer la mía, tal vez mañana podría decirme que si. La verdad es que aunque tenía la fama de ser un mujeriego aún no estoy con una chica, no me siento listo, quiero conocer a una especial, alguien que me mueva todo mi mundo, que al verla me arrastre a sus pies. Aunque siempre le digo a mis amigos que jamás me voy a enamorar, tengo la esperanza de tener una relación con una chica, como la tienen mis padres, papá siempre está al pendiente de mi madre, dice que es la mujer más bonita del mundo, ellos siempre están bailando y riendo. Eso quiero en mi vida una mujer que cuide de mi corazón y no lo lastime.
Cómo mamá cuida de mi padre.
Las chicas se despidieron, mis amigos y yo nos contábamos lo que hicimos con las chicas, nos reíamos mientras terminábamos con la cerveza que compramos dentro de la alberca, Didier entro a la cocina, nuestras hermanas estaban preparando algunos emparedados. Didier nos llevó los emparedados.
- Creo que mañana debemos mandar a nuestras hermanas al cine, así tendremos la casa para nosotros solos y podemos usar las habitaciones.
- Es una gran idea, decía Pablo.
Didier salió de la alberca, fue al baño.
- Ya viste a la hermana de Didier le pusieron unos frenos horribles, abre la boca y salen unos fierros de ella, se carcajeo Pablo.
- pobre, sin cuerpo, con lentes y ahora su boca llena de frenos debe ser horrible ir a la escuela así.
Pablo se reía a carcajadas y yo también.
La verdad es que ahora entendía un poco a Didier, no quería que nadie se acercara a su hermana para que no se burlaran de ella.
Ese verano paso rápido regresamos a la escuela.
El siguiente verano mi hermana había hecho planes con otras amigas y se quedaría en casa. Lo cual agradecí, odiaba que me acompañará, últimamente su cuerpo cambio y se que el idiota de mi amigo Pablo va estar molestándome, diciendo que la cuide o algún idiota la va a enamorar.
Pablo y yo llegamos a la casa de Didier, el estaba feliz, gritaba que teníamos la casa para nosotros solos, que ya había invitado a las chicas.
Pablo le pregunto por su hermana, el le dijo que ella se había marchado a la casa de sus abuelos en Miami.
Ese verano estuvo increíble, bebimos llenamos la casa de chicas, regresamos a la escuela con todo, queríamos seguir juntos, ganar campeonatos para estudiar en la misma universidad.
Los veranos siguieron pasando, era una tradición pasar los días en la casa de Didier, para nuestra suerte sus padres y su hermana se quedaban en Miami. Al ser mayores de edad ya no necesitábamos la supervisión de su tío.
Fue hasta el tercer verano en la universidad, que todo cambio.
Llegamos como siempre a la casa de Didier serían dos semanas de vacaciones solo los tres mosqueteros, bebiendo hablando de básquetbol, fiestas con chicas lindas, todo lo que amamos.
Teníamos dos días instalados en la casa de Didier, estábamos en la alberca y la cerveza se había acabado.
Salí por más cerveza, llegué a la cocina y abrí el refrigerador.
- ¿Y mi hermano? preguntaron.
Yo cerré el refrigerador y vi a la chica más linda que había visto en mi vida, su piel blanca, su cabello rubio, sus ojos verdes, su nariz y sus labios tenían un toque de maquillaje rosa que la hacían mirar como una muñeca, sus pechos eran redondos perfectos para su estatura, sus pequeñas caderas resaltaban en el vestido ajustado color azul cielo. Mire cada centímetro de ella.
Ella me miró molesta.
Camino hacia la alberca, yo la seguí como un idiota con las cervezas en la mano.
- ¡Kenia, ¿que carajos haces aquí?!, decía enojado Didier.
- ¿Tu que haces aquí?, quedamos que este verano yo lo pasaría aquí y tú estarías en otra parte.
- ¡No!, sabes que te dije que no.
- Está también es mi casa.
- Pues ve a Miami con los abuelos.
- ¡No, no quiero ver al idiota de Zac!.
- Ok, pues quédate solo no molestes.
Ella lo miro furiosa, se dio la media vuelta y se marchó.
Pablo no pudo quedarse callado y dijo lo que yo también pensaba.
- No mames Didier, tu hermana es una muñeca, está hermosa.
Didier lo miró furioso.
- Claro que está hermosa tonto, es mi hermana, yo soy el de mejor rostro de ustedes.
No quiero que la molesten, recuerden que tenemos un código idiotas.
Didier salió de la alberca.
Pablo y yo nos empezamos a reír.
- No mames, la chica fea se volvió una muñeca, decía Pablo.
- Nunca fue fea, solo era pequeña, dije sonriendo.
- Tu hermana también debe estar chula, decía Pablo.
Yo le di un puñetazo en el pecho.
- Oye solo es broma.
Didier regreso y se sumergió en la alberca.
- Ya van a llegar las chicas, yo quería nadar desnudo y ahora con mi hermana aquí todo va a ser diferente, decía enojado Didier.
El año pasado el verano fue de locos, mis amigos terminaron sin ropa en la alberca, las chicas igual, yo tomé a la chica que me gustó y me encerré en una habitación, se me hace muy asqueroso nadar desnudo con otros. Pero Didier y Pablo son amantes de mostrar su cuerpo.
Yo no lo muestro porque el primer verano de la universidad, nadamos sin ropa las chicas solo miraban mi miembro como una enorme salchicha, Didier y Pablo estaban enojados que las chicas estuvieran pegados a mi, así que me salí tome a una chica linda y termine teniendo sexo por primera vez, el único problema fue que al día siguiente otra de las chicas que me vieron desnudo me sedujo al punto que la lleve a la cama, ese verano me sentí usado. Para mis amigos yo tenía un gran poder, hablaban todo el tiempo sobre lo que harían si tuvieran una salchicha como la mía.
Los siguientes veranos me mantenía vestido, así las chicas no me miraban como un trozo de carne.