Después de perder al amor de su vida, él juró que su corazón quedaría enterrado junto a su esposa. Convertido en padre soltero, su único motivo para seguir adelante es su pequeño hijo… hasta que un nuevo comienzo los lleva a un lugar inesperado.
Ella es una dulce y dedicada profesora de preescolar, amante de los niños y de las pequeñas historias felices que se construyen día a día en su aula. Su vida es tranquila, organizada… hasta que él aparece.
Desde la primera mirada, algo cambia. Lo que comienza como simples encuentros en la hora de salida, se convierte en una conexión imposible de ignorar. Pero no todo es tan sencillo: el pasado aún duele, las heridas no han sanado del todo y el mundo no siempre acepta lo que no entiende.
Entre risas infantiles, dibujos de colores y miradas que dicen más que mil palabras… nace un amor que ninguno de los dos estaba buscando.
¿Podrá un corazón roto volver a amar?
¿Y hasta dónde estarán dispuestos a luchar por un sentimiento que no debía existir?
Un
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Capítulo 1 un nuevo comienzo
...Hola bienvenido a una nueva historia espero les gustes voy a comenzar presentándole algunos de los personajes principales...
María José Domínguez
Tengo 32 años y soy docente de preescolar desde hace seis años. Trabajo en uno de los colegios privados más reconocidos de Medellín. Además, soy influencer; realizo pautas con marcas locales y manejo todo el contenido digital del colegio.
Me encantan las redes sociales y bailar. Subo TikToks haciendo coreografías, bromas y siendo simplemente yo… un poco loca a veces, pero auténtica. Y aunque muchos creen que es solo diversión, también se convirtió en una buena fuente de ingresos extra.
Vivo sola en un apartamento acogedor, cerca de la casa de mis padres. Mi papá tiene un supermercado y gracias a Dios le va muy bien. Mi mamá es ama de casa y mi hermano menor vive en otra ciudad, aunque siempre está pendiente de nosotros.
Hace un año me separé después de diez años de relación.
Simplemente dejamos de entendernos.
No tuvimos hijos. Nunca se nos dio la oportunidad y, aunque dolió, aprendí a seguir adelante.
Desde entonces no he vuelto a enamorarme. La decepción me enseñó a estar mejor sola.
Tal vez por eso mis niños del colegio se convirtieron en mi refugio y mi lugar feliz.
José Alejandro López
Tengo 32 años y soy empresario. Soy dueño de Élite Fashion Group, una empresa de moda reconocida en Medellín y con una sucursal en Italia.
Soy viudo desde hace un año.
Mi hijo Samuel, de cuatro años, es lo único que me quedó del gran amor de mi vida.
Desde que mi esposa murió, me convertí en un hombre frío. Muchas mujeres se acercan a mí, especialmente por el ambiente en el que me muevo, pero ninguna logra interesarme realmente.
No quiero compromisos.
Solo relaciones pasajeras.
Actualmente vivo con la familia de mi esposa. Después de su muerte decidieron quedarse por el bienestar de Samuel y yo lo permití por él. No tengo una buena relación con mi suegra ni con mi cuñada, pero hago el esfuerzo.
Mis padres también viven en Medellín y los visitamos con frecuencia.
Este año decidí inscribir a Samuel en uno de los mejores colegios de la ciudad.
Hoy era su primer día.
Yo debía asistir al lanzamiento de una nueva colección, así que su tía sería quien lo acompañaría.
Laura trigos (29 años )
La esposa muerta de José Alejandro.
María José
Me levanté temprano, me arreglé y salí rumbo al colegio.
Ese día era importante porque conoceríamos a los nuevos estudiantes.
En preescolar teníamos cuatro grupos:
Párvulos: de 1 año y medio a 2 años
Pre-jardín: de 3 a 4 años
Jardín: de 4 a 5 años
Transición: de 5 a 6 años
Ese año estaría a cargo del grupo de jardín.
Para recibir a los niños, las profesoras decidimos disfrazarnos de Minnie Mouse. Queríamos que los pequeños se sintieran felices y en confianza desde el primer momento.
Mientras esperábamos la llegada de los estudiantes, la coordinadora se acercó a mí.
—María José, hay un niño nuevo llamado Samuel. Perdió a su mamá hace un año. Necesita mucha paciencia y cariño.
Respiré profundo.
—Dios, ayúdame a hacerlo bien —pensé.
Poco a poco los niños comenzaron a llegar. Los recibíamos con dulces, música, juegos y sonrisas.
Hasta que lo vi.
Samuel llegó tomado de la mano de una joven rubia.
—Buenos días, ¿quién es la profesora María José? —preguntó ella.
—Buenos días, soy yo. Mucho gusto.
—Mucho gusto, profe. Soy la tía de Samuel.
Señaló al pequeño.
Me agaché para quedar a su altura y sonreí con dulzura.
—Hola, Samuel… ¿cómo estás, príncipe? Ven conmigo, vamos a conocer el colegio.
El niño dudó unos segundos, aferrándose a la mano de su tía.
Pero finalmente tomó la mía.
—Profe, entonces lo dejo. Vengo por él a las once —dijo ella—. Le pido mucha paciencia… usted ya sabe por lo que ha pasado.
—Claro que sí. Aquí vamos a cuidarlo mucho.
Samuel levantó la mirada y me regaló una pequeña sonrisa.
Y en ese instante sentí que todo iba a estar bien.
Lo llevé con los demás niños y, poco a poco, comenzó a integrarse y jugar.
El tiempo pasó volando.
Había sido un buen primer día.
Al finalizar la jornada, los padres comenzaron a recoger a sus hijos.
Cuando la tía de Samuel llegó, no pude evitar observarla. Era una mujer muy bonita, de ojos azules y cabello rubio. Samuel había heredado completamente sus rasgos.
—Se portó muy bien —le comenté—. Mañana ya comenzamos jornada normal a las siete y media.
Me despedí del niño.
Pero justo antes de irse, Samuel hizo algo inesperado.
Me abrazó.
Sonreí de inmediato y le devolví el abrazo con ternura.
Tal vez…
ese año iba a ser diferente.
Samuel
Al terminar la jornada, regresé a casa.
Preparé algo de almuerzo, me bañé y luego me arreglé para una sesión de fotos con una marca de ropa que me había contratado.
Llegué al estudio y comenzamos a trabajar de inmediato. Entre cambios de ropa, fotos y videos para redes sociales, terminé cerca de las seis de la tarde.
Cuando regresé a casa, me bañé nuevamente, me puse mi pijama favorita y cené algo ligero mientras organizaba las clases del día siguiente.
Terminé casi a las diez de la noche.
Cepillé mis dientes, apagué las luces y me acosté.
Sin imaginar que conocer a Samuel sería el inicio de un cambio que jamás esperé en mi vida.