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Me Engañaste… Ahora Me Casaré con el Esposo de Tu Hermana

Me Engañaste… Ahora Me Casaré con el Esposo de Tu Hermana

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Posesivo / Maltrato Emocional / Dominación / Juego de roles / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:1M
Nilai: 4.5
nombre de autor: Erchapram

Angélica Almira Gallardo lo tenía todo: juventud, belleza, una empresa que construyó desde cero y un matrimonio que creía perfecto. Pero una noche, un rastro de besos ajenos en el cuerpo de su esposo le reveló una verdad devastadora: Diego no solo la engañaba con otra mujer, sino que toda su familia política conspiraba para arrebatarle su fortuna, su empresa y su hogar.
Embarazada de cinco meses y con el corazón destrozado, Angie decide no quebrarse. En lugar de lágrimas, elige venganza. Congela cuentas bancarias, retoma el control de su compañía y empieza a desmontar, pieza por pieza, la red de mentiras que la rodea. Pero la vida le reserva un giro que jamás imaginó: descubrir que el hombre que lleva diez años amándola en silencio duerme bajo el mismo techo... y es el esposo de su cuñada.
Entre traiciones que cortan como cuchillos, secretos familiares que reescriben el pasado y un amor que desafía toda lógica, Angie deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para recuperar lo que le pertenece... y para abrirle la puerta a quien siempre debió estar a su lado.

NovelToon tiene autorización de Erchapram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Mulai Curiga

—Diego, ¿por qué últimamente llegas tan tarde a casa? —preguntó una mujer hermosa, con el vientre abultado pero de apariencia innegablemente atractiva.

—Perdón, cariño, he tenido demasiado trabajo. Muchas reuniones con inversores nuevos que quieren cerrar acuerdos de colaboración —respondió el hombre mientras se aflojaba la corbata y comenzaba a desabotonarse la camisa, antes de irse a bañar.

Angélica Almira Gallardo, aunque desde hacía un año había dejado de usar su apellido. Aquella mujer alta, de cintura estrecha y ya con cinco meses de embarazo, había aceptado ocultar su identidad por amor al hombre de sus sueños.

Diego Prado era un hombre de origen humilde, su compañero de universidad en semestres superiores.

Ahora Diego ocupaba el cargo de CEO en la empresa de su esposa. Desde el inicio del embarazo, Angie sufría náuseas y vómitos severos que la habían dejado débil, imposibilitándola para seguir trabajando. Diego, que antes de casarse con ella era un simple empleado, había sido nombrado para sustituirla al frente de la compañía que Angie había construido.

Diego salió del baño envuelto en una bata; el aroma fresco del jabón y las gotas que escurrían de su cabello lo hacían ver irresistible. Desde el embarazo, llevaba cinco meses sin tocar a Angie. Su pretexto: el temor de lastimar al bebé que crecía en su vientre. Pero esa noche, Angie deseaba desesperadamente que él la tocara.

—Diego... Hace tanto que no me tocas. ¿Ya no me extrañas? ¿Ya no me amas? —Si normalmente Angie se quedaba callada, sin pedir caricias ni protestar por la indiferencia de Diego, esta vez fue distinto. Por alguna razón, fue ella quien tomó la iniciativa, casi como si le rogara.

La mano de Angie se extendió para abrir la bata que cubría el cuerpo de su marido.

—Estoy cansado, Angie. Voy a dormir ya —dijo Diego, frenando las manos de ella que se volvían cada vez más atrevidas. No quería que lo que se esforzaba en ocultar quedara al descubierto antes de que sus planes estuvieran consumados al cien por ciento.

Angie... Sin el "cariño" de siempre... ¿Y encima me rechaza? ¿Será porque estoy embarazada?, se preguntó en silencio, y el corazón le dio un vuelco.

Pero Angie no era de las que se rendían ante un rechazo. A propósito, se quitó la ropa. Luego gateó sobre el cuerpo de Diego y se posicionó justo encima de su miembro. Lo acarició despacio hasta que se endureció y lo guio dentro de ella con la mano.

Diego se sobresaltó al ver a su esposa actuar de esa manera tan desacostumbrada.

Quiso protestar, pero los movimientos frenéticos de Angie sobre él lo hicieron soltar un gemido involuntario.

—Ahhh... Cariño... Ohhh... Qué rico... —Aquello era una locura absoluta; el cuerpo de Angie era sencillamente extraordinario.

—¿Qué dices ahora, Diego? ¿Todavía me rechazas? —preguntó ella sin dejar de moverse.

—¿Cómo es posible que sigas tan estrecha estando embarazada? —soltó él.

—Porque la cuido solo para ti. Además, en todo el embarazo no me has tocado ni una vez. ¿Ahora sí disfrutas lo que es tuyo, mi amor? —dijo Angie entre sus propios gemidos.

Embriagado de placer, Diego no se dio cuenta de que Angie le había abierto la bata, dejando su pecho al descubierto.

El corazón de Angie casi se le salió del pecho al ver la cantidad de marcas de besos que cubrían la piel de su marido.

Ella no le había dejado ninguna marca. Entonces, ¿quién lo había hecho? El deseo que un instante antes le ardía por dentro se apagó de golpe. Angie se puso de pie, lo sacó de su interior mientras él seguía excitado y, sujetándose el vientre, se encerró en el baño, dejando a Diego sin terminar.

—Angie... Cariño... ¿Por qué te vas así? Esto está a medias. Ni siquiera terminé, no me hagas esto —gritó Diego, pero ella lo ignoró. El sonido del agua lo hizo suponer que tal vez le había caído mal el estómago.

Sin más remedio, Diego se alivió solo en la cama, lo que le tomó un buen rato.

—¡Maldita sea, Angie! Le dije que no y se empeñó. Ahora se siente mal, que aguante.

—Ahhh... —El grito de Diego al terminar coincidió con Angie saliendo del baño con los ojos hinchados de tanto llorar.

—¿Por qué te fuiste de repente? Por tu culpa tuve que arreglármelas solo —reclamó Diego, fulminándola con una mirada que ella jamás le había visto.

—Perdón, de pronto me dieron calambres en el vientre. Voy a dormir ya.

—Por eso, si sabes que estás embarazada no hagas tonterías. No te rechacé porque dejara de quererte, sino porque me preocupa tu embarazo. Pero tú insististe como una cualquiera —las palabras de Diego fueron un golpe que le arrancó a Angie una sonrisa amarga.

—Perdóname. De ahora en adelante no te lo voy a pedir más. No quiero que me llamen "cualquiera".

—Eh... No, cariño, no quise decir eso, se me salió —Diego se puso nervioso al darse cuenta de su error. Si Angie se enfurecía, toda su estrategia se vendría abajo.

—No te preocupes. Ahora duerme, debes estar agotado después de trabajar todo el día —dijo Angie, dándole la espalda y cubriéndose con la sábana.

Voy a averiguar la verdad, Diego.

A la mañana siguiente, como de costumbre, Angie ya estaba de pie y ocupada en la cocina. Aquella enorme casona que parecía un palacio era suya, pero ella no le pedía a la empleada doméstica que preparara la comida para su familia. Angie creía que servir con dedicación haría que Diego la amara más, igual que a toda la familia de él, que vivía bajo su techo desde hacía un año. Angie se sentía dichosa de tener una familia.

Porque Angie era huérfana; había triunfado por su propio esfuerzo. Casarse con Diego le había dado la sensación de tener una familia completa: esposo, suegra, cuñados... Todo lo que antes le faltaba.

La mesa del desayuno rebosaba de platillos variados, porque no todos se conformaban con pan y leche por la mañana.

Unos pasos se escucharon acercándose al comedor.

—Angie, ¿ya está listo? —preguntó su suegra, doña Ámbar.

—Sí, señora, ya está. Siéntese, por favor —respondió Angie con la sonrisa amable de siempre.

Enseguida apareció Gina Prado, la hermana mayor de Diego, casada desde hacía cinco años con Adrián Herrera sin haber logrado tener hijos.

Adrián trabajaba como mecánico en un taller de autos. La pareja aún no tenía casa propia, a pesar de los años de matrimonio, porque Gina exigía una vivienda lujosa en una zona residencial exclusiva, algo que Adrián todavía no podía costear. Y como Diego se había casado con una mujer adinerada, todos se habían mudado a vivir con ella.

Dos pares de pasos más se oyeron: Diego, el marido de Angie, y Gavin Prado, el menor de los hermanos.

—Siéntense todos y coman. Angie, tú desayuna después. Total, eres la única desocupada aquí; puedes cocinar de nuevo para llenarte esa panza —ordenó doña Ámbar con un desprecio que ya no sorprendía a nadie cada mañana.

—Ah, Diego, hoy tengo cita de control prenatal. ¿Podrías acompañarme? —preguntó Angie con la esperanza de que su marido la acompañara. En cinco meses de embarazo, cinco visitas al médico, Diego jamás había ido con ella.

—Ve sola, no molestes a Diego. Él es el CEO de la empresa, seguro tiene miles de cosas que hacer. No seas caprichosa.

Las palabras de doña Ámbar le abrieron los ojos a Angie: algo no andaba bien con la familia de su esposo. ¿Acaso no era ella la dueña de esa empresa? Diego solo la estaba reemplazando temporalmente, no era el propietario.

—Esa empresa es mía, señora, ¿se le olvidó? Estoy sin trabajar porque estoy embarazada —dijo Angie.

Al darse cuenta de que había metido la pata, doña Ámbar se apresuró a corregirse.

—No es lo que piensas. Lo que quiero decir es que, como Diego te está reemplazando, también tiene que hacerse cargo de todo el trabajo que te correspondía a ti —improvisó.

—Entiendo, señora. Sé que ustedes no traicionarían mi confianza. Coman tranquilos, voy a lavar la ropa —dijo Angie, y dejó a la familia en un silencio tenso.

—Yo también me voy a trabajar —anunció Adrián, empujando su silla para levantarse de la mesa.

—Se va a trabajar todos los días, sale temprano y vuelve de noche, pero nunca trae buen dinero —se quejó Gina.

—Adrián, ¿no oíste lo que dijo tu esposa? ¿Por qué te vas sin más? —le gritó doña Ámbar, mirándolo con fastidio.

—Ya, mamá, no empiece. ¿Dónde está mi mesada? —pidió Gavin.

—Pídele a Angie, yo ya no tengo dinero —respondió doña Ámbar, que detestaba que su hijo le pidiera plata.

—El dinero que Angie me da cada mes lo tiene usted. ¿Dónde está? No se lo vaya a quedar todo. Si no me lo da, le cuento a ella —reclamó el menor, que cursaba el último año de preparatoria.

—Ya basta, no peleen. Toma, esto es para tus gastos —intervino Diego.

—Gracias. Me voy a la escuela —se despidió Gavin.

Después solo quedaron tres personas en la mesa.

—Diego, ¿cuándo te vas a casar con mi amiga? Dice que ella también está embarazada —soltó Gina, provocando que Diego abriera los ojos como platos.

—¡Shh! No hables de eso aquí.

—¿Le tienes miedo a tu esposa? ¿No sería mejor que se enterara? Así ya no tendrían que seguir escondiéndose. No voy a permitir que juegues con los sentimientos de Samira del Valle. Ella es una mujer respetable, de buena familia. No puede saberse que está embarazada sin haberse casado.

—¿Y qué quieres que haga? Angie también está embarazada, ya la he dejado sola demasiado. Mi tiempo se me va acompañando a Sami, que apenas tiene dos meses —dijo Diego, frustrado.

—Me da igual, tienes que casarte con Sami lo antes posible, Diego. Así tu posición se fortalecerá; la empresa de su familia te puede respaldar.

—Estoy de acuerdo —intervino doña Ámbar—. Sami es más bonita y más elegante que tu esposa. Mírala: embarazada y todo, pero siempre impecable. ¿A poco no te enorgullece tener a una secretaria personal así?

—Y aunque está embarazada, Sami no anda de quejosa. Sigue trabajando bien en la empresa. No como Angie, que se la pasa enferma.

—Está bien. Mamá, Gina, encárguense de organizar todo para la boda. En un mes será el momento justo. Ahora no, porque todavía no he logrado cambiar el nombre en las escrituras de la empresa ni en la de esta casa. Tengan paciencia, y sobre todo usted, mamá, no sea tan descuidada ni deje que se note el plan —advirtió Diego con una mirada amenazante dirigida a su madre y su hermana.

Lo que ninguno de ellos sospechó fue que alguien escuchó toda la conversación. Angie había captado unos murmullos sospechosos al pasar. Iba de regreso a la cocina por un trapo para lavar, y en lugar de eso tuvo que oír unas palabras que le partieron el corazón.

Muy bien. Voy a seguirles el juego. Ya veremos quién gana.

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Yuris González de Peinado
esos merecen una buena lección 🤣
Elizabeth Vivas
que fastidio con el......pero ella ya me parece demasiado insensible tanto amor y no espera nada para maletearlo
Alejandra Revelante
autora me cambiaste los nombres ya me hice un kilombo, otra cuanto tiempo más van a estar así de tontos los hrnos de esconderse , perder más el tiempo
Carmen
Aquí hay un Revolú, el diálogo, en los personajes, una pila de horrores ortográfico,
no no vi el amor de pareja Xime quiero un esclavo por Dios
Liliana Maria Pico
disculpe autora, pero la novela parece un jeroglífico
Maria Esperanza Roa Rojas
Ami no me gusta la actitud de Ximena se esta volviendo muy caprichosa ademas ella debe aconsejar al marido y no estar atacandolo yamenazandolo con el divorcio entonces donde esta el amor que dice tenerle ya se pasa
Evangelina Murillo
bonita historia no me gustó el final y el prólogo?
Leticia Baeza Vazquez
pero enserio de dónde salió tanta estupidez para escribir
Leticia Baeza Vazquez
no mames escritora pones al protagonista como un pendejo manipulable y sin carácter osea asco y al hermano de la idiota lo contrario y ella estúpida pendeja inmadura solo sabe quejarse de dónde diablos eres para escribir esa estupidez y más con religión osea q asco de verdad
Militza Santana
yo tampoco, me perdí
Luisa Maria Prada
Buena trama la de esta novela. Te aconsejo releer antes de publicar ya que tú confundes a los protagonistas o sea que te copiaste de otra novela y la uniste a la tuya, se más responsable al publicar. Espero que las próximas sean mejores editadas. Suerte y Bendiciones
Leticia Baeza Vazquez
con todo respeto escritora escribes Alos personajes estúpidos e inútiles viendo la situación osea asco mira bien lo q escribes que tío en su sano juicio no ba a proteger así sobrino viendo los problemas q están ala vista y lo pones como un idiota inútil incapaz de proteger y dejarce intimidar
Leticia Baeza Vazquez
x q diablos les cambia los nombres osea
Geni Arana Díaz
En síntesis la historia es buena, solo que al ser una traducción hay demasiadas inconsistencias, de repente todos las personas que rodean a los protagonistas se llaman Xime e Ignacio entonces tienes que usar mucho la imaginación para entender que habla de terceras personas que NO SE LLAMAN ASI.
Geográficamente hablando empieza supuestamente en México pagando con Rupias????, después dicen que están en indonesia, luego escapan a Dinamarca y resulta que es Suecia, y así entre otros tiene muchísimos errores que dificultan el poder disfrutar de una buena historia que si no fuera por eso la calificaría con 5 estrellas
Nancy De Castro
/Smile//Smile//Smile/
Maria Ochoa Barajas
Que novela tan más rebuscada y que mente tan retorcida tiene la autora de la novela 😡😡
Ivania Flores
gue bueno gue xime no tono represalia con Adrian y lo acogió cono su familia buena obra3
Dalia Brito
Primera vez que la protagonista, pico adelante DEL marido traidor bien, Lo que no me gustó es lo del esposo casado con la prosti casera 😂😂😂😂, una familia muy pu-tañera luguriosos hasta la vieja por dios, porque poner un cooprotagonista con esa historia tan dramatica
Nora Reyes
se hace difícil leer,cada capítulo tiene un nombre distinto no se entiende quien es quien.
Luna
tarántula, vampiros y animal rastrero son la familia de Leonardo menos mal que saldrás libre de ellos 😎😎😎
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